Por una ley que obligue a empresas a fabricar electrodomésticos accesibles para ciegos.

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Acondicionar una casa es duro, ¿a que sí? Y si encima ésta ha de adaptarse a discapacitados... Soy ciega y no pueden hacerse una idea de lo que me costó encontrar electrodomésticos con botones; pero ahí no se acaba mi sufrimiento. Imaginen lo mal que me sentí al descubrir que no puedo usar el ascensor porque... ¡es táctil!

 

Un día cualquiera, en casa de mis padres. Me levanto para desayunar y el microondas es táctil, así como la placa de inducción. Lo mismo les sucede al horno, el lavavajillas y la lavadora. La televisión, inteligente, cuenta con menús, conexión a Internet... Igual que mi cadena de música y, hoy día, cada vez más electrodomésticos. El problema, por tanto, no radicaría sólo en las pantallas táctiles, sino también en los menús que no ofrecen respuesta de voz. Balay, hace muchos años, sacó al mercado una lavadora y un lavavajillas accesibles, mas dejaron de producirse; tal vez por no serles rentables.

Para mi propia casa tuve que buscar, obviamente, electrodomésticos con botones; esto me facilita mucho la cosa, pero siempre el uso que les doy es limitado porque no accedo a los menús. Si me cambian el programa de la lavadora y yo no lo sé, puedo estropear toda la ropa. Cuando mi cadena de música me pide actualización, se bloquea y no consigo solucionarlo si no hay un vecino disponible. Tampoco accedo a la radio por Internet: sólo si alguien me ha preseleccionado canales, de modo que los busco en la lista con el mando a distancia; pero nunca me entero de los mensajes de la pantalla. Con la tele sucede otro tanto: no puedo sintonizar, entrar en "A la carta", etc. Por lo tanto doy un uso subsidiario a todos mis electrodomésticos.

 

Dentro de unos meses, unos años igual nos resultará imposible utilizar cualquier aparato. Soluciones hay, fáciles y poco caras: las pantallas táctiles pueden adaptarse, como ha hecho Apple con el IPhone; también Android. La respuesta de voz está a la orden del día: piénsese en asistentes virtuales como Siri. Todo aparato podría responder a nuestros comandos vocales o incluir síntesis de voz con menús accesibles, tipo IPhone. También, claro está, marcas en Braille donde convenga, pero no como las que he visto en algunos ascensores (el mío, sin ir más lejos) que cuentan con indicaciones Braille y pantalla táctil sensible al primer roce. Lógicamente, cuando uno quiere leer los números éstos se activan, impidiendo su uso.

 

No podemos condenarnos al aislamiento porque a las empresas no se les ocurra pensar en los ciegos. Al igual que, por ley, los edificios públicos permiten el acceso a sillas de ruedas, tendría que haber una legislación que obligara a los fabricantes a implementar medidas de accesibilidad para ciegos. Muchos no piensan que nosotros, ante estos problemas, nos quedamos tan desvalidos como un paralítico frente a una escalera. Esto último lo ve todo el mundo, resulta obvio; pero pocos se detienen a considerar nuestras necesidades.

 

Varias personas me preguntan si mi ceguera tiene solución y abogan por una especie de milagro de la ciencia. Por más que les repita que no, se ofuscan resistiéndose a creerlo. Entonces les digo que, en cierto modo, lo arreglarían ellos mismos; la sociedad, que dispone de los medios adecuados para facilitar enormemente nuestra independencia. En este aspecto hay videntes más ciegos que yo, y la ceguera mental tiene ppoco arreglo.

Muchas gracias.

 

Rocío Sánchez.

viviraciegas.blogspot.com

 



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