“Afortunadamente, cada vez se ven menos”, afirma Álvaro Quintero, de 34 años, productor de la localidad de Versalles. El trapiche de su familia lleva el nombre de su abuelo, Don Manuel, y aunque es una operación tradicional sin un científico de la alimentación a la vista, tiene algunas mejoras modernas. La zona de envasado está desinfectada, con mascarillas y guantes obligatorios, y sus superficies de acero y cobre se limpian. La panela terminada se carga en un Jeep de 1967 para ser vendida en un pueblo vecino.
Quintero, que representa a la federación de panela en esta región, cree que las patentes de González amenazan a los pequeños productores tanto como a los grandes, sobre todo si se aprueba una patente en Colombia, donde actualmente se tramita una ante el organismo emisor.
¿Quién se atrevería a patentar la panela?