Finalización del IES Juan Ramón Jiménez de Villaverde y destitución de la actual directora

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Desde el año 2010 los vecinos y vecinas del barrio de Butarque, en el distrito de Villaverde, venimos demandando la construcción de un Instituto que permitiera que todos los niños y niñas de nuestro barrio tuvieran derecho a estudiar sin tener que desplazarse fuera. Pensamos que es un equipamiento básico para cualquier barrio y el nuestro ha estado privado muchos años de ello.

 Por fin, en el año 2015 la Comunidad de Madrid comenzó la construcción de lo que hoy es el IES Juan Ramón Jiménez, pero tres años después seguimos teniendo un centro en continuas obras y ampliaciones. En un principio los responsables de la Consejería de Educación nos dijeron que se construiría en dos fases, después en tres y ahora parece que tienen en mente alargar la construcción hasta una quinta.

La convivencia y el normal desarrollo de las clases en el centro es muy difícil. Las obras siguen sin estar finalizadas, provocando continuas molestias al alumnado.

Derivado de este problema, la falta de espacio es cada vez más evidente. Las alumnas y alumnos no tienen sitio físico para caminar dentro de su instituto fuera de las aulas. En el recreo disponen de apenas un metro cuadrado por persona.

Durante estos años, las relaciones con la directora, Ruth Neches Olaso, se han demostrado problemáticas: hay dificultades de comunicación ya que se niega a recibir a los padres y madres de los alumnos; se viven conflictos constantes con el equipo del AMPA; hay un trato arrogante y desagradable hacia cualquier persona, padre, madre, alumno, alumna, que trata de obtener alguna solución a los problemas, desanimando a los chavales para que no reclamen inspecciones si consideran alguna irregularidad.

Se ha dado incluso la situación de que la directora en persona se ha recorrido unos dos kolómetros, en horario lectivo, para arrancar los carteles de una asamblea vecinal en la que se iba a abordar este tema.

Los errores de planificación en la gestión llevan a situaciones esperpénticas, como intentar dejar sin plaza a alumnos repetidores sin ofrecer ninguna alternativa viable, obligando a los adolescentes a asumir responsabilidades que no les corresponden, o forzándoles a elegir otros itinerarios diferentes por la falta de plazas.

La falta de comunicación respecto a los datos académicos del conjunto de alumnos hacen imposible comparar y extrapolar el altísimo índice de fracaso escolar que padecemos. El equipo docente es incapaz de asumir ninguna autocrítica al respecto, más allá de cuestionar el nivel académico de los colegios del barrio.

Por poner un ejemplo, en la pasada convocatoria de junio a las pruebas de acceso a la universidad, tan sólo 2 alumnos de 2° de bachillerato lograron presentarse, ya que solamente ellos habían aprobado todas las asignaturas. Se sumaron 3 más que reclamaron inspección externa a su examen.

También es muy significativa la alarmante cifra de suspensos en 4° de ESO, donde el 90% de los alumnos ha suspendido al menos 4 asignaturas.

Las inspecciones externas que desacreditan la actuación de algunos profesores o profesoras han tenido que ser exigidas por los propios padres de manera individual, porque la dirección, aún teniendo los datos de primera mano, no ha hecho nada al respecto. Ni siquiera ha permitido adscribirse a programas específicos de mejora de resultados.

El equipo no docente del centro no es capaz de dar una sola información satisfactoria a los padres y madres, y la página web del centro es absolutamente ineficiente. Todo ello provoca una desinformación impropia de un centro educativo, generando desconocimiento de reglamentos internos, por ejemplo horarios en los que los menores salen sin ninguna autorización.

Se tienen prohibidas o coartadas las actividades extraescolares, graduaciones, intercambio de libros y cualquier actividad paralela al desarrollo normal de un instituto de cualquier barrio.

Muchos de los profesores y profesoras que mayor compromiso habían demostrado por intentar sacar adelante el instituto, han abandonado el centro hartos de la situación que se vive en su interior. Lo mismo está ocurriendo con muchos padres y madres que están llevando a sus hijos e hijas a otros centros donde exista una convivencia adecuada. O abandonando los estudios antes de tiempo por tener una experiencia tan desmotivadora en su propio instituto.

Por su parte, los responsables de la Consejería de Educación no reciben, y ni siquiera contestan, a las demandas de los padres y vecinos. Sucedía antes cuando la directora de la DAT era Belén Aldea, y se produce esta situación también ahora, desde que asumió el cargo Coral Báez.

En estas condiciones, los padres y madres, el alumnado, vecinas y vecinos del barrio exigimos a la Consejería de Educación de la Comunidad de Madrid que finalice las obras pendientes en una única fase, en lugar de las dos previstas, y que proceda a la destitución de la directora como responsable del mal ambiente creado en el centro y el elevado índice de fracaso escolar.



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