Cuando se dice "desmonte" mucha gente piensa en camiones cargados de madera pasando por la ruta.
En realidad un desmonte es mucho más: es un desierto que de repente se abre allí donde poco antes había un bosque lleno de vida.
Las topadoras se abren camino con sus cadenas, arrancando arboles centenarios de raíz, los animales huyen espantados, los más chicos o lentos quedan aplastados. Luego vienen los guinches, para sacar aquellos troncos que algunas empresas forestales codician, aunque los pagan miserias: a veces menos de 5000 pesos por un camión con acoplado lleno de arboles. En fin las topadoras vuelven para amontonar todo lo que "no sirve", arboles, ramas, raíces y se le prende fuego con todo aquello que queda de vivo, panales de abejas nativas, nidos de lagartijas o pájaros que todavía no se habían ido.
Multipliquen esto por miles, porqué los desmontes acá en Chaco son mega-desmontes. Para visualizarlo piensen en esto: 1 hectárea es grande como la manzana donde viven, un solo desmonte puede llegar a destruir 2.000 hectáreas de bosques o incluso más. Hay desmontes tan grandes que podrían albergar toda la ciudad de Buenos Aires en su interior.
Así desaparece el monte virgen y en su lugar se crean monocultivos de soja, maíz o algodón. Latifundios que terminan, en muchos casos de forma poco transparente o directamente ilegal, en las manos de sociedades anónimas, empresas o bancos, transformándose así en un herramienta de especulación inmobiliaria.
Este caso que se le presenta en el vídeo se dio a pocos kilómetros del Parque Nacional Copo, en el Impenetrable y en una zona donde los desmontes están prohibidos por ley, podes conocer su historia ACÁ.
El 21 de marzo es el Día Mundial de los Bosques.
Ayúdanos a llegar a las 40.000 firmas y vamos a entregar un mensaje claro al Gobierno: basta de especular sobre nuestras vidas, basta de desmontes!