URGENTE Que Naciones Unidas detenga la matanza en Siria


URGENTE Que Naciones Unidas detenga la matanza en Siria
El problema
Ustedes no me leerán, y sin embargo tengo la necesidad de escribirles. Quiero decirles que no soy, ni pretendo ser, un experto en lo que ustedes puedan llamar “el problema sirio”. Soy únicamente un ciudadano latinoamericano, que en este momento quiere pedirles, si sirve de algo, suplicarles, que asuman la responsabilidad política que les corresponde como los únicos líderes del mundo con la capacidad para detener hoy mismo la matanza en la que está empeñado Al-Assad.
Ya les decía, entiendo poco de esto. Pero sucede que hoy estuve viendo un vídeo. Y es por eso que les escribo ahora. Porque vi ese vídeo. Fue grabado el 25 de mayo, hace muy pocos días atrás en Al-Houla, Siria. Yo sé que usted me entenderá Presidente Obama. Porque usted tiene dos hijas que son todavía unas niñas. ¿Sabe? Yo tengo una hija también, señor. Usted me entenderá Presidente, porque nuestras niñas son para nosotros la expresión de la inocencia y de la esperanza. Y estoy seguro que si usted viera ese vídeo reaccionaría como yo, con rabia, con indignación, con pena, con llanto. Estoy casi seguro señor, que si usted viera ese vídeo y no fuera Presidente del país más poderoso del mundo, a lo mejor estaría escribiendo una carta como la mía. Yo no se si ustedes, Jefes de Estado, han visto ese vídeo. A lo mejor no han tenido tiempo, porque yo sé que tienen ustedes cosas muy importantes que hacer.
Pero se los tengo que contar. Las imágenes duran solamente 3 minutos y 22 segundos. Yo no estaba preparado para ver este vídeo. No lo estaba. No lo estoy todavía ahora que ya han pasado algunas horas. La cámara se mueve siempre en forma irregular. Los gritos de dolor y desesperación te cortan la respiración. La iluminación es deficiente. Pero no hay duda de lo que estoy viendo. Ahora que se los cuento se me vienen a la cabeza una y otra vez estas imágenes. Son cuerpos humanos. Cuerpos en el suelo. Cuerpos inanimados. Y la cámara se acerca y esos cuerpos son de niños. De niños. Son niños muertos. Niños inocentes asesinados. Cuerpos pequeñitos en el suelo destrozados por las bombas y balas. Con la sangre en sus caritas. Con sus ojos muertos. Niños que debiesen estar jugando como juega mi hija. Pero que están allí, en el suelo, con sus cráneos abiertos. En la desesperación sus padres los levantan, como si quisieran despertarlos. Pero no. Los cuerpecitos simplemente se doblan como lo que son: cuerpos inertes y flácidos que caen ante su propio peso. Y de fondo los gritos de desesperación de sus padres. Esos gritos. Esos gritos de desesperación, de sufrimiento, de odio, de venganza, siguen allí retumbando en mi cabeza.
Miles y miles de muertos. Decenas de miles de heridos. Cientos de niños asesinados o mutilados. Llevamos mucho tiempo leyendo estas noticias. ¿Terminará algún día esta matanza?
Me acuerdo que cuando iba al colegio, hace ya un buen tiempo, tenían colgado un afiche de la Declaración de los Derechos del Niño. Esa declaración se aprobó en 1959 por la Asamblea General de las Naciones Unidas. Es decir, por el mismo organismo en el cuál ustedes, miembros permanentes del Consejo de Seguridad, tienen derecho a veto. Uno de sus artículos empiezan diciendo que “el niño gozará de una protección especial y dispondrá de oportunidades y servicios, dispensado todo ello por la ley y por otros medios, para que pueda desarrollarse física, mental, moral, espiritual y socialmente en forma saludable y normal, así como en condiciones de libertad y dignidad”. Esos niños cuyos cuerpos yacen sobre una alfombra de Al-Houla no fueron protegidos adecuadamente. Y luego la Convención sobre los Derechos del Niño de 1990, también ratificada por la Asamblea General de Naciones Unidas, dice que “los Estados Partes reconocen que todo niño tiene el derecho intrínseco a la vida”. Si, si, ¡Derecho a la vida!
Perdónenme señores Jefes de Estado que les haya mencionado la Declaración y la Convención. Yo sé que ustedes las conocen bien. Me imagino que estarán ahora mismo pensando en cómo establecer mecanismos para restaurar su cumplimiento. Tendrían que haber razones muy importantes para que estos acuerdos internacionales no se cumplan y se pasen por alto. Razones fundamentales que como simple ciudadano soy incapaz de entender. Es responsabilidad de ustedes hacer que los acuerdos de la Asamblea General sean cumplidos y respetados.
Pero es que además ustedes ya han enviado a un ex Secretario General de Naciones Unidas a Siria para que les informe, y sabemos que ya les ha informado sobre lo que está pasando. Y la Liga Árabe, que suele ser más bien “solidaria” con los gobiernos antes que con los pueblos, también “condena y denuncia” esta matanza y las anteriores. Pasan los días y los muertos se van acumulando. En Homs, en Hama, en Houla, y qué se yo en cuantas otras ciudades y pueblos a los que no llegan los periodistas y sobre las cuales no tenemos ninguna información. Pero seguro que ustedes si. Tienen esos sistemas de inteligencia, con espías y satélites. De seguro que saben mucho mejor que nosotros. ¿Pueden dormir tranquilos sabiendo, como lo sabemos ahora todos, que en Siria están asesinando a niños?
No entiendo cuales pueden ser vuestros intereses geopolíticos en Siria. Desconozco si es que Siria tiene o no tiene recursos naturales, o si tal vez ustedes tienen algún temor de actuar en la zona por las complejidades propias del Medio Oriente. Solo sé que en Siria están asesinando niños y que la vida de esos niños vale mucho más que cualquier otro interés. Al menos eso creo. Al menos así debe ser.
Le escribo especialmente a usted, señor Hu Jintao. China es hoy por hoy la segunda potencia económica del mundo y pronto será la primera. Su país es el más poblado de la tierra. Su influencia económica llega a todos los rincones del planeta. No me interesa esta vez, se lo digo francamente, hablarle sobre Democracia o sobre libertades civiles. Eso lo dejamos para otra oportunidad. Yo sé que a usted no le gusta interferir en temas de otros países. Pero si usted viera ese vídeo, tendría que entender de una triste forma que los niños deben ser sobre todo niños y poder vivir como niños. Que antes que sirios, son simplemente niños. Que como todos los niños del mundo ellos debiesen estar corriendo, y jugando, y riendo. Que los niños de su China también corren, juegan y ríen. Pero estos niños de los que le hablo ahora señor Presidente, estos niños están muertos. Muertos. ¿Lo ve? ¿Importa realmente que sean sirios, o chilenos, o españoles, o chinos? Lo que debería importarnos es que pudieran correr, jugar y reír.
Yo sé que ustedes hacen declaraciones. A veces se ponen de acuerdo y escriben algo que siempre es muy categórico, muy de condena y tal. Ojalá por cada declaración que ustedes redacten y aprueben un niño se pudiera salvar. Nunca he visto que una declaración de estas realmente genere algún impacto importante, especialmente cuando el que está al frente es un opresor brutal. Es la hora de actuar, señores, en el marco de la Ley internacional y con la Ley en la mano. En general no soy partidario de las intervenciones militares. Soy muy contrario a las acciones unilaterales y particularmente aquellas que han denominado como “ataque preventivo”. No me gusta lo que hicieron algunos de ustedes en Irak, sobre la base de la mentira. Pero esta vez es especial. Cada minuto que pasa, cada hora, cada día pueden ser los últimos para los niños de Siria. Estamos frente a una crisis humanitaria, como lo fue la ex Yugoslavia algunos años atrás.
A lo mejor hay algunas otras opciones a la intervención militar que sean igualmente efectivas para detener este baño de sangre. Si es así, pues impleméntenlas. Yo no soy experto en el tema. Solo sé que allá, en Siria, están matando niños y que ustedes, señores Jefes de Estado, pueden poner fin a esta matanza. Y si no lo hacen, serán cómplices. Si señores, se los digo con respeto pero con claridad. Serán cómplices. Estar en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas como miembros permanentes y con derecho a veto no es solamente un beneficio, sino que, por sobretodo, es una responsabilidad. Estaremos atentos.
@pablobello
[Estas son mis razones... si estás de acuerdo, firma y agrega las tuyas]
Esta carta se publicó originalmente en El Post: http://www.elpost.cl/web/temas/global/640-carta_por_siria.html

El problema
Ustedes no me leerán, y sin embargo tengo la necesidad de escribirles. Quiero decirles que no soy, ni pretendo ser, un experto en lo que ustedes puedan llamar “el problema sirio”. Soy únicamente un ciudadano latinoamericano, que en este momento quiere pedirles, si sirve de algo, suplicarles, que asuman la responsabilidad política que les corresponde como los únicos líderes del mundo con la capacidad para detener hoy mismo la matanza en la que está empeñado Al-Assad.
Ya les decía, entiendo poco de esto. Pero sucede que hoy estuve viendo un vídeo. Y es por eso que les escribo ahora. Porque vi ese vídeo. Fue grabado el 25 de mayo, hace muy pocos días atrás en Al-Houla, Siria. Yo sé que usted me entenderá Presidente Obama. Porque usted tiene dos hijas que son todavía unas niñas. ¿Sabe? Yo tengo una hija también, señor. Usted me entenderá Presidente, porque nuestras niñas son para nosotros la expresión de la inocencia y de la esperanza. Y estoy seguro que si usted viera ese vídeo reaccionaría como yo, con rabia, con indignación, con pena, con llanto. Estoy casi seguro señor, que si usted viera ese vídeo y no fuera Presidente del país más poderoso del mundo, a lo mejor estaría escribiendo una carta como la mía. Yo no se si ustedes, Jefes de Estado, han visto ese vídeo. A lo mejor no han tenido tiempo, porque yo sé que tienen ustedes cosas muy importantes que hacer.
Pero se los tengo que contar. Las imágenes duran solamente 3 minutos y 22 segundos. Yo no estaba preparado para ver este vídeo. No lo estaba. No lo estoy todavía ahora que ya han pasado algunas horas. La cámara se mueve siempre en forma irregular. Los gritos de dolor y desesperación te cortan la respiración. La iluminación es deficiente. Pero no hay duda de lo que estoy viendo. Ahora que se los cuento se me vienen a la cabeza una y otra vez estas imágenes. Son cuerpos humanos. Cuerpos en el suelo. Cuerpos inanimados. Y la cámara se acerca y esos cuerpos son de niños. De niños. Son niños muertos. Niños inocentes asesinados. Cuerpos pequeñitos en el suelo destrozados por las bombas y balas. Con la sangre en sus caritas. Con sus ojos muertos. Niños que debiesen estar jugando como juega mi hija. Pero que están allí, en el suelo, con sus cráneos abiertos. En la desesperación sus padres los levantan, como si quisieran despertarlos. Pero no. Los cuerpecitos simplemente se doblan como lo que son: cuerpos inertes y flácidos que caen ante su propio peso. Y de fondo los gritos de desesperación de sus padres. Esos gritos. Esos gritos de desesperación, de sufrimiento, de odio, de venganza, siguen allí retumbando en mi cabeza.
Miles y miles de muertos. Decenas de miles de heridos. Cientos de niños asesinados o mutilados. Llevamos mucho tiempo leyendo estas noticias. ¿Terminará algún día esta matanza?
Me acuerdo que cuando iba al colegio, hace ya un buen tiempo, tenían colgado un afiche de la Declaración de los Derechos del Niño. Esa declaración se aprobó en 1959 por la Asamblea General de las Naciones Unidas. Es decir, por el mismo organismo en el cuál ustedes, miembros permanentes del Consejo de Seguridad, tienen derecho a veto. Uno de sus artículos empiezan diciendo que “el niño gozará de una protección especial y dispondrá de oportunidades y servicios, dispensado todo ello por la ley y por otros medios, para que pueda desarrollarse física, mental, moral, espiritual y socialmente en forma saludable y normal, así como en condiciones de libertad y dignidad”. Esos niños cuyos cuerpos yacen sobre una alfombra de Al-Houla no fueron protegidos adecuadamente. Y luego la Convención sobre los Derechos del Niño de 1990, también ratificada por la Asamblea General de Naciones Unidas, dice que “los Estados Partes reconocen que todo niño tiene el derecho intrínseco a la vida”. Si, si, ¡Derecho a la vida!
Perdónenme señores Jefes de Estado que les haya mencionado la Declaración y la Convención. Yo sé que ustedes las conocen bien. Me imagino que estarán ahora mismo pensando en cómo establecer mecanismos para restaurar su cumplimiento. Tendrían que haber razones muy importantes para que estos acuerdos internacionales no se cumplan y se pasen por alto. Razones fundamentales que como simple ciudadano soy incapaz de entender. Es responsabilidad de ustedes hacer que los acuerdos de la Asamblea General sean cumplidos y respetados.
Pero es que además ustedes ya han enviado a un ex Secretario General de Naciones Unidas a Siria para que les informe, y sabemos que ya les ha informado sobre lo que está pasando. Y la Liga Árabe, que suele ser más bien “solidaria” con los gobiernos antes que con los pueblos, también “condena y denuncia” esta matanza y las anteriores. Pasan los días y los muertos se van acumulando. En Homs, en Hama, en Houla, y qué se yo en cuantas otras ciudades y pueblos a los que no llegan los periodistas y sobre las cuales no tenemos ninguna información. Pero seguro que ustedes si. Tienen esos sistemas de inteligencia, con espías y satélites. De seguro que saben mucho mejor que nosotros. ¿Pueden dormir tranquilos sabiendo, como lo sabemos ahora todos, que en Siria están asesinando a niños?
No entiendo cuales pueden ser vuestros intereses geopolíticos en Siria. Desconozco si es que Siria tiene o no tiene recursos naturales, o si tal vez ustedes tienen algún temor de actuar en la zona por las complejidades propias del Medio Oriente. Solo sé que en Siria están asesinando niños y que la vida de esos niños vale mucho más que cualquier otro interés. Al menos eso creo. Al menos así debe ser.
Le escribo especialmente a usted, señor Hu Jintao. China es hoy por hoy la segunda potencia económica del mundo y pronto será la primera. Su país es el más poblado de la tierra. Su influencia económica llega a todos los rincones del planeta. No me interesa esta vez, se lo digo francamente, hablarle sobre Democracia o sobre libertades civiles. Eso lo dejamos para otra oportunidad. Yo sé que a usted no le gusta interferir en temas de otros países. Pero si usted viera ese vídeo, tendría que entender de una triste forma que los niños deben ser sobre todo niños y poder vivir como niños. Que antes que sirios, son simplemente niños. Que como todos los niños del mundo ellos debiesen estar corriendo, y jugando, y riendo. Que los niños de su China también corren, juegan y ríen. Pero estos niños de los que le hablo ahora señor Presidente, estos niños están muertos. Muertos. ¿Lo ve? ¿Importa realmente que sean sirios, o chilenos, o españoles, o chinos? Lo que debería importarnos es que pudieran correr, jugar y reír.
Yo sé que ustedes hacen declaraciones. A veces se ponen de acuerdo y escriben algo que siempre es muy categórico, muy de condena y tal. Ojalá por cada declaración que ustedes redacten y aprueben un niño se pudiera salvar. Nunca he visto que una declaración de estas realmente genere algún impacto importante, especialmente cuando el que está al frente es un opresor brutal. Es la hora de actuar, señores, en el marco de la Ley internacional y con la Ley en la mano. En general no soy partidario de las intervenciones militares. Soy muy contrario a las acciones unilaterales y particularmente aquellas que han denominado como “ataque preventivo”. No me gusta lo que hicieron algunos de ustedes en Irak, sobre la base de la mentira. Pero esta vez es especial. Cada minuto que pasa, cada hora, cada día pueden ser los últimos para los niños de Siria. Estamos frente a una crisis humanitaria, como lo fue la ex Yugoslavia algunos años atrás.
A lo mejor hay algunas otras opciones a la intervención militar que sean igualmente efectivas para detener este baño de sangre. Si es así, pues impleméntenlas. Yo no soy experto en el tema. Solo sé que allá, en Siria, están matando niños y que ustedes, señores Jefes de Estado, pueden poner fin a esta matanza. Y si no lo hacen, serán cómplices. Si señores, se los digo con respeto pero con claridad. Serán cómplices. Estar en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas como miembros permanentes y con derecho a veto no es solamente un beneficio, sino que, por sobretodo, es una responsabilidad. Estaremos atentos.
@pablobello
[Estas son mis razones... si estás de acuerdo, firma y agrega las tuyas]
Esta carta se publicó originalmente en El Post: http://www.elpost.cl/web/temas/global/640-carta_por_siria.html

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Petición creada en 28 de mayo de 2012