Respalden y difundan esta Declaración Pública


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La causa
DECLARACIÓN PÚBLICA
1º Las personas y organizaciones firmantes, manifestamos nuestra profunda solidaridad con el presbítero Mariano Puga y los sacerdotes jesuitas José Aldunate y Felipe Berríos, en la situación de enjuiciamiento que padecen de parte del Arzobispo de Santiago y del Nuncio Apostólico. La palabra orientadora y la acción solidaria de los tres sacerdotes mencionados son de público conocimiento desde hace largos años, lo que les ha merecido el respeto, la admiración y la gratitud de todos los hombres y mujeres de buena voluntad de nuestro pueblo.
2º Es válido recordar que, durante la dictadura militar-empresarial, José Aldunate y Mariano Puga constituyeron un baluarte en la defensa de los Derechos Humanos; fueron víctimas de agresiones físicas, de amenazas y de prisión; compartieron el dolor de los pobres y, con sabiduría, entregaron esperanza de justicia y libertad.
3º Aldunate, Puga y Berríos, en el presente, son el rostro visible de tantos otros sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos que pusieron en riesgo sus vidas para que otros más débiles continuaran viviendo, dando así un testimonio de Jesucristo. Estos ejemplos perduran hasta hoy entre muchos que desconocían el Evangelio. Ello nos lleva a recordar a Roberto Bolton, Alfonso Baeza, Juan Alsina, Pierre Dubois, Oscar Jiménez, Nadine Loubet, Elena Chaín, Rafael Maroto, Humberto Guzmán, Blanca Rengifo, Esteban Gumucio, Pablo Fontaine, Ronaldo Muñoz, Antonio Llidó, Francisca Morales, Clotario Blest, el obispo luterano Helmut Frenz, y muchos más.
Ellos nos mostraron el Espíritu cristiano, porque sus vidas han expresado su fidelidad y coherencia entre su pensamiento y su acción. “Me ha enviado a llevar la buena nueva a los pobres, a curar los corazones oprimidos, a anunciar la libertad a los cautivos, la liberación a los presos”. (Isaías 61, 1).
Ellos han vivido una Iglesia portadora de la fe, del amor a los débiles, de la fraternidad humana. Han dado confianza, consuelo y esperanza de justicia y de paz.
4º Esta Iglesia fiel a Jesucristo está siendo perseguida, pues con ella se manifiesta el Reino de Dios que, inevitablemente, se opone al reino del mal, de los pecados sociales, de la injusticia y de la crueldad.
En cambio, una Iglesia que vive en el bienestar, con una existencia asegurada de sus ministros y funcionarios, corre peligro constante de ajustarse a las intenciones de los poderes establecidos y de caer en la adulación. Al preocuparse de su propia seguridad y de mantener sus privilegios, la Iglesia del poder se olvida de los pobres, de los cansados, de los débiles.
Una auténtica Iglesia –y que es la que construyen y conforman los sacerdotes ahora acusados- es defensora de los derechos de los desposeídos, lucha por la liberación de los oprimidos y emplea sus capacidades en la creación de justicia social.
5º Los pueblos de América Latina y del mundo entero esperan que la Iglesia abandone la obsesión de vigilancia y de castigo a los sacerdotes, religiosos y laicos que luchan por la justicia y la paz. Más bien debería abocarse a buscar caminos de humanización para los millones de niños y jóvenes que no estudian ni trabajan; para los migrantes; promover el respeto y los derechos de las minorías sexuales, detener el deterioro del planeta que ejecutan las empresas mineras; denunciar las guerras inventadas por las transnacionales; denunciar las 76 bases militares de USA conocidas instaladas en América Latina, además de los ejercicios conjuntos, cursos de adiestramiento para FFAA y policiales, reuniones continentales de altos mandos y redes, contactos, programas e instituciones que proyectan el poder militar de USA sobre nuestros países y que ahora se extiende a la presencia militar frente a ”desastres naturales”. Todo esto se hace para salvaguardar un sistema financiero con el que se conjugan los crímenes y genocidios.
6º La Iglesia de Puga, Aldunate y Berríos quiere la vida y por eso ello denuncian a los opresores y anuncian una nueva aurora para nuestro pueblo, tal como lo hiciera el obispo Oscar Romero y que fue asesinado por el ejército de su país, por disposición de los dueños del poder.
Reiteramos la solidaridad con Mariano Puga, José Aldunate y Felipe Berríos, así como con todos los que construyen una Iglesia al servicio de la humanidad, a diferencia de quienes los acusan y condenan. A todos recordamos las palabras de Jesucristo que “en sus enseñanzas decía: “Guardaos de los escribas, que gustan pasearse con vestidos ostentosos, ser saludados en las plazas, ocupar los primeros asientos en las sinagogas, y los primeros puestos en los banquetes, devoran las haciendas de las viudas y fingen largas oraciones”. (Marcos 12, 38-40).
MOVIMIENTO CONTRA LA TORTURA SEBASTIAN ACEVEDO
Santiago de Chile, 16 de octubre de 2014.

La causa
DECLARACIÓN PÚBLICA
1º Las personas y organizaciones firmantes, manifestamos nuestra profunda solidaridad con el presbítero Mariano Puga y los sacerdotes jesuitas José Aldunate y Felipe Berríos, en la situación de enjuiciamiento que padecen de parte del Arzobispo de Santiago y del Nuncio Apostólico. La palabra orientadora y la acción solidaria de los tres sacerdotes mencionados son de público conocimiento desde hace largos años, lo que les ha merecido el respeto, la admiración y la gratitud de todos los hombres y mujeres de buena voluntad de nuestro pueblo.
2º Es válido recordar que, durante la dictadura militar-empresarial, José Aldunate y Mariano Puga constituyeron un baluarte en la defensa de los Derechos Humanos; fueron víctimas de agresiones físicas, de amenazas y de prisión; compartieron el dolor de los pobres y, con sabiduría, entregaron esperanza de justicia y libertad.
3º Aldunate, Puga y Berríos, en el presente, son el rostro visible de tantos otros sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos que pusieron en riesgo sus vidas para que otros más débiles continuaran viviendo, dando así un testimonio de Jesucristo. Estos ejemplos perduran hasta hoy entre muchos que desconocían el Evangelio. Ello nos lleva a recordar a Roberto Bolton, Alfonso Baeza, Juan Alsina, Pierre Dubois, Oscar Jiménez, Nadine Loubet, Elena Chaín, Rafael Maroto, Humberto Guzmán, Blanca Rengifo, Esteban Gumucio, Pablo Fontaine, Ronaldo Muñoz, Antonio Llidó, Francisca Morales, Clotario Blest, el obispo luterano Helmut Frenz, y muchos más.
Ellos nos mostraron el Espíritu cristiano, porque sus vidas han expresado su fidelidad y coherencia entre su pensamiento y su acción. “Me ha enviado a llevar la buena nueva a los pobres, a curar los corazones oprimidos, a anunciar la libertad a los cautivos, la liberación a los presos”. (Isaías 61, 1).
Ellos han vivido una Iglesia portadora de la fe, del amor a los débiles, de la fraternidad humana. Han dado confianza, consuelo y esperanza de justicia y de paz.
4º Esta Iglesia fiel a Jesucristo está siendo perseguida, pues con ella se manifiesta el Reino de Dios que, inevitablemente, se opone al reino del mal, de los pecados sociales, de la injusticia y de la crueldad.
En cambio, una Iglesia que vive en el bienestar, con una existencia asegurada de sus ministros y funcionarios, corre peligro constante de ajustarse a las intenciones de los poderes establecidos y de caer en la adulación. Al preocuparse de su propia seguridad y de mantener sus privilegios, la Iglesia del poder se olvida de los pobres, de los cansados, de los débiles.
Una auténtica Iglesia –y que es la que construyen y conforman los sacerdotes ahora acusados- es defensora de los derechos de los desposeídos, lucha por la liberación de los oprimidos y emplea sus capacidades en la creación de justicia social.
5º Los pueblos de América Latina y del mundo entero esperan que la Iglesia abandone la obsesión de vigilancia y de castigo a los sacerdotes, religiosos y laicos que luchan por la justicia y la paz. Más bien debería abocarse a buscar caminos de humanización para los millones de niños y jóvenes que no estudian ni trabajan; para los migrantes; promover el respeto y los derechos de las minorías sexuales, detener el deterioro del planeta que ejecutan las empresas mineras; denunciar las guerras inventadas por las transnacionales; denunciar las 76 bases militares de USA conocidas instaladas en América Latina, además de los ejercicios conjuntos, cursos de adiestramiento para FFAA y policiales, reuniones continentales de altos mandos y redes, contactos, programas e instituciones que proyectan el poder militar de USA sobre nuestros países y que ahora se extiende a la presencia militar frente a ”desastres naturales”. Todo esto se hace para salvaguardar un sistema financiero con el que se conjugan los crímenes y genocidios.
6º La Iglesia de Puga, Aldunate y Berríos quiere la vida y por eso ello denuncian a los opresores y anuncian una nueva aurora para nuestro pueblo, tal como lo hiciera el obispo Oscar Romero y que fue asesinado por el ejército de su país, por disposición de los dueños del poder.
Reiteramos la solidaridad con Mariano Puga, José Aldunate y Felipe Berríos, así como con todos los que construyen una Iglesia al servicio de la humanidad, a diferencia de quienes los acusan y condenan. A todos recordamos las palabras de Jesucristo que “en sus enseñanzas decía: “Guardaos de los escribas, que gustan pasearse con vestidos ostentosos, ser saludados en las plazas, ocupar los primeros asientos en las sinagogas, y los primeros puestos en los banquetes, devoran las haciendas de las viudas y fingen largas oraciones”. (Marcos 12, 38-40).
MOVIMIENTO CONTRA LA TORTURA SEBASTIAN ACEVEDO
Santiago de Chile, 16 de octubre de 2014.

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Petición creada en 16 de octubre de 2014