
Con amplia discusión acerca del conflicto del taxi se está olvidando, muy a menudo, explicar temas más relevantes. Mientras las horas se llenan de tertulias y páginas de noticias con el viaje de Gaspar en metro, imágenes de violencia y anécdotas desagradables a la hora de coger un taxi, el fondo del conflicto no se está explicando o cuando se explica, se evitan los puntos fundamentales, pese algunas excepciones.
Resumimos los seis puntos que deberían encontrarse en el centro de esta discusión para que se pueda entender lo que está pasando y, en el mejor de los casos, los medios mencionan muy por encima:
1. Uber también está en contra de la liberalización.
En el marco general se ha presentado como un conflicto entre un sector regulado, rígido y arcaico - el taxi- contra otro mucho más flexible, moderno y libre - los vehículos de transporte con conductor (VTC). En realidad, esto no es exactamente así. Los trabajadores de las VTC no son emprendedores que aprovechan sus coches particulares para buscarse la vida, ya que para poder trabajar hace falta una licencia como la del taxi. Una de las principales diferencias entre las licencias VTC y las tradicionales es que las primeras están concentradas en muy pocas manos, mientras que las segundas están repartidas entre decenas de miles de autónomos y pequeños empresarios que tienen, como mucho, dos o tres. De hecho, estos grandes propietarios de las VTC -26 multimillonarios acumulan más de 10.000 con un valor estimado de 450 millones de euros, según un reportaje publicado el mes de agosto y que inexplicablemente está pasando desapercibido- estos han sido los grandes beneficiarios del decreto del Gobierno Español de abril que apostaba por esta liberalización total. Si esto hubiese pasado, el precio de estas miles de licencias no habrían pagado ni el papel de la impresión.
2. Con las licencias VTC también se especula, pero aún más.
De hecho, durante estos días se ha hablado bastante sobre la compraventa y la especulación con las licencias públicas - una práctica, por cierto, que también hacen muchas empresas mediáticas con las licencias radioeléctricas- pero siempre refiriéndose al taxi. Si bien este podría ser un problema que en algún momento habría que abordarse, no parece que el modelo de las VTC sea precisamente la solución. Una sentencia del Tribunal Supremo ha blindado el negocio especulativo de este pequeño grupo de empresarios, que ha acumulado miles de licencias a 30 euros que ahora, se calcula, que se pueden vender a 30.000 euros.
3. No es una cuestión tecnológica, sino laboral.
Uno de los enfoques más habituales de la discusión ha estado en presentar el conflicto como una cuestión tecnológica, comparándolo, por ejemplo, con el paso de la fotografía analógica a la digital. En realidad, hoy en día se puede contratar un taxi por el móvil, pagarlo con el PayPal o saber el precio con antelación. Son mejoras en el sector que ya se están haciendo y que, aún puede que hayan otras que no estén plenamente desarrolladas, pero no suponen el principal problema de la competencia con las VTC. El conflicto real es puramente laboral, el mismo que afecta hoy en día a los campesinos de la naranja en el sur de Cataluña y en el País Valenciano, ha afectado no hace mucho los estibadores o comienzan a plantear los trabajadores de otros gigantes tecnológicos como Deliveroo o Amazon. Estas multinacionales son competitivas, entre otras cosas, porque reducen los costes salariales y eluden impuestos, no solo por sus mejoras tecnológicas.
4. ¿Porqué las discusiones de las huelgas se enfocan desde el punto de vista del consumidor y no del trabajador?
Los medios nos han inundado de imágenes de empresarios "obligados" a coger metro o caminar y de crónicas sobre enfermos a la puerta del hospital que no podían encontrar un taxi. En cambio, es prácticamente imposible leer alguna buena noticia que explique la situación desde el punto de vista de la persona que está de huelga. ¿Cómo se vive sin que entre ningún ingreso durante una semana, o dos, o un mes? ¿Cómo se organizan las familias y el entorno más cercano? ¿Cómo lo pasan los niños? ¿Qué empuja a tanta gente a tomar una medida tan desesperada? ...
5. La sobre-discusión de la violencia.
Como es habitual en los conflictos sociales, los actos violentos, a pesar de que han sido bastante esporádicos, han recibido proporcionalmente mucha atención. Una situación que ha estado magnificada aún más por las agresiones a los periodistas. Sin embargo, en ningún caso, no se ha reflexionado sobre esta violencia, no se ha abierto el debate sobre qué se define exactamente como violencia. La discusión se ha limitado a utilizar estos hechos como una persiana para evitar hablar de los verdaderos problemas- por ejemplo si se ha hecho en colaboración con lo chalecos amarillos, que han protagonizado disturbios mucho más graves que los taxistas- y en algunos casos se ha magnificado o, incluso, se habría podido manipular, por ejemplo el misterioso vídeo de BTV, donde se presentaban dos incidentes diferentes como si se tratase de una misma secuencia.
6. Hoy es el taxi, pero el día de mañana, ¿quién será el siguiente?
En los espacios de opinión y en las tertulias se ha menospreciado el colectivo de los taxistas como si se tratase de un sector laboral más, tratando de desacreditarlos con argumentos que no tienen nada que ver con su situación social, como la atención al cliente, la ideología que tienen o, incluso, sus gustos musicales, a menudo con una única base de anécdotas y tópicos. Pocos artículos han recordado que la precarización y el empobrecimiento no es exclusivo de los taxistas, sino que cada vez afecta a más sectores laborales, y el periodismo sería un buen ejemplo. Además, los peligros de la uberización de las relaciones laborales cada vez afecta a más ámbitos productivos. Por ahora son los repartidores y los mensajeros, pero en un futuro muy breve podrían ser los camareros, vigilantes de seguridad, azafatas o cualquier otro. Y eso sin mencionar que el fenómeno está muy relacionado con la desregularización de otros sectores, como la venta al detalle o el alojamiento turístico, que está destruyendo el tejido comercial urbano o dificultando el acceso a viviendas a millones de persones. Casi ningún medio recuerda que la lucha del taxi tiene bastante que ver con las de los vecinos que se oponen a AirBnb, la de los repartidores de Deliveroo que se indican o los trabajadores de Amazon en huelga.