Juan M. MolinaJaén, Spain
Dec 12, 2017
Ayer 11 de diciembre la borrasca Ana fue incapaz de impedir que un millar de paisanos se congregaran en el nuevo museo para saludar el rey. El calor de las miradas de los jienenses, el brillo ilusionado en los ojos, y un buquet de emoción en el ambiente hizo que mereciera soportar el frío viento. Una ciudad tranquila y un ambiente confiado, policías nacionales de color azul oscuro o negro, guardias civiles de verde oliva, vigilaban como quien no observa. El murmullo deja de serlo y sube el nivel de la espera al entusiasmo. Rodeado por las autoridades políticas pronto rompe el cerco y estrecha las manos entusiastas de cientos de personas sencillas que le esperaban. Felipe VI sintió cariño. Se lo merece. El ayudante militar ese día no vestía de uniforme, siempre atento con todos sus sentidos a cualquier detalle del Rey, nada podría distraer su atención. Salvo una clave secreta que sólo quienes la conocen al oírla vuelven la mirada a quien la dice. Así que mi única opción entre un millar de ciudadanos de que el ayudante se fijara en mí fue soltar la clave ¡***! Y funcionó. - ¡No me digas que me vas a dar 1500 firmas para el rey! Qué va a pensar el rey si sólo habéis sido capaces de reunir 1.500 firmas, en una ciudad de 110.000 habitantes. - Pues tienes razón ¡***! - ¡***!
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