NECESITAMOS AMPLIAR LA DISTANCIA AUTORIZADA DE FUMIGACIÓN EN LA CIUDAD RÍO TERCERO

El problema

MODELO AGROPECUARIO Y RIESGOS PARA LA SALUD,                                   NECESIDAD DE APLICAR EL PRINCIPIO PRECAUTORIO

Introducción

       Distintos factores relacionados con la producción alimentaria han cambiado notablemente en los últimos 20 años y no pueden pasar desapercibidos. La industrialización de la agricultura para que sea una empresa más productiva y rentable hizo perder de vista el objetivo principal de esta actividad que era la producción de “alimentos” para pasar a la generación de “productos”, y si estos pueden exportarse, mucho mejor. Sólo 1 de cada 7 toneladas de soja que se exporta desde Argentina es para consumo humano, la mayor parte se utiliza para producción de harinas y alimentos balanceados para animales. Cada vez se siembra mayor cantidad de maíz de segunda, para forraje y para el creciente mercado del bioetanol (Argentina es el cuarto productor mundial y el mayor exportador de bioetanol en el mundo), contradiciendo la idea de que la producción agrícola Argentina es indispensable para calmar el hambre de la creciente población mundial y para combatir la desnutrición. Nuestros productos no van al África ni a Latinoamérica. Van a granjas porcinas de Europa y China o para la producción de combustibles en los países que se resisten a obtener energía de fuentes ecológicas como EEUU, Rusia y China, donde, ante la inevitable y progresiva disminución de la disponibilidad de petróleo, es el bioetanol producido en condiciones insalubres en el tercer mundo, la mejor opción como reemplazo.

      Todas estas actividades permiten mayores porcentajes de residuos de pesticidas en el producto terminado y hasta el uso de productos prohibidos para usarlos en alimentos, como ser el Endosulfán y el 2,4-D éster. También es conocido el uso de ciertos herbicidas como el glifosato para acelerar el secado final de ciertos productos para poder cosecharlos más rápido, por lo que muchas veces termina aplicándose antes de la cosecha sobre cultivos no resistentes como trigo, maní, cebada, avena, lino, lentejas, evitándose así el costo del proceso de secado industrial, pero aumentando los residuos de pesticidas en estas materias primas de alimentos.

       Los OMG (Organismos Modificados Genéticamente) son ampliamente promocionados como seguros por las multinacionales que los producen, como así también por organismos estatales como el INTA, SENASA, ANMAT y como una innovación tecnológica llena de beneficios. Esto que comenzó allá por principios de la década del 90 con soja y maíz se hace extensivo progresivamente a más y más productos: arroz, caña de azúcar, algodón, papas, tomates, son algunos de los productos que hoy no podemos considerarlos 100% naturales, y dudosamente seguros para el consumo. Incluso desde Universidades Nacionales -que desde siempre gozaron de prestigio y confianza entre la gente- se publican constantemente trabajos que defienden este tipo de modelo y sus productos,  por supuesto siempre desde facultades de Ingeniería Agropecuaria (por definición, la ingeniería se ocupa de la producción, no de las consecuencias en la salud) que gozan de mayores aportes económicos tanto estatales como privados para la investigación. Algunos de estos aportes privados provienen de las mismas empresas que le venden al productor el paquete para este modelo(1): las semillas OMG y los respectivos agroquímicos, por supuesto, sin olvidarse de la inclusión de la correspondiente tasa en concepto del uso de la patente de esta tecnología.

Llamando las cosas por su nombre: Fitosanitarios NO, agrotóxicos SI

     Estos compuestos químicos sintéticos son utilizados para exterminar hierbas, hongos e insectos, que son organismos biológicos con funciones específicas en la naturaleza. Desgraciadamente, muchas veces estas funciones son contrarias a los intereses del productor. Herbicidas, insecticidas, acaricidas, fungicidas, son todos venenos destinados a matar seres vivos. Claramente son productos tóxicos, de uso agrario (de allí: agrotóxicos), de distintas toxicidades, algunos más letales otros menos agresivos, pero todos son venenos y tienen impacto sobre la salud humana.

    Existe una deliberada intención comercial de ocultar la peligrosidad de estos productos. Imponer la convicción de que no son dañinos o que son “poco tóxicos” y naturalizar su utilización cotidiana y generalizada. Algunas de esas ideas también se vierten en ámbitos académicos y estatales, donde se los denomina como “fitosanitarios” (fito: planta, vegetal;  sanitario: ref. a la salud) cuando en realidad solo puede contribuir a la mejora en el desarrollo de la planta modificada genéticamente que se está cultivando con fines industriales y comerciales, mientras que para todo el resto de las plantas y seres vivos a su alrededor sus efectos son claramente biocidas o tóxicos, justamente lo contrario de algo sanitario.

    Esta desinformación ha llevado incluso a su aplicación en algunas localidades para el control del crecimiento de pastos y malezas en zonas colindantes a los ferrocarriles, banquinas, cultivos de vides y árboles frutales e incluso en plazas públicas, ya que resulta más rápido, efectivo y menos trabajoso que el desmalezado mecánico.

El efecto de deriva

     Se denomina deriva al “desplazamiento de la aspersión de un plaguicida fuera del blanco, determinado por transporte de masas de aire o por falta de adherencia” (American Society of Agricultural Engineers, 2004). Por su parte, la Coalición Nacional de Minimización de la Deriva, de Estados Unidos (National Coalitionon Drift Minimization), define a la deriva como el “movimiento de las partículas pulverizadas y vapores fuera del blanco, provocando menor efectividad de control y posible daño a la vegetación susceptible, vida silvestre y a las personas”. La mayoría de los trabajos publicados de las medidas que se toman para minimizar este efecto son en base a la deriva primaria (2), que es la que ocurre en el momento de la aplicación del agroquímico sobre los cultivos. Pero existe también una deriva secundaria. Por causa de distintos factores climáticos que no pueden ser controlados ni predichos completamente (reversión térmica, cambios de las condiciones de Tº y humedad, cambios inesperados de la dirección o velocidad del viento) se forman aerosoles que puede moverse en toda dirección fuera de la zona de aplicación. Esta nube química que aparece sobre el campo pulverizado puede concentrarse aún más con los plaguicidas que se evaporaron y las gotas que aún no descendieron durante la deriva primaria (fracción de gotas de menor tamaño) y luego precipitan en distancias de hasta varios kms del lugar de aplicación original. Este efecto se potencia ya que la principal época de aplicaciones en Argentina, es la temporada cálida (primavera-verano). Como si esto fuera poco, también existe una deriva terciaria, ésta se da en tiempos posteriores a la aplicación, del orden de semanas, meses o años, debido a diversos fenómenos que pueden ocurrir con todo plaguicida que no dé en el blanco para el que fue aplicado, descomposición química en moléculas menores considerados metabolitos o residuos (muchos de ellos tóxicos como el AMPA), reacción química con moléculas del ambiente - en particular del suelo -, adsorción y absorción con sustratos del suelo, lixiviación en corrientes de aguas; acumulación en microorganismos, insectos, o especies mayores,  cambio de fase a estado gaseoso. 

CASO BARRIO ITUZAINGÓ (CORDOBA)

         A fines del año 2001, un grupo de madres comienzan a preocuparse al advertir la frecuencia inusual de mujeres con pañuelo en la cabeza y niños con barbijo. Se generaron reclamos a las autoridades para el análisis de las enfermedades y de los posibles contaminantes. Los vecinos realizaron muchas denuncias judiciales para que paren las fumigaciones, pero la respuesta de Tribunales fue escasa. El 11 de febrero de 2004, Sofía Gatica denuncia ante la Unidad Fiscal del lugar que en el “campo de Parra” -al este del barrio- aplicaban agrotóxicos con un equipo terrestre (mosquito). La ayudante fiscal procedió a investigar la situación logrando allanar el campo de Parra. Se identificaron restos de los venenos utilizados y los dosajes de la tierra del lugar detectaron compuestos organoclorados y fosforados, 2,4-D, diendrin y clorpirifós. Los efectos de la contaminación producida por la agricultura tóxica en Bº Ituzaingo Anexo quedó evidenciada cuando se observó la distribución de las enfermedades en el plano del barrio.

        El vínculo espacial era evidente. A medida que se acercaba al límite del barrio donde se siembra y fumigan las parcelas de soja, aumenta la densidad de vecinos con cáncer, trastornos endocrinos y hematológicos. Los enfermos no se distribuyen alrededor de los transformadores con PCB, ni su dispersión era uniforme como habría de esperarse si la causa fuera el agua con arsénico del pozo del barrio, del que todos consumían.

Por otro lado, los estudios de biomarcadores realizados en niños del lugar, registran presencia de pesticidas y sus metabolitos en cantidades superiores a las de la población normal y la ausencia o muy bajos niveles de otros contaminantes como metales pesados o PCB.

En esta zona de la ciudad actuaron varios contaminantes que, en conjunto, explican el impacto sobre la salud ambiental de la población. Sin embargo, la contaminación con agrotóxicos es sin duda la predominante y la que además de tener un vínculo espacial, también expresa un vínculo temporal: después que comienzan las fumigaciones intensivas (desde 1997 en adelante) comienzan a aparecer los casos de enfermedades severas.

En el año 2012, en un fallo judicial que puede considerarse histórico, la Cámara Primera del Crimen de la Ciudad de Córdoba, con asiento en Tribunales 2, condenó a tres años de prisión condicional, al agricultor Francisco Parra y al piloto aeroaplicador Edgardo Pancello, quienes fueron encontrados culpables de contaminación ambiental dolosa, a raíz de fumigaciones ilegales realizadas en barrio Ituzaingó Anexo. La Justicia no dudó en considerar que hay fumigaciones contaminantes. Además de dañar la tierra, estas afectan la salud humana y llegan a producir graves enfermedades, que ponen en riesgo la vida de las víctimas. La extensión de cultivos de soja y otros granos, cuya exportación a precios muy altos ha contribuido a un aumento sustancial del superávit comercial, no puede justificar el daño generalizado al ambiente y a la salud de las personas. El fallo sienta jurisprudencia en el país y tuvo una inmediata repercusión internacional.

Glifosato y otros productos dispersados al ambiente

       A pesar de que su creadora Monsanto reivindicaba que los OMG reducirían la necesidad de pesticidas y herbicidas, el uso generalizado de cultivos “transgénicos” en los últimos 20 años multiplicó exponencialmente el empleo de estas sustancias tóxicas en todo el mundo. A diferencia de lo que expresaba el envase hasta hace unos años, el Glifosato no es biodegradable. Tampoco se “inactiva” al contactar con el suelo como repiten muchos ingenieros agrónomos en forma muy irresponsable. Glifosato se une fuertemente a partículas del suelo, alcanzando una persistencia de hasta 170 días con una vida media de 45 a 60 días. En el ambiente, el glifosato se degrada a ácido aminometilfosfónico (AMPA). La vida media de AMPA es en gran parte desconocida, pero se piensa que es mayor que la de glifosato al igual que su toxicidad. Ambos, glifosato y AMPA, se han detectado en los suelos y en aguas superficiales y subterráneas cerca de zonas agrícolas de nuestro país, España y EEUU (12,13,14) y su concentraciones se incrementan luego de las lluvias lo que demuestra que no se mantiene inmóvil como aseguran los fabricantes y aplicadores. También se recupera glifosato en el agua de lluvia demostrando que las fumigaciones no son seguras y que el químico queda incluso en el aire atmosférico y es arrastrado por la lluvia cuando esta cae. Si bien el glifosato es el herbicida más usado en nuestro país, no es el único agrotóxico ni el más peligroso.

       Los insecticidas tetraclorvinfos y paratión han sido designados como “posiblemente cancerígenos para el ser humano” por la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC), dependiente de la OMS, con sede en la ciudad francesa de Lyon. Estos dos últimos productos entraron en el llamado Grupo 2B establecido por la IARC al hallarse “evidencias convincentes” de que esos agentes causaron cáncer a animales de laboratorio. El tetraclorvinfos está prohibido en la Unión Europea, aunque en EEUU y nuestro país continúa usándose incluso en mascotas. El insecticida malatión, por su parte, ingresó en el Grupo 2A por las “evidencias limitadas” de que produciría linfoma no-Hodgkin y cáncer de próstata en humanos, según recogen estudios realizados en agricultores de Estados Unidos, Canadá y Suecia publicados desde 2001. (34)

También se incluyó en la nómina al 2,4-D, otro de los herbicidas más utilizados en la Argentina, y con pasado bélico. Desarrollado por Gran Bretaña durante la Segunda Guerra Mundial para extinguir los campos de papas y remolachas de la Alemania nazi, el 2,4-D luego fue incluido en la fórmula del Agente Naranja desarrolado por Monsanto que Estados Unidos fumigó sobre los arrozales de Vietnam en el conflicto que se extendió en ese país entre 1955 y 1975. El 2,4-D ha sido detectado producto de relevamientos efectuados por la Universidad del Litoral incluso en la zona céntrica de ciudades bonaerenses como Trenque Lauquen. En nuestra ciudad no solo se aplica, sino que también se fabrica, por lo que no sería descabellado suponer que los habitantes de Río Tercero están más expuestos a este pesticida que en otras ciudades.

Atrazina, Distintos monitoreos del CONICET y del propio INTA también certifican la presencia de atrazina en los cuerpos de agua de buena parte del país, constituyendo un peligroso contaminante para la salud humana (33)

En argentina su usan todos estos agrotóxicos normalmente.

Enfermedades asociadas al glifosato

        Los efectos agudos (inmediatos) que puede producir en humanos incluyen irritaciones dérmicas y oculares, náuseas y mareos, edemas pulmonares, descensos de la presión sanguínea, reacciones alérgicas, dolores abdominales, pérdidas masivas de líquido gastrointestinal, vómitos, pérdidas de conciencia, destrucción de glóbulos rojos, electrocardiogramas anormales y daños o fallas renales. Estos no son los efectos más preocupantes, sino los que se producen a mediano y largo plazo por exposiciones repetidas e pequeñas cantidades.

Entre las enfermedades crónicas, metabólicas y congénitas atribuibles a la exposición de Glifosato se pueden citar:

Alzheimer: se comprobó que el glifosato genera el mismo tipo de estrés oxidativo y la muerte celular neuronal observada en el Alzheimer. Y afecta a la CaMKII, una enzima cuya desregulación también se ha relacionado directamente con la aparición de dicha enfermedad. (15) (16)

Autismo: el glifosato tiene una serie de efectos biológicos conocidos que se alinean con las patologías asociadas con el autismo. Uno de estos es la disbiosis intestinal observada en los niños autistas y la toxicidad del glifosato a las bacterias beneficiosas que suprimen a las patógenas. Además, la capacidad de glifosato para promover la acumulación de aluminio en el cerebro puede hacer que este veneno sea la principal causa de autismo en el mundo en los próximos años.(17)

Malformaciones y defectos de nacimiento: el glifosato puede interrumpir la vía de señalización de la vitamina A (ácido retinoico), que es crucial para el desarrollo normal del feto. Los bebés de las mujeres que viven a un kilómetro de campos fumigados con glifosato tuvieron más del doble de defectos de nacimiento, según  estudios en Paraguay. Los defectos congénitos se cuadruplicaron en los diez años posteriores de la llegada del glifosato al Chaco argentino y paraguayo, incluyendo males como ano imperforado, deficiencia de la hormona del crecimiento, hipospadias (el orificio urinario anormalmente ubicado), defectos de formación cardíaca y ancefalia (mal formación de la cabeza). (18) (19)

Cáncer: durante varias encuestas casa por casa de más de 65.000 integrantes de comunidades agrícolas argentinas, se encontraron tasas de cáncer de 2 y hasta 4 veces mayores que el promedio nacional desde el comienzo de las fumigaciones con glifosato, con un marcado aumento de los de mama, próstata y pulmón. Las altas tasas de cáncer entre las personas expuestas probablemente se derivan de la conocida capacidad de glifosato para inducir daños en el ADN, que se ha demostrado en numerosos ensayos de laboratorio.(20) (21)

Celiaquía: hay un paralelismo entre las características de la enfermedad celíaca y los efectos conocidos del glifosato. Estos incluyen el desequilibrio en las bacterias intestinales, alteraciones en las enzimas que participan en la desintoxicación natural de las toxinas ambientales, deficiencias de minerales y agotamiento de los aminoácidos. (22)

Enfermedad renal crónica: el aumento en el uso del glifosato puede explicar el reciente disparo en la cantidad de casos de insuficiencia renal que se ha presentado entre los trabajadores agrícolas de América Central, Sri Lanka e India. Los científicos han llegado a la conclusión de que este químico parece haber adquirido la capacidad de destruir los tejidos renales de miles de personas cuando se combina con la presencia de “aguas duras” y metales nefrotóxicos. (23)

Abortos espontáneos: el glifosato es tóxico para las células de la placenta humana, lo que explicaría los problemas de embarazo de las trabajadoras agrícolas expuestas al herbicida. (24)

Depresión, insomnio, astenia : el glifosato altera una parte de los procesos químicos que afectan a la producción de serotonina, un neurotransmisor importante que regula el estado de ánimo, el apetito y el sueño y cuya deficiencia se ha relacionado directamente con la depresión y trastornos crónicos de los ritmos circadianos (sueño).

Mal de Parkinson: los efectos de los herbicidas en el cerebro han sido reconocidos como el principal factor del tipo ambiental que ha sido asociado a los trastornos neurodegenerativos. La  enfermedad Parkinson como consecuencia del glifosato ha sido bien documentada y los estudios de laboratorio muestran que este químico induce a la muerte celular característica de la enfermedad. (25)(26)

Linfoma no Hodgkin: una revisión sistemática y una serie de análisis durante casi 30 años de investigación epidemiológica acerca de la relación que existe entre el LNH (linfoma no Hodgkin) y la exposición ocupacional a diversos pesticidas agrícolas encontró que el linfoma de células B se asoció positivamente con el glifosato.(27)(28)

Leucemia: En los estudios sobre mecanismos de carcinogénesis se ha demostrado que el glifosato induce estrés oxidativo en  estudios  en células humanas y de animales, e induce además daño en el DNA y en los cromosomas.  (29)

      La ley provincial establece distancias mínimas de aplicación, dejando a criterio de cada municipio la posibilidad de aumentar esos límites de acuerdo al nivel de resguardo de la población que crea apropiado. Es por eso que distintas ciudades, donde la salud es considerado un bien prioritario por sobre la producción, adecuaron sus normas en forma preventiva. San Francisco, Villa General Belgrano, Oliva, San Marcos Sierras, Jesús María, Mendiolaza, Huinca Renancó, Oncativo, Estación Juárez Celman, Anisacate, Las Calles, Villa Ciudad Parque, Las Bajadas, General Baldissera, Achiras, Alta Gracia, Monte Maíz, Hernando, Leones, Toledo, han dictado ordenanzas propias que restringen las fumigaciones con agroquímicos en campos vecinos a la zona urbana, con mayores limitaciones que las que impone la propia ley provincial sancionada en 2004. La provincia de San Luis, por su parte, en su Ley de Distancias Mínimas para Aplicación de Agroquímicos (N° IX-0958-2016), sienta precedentes en lo que se refiere a resguardo de la salud de los habitantes cercanos a zonas agropecuarias.

Medidas a exigir para el resguardo de la salud de los pobladores de los barrios periféricos y para la población en general

1.     Creación de una “zona de resguardo ambiental”  pegada al área urbana, abarcando 500 mts de cualquier construcción habitable, escuelas, predios deportivos  y/o producción frutihortícola, donde se prohíbe la aplicación por cualquier vía (terrestre, aérea, manual, etc) de todo tipo de agroquímico, ya sea fertilizante, herbicida, pesticida, inoculante, etc.

2.     Aumentar la distancias límite para aplicaciones aéreas,  para cualquier tipo de producto desde los 1.500 metros del límite del ejido urbano, escuelas y establecimientos de producción alimenticia de cualquier tipo .

3.     Prohibir el cultivo en banquinas de rutas y caminos transitables, como así también la fumigación a distancias menores a 100 mts de cualquier camino transitable y a 500 mts de cursos hídricos (ríos, arroyos, lagos, lagunas).

4.     Prohibir el uso de varios productos, considerados entre los de mayor riesgo, como endosulfán, 2,4-D (éster y amino) , metamidofos y dimetoato.

5.     Prohibir el acopio, acondicionamiento, tratamiento, manufactura de productos derivados de soja, maíz y cualquier otro producto resistente al glifosato dentro del radio urbano.

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El problema

MODELO AGROPECUARIO Y RIESGOS PARA LA SALUD,                                   NECESIDAD DE APLICAR EL PRINCIPIO PRECAUTORIO

Introducción

       Distintos factores relacionados con la producción alimentaria han cambiado notablemente en los últimos 20 años y no pueden pasar desapercibidos. La industrialización de la agricultura para que sea una empresa más productiva y rentable hizo perder de vista el objetivo principal de esta actividad que era la producción de “alimentos” para pasar a la generación de “productos”, y si estos pueden exportarse, mucho mejor. Sólo 1 de cada 7 toneladas de soja que se exporta desde Argentina es para consumo humano, la mayor parte se utiliza para producción de harinas y alimentos balanceados para animales. Cada vez se siembra mayor cantidad de maíz de segunda, para forraje y para el creciente mercado del bioetanol (Argentina es el cuarto productor mundial y el mayor exportador de bioetanol en el mundo), contradiciendo la idea de que la producción agrícola Argentina es indispensable para calmar el hambre de la creciente población mundial y para combatir la desnutrición. Nuestros productos no van al África ni a Latinoamérica. Van a granjas porcinas de Europa y China o para la producción de combustibles en los países que se resisten a obtener energía de fuentes ecológicas como EEUU, Rusia y China, donde, ante la inevitable y progresiva disminución de la disponibilidad de petróleo, es el bioetanol producido en condiciones insalubres en el tercer mundo, la mejor opción como reemplazo.

      Todas estas actividades permiten mayores porcentajes de residuos de pesticidas en el producto terminado y hasta el uso de productos prohibidos para usarlos en alimentos, como ser el Endosulfán y el 2,4-D éster. También es conocido el uso de ciertos herbicidas como el glifosato para acelerar el secado final de ciertos productos para poder cosecharlos más rápido, por lo que muchas veces termina aplicándose antes de la cosecha sobre cultivos no resistentes como trigo, maní, cebada, avena, lino, lentejas, evitándose así el costo del proceso de secado industrial, pero aumentando los residuos de pesticidas en estas materias primas de alimentos.

       Los OMG (Organismos Modificados Genéticamente) son ampliamente promocionados como seguros por las multinacionales que los producen, como así también por organismos estatales como el INTA, SENASA, ANMAT y como una innovación tecnológica llena de beneficios. Esto que comenzó allá por principios de la década del 90 con soja y maíz se hace extensivo progresivamente a más y más productos: arroz, caña de azúcar, algodón, papas, tomates, son algunos de los productos que hoy no podemos considerarlos 100% naturales, y dudosamente seguros para el consumo. Incluso desde Universidades Nacionales -que desde siempre gozaron de prestigio y confianza entre la gente- se publican constantemente trabajos que defienden este tipo de modelo y sus productos,  por supuesto siempre desde facultades de Ingeniería Agropecuaria (por definición, la ingeniería se ocupa de la producción, no de las consecuencias en la salud) que gozan de mayores aportes económicos tanto estatales como privados para la investigación. Algunos de estos aportes privados provienen de las mismas empresas que le venden al productor el paquete para este modelo(1): las semillas OMG y los respectivos agroquímicos, por supuesto, sin olvidarse de la inclusión de la correspondiente tasa en concepto del uso de la patente de esta tecnología.

Llamando las cosas por su nombre: Fitosanitarios NO, agrotóxicos SI

     Estos compuestos químicos sintéticos son utilizados para exterminar hierbas, hongos e insectos, que son organismos biológicos con funciones específicas en la naturaleza. Desgraciadamente, muchas veces estas funciones son contrarias a los intereses del productor. Herbicidas, insecticidas, acaricidas, fungicidas, son todos venenos destinados a matar seres vivos. Claramente son productos tóxicos, de uso agrario (de allí: agrotóxicos), de distintas toxicidades, algunos más letales otros menos agresivos, pero todos son venenos y tienen impacto sobre la salud humana.

    Existe una deliberada intención comercial de ocultar la peligrosidad de estos productos. Imponer la convicción de que no son dañinos o que son “poco tóxicos” y naturalizar su utilización cotidiana y generalizada. Algunas de esas ideas también se vierten en ámbitos académicos y estatales, donde se los denomina como “fitosanitarios” (fito: planta, vegetal;  sanitario: ref. a la salud) cuando en realidad solo puede contribuir a la mejora en el desarrollo de la planta modificada genéticamente que se está cultivando con fines industriales y comerciales, mientras que para todo el resto de las plantas y seres vivos a su alrededor sus efectos son claramente biocidas o tóxicos, justamente lo contrario de algo sanitario.

    Esta desinformación ha llevado incluso a su aplicación en algunas localidades para el control del crecimiento de pastos y malezas en zonas colindantes a los ferrocarriles, banquinas, cultivos de vides y árboles frutales e incluso en plazas públicas, ya que resulta más rápido, efectivo y menos trabajoso que el desmalezado mecánico.

El efecto de deriva

     Se denomina deriva al “desplazamiento de la aspersión de un plaguicida fuera del blanco, determinado por transporte de masas de aire o por falta de adherencia” (American Society of Agricultural Engineers, 2004). Por su parte, la Coalición Nacional de Minimización de la Deriva, de Estados Unidos (National Coalitionon Drift Minimization), define a la deriva como el “movimiento de las partículas pulverizadas y vapores fuera del blanco, provocando menor efectividad de control y posible daño a la vegetación susceptible, vida silvestre y a las personas”. La mayoría de los trabajos publicados de las medidas que se toman para minimizar este efecto son en base a la deriva primaria (2), que es la que ocurre en el momento de la aplicación del agroquímico sobre los cultivos. Pero existe también una deriva secundaria. Por causa de distintos factores climáticos que no pueden ser controlados ni predichos completamente (reversión térmica, cambios de las condiciones de Tº y humedad, cambios inesperados de la dirección o velocidad del viento) se forman aerosoles que puede moverse en toda dirección fuera de la zona de aplicación. Esta nube química que aparece sobre el campo pulverizado puede concentrarse aún más con los plaguicidas que se evaporaron y las gotas que aún no descendieron durante la deriva primaria (fracción de gotas de menor tamaño) y luego precipitan en distancias de hasta varios kms del lugar de aplicación original. Este efecto se potencia ya que la principal época de aplicaciones en Argentina, es la temporada cálida (primavera-verano). Como si esto fuera poco, también existe una deriva terciaria, ésta se da en tiempos posteriores a la aplicación, del orden de semanas, meses o años, debido a diversos fenómenos que pueden ocurrir con todo plaguicida que no dé en el blanco para el que fue aplicado, descomposición química en moléculas menores considerados metabolitos o residuos (muchos de ellos tóxicos como el AMPA), reacción química con moléculas del ambiente - en particular del suelo -, adsorción y absorción con sustratos del suelo, lixiviación en corrientes de aguas; acumulación en microorganismos, insectos, o especies mayores,  cambio de fase a estado gaseoso. 

CASO BARRIO ITUZAINGÓ (CORDOBA)

         A fines del año 2001, un grupo de madres comienzan a preocuparse al advertir la frecuencia inusual de mujeres con pañuelo en la cabeza y niños con barbijo. Se generaron reclamos a las autoridades para el análisis de las enfermedades y de los posibles contaminantes. Los vecinos realizaron muchas denuncias judiciales para que paren las fumigaciones, pero la respuesta de Tribunales fue escasa. El 11 de febrero de 2004, Sofía Gatica denuncia ante la Unidad Fiscal del lugar que en el “campo de Parra” -al este del barrio- aplicaban agrotóxicos con un equipo terrestre (mosquito). La ayudante fiscal procedió a investigar la situación logrando allanar el campo de Parra. Se identificaron restos de los venenos utilizados y los dosajes de la tierra del lugar detectaron compuestos organoclorados y fosforados, 2,4-D, diendrin y clorpirifós. Los efectos de la contaminación producida por la agricultura tóxica en Bº Ituzaingo Anexo quedó evidenciada cuando se observó la distribución de las enfermedades en el plano del barrio.

        El vínculo espacial era evidente. A medida que se acercaba al límite del barrio donde se siembra y fumigan las parcelas de soja, aumenta la densidad de vecinos con cáncer, trastornos endocrinos y hematológicos. Los enfermos no se distribuyen alrededor de los transformadores con PCB, ni su dispersión era uniforme como habría de esperarse si la causa fuera el agua con arsénico del pozo del barrio, del que todos consumían.

Por otro lado, los estudios de biomarcadores realizados en niños del lugar, registran presencia de pesticidas y sus metabolitos en cantidades superiores a las de la población normal y la ausencia o muy bajos niveles de otros contaminantes como metales pesados o PCB.

En esta zona de la ciudad actuaron varios contaminantes que, en conjunto, explican el impacto sobre la salud ambiental de la población. Sin embargo, la contaminación con agrotóxicos es sin duda la predominante y la que además de tener un vínculo espacial, también expresa un vínculo temporal: después que comienzan las fumigaciones intensivas (desde 1997 en adelante) comienzan a aparecer los casos de enfermedades severas.

En el año 2012, en un fallo judicial que puede considerarse histórico, la Cámara Primera del Crimen de la Ciudad de Córdoba, con asiento en Tribunales 2, condenó a tres años de prisión condicional, al agricultor Francisco Parra y al piloto aeroaplicador Edgardo Pancello, quienes fueron encontrados culpables de contaminación ambiental dolosa, a raíz de fumigaciones ilegales realizadas en barrio Ituzaingó Anexo. La Justicia no dudó en considerar que hay fumigaciones contaminantes. Además de dañar la tierra, estas afectan la salud humana y llegan a producir graves enfermedades, que ponen en riesgo la vida de las víctimas. La extensión de cultivos de soja y otros granos, cuya exportación a precios muy altos ha contribuido a un aumento sustancial del superávit comercial, no puede justificar el daño generalizado al ambiente y a la salud de las personas. El fallo sienta jurisprudencia en el país y tuvo una inmediata repercusión internacional.

Glifosato y otros productos dispersados al ambiente

       A pesar de que su creadora Monsanto reivindicaba que los OMG reducirían la necesidad de pesticidas y herbicidas, el uso generalizado de cultivos “transgénicos” en los últimos 20 años multiplicó exponencialmente el empleo de estas sustancias tóxicas en todo el mundo. A diferencia de lo que expresaba el envase hasta hace unos años, el Glifosato no es biodegradable. Tampoco se “inactiva” al contactar con el suelo como repiten muchos ingenieros agrónomos en forma muy irresponsable. Glifosato se une fuertemente a partículas del suelo, alcanzando una persistencia de hasta 170 días con una vida media de 45 a 60 días. En el ambiente, el glifosato se degrada a ácido aminometilfosfónico (AMPA). La vida media de AMPA es en gran parte desconocida, pero se piensa que es mayor que la de glifosato al igual que su toxicidad. Ambos, glifosato y AMPA, se han detectado en los suelos y en aguas superficiales y subterráneas cerca de zonas agrícolas de nuestro país, España y EEUU (12,13,14) y su concentraciones se incrementan luego de las lluvias lo que demuestra que no se mantiene inmóvil como aseguran los fabricantes y aplicadores. También se recupera glifosato en el agua de lluvia demostrando que las fumigaciones no son seguras y que el químico queda incluso en el aire atmosférico y es arrastrado por la lluvia cuando esta cae. Si bien el glifosato es el herbicida más usado en nuestro país, no es el único agrotóxico ni el más peligroso.

       Los insecticidas tetraclorvinfos y paratión han sido designados como “posiblemente cancerígenos para el ser humano” por la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC), dependiente de la OMS, con sede en la ciudad francesa de Lyon. Estos dos últimos productos entraron en el llamado Grupo 2B establecido por la IARC al hallarse “evidencias convincentes” de que esos agentes causaron cáncer a animales de laboratorio. El tetraclorvinfos está prohibido en la Unión Europea, aunque en EEUU y nuestro país continúa usándose incluso en mascotas. El insecticida malatión, por su parte, ingresó en el Grupo 2A por las “evidencias limitadas” de que produciría linfoma no-Hodgkin y cáncer de próstata en humanos, según recogen estudios realizados en agricultores de Estados Unidos, Canadá y Suecia publicados desde 2001. (34)

También se incluyó en la nómina al 2,4-D, otro de los herbicidas más utilizados en la Argentina, y con pasado bélico. Desarrollado por Gran Bretaña durante la Segunda Guerra Mundial para extinguir los campos de papas y remolachas de la Alemania nazi, el 2,4-D luego fue incluido en la fórmula del Agente Naranja desarrolado por Monsanto que Estados Unidos fumigó sobre los arrozales de Vietnam en el conflicto que se extendió en ese país entre 1955 y 1975. El 2,4-D ha sido detectado producto de relevamientos efectuados por la Universidad del Litoral incluso en la zona céntrica de ciudades bonaerenses como Trenque Lauquen. En nuestra ciudad no solo se aplica, sino que también se fabrica, por lo que no sería descabellado suponer que los habitantes de Río Tercero están más expuestos a este pesticida que en otras ciudades.

Atrazina, Distintos monitoreos del CONICET y del propio INTA también certifican la presencia de atrazina en los cuerpos de agua de buena parte del país, constituyendo un peligroso contaminante para la salud humana (33)

En argentina su usan todos estos agrotóxicos normalmente.

Enfermedades asociadas al glifosato

        Los efectos agudos (inmediatos) que puede producir en humanos incluyen irritaciones dérmicas y oculares, náuseas y mareos, edemas pulmonares, descensos de la presión sanguínea, reacciones alérgicas, dolores abdominales, pérdidas masivas de líquido gastrointestinal, vómitos, pérdidas de conciencia, destrucción de glóbulos rojos, electrocardiogramas anormales y daños o fallas renales. Estos no son los efectos más preocupantes, sino los que se producen a mediano y largo plazo por exposiciones repetidas e pequeñas cantidades.

Entre las enfermedades crónicas, metabólicas y congénitas atribuibles a la exposición de Glifosato se pueden citar:

Alzheimer: se comprobó que el glifosato genera el mismo tipo de estrés oxidativo y la muerte celular neuronal observada en el Alzheimer. Y afecta a la CaMKII, una enzima cuya desregulación también se ha relacionado directamente con la aparición de dicha enfermedad. (15) (16)

Autismo: el glifosato tiene una serie de efectos biológicos conocidos que se alinean con las patologías asociadas con el autismo. Uno de estos es la disbiosis intestinal observada en los niños autistas y la toxicidad del glifosato a las bacterias beneficiosas que suprimen a las patógenas. Además, la capacidad de glifosato para promover la acumulación de aluminio en el cerebro puede hacer que este veneno sea la principal causa de autismo en el mundo en los próximos años.(17)

Malformaciones y defectos de nacimiento: el glifosato puede interrumpir la vía de señalización de la vitamina A (ácido retinoico), que es crucial para el desarrollo normal del feto. Los bebés de las mujeres que viven a un kilómetro de campos fumigados con glifosato tuvieron más del doble de defectos de nacimiento, según  estudios en Paraguay. Los defectos congénitos se cuadruplicaron en los diez años posteriores de la llegada del glifosato al Chaco argentino y paraguayo, incluyendo males como ano imperforado, deficiencia de la hormona del crecimiento, hipospadias (el orificio urinario anormalmente ubicado), defectos de formación cardíaca y ancefalia (mal formación de la cabeza). (18) (19)

Cáncer: durante varias encuestas casa por casa de más de 65.000 integrantes de comunidades agrícolas argentinas, se encontraron tasas de cáncer de 2 y hasta 4 veces mayores que el promedio nacional desde el comienzo de las fumigaciones con glifosato, con un marcado aumento de los de mama, próstata y pulmón. Las altas tasas de cáncer entre las personas expuestas probablemente se derivan de la conocida capacidad de glifosato para inducir daños en el ADN, que se ha demostrado en numerosos ensayos de laboratorio.(20) (21)

Celiaquía: hay un paralelismo entre las características de la enfermedad celíaca y los efectos conocidos del glifosato. Estos incluyen el desequilibrio en las bacterias intestinales, alteraciones en las enzimas que participan en la desintoxicación natural de las toxinas ambientales, deficiencias de minerales y agotamiento de los aminoácidos. (22)

Enfermedad renal crónica: el aumento en el uso del glifosato puede explicar el reciente disparo en la cantidad de casos de insuficiencia renal que se ha presentado entre los trabajadores agrícolas de América Central, Sri Lanka e India. Los científicos han llegado a la conclusión de que este químico parece haber adquirido la capacidad de destruir los tejidos renales de miles de personas cuando se combina con la presencia de “aguas duras” y metales nefrotóxicos. (23)

Abortos espontáneos: el glifosato es tóxico para las células de la placenta humana, lo que explicaría los problemas de embarazo de las trabajadoras agrícolas expuestas al herbicida. (24)

Depresión, insomnio, astenia : el glifosato altera una parte de los procesos químicos que afectan a la producción de serotonina, un neurotransmisor importante que regula el estado de ánimo, el apetito y el sueño y cuya deficiencia se ha relacionado directamente con la depresión y trastornos crónicos de los ritmos circadianos (sueño).

Mal de Parkinson: los efectos de los herbicidas en el cerebro han sido reconocidos como el principal factor del tipo ambiental que ha sido asociado a los trastornos neurodegenerativos. La  enfermedad Parkinson como consecuencia del glifosato ha sido bien documentada y los estudios de laboratorio muestran que este químico induce a la muerte celular característica de la enfermedad. (25)(26)

Linfoma no Hodgkin: una revisión sistemática y una serie de análisis durante casi 30 años de investigación epidemiológica acerca de la relación que existe entre el LNH (linfoma no Hodgkin) y la exposición ocupacional a diversos pesticidas agrícolas encontró que el linfoma de células B se asoció positivamente con el glifosato.(27)(28)

Leucemia: En los estudios sobre mecanismos de carcinogénesis se ha demostrado que el glifosato induce estrés oxidativo en  estudios  en células humanas y de animales, e induce además daño en el DNA y en los cromosomas.  (29)

      La ley provincial establece distancias mínimas de aplicación, dejando a criterio de cada municipio la posibilidad de aumentar esos límites de acuerdo al nivel de resguardo de la población que crea apropiado. Es por eso que distintas ciudades, donde la salud es considerado un bien prioritario por sobre la producción, adecuaron sus normas en forma preventiva. San Francisco, Villa General Belgrano, Oliva, San Marcos Sierras, Jesús María, Mendiolaza, Huinca Renancó, Oncativo, Estación Juárez Celman, Anisacate, Las Calles, Villa Ciudad Parque, Las Bajadas, General Baldissera, Achiras, Alta Gracia, Monte Maíz, Hernando, Leones, Toledo, han dictado ordenanzas propias que restringen las fumigaciones con agroquímicos en campos vecinos a la zona urbana, con mayores limitaciones que las que impone la propia ley provincial sancionada en 2004. La provincia de San Luis, por su parte, en su Ley de Distancias Mínimas para Aplicación de Agroquímicos (N° IX-0958-2016), sienta precedentes en lo que se refiere a resguardo de la salud de los habitantes cercanos a zonas agropecuarias.

Medidas a exigir para el resguardo de la salud de los pobladores de los barrios periféricos y para la población en general

1.     Creación de una “zona de resguardo ambiental”  pegada al área urbana, abarcando 500 mts de cualquier construcción habitable, escuelas, predios deportivos  y/o producción frutihortícola, donde se prohíbe la aplicación por cualquier vía (terrestre, aérea, manual, etc) de todo tipo de agroquímico, ya sea fertilizante, herbicida, pesticida, inoculante, etc.

2.     Aumentar la distancias límite para aplicaciones aéreas,  para cualquier tipo de producto desde los 1.500 metros del límite del ejido urbano, escuelas y establecimientos de producción alimenticia de cualquier tipo .

3.     Prohibir el cultivo en banquinas de rutas y caminos transitables, como así también la fumigación a distancias menores a 100 mts de cualquier camino transitable y a 500 mts de cursos hídricos (ríos, arroyos, lagos, lagunas).

4.     Prohibir el uso de varios productos, considerados entre los de mayor riesgo, como endosulfán, 2,4-D (éster y amino) , metamidofos y dimetoato.

5.     Prohibir el acopio, acondicionamiento, tratamiento, manufactura de productos derivados de soja, maíz y cualquier otro producto resistente al glifosato dentro del radio urbano.

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Petición creada en 16 de enero de 2019