Salvemos el Orinoco, salvemos al planeta

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El 24 de febrero del 2016, el Presidente de la República de Venezuela, Nicolás Maduro aprobó el Decreto Arco Minero del Orinoco en una transmisión televisiva junto a representantes de 150 empresas nacionales y trasnacionales de 35 países.

Venezuela es un país de tradición extractiva petrolera y había tenido proyectos mineros puntuales, sin embargo,  este se destaca por su magnitud e impacto en el medio ambiente se trata de 111.843,70 km2, unas superficie que compromete el 12% del territorio de la nación, un área superior a Portugal o Cuba para la explotación de oro, diamantes, coltán, bauxita, cobre, caolín y dolomita,  hierro, tantanio y otros minerales metálicos y no metálicos.

El Estado venezolano con el Decreto y creación del Arco Minero del Orinoco ha violado la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela y Tratados Internacionales en materia de Derechos Humanos. que obligan a presentar y hacer público previo al Proyecto un Estudio de Impacto Ambiental riguroso e independiente en las áreas a explotar, y que garanticen el cumplimiento de los principios de prevención y precaución.  No se conoce con exactitud los daños socio culturales y ambientales que generará esta actividad. Análisis de instituciones académicas, y ONG señalan que la actividad de las empresas de extracción para la Megamineria perjudicaría los afluentes y el ecosistema al Sur del Río Orinoco y podría saldarse ocasionar con la desaparición de especies de fauna y flora únicas y daños irreparables a las formaciones geológicas más antiguas del planeta.

Sumado a la deforestación, encontramos el riesgo de los químicos que se utilizarán para explotar. En 2016, el presidente de Venezuela prohibió utilizar mercurio en la extracción de oro, esto llevaría a la utilización de cianuro como materia prima para la extracción del preciado mineral. Es claro, que el cianuro aún en pocas cantidades, es perjudicial para los afluentes de agua, todos los organismos vivos convirtiéndose en fuente de contaminación generando enfermedades de la piel, el sistema respiratorio y contribuyendo con la expansión de la fiebre amarilla, malaria y paludismo.

Desde el Instituto de Zoología y Ecología Trópical de la Universidad Central de Venezuela se advierte que la utilización de productos químicos degradará e irá acabando con los bosques que bordean las áreas de extracción y finalmente el daño podría traspasar las áreas del Arco Minero.

También se resalta la importancia de los ríos Caroní, Caura, Aro, Camagua, Paragua que culminan en el Orinoco, el río más caudaloso del planeta. Un derrame de una sustancia tóxica podría fluir por estas vías hasta llegar al Atlántico, dañando la fauna marina y afectando la navegabilidad del río. El sedimento que desembocará en el Atlántico podría alterar las corrientes marítimas impactando de forma negativa en las temporadas de tormentas, aumentando la posibilidad de Huracanes esto podría afectar a la zona este de las Antillas.

El Arco Minero del Orinoco se ubica en territorios ancestralmente habitados por Pueblos y Comunidades Indígenas. La obligación al estudio de impacto socio cultural, la consulta previa libre e informada y el consentimiento previo no se ha cumplido. Las consecuencias para los pueblos originarios de la zona en Venezuela implicaría la pérdida de su hábitat, cosmogonía y costumbres para convertirse en mineros.

El gobierno venezolano debe parar la aplicación de este proyecto y comenzar los procesos de estudios ambientales para evitar dañar los ecosistemas y no preservar una de las reservas forestales más importantes del planeta. Prevenir el cambio climático y la destrucción del hábitat es nuestra misión.



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