Enviemos cartas a la prensa


Hola:
Aunque gracias a la unión de todos hemos superado ya las 3.000 firmas, tenemos que lograr muchas más. La dignidad de las personas debe de estar por encima de los usos del lenguaje. Además, es la pescadilla que se muerde la cola. Quien utiliza “autista” de forma negativa alude a la definición del diccionario, y la Real Academia dice que ellos solo recogen ese uso. Sigamos entonces actuando en los dos frentes: concienciando a la sociedad y exigiendo que esa falsa definición desaparezca.
Vamos a ello. La prensa empieza a hacerse eco de nuestra campaña:
https://www.publico.es/sociedad/nace-campana-rae-elimine-autista-insulto.html
He pensado también en una carta al director que podéis copiar, adaptar o tomar como base y enviarla a la prensa de vuestra región. ¡Hagamos de este mundo un lugar mejor!
Muchas gracias.
Modelo de carta al director:
Autismo con dignidad, no como insulto
Con frecuencia se usan los términos "autismo" o "autista" no solo asociados a connotaciones negativas, sino también con el ánimo de descalificar e incluso insultar. Periodistas, políticos, escritores describen así a personas e instituciones que no escuchan, que son insensibles a las demandas ciudadanas o que muestran incapacidad en su trabajo. Y ello está amparado por la definición de "autista" que recoge el diccionario de la Real Academia:
· acepción 3. adj, Dicho de una persona: encerrada en su mundo, conscientemente alejada de la realidad.
Esta definición que tanto daño innecesario causa, no se ajusta a la realidad. Convierte en "políticamente correcto" un uso que atenta contra la dignidad del colectivo autista partiendo de una traslación falsa: autismo es esfuerzo, es tesón, es sensibilidad, es constancia, es honestidad, es superación, es minuciosidad, es ¡logros!
Soy madre de un adolescente autista. Mi hijo me demuestra a diario su implicación por hacer de este mundo un lugar mejor. Es un chico que lleva años esforzándose el doble para mostrar que autismo no es sinónimo ni de incompetencia, ni de aislamiento ni de incapacidad. Pero muchos se empeñan en el mito y usan la condición de mi hijo para menospreciar. "¿Es que yo no valgo, mamá?", me pregunta, y yo pienso en lo injusto del lenguaje mientras se me parte el alma.
El autismo abarca personas con más o menos necesidades de apoyos. Pero ninguna de ellas está aislada en otro mundo y sus esfuerzos por comunicarse -con o sin lenguaje- son merecedores de todo el respeto. Si el lema de la Academia es "limpia, fija y da esplendor", vamos a limpiar el lenguaje de todo aquello que, por muy arraigado y popular que sea, discrimine los derechos.
Sigamos mostrando al mundo la realidad del autismo, sin mitos ni usos peyorativos.