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VOTO AMBIENTAL: El Salvador se acerca a nuevas elecciones Febrero 2027

Ana CisnerosSan Salvador, El Salvador
Jul 27, 2026

ACTUALIZACIÓN CIUDADANA - VOTO AMBIENTAL 2027
En febrero de 2027 no solo elegiremos autoridades. Elegiremos el país en el que queremos vivir.
El Salvador se acerca a una nueva elección nacional y municipal.

Como ciudadanía, no podemos limitarnos a escuchar promesas.

Es el momento de examinar críticamente cada propuesta política y contrastarla con la realidad de nuestras comunidades.

Pregúntese:

¿Cómo están las calles de su municipio?
¿Qué ha pasado con los árboles y los bosques?
¿Cómo están los ríos, quebradas y nacimientos de agua?
¿Hay suficiente agua para las familias?
¿Respira aire limpio o cada año hace más calor?
¿Existen parques y espacios verdes?
¿Cómo se manejan los desechos sólidos?
¿Hay contaminación visual por vallas y publicidad?
¿Existen regulaciones para la contaminación lumínica y electromagnética?
¿Se respetan las zonas de recarga hídrica?
¿Qué planes existen frente a las amenazas de la minería metálica?
¿Las comunidades fueron consultadas sobre los proyectos que transforman su territorio?
¿Existe información pública suficiente para conocer cómo se toman las decisiones?
El reciente informe de la Autoridad Salvadoreña del Agua confirma una realidad alarmante: ninguno de los ríos monitoreados en el país presenta buena calidad de agua.

Al mismo tiempo, enfrentamos temperaturas cada vez más extremas, pérdida acelerada de cobertura forestal y crecientes presiones sobre nuestros ecosistemas.

La defensa del Bosque El Espino nunca fue únicamente la defensa de un bosque.

Es parte de una discusión mucho más amplia sobre el futuro ambiental de El Salvador.

También observamos con preocupación el impulso de proyectos extractivos y el retorno de la minería metálica, cuyas posibles consecuencias para el agua, los bosques, la salud pública y las comunidades han sido ampliamente señaladas por organizaciones ambientales, científicos y comunidades afectadas.

A ello se suma un nuevo escenario derivado del acuerdo de cooperación y comercio entre El Salvador y Estados Unidos, que facilita inversiones en minerales críticos y recursos energéticos. Este tipo de inversiones exige instituciones fuertes, transparencia, estudios ambientales independientes y participación ciudadana efectiva. Sin esas condiciones, aumenta el riesgo de que el desarrollo económico ocurra a costa de los ecosistemas y de las comunidades.

No podemos normalizar la pérdida de nuestros bienes naturales.

No podemos aceptar que un país con creciente escasez de agua siga perdiendo bosques.

No podemos permanecer indiferentes cuando los ríos están contaminados, el calor aumenta y los territorios enfrentan nuevas amenazas.

En febrero de 2027 votemos con información.

Leamos los planes de gobierno.

Preguntemos.

Exijamos respuestas.

Evaluemos resultados, no discursos.

Quienes aspiran a gobernar el país y los municipios deben explicar con claridad:

¿Cómo protegerán el agua?
¿Cómo recuperarán nuestros ríos?
¿Cómo detendrán la pérdida de bosques?
¿Cómo enfrentarán el cambio climático?
¿Cuál será su política sobre la minería metálica?
¿Cómo fortalecerán la institucionalidad ambiental?
¿Cómo garantizarán la participación ciudadana y el acceso a la información pública?
La calidad de nuestra democracia también se mide por la forma en que protegemos nuestros bienes comunes.

El Bosque El Espino nos enseñó que la defensa del territorio no termina en un bosque.

Hoy hablamos de todo un país.

Y el futuro de ese país también se decide en las urnas.

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