

Para que madres y bebés estén juntos en la U. de Neonatos y por un Plan de Parto respetado
El problema
Mi tercer embarazo fue como los dos anteriores, deseado y planeado con mucha ilusión. Y a pesar que ninguno de ellos fue idílico, (tuve que combatir en cada uno el dolor por mi enfermedad, superar la incertidumbre tras una operación en mi segundo embarazo y el temor de que, a pesar de todo, todo saliera bien), cada bebé fue creciendo en mí con todo lo bueno, dejando a un lado lo menos bueno que me tocaba soportar y dejando pasar sólo lo maravilloso de sentir a esa personita latiendo en mi vientre.
Cada embarazo un mundo y cada parto otro. El primero como cabía esperar, más largo, y toda una aventura hacia lo desconocido. Una aventura preciosa si pudiera obviar esas dos eternas horas que inhumanamente nos separaron en contra de mi voluntad en la sala de Rehanimación. A este aspecto cabe extenderse más porque aquí va mi denuncia. Protocolo hospitalario, fue la explicación que me daban cada vez que entre lágrimas, incomprensión y frustración pedía desconsolada que me dieran a la hija que acababa de parir. Mi mente no podía entender ni entiende cómo podían separar a una madre de su hijo recién parido. Recuerdo que les gritaba entre llantos: ¡Somos los únicos animales a los que nos separan de nuestra cría nada más nacer, mi hija me necesita y yo a ella! Pero nada parecía conmoverles, todo lo contrario, una sonrisa odiosa aparecía en sus rostros mientras volvían a repetirme eso del malhecho protocolo. Sólo son dos horas mujer, me decían, como si dos horas fuera poco, precisamente en los primeros minutos más importantes para la vida del bebé, sin embargo nos obligaron a estar separadas. Yo acababa de pasar por la experiencia del parto, la culminación esperada de nueve meses de gestación, y lo único que deseaba es que el mundo se parase abrazando a mi niña. Sólo quería olerla, sentirla, ponerla piel con piel y decirle bajito que la cuidaría toda la vida.
De esa traumática experiencia aprendí, y para el nacimiento de mi segundo hijo llevé el Plan de Parto donde exponía que lo más importante para mí era que no nos separaran en ningún momento salvo reconocimientos médicos estrictamente necesarios y así me lo respetaron. Fue un parto precioso, rápido pero muy intenso, íntimo y natural, sin más intermediario que la fuerza de una madre, un hijo, el apoyo de la pareja y la ayuda de la matrona. Cómo entiendo que debe ser si es así como quieres que sea.
Sin embargo en el nacimiento de mi tercer hijo no fue un parto respetado, lo que hizo que mi cuerpo se cerrara y mi mente se bloqueara y a él le costara más esfuerzo salir. No respetaron mi Plan de Parto, donde exponía mi necesidad de hacer la dilatación de pie, de cuclillas, moviéndome, gritando, o como me saliera del alma excepto estar tumbada en una cama monotorizada, impidiendo que yo dilatara naturalmente y que el bebé bajara de plano. También exponía el deseo de tener un ambiente tranquilo con luz ténue, en lugar de un entra y sale continuo de personas hablando entre sí en una habitación con alójenos. Y en medio yo, aturdida intentando hacer lo posible para que el parto fuera más fácil para él y para mí pero sin ser capaz de expresarme. Igual que tan poco se respetó mi deseo de parir en un ambiente íntimo, donde estuviera yo con mi acompañante y las mínimas personas posibles atendiendo el parto. En su lugar, me sentí un mono de feria observada por unas ocho o nueve personas pasivas frente a mis piernas abiertas en el potro, convirtiendo lo que tendría que haber sido el momento más íntimo en una atracción para ellos en ningún caso con mi consentimiento. Todo esto hizo que me costara más de lo imaginado dar a luz a mi tercer hijo.
Lo peor vino a los diez días de su nacimiento y va aquí mi denuncia:
Deseando estar tranquilos en casa tras la baja maternal, disfruté mucho de esos primeros días donde ambos necesitábamos estar pegaditos. Una semana donde empezar a conocernos, a reconocernos y donde el bebé no hacia otra cosa que estar enganchado a mi teta para estar más tiempo junto a su mamá y que yo, entendiéndolo de esa manera, disfrutaba observándolo como el animalito recién nacido que era. Pero al décimo día algo me pareció que no iba del todo bien, y es que el cordón no tenía buen aspecto ni buen olor con lo que decidimos ir al materno para que lo vieran. Tras el reconocimiento y dos analíticas (porque en la primera no se sacó muestra suficiente, que también hay que decirlo, no es fácil oír llorar a tu bebé mientras le extraen sangre de ese bracito tan chico, para que finalmente no sirva y haya que repetir) determinaron que tenía infección en el cordón umbilical, que por suerte no había llegado a la sangre pero que debían administrarle antibiótico intravenoso y local.
En las tres horas de espera en los servicios de urgencias no paré de llorar, por el temor a un ingreso y sobre todo a una separación. Mi sentido común me decía que aunque lo ingresaran, por supuesto estaríamos juntos, por la lógica de no separar a una madre y un hijo y porque además el bebé solo tomaba leche materna. Pero como sé que el Sentido nunca es Común, me aturdía la idea de otro protocolo insensato. Y así fue. Nos llamaron de nuevo a consulta para formalizar el ingreso y pese a mis llantos, mis lloros, mis quejas…con mi bebé de tan solo diez días enganchado al pecho ignorando lo que iba a ocurrir, me dijeron que no había ninguna otra opción. Que a él lo ingresarían en la Unidad de Neonatos y que yo sólo podría entrar a verlo cada 3 horas, algo totalmente incompatible con la lactancia materna exclusiva que tanto recomiendan desde el mismo hospital que después te lo impide.
Solo una madre que haya pasado por este mismo trance será capaz de comprenderme con exactitud, porque quizás desde fuera no se vea “para tanto” el hecho de separarte de tu bebé a pocos días de nacer o nada más nacer como ocurre con bebés prematuros. Y no es que no sea para tanto si no que es para mucho.
No creo que yo sufriera más que otras madres en mi misma situación, pero yo solo puedo contar la mía. Y es realmente doloroso. Aunque mi mente quiera guardar esos momentos precisamente por eso, porque duele, recuerdo perfectamente el momento de llegar con mi pequeño bebito en mis brazos a solo diez días de hacerlo parido, sollozando como una niña pequeña, rota por el dolor de desprenderme de él sin entender que no haya otra forma más sana y menos traumática de tratarlo que la contranatura de separar a una madre y a un hijo que aún son uno. Recuerdo llegar a la puerta de neonatos donde una enfermera dulcemente me intentaba explicar que era lo mejor para él, yo sentía la empatía de esa enfermera, de veras, pero la sensación no era otra que la de sentir que me lo arrebataban de los brazos, de repente te quitaban a una parte de ti, esa personita que se estuvo creciendo en tu vientre durante nueve meses, que pariste hacía pocos días con todo el dolor y todo el amor del mundo, y que como una prolongación de ti misma, se alimentaba de tu pecho. Te lo arrebatan, porque esa es la sensación que todas las madres tenemos cuando por el maldito protocolo hospitalario o las escasas y precarias instalaciones, nos obligan a separarnos de nuestros bebés sin saber bien hasta cuándo.
Eran las 23,30 hrs. de la noche, podría volver a verlo en media hora pero no podría volver hasta las 9,00 hrs. de la mañana siguiente y así cada noche, autoconvenciéndome que estará bien atendido aunque sepas que no lo estará, porque solo estará bien atendido si está con el olor que conoce, con la voz que conoce, y con los abrazos y besos que ya ha tenido la oportunidad de conocer. Cada tres horas pensando si tendrá hambre, si estará llorando, si le habrán cambiado el pañal… pero sabiendo que no lo cogerán ni lo acunaran si lo necesitan, ni le acariciaran ni cantarán bajito si eso es lo que le calma… Nunca podrán tratarles como lo haría sus mamás.
Por eso, porque no solo creo firmemente, si no que sé, de la importancia vital que tiene sentirse querido, protegido, cuidado sobre todo en los primeros momentos de la vida donde el bebé aun no entiende que ya este fuera en lugar de dentro como la mayor parte de su existencia, y porque solo quejándonos y expresándonos podremos cambiar aquello que hace falta cambiar:
Ruego al Servicio Extremeño de Salud tengan las vías oportunas para cambiar el Protocolo Hospitalario, o si es lo que lo impide, las Instalaciones Hospitalarias, para que una crianza con apego sea posible, donde ni madres ni hij@s tengan que ser separados y la lactancia materna no venga regida por horarios.
Ruego que el Hospital Materno Infantil de Badajoz, reúna las condiciones suficientes para que un bebé pueda ser tratado en la Unidad de Neonatos sin tener que estar separado de sus padres, si no teniendo posibilidad de estar junto a ellos durante el tiempo que precise la hospitalización del mismo.
Así como también ruego que se respete el Plan de Parto donde una mujer manifiesta de manera escrita su derecho a decidir, a consentir o a no consentir sobre las intervenciones médicas que se le propongan, que estudia, decide y entrega para que el día más importante de la vida de su hij@ sea como ella decida.

El problema
Mi tercer embarazo fue como los dos anteriores, deseado y planeado con mucha ilusión. Y a pesar que ninguno de ellos fue idílico, (tuve que combatir en cada uno el dolor por mi enfermedad, superar la incertidumbre tras una operación en mi segundo embarazo y el temor de que, a pesar de todo, todo saliera bien), cada bebé fue creciendo en mí con todo lo bueno, dejando a un lado lo menos bueno que me tocaba soportar y dejando pasar sólo lo maravilloso de sentir a esa personita latiendo en mi vientre.
Cada embarazo un mundo y cada parto otro. El primero como cabía esperar, más largo, y toda una aventura hacia lo desconocido. Una aventura preciosa si pudiera obviar esas dos eternas horas que inhumanamente nos separaron en contra de mi voluntad en la sala de Rehanimación. A este aspecto cabe extenderse más porque aquí va mi denuncia. Protocolo hospitalario, fue la explicación que me daban cada vez que entre lágrimas, incomprensión y frustración pedía desconsolada que me dieran a la hija que acababa de parir. Mi mente no podía entender ni entiende cómo podían separar a una madre de su hijo recién parido. Recuerdo que les gritaba entre llantos: ¡Somos los únicos animales a los que nos separan de nuestra cría nada más nacer, mi hija me necesita y yo a ella! Pero nada parecía conmoverles, todo lo contrario, una sonrisa odiosa aparecía en sus rostros mientras volvían a repetirme eso del malhecho protocolo. Sólo son dos horas mujer, me decían, como si dos horas fuera poco, precisamente en los primeros minutos más importantes para la vida del bebé, sin embargo nos obligaron a estar separadas. Yo acababa de pasar por la experiencia del parto, la culminación esperada de nueve meses de gestación, y lo único que deseaba es que el mundo se parase abrazando a mi niña. Sólo quería olerla, sentirla, ponerla piel con piel y decirle bajito que la cuidaría toda la vida.
De esa traumática experiencia aprendí, y para el nacimiento de mi segundo hijo llevé el Plan de Parto donde exponía que lo más importante para mí era que no nos separaran en ningún momento salvo reconocimientos médicos estrictamente necesarios y así me lo respetaron. Fue un parto precioso, rápido pero muy intenso, íntimo y natural, sin más intermediario que la fuerza de una madre, un hijo, el apoyo de la pareja y la ayuda de la matrona. Cómo entiendo que debe ser si es así como quieres que sea.
Sin embargo en el nacimiento de mi tercer hijo no fue un parto respetado, lo que hizo que mi cuerpo se cerrara y mi mente se bloqueara y a él le costara más esfuerzo salir. No respetaron mi Plan de Parto, donde exponía mi necesidad de hacer la dilatación de pie, de cuclillas, moviéndome, gritando, o como me saliera del alma excepto estar tumbada en una cama monotorizada, impidiendo que yo dilatara naturalmente y que el bebé bajara de plano. También exponía el deseo de tener un ambiente tranquilo con luz ténue, en lugar de un entra y sale continuo de personas hablando entre sí en una habitación con alójenos. Y en medio yo, aturdida intentando hacer lo posible para que el parto fuera más fácil para él y para mí pero sin ser capaz de expresarme. Igual que tan poco se respetó mi deseo de parir en un ambiente íntimo, donde estuviera yo con mi acompañante y las mínimas personas posibles atendiendo el parto. En su lugar, me sentí un mono de feria observada por unas ocho o nueve personas pasivas frente a mis piernas abiertas en el potro, convirtiendo lo que tendría que haber sido el momento más íntimo en una atracción para ellos en ningún caso con mi consentimiento. Todo esto hizo que me costara más de lo imaginado dar a luz a mi tercer hijo.
Lo peor vino a los diez días de su nacimiento y va aquí mi denuncia:
Deseando estar tranquilos en casa tras la baja maternal, disfruté mucho de esos primeros días donde ambos necesitábamos estar pegaditos. Una semana donde empezar a conocernos, a reconocernos y donde el bebé no hacia otra cosa que estar enganchado a mi teta para estar más tiempo junto a su mamá y que yo, entendiéndolo de esa manera, disfrutaba observándolo como el animalito recién nacido que era. Pero al décimo día algo me pareció que no iba del todo bien, y es que el cordón no tenía buen aspecto ni buen olor con lo que decidimos ir al materno para que lo vieran. Tras el reconocimiento y dos analíticas (porque en la primera no se sacó muestra suficiente, que también hay que decirlo, no es fácil oír llorar a tu bebé mientras le extraen sangre de ese bracito tan chico, para que finalmente no sirva y haya que repetir) determinaron que tenía infección en el cordón umbilical, que por suerte no había llegado a la sangre pero que debían administrarle antibiótico intravenoso y local.
En las tres horas de espera en los servicios de urgencias no paré de llorar, por el temor a un ingreso y sobre todo a una separación. Mi sentido común me decía que aunque lo ingresaran, por supuesto estaríamos juntos, por la lógica de no separar a una madre y un hijo y porque además el bebé solo tomaba leche materna. Pero como sé que el Sentido nunca es Común, me aturdía la idea de otro protocolo insensato. Y así fue. Nos llamaron de nuevo a consulta para formalizar el ingreso y pese a mis llantos, mis lloros, mis quejas…con mi bebé de tan solo diez días enganchado al pecho ignorando lo que iba a ocurrir, me dijeron que no había ninguna otra opción. Que a él lo ingresarían en la Unidad de Neonatos y que yo sólo podría entrar a verlo cada 3 horas, algo totalmente incompatible con la lactancia materna exclusiva que tanto recomiendan desde el mismo hospital que después te lo impide.
Solo una madre que haya pasado por este mismo trance será capaz de comprenderme con exactitud, porque quizás desde fuera no se vea “para tanto” el hecho de separarte de tu bebé a pocos días de nacer o nada más nacer como ocurre con bebés prematuros. Y no es que no sea para tanto si no que es para mucho.
No creo que yo sufriera más que otras madres en mi misma situación, pero yo solo puedo contar la mía. Y es realmente doloroso. Aunque mi mente quiera guardar esos momentos precisamente por eso, porque duele, recuerdo perfectamente el momento de llegar con mi pequeño bebito en mis brazos a solo diez días de hacerlo parido, sollozando como una niña pequeña, rota por el dolor de desprenderme de él sin entender que no haya otra forma más sana y menos traumática de tratarlo que la contranatura de separar a una madre y a un hijo que aún son uno. Recuerdo llegar a la puerta de neonatos donde una enfermera dulcemente me intentaba explicar que era lo mejor para él, yo sentía la empatía de esa enfermera, de veras, pero la sensación no era otra que la de sentir que me lo arrebataban de los brazos, de repente te quitaban a una parte de ti, esa personita que se estuvo creciendo en tu vientre durante nueve meses, que pariste hacía pocos días con todo el dolor y todo el amor del mundo, y que como una prolongación de ti misma, se alimentaba de tu pecho. Te lo arrebatan, porque esa es la sensación que todas las madres tenemos cuando por el maldito protocolo hospitalario o las escasas y precarias instalaciones, nos obligan a separarnos de nuestros bebés sin saber bien hasta cuándo.
Eran las 23,30 hrs. de la noche, podría volver a verlo en media hora pero no podría volver hasta las 9,00 hrs. de la mañana siguiente y así cada noche, autoconvenciéndome que estará bien atendido aunque sepas que no lo estará, porque solo estará bien atendido si está con el olor que conoce, con la voz que conoce, y con los abrazos y besos que ya ha tenido la oportunidad de conocer. Cada tres horas pensando si tendrá hambre, si estará llorando, si le habrán cambiado el pañal… pero sabiendo que no lo cogerán ni lo acunaran si lo necesitan, ni le acariciaran ni cantarán bajito si eso es lo que le calma… Nunca podrán tratarles como lo haría sus mamás.
Por eso, porque no solo creo firmemente, si no que sé, de la importancia vital que tiene sentirse querido, protegido, cuidado sobre todo en los primeros momentos de la vida donde el bebé aun no entiende que ya este fuera en lugar de dentro como la mayor parte de su existencia, y porque solo quejándonos y expresándonos podremos cambiar aquello que hace falta cambiar:
Ruego al Servicio Extremeño de Salud tengan las vías oportunas para cambiar el Protocolo Hospitalario, o si es lo que lo impide, las Instalaciones Hospitalarias, para que una crianza con apego sea posible, donde ni madres ni hij@s tengan que ser separados y la lactancia materna no venga regida por horarios.
Ruego que el Hospital Materno Infantil de Badajoz, reúna las condiciones suficientes para que un bebé pueda ser tratado en la Unidad de Neonatos sin tener que estar separado de sus padres, si no teniendo posibilidad de estar junto a ellos durante el tiempo que precise la hospitalización del mismo.
Así como también ruego que se respete el Plan de Parto donde una mujer manifiesta de manera escrita su derecho a decidir, a consentir o a no consentir sobre las intervenciones médicas que se le propongan, que estudia, decide y entrega para que el día más importante de la vida de su hij@ sea como ella decida.

Los destinatarios de la petición
Actualizaciones de la petición
Compartir esta petición
Petición creada en 7 de julio de 2016