Que los arrendadores dejen de ver a las mascotas como un mal arrendatario

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Me llamo Raúl y hoy me he llevado una gran desilusión.

Tras varias semanas de trabajo de investigación para localizar el piso perfecto al que irnos a vivir mi pareja y yo, hoy por fin lo hemos encontrado.

Cualquiera de vosotros que haya pasado por semejante examen sabrá lo difícil que es encontrar un buen piso en Madrid. El entrar a ver una casa y sentir que la búsqueda ha terminado, verte viviendo en ella y sentir que al fin tus esfuerzos han dado su fruto, a cambio obviamente de un renta muy elevada, es una gran sensación. Llega el momento de hablar sobre los ingresos familiares, fianza, avales, cuantos hijos,... y entonces haces la pregunta más temida: "se admiten mascotas, ¿no?"

Estoy seguro de que muchos os sentiréis identificados con esta situación. Como imaginaréis la respuesta ha sido: "No, el propietario no admite que entren mascotas en la casa". Entonces es cuando comienza una serie de justificaciones al profesional de la agencia inmobiliaria en la que le comentas las bondades de "tus peques", en nuestro caso dos galgos italianos de casi 10 años de edad, Neo y Lay (les nombro porque si no se enfadan conmigo), intentando hacerle ver que son unos chicos fantásticos, muy tranquilos. Un niño haría más destrozo en la vivienda de la que puedan hacer mis dos peques. Pero claro, al agente inmobiliario no le tienes que convencer de nada, puede que él tenga mascota en su casa.

Señores propietarios de viviendas, cuando una persona es responsable se nota, y lo es de sus trabajos, hijos y mascotas, así como de cualquier cosa que no es suya, como hacemos habitualmente los arrendatarios con sus casas. El destrozo que le podría hacer una mascota en su casa se puede arreglar con el dinero de la fianza y cualquiera de nosotros lo abonaríamos con gusto por el simple hecho de que son parte de nuestras familias.

Deseo que esta petición llegue a oídos de aquellos propietarios de viviendas que intentan arrendar su casa para que sean más comprensivos y realistas, ya que el que entren unas mascotas a una vivienda no va a hacer que los arrendatarios  conserven mejor la vivienda objeto del arrendamiento.