

Han pasado poco más de cuatro años desde que la Empresa de Ferrocarriles del Ecuador (junto a otras empresas "improductivas") inició el proceso de liquidación mediante Decretos Ejecutivos, lo que motivó que inicie esta campaña.
Han sido años de propuesta y búsqueda constante de opciones; golpear puertas y transitar vericuetos para lograr audiencias en la Asamblea Nacional, el Ministerio de Turismo, el Ministerio de Obras Públicas, etc.; buscar reuniones con la Presidencia de la República, y el Ministerio de Cultura y Patrimonio entre otros, que nunca se concretaron...
He visto llegar y marcharse a Ministros, Asambleístas, funcionarios públicos de variados rangos, candidatos y Gobernantes; algunos con la mirada triste al saber que no estaba en sus manos, otros con evasivas, con burlas por la "locura de querer resucitar un sistema obsoleto porque ahora es mejor viajar por carretera", incluso con la pregunta malediciente de "Y qué porcentaje ganaría (mi grupo político) con eso?" mientras caricaturezcamente, casi pude ver signos monetarios en sus ojos; otros más, intentando "apadrinar el proyecto" bajo cualquier bandera política y al no permitirlo, obstaculizaron burdamente esta posibilidad; hay quienes todavía buscan presencias y figuraciones personales asumiendo "paternidad" de este empeño de volver a recorrer y unir el Ecuador con un tren multipropósito (hasta el término se convirtió en tendencia en boca de alguien que lo usó como slogan de campaña y después; palabras vacías y absoluto desinterés).
También, desde hace unos meses, un parón en seco, porque "no tenemos tiempo para pensar en eso, el país tiene otras prioridades" como única respuesta de algún funcionario a un requerimiento de reunión con el Ministerio a cargo.
Este tiempo de, no quisiera decir, pero cabe; "lucha" casi en solitario, ha tenido altos y bajos, a veces, la intención de abandonarlo; la rabia, la dolorosa impotencia de ver nuestras (del país, de los ciudadanos) locomotoras tan descuidadas que están graffiteadas, vandalizadas en un espacio cerrado, casi fantasmal, convirtiéndose vertiginosamente en chatarra que acabarían siendo irrecuperables, con vías cada vez más inexistentes por corrosión o vandalismo a medida que pasa el tiempo.
A veces me pregunto si estos cuatro años no fueron tiempo perdido; si realmente es mejor la contaminación subsidiada en manos de los grandes operadores de transporte, el abandono y desarraigo de los poblados moribundos a lo largo de la otrora ruidosa y bullente de desarrollo vía férrea, el alto costo de transporte de productos por carretera en fletes individuales que se vuelve prohibitivo para los agricultores de parcelas pequeñas y que ha sacado de nuestro mercado productos ahora casi míticos (chamburo, membrillo, badea, chirimoya, fruta de pan, lima, etc.)
Este es casi un mensaje náufrago, un desesperado intento de salvaguardar lo que nos queda del Patrimonio ferroviario, creo que todavía podemos resucitar (con un proyecto claro de desarrollo real, social y económicamente sustentable) la economía de los poblados en el entorno de la vía férrea, que el silbato del tren puede volver a sonar y recorrer el país transportando pasajeros, carga y turismo, uniendo la Sierra con la Costa; pero necesitamos la fortaleza y decisión que allane el camino para que, mediante una alianza público-privada, llegue la inversión necesaria para ponerlo en marcha; ojalá sin los errores, prepotencia y burocracia que causaron su declive inicial y su situación actual.