

El transporte sigue siendo uno de los mayores retos climáticos. La Agencia Internacional de la Energía calcula que las actividades de transporte generan alrededor de 23 % de las emisiones energéticas de CO₂ del planeta . Para frenar ese impacto, cada vez más países y ciudades apuestan por la electromovilidad y las zonas de bajas emisiones (ZBE).
Las cifras muestran que el cambio ya está en marcha. En 2024 se vendieron más de 17 millones de vehículos eléctricos e híbridos enchufables a nivel mundial. Aunque el ritmo de crecimiento se modera, la electrificación deja de ser una novedad y pasa a integrarse en sistemas de movilidad y energía más complejos. Paralelamente, existen más de cinco millones de puntos de recarga públicos en el mundo, aunque su distribución es desigual.
Las ventajas económicas y sociales de adoptar vehículos eléctricos son claras. Un informe del Banco Mundial destaca que en un grupo de 20 países de ingreso medio y bajo más de la mitad obtendrían beneficios económicos con la electromovilidad . Aunque los vehículos eléctricos cuestan 70% - 80 % más que sus equivalentes de combustión, sus costos de operación y mantenimiento son menores; los ahorros en mantenimiento pueden superar los USD 5 000 durante la vida útil del vehículo , particularmente en países que subsidian la electricidad y gravan la gasolina. Además de reducir costos, la movilidad eléctrica mejora la salud pública, disminuye la congestión y reduce la dependencia de los combustibles fósiles importados.
Zonas de Bajas Emisiones y Ultra Low Emission Zones: evidencia de impacto
Europa lidera la implantación de zonas de bajas emisiones para restringir los vehículos más contaminantes y acelerar la transición. El informe Zonas de Bajas Emisiones: la guía esencial del movimiento Clean Cities recoge evidencia robusta:
Las ZBE reducen las concentraciones de dióxido de nitrógeno (NO₂) en torno a 20 % en condiciones diversas ; en el centro de Londres la reducción llega hasta 46 %.
La Ultra Low Emission Zone (ULEZ) de Londres evitó la emisión de 800 000 toneladas de CO₂ entre 2019 y 2022, equivalente a las emisiones anuales de más de 600 000 automóviles.
Las ZBE también reducen el tráfico motorizado entre 3 % y 9 % y ayudan a mitigar la congestión y el ruido .
La ZBE de Madrid Central generó un incremento del 8,6 % en las ventas minoristas en el centro de la ciudad , demostrando que estas zonas pueden revitalizar la economía local.
Existen más de 320 ZBE activas en Europa. El número pasó de 228 en 2019 a 320 en 2022 (40 % de incremento) y se prevé un crecimiento adicional del 58 % para 2025 . Algunas ciudades planean evolucionar hacia zonas de cero emisiones a partir de 2030.
Ejemplos concretos: la ZBE de Berlín redujo 10 % las concentraciones de PM10 al prohibir vehículos diésel antiguos ; en Bruselas, las emisiones de NOx, PM2,5 y carbono negro cayeron 31 %, 30 % y 62 %, respectivamente, y las concentraciones de NO₂ bajaron hasta 30 %. Lisboa reporta reducciones de 22 % de NO₂ y 29 % de PM10.
Un estudio del World Economic Forum confirma que la ULEZ de Londres, vigente desde 2019 y ampliada en 2021, ha reducido significativamente la contaminación. Las emisiones de óxidos de nitrógeno (NOx) en el área de la ULEZ cayeron 26 %, o 5 000 toneladas, y 23 % (13 500 toneladas) en toda la ciudad . Las emisiones de partículas PM2.5 se redujeron 19 % (80 toneladas) dentro de la ULEZ y 7 % (180 toneladas) en todo Londres. Además, 47 000 vehículos menos circulan a diario (una reducción del 5 %) y se ha producido un 60 % de disminución de vehículos muy contaminantes. Estos resultados demuestran que políticas urbanas bien diseñadas pueden lograr reducciones de contaminantes y, al mismo tiempo, estimular el cambio a vehículos eléctricos; por ejemplo, en Londres, más del 94 % de los vehículos que circulan ahora cumplen con los estándares ULEZ.
Lecciones de América Latina: buses eléctricos y crecimiento urbano
En América Latina, la electrificación del transporte urbano avanza con rapidez, sobre todo en el transporte público. Según la iniciativa ZEBRA (Zero Emission Bus Rapid-deployment Accelerator), la región cuenta con alrededor de 7 000 autobuses eléctricos en operación y se han invertido más de 4 000 millones de dólares . Las autoridades municipales están migrando de proyectos emblemáticos a estrategias a escala; Santiago, Bogotá, São Paulo y Ciudad de México se han convertido en modelos a seguir.
Un reportaje de Reuters subraya que los alcaldes de 32 ciudades latinoamericanas planean aumentar la flota de autobuses eléctricos de 4 000 unidades actuales a 25 000 para 2030 y a 55 000 para 2050, lo que permitiría que 60 % de los buses fueran eléctricos. Santiago posee ya la flota de autobuses eléctricos más grande fuera de China, con 2 000 unidades, y aspira a que todo su transporte público sea eléctrico en 2035. Bogotá, por su parte, lanzó la compañía La Rolita, que opera una flota totalmente eléctrica y cuenta con 50% de mujeres en su fuerza laboral; la ciudad planea que la mitad de sus 1 500 autobuses sean eléctricos en 2030 y la totalidad en 2050.
Estas iniciativas han mostrado que los autobuses eléctricos reducen drásticamente los contaminantes locales y los gases de efecto invernadero. Las ciudades han recurrido a modelos de financiamiento innovadores: compañías energéticas como Enel asumen el costo inicial de los buses y los alquilan a operadores a cambio de una cuota fija. El principal reto sigue siendo el costo inicial y la infraestructura de recarga, pero nuevos mecanismos de apoyo (subsidios, leasing de baterías y contratos de energía) ayudan a viabilizar la transición.
Emisiones, salud y justicia climática
La evidencia de Londres y otras ciudades muestra que limitar los vehículos altamente contaminantes incentiva la transición hacia la electromovilidad. Reducciones de 26 % en NOx y 19 % en PM2.5 dentro de la ULEZ se traducen en menos enfermedades respiratorias y cardiovasculares; se estima que la mala calidad del aire causó 4 000 muertes prematuras en Londres en 2019. La electromovilidad combina beneficios ambientales con justicia social: las ZBE generan oportunidades económicas (incremento de ventas minoristas, renovación de flota, empleos en el sector de recarga) y pueden acompañarse de programas de apoyo para grupos vulnerables, como subvenciones para bicicletas y tarifas reducidas de transporte público.
En América Latina, la adopción de buses eléctricos en ciudades como Bogotá y Santiago se ha ligado a políticas de equidad de género y de inclusión social (La Rolita incorpora paridad de género en sus plantillas). Asimismo, la electrificación del transporte público y la expansión de las ZBE en Europa sugieren que regulaciones de acceso y planes de apoyo son decisivos para asegurar que la transición sea justa; los modelos que combinan prohibiciones graduales, incentivos y participación ciudadana logran mayor aceptación.
Recomendaciones y visión de futuro para México
Para que México se convierta en la próxima gran ciudad verde y electromoviliudad, las experiencias internacionales ofrecen varias lecciones:
Definir y expandir zonas de bajas emisiones. Las ZBE han demostrado reducir el NO₂ entre 20 % y 46 % y pueden disminuir las emisiones de CO₂ en cientos de miles de toneladas . México puede comenzar con centros urbanos y escalarlas gradualmente hacia zonas de cero emisiones en 2030, combinándolas con medidas de apoyo social y económico.
Impulsar la electrificación del transporte público. La experiencia latinoamericana indica que los autobuses eléctricos son un catalizador para la transición; las ciudades planean pasar de 4 000 a 25 000 unidades en 2030 . Un programa federal de adquisición de autobuses eléctricos y de desarrollo de infraestructura de recarga podría reducir emisiones locales y crear empleo.
Fomentar la infraestructura de recarga y el uso compartido. El éxito de la electromovilidad depende de la disponibilidad de puntos de carga estratégicos. En 2026, el debate global se centra en la ubicación, potencia e interoperabilidad de los cargadores. Es necesario planificar la infraestructura con perspectiva social para evitar brechas territoriales.
Adoptar modelos financieros innovadores. Los costos iniciales pueden mitigarse con contratos de leasing, asociaciones público‑privadas y garantías gubernamentales, como muestra el caso de Santiago .
Integrar políticas climáticas con inclusión social. Las ZBE y la electrificación deben acompañarse de programas de apoyo a los sectores más vulnerables, tarifas reducidas, incentivos para bicicletas y alternativas de transporte público.