Declaración de Astaná sobre APS: es trascendente que incorpore Perspectiva de Género.
Declaración de Astaná sobre APS: es trascendente que incorpore Perspectiva de Género.
El problema
La Declaración de Alma Ata, firmada el 12 de septiembre de 1978, ha inspirado y guiado las estrategias nacionales y regionales en materia de salud durante cuatro décadas. Si bien en la década de los 70 existía una importante producción académica, la cual constataba la condición de subordinación de las mujeres y de la diversidad sexual en distintas naciones del planeta, dando cuenta de los riesgos y las vulnerabilidades políticas, sociales y culturales específicas, ello no quedó explicitado en la Estrategia de Atención Primaria en Salud y “Salud para Todos en el año 2000”.
No olvidamos que, en la década de los años 70, las más feroces dictaduras se instalaron en América del Sur, siendo que la participación comunitaria en salud y la inversión en el sistema público - promovidas desde la conferencia de Alma Ata-, colisionaban con la supresión de los derechos humanos básicos, y con el paulatino desmantelamiento de los sistemas públicos de salud.
En nombre de la eficiencia de los sistemas sanitarios, desde créditos internacionales y modelos desarrollistas, se intentaron desmantelar logros alcanzados en muchos países, en materia de salud pública.
Algunas agencias de cooperación y gobiernos desviaron los principios de Alma Ata hacia una atención primaria selectiva, una salud más primitiva que primaria.
Miles de mujeres y personas no heterosexuales perdieron sus vidas o fueron dañadas, encarceladas y extremadamente vulneradas en sus derechos durante estas cuatro décadas, pero la mirada sanitarista sesgada en “prestaciones básicas” no lo entendió como parte del desafío de la salud.
Como si no se tratase de una temática de derecho a la salud, que debiese ser garantizado.
La planificación familiar, el cuidado del embarazo y del recién nacido fueron una prioridad fortaleciendo el enfoque materno – infantil, en detrimento de garantizar los derechos sexuales y reproductivos.
La interrupción del embarazo en condiciones de clandestinidad y sus dramáticas consecuencias, la mutilación genital femenina, el uso de medicación en fase de experimentación en países en desarrollo, la esterilización forzada de millones de mujeres, no parecen ser un tema a abordar en la Conferencia de Alma Atá.
La atención de salud a la diversidad sexual en el marco de la APS ha sido tabú en muchas naciones. La educación sexual en el sistema educativo formal no fue tema vinculado a la Salud para Todos.
Los consensos son importantes y la construcción de una agenda global en salud resulta trascendente. Pero declamar que "nadie quedará atrás", puede resultar poco creíble si no se explicita, se fundamenta y se llama a una acción que transversalice la perspectiva de género y derechos, que sea inclusiva de la diversidad sexual y que entienda la interseccionalidad a la luz de la determinación social de la salud.
Por otra parte, revisar en profundidad aquellas políticas y programas de salud global, que luego se plasmarían en políticas nacionales y regionales y que han tendido a replicar una imagen estereotipada de las mujeres y varones, consolidando las relaciones de dominación y subordinación de género, excluyendo sistemáticamente a las personas transgénero, es fundamental.
Hemos visto con preocupación que - en la versión preliminar de la Declaración de Astaná - sometida a consulta internacional-, estas dimensiones no se encontraban presentes, por lo cual resulta igualmente preocupante. Género y diversidad no son “condimentos”, sino bases estructurales de los derechos humanos.
Las Conferencias de Naciones Unidas sobre Población y Desarrollo (Cairo, 1994) y IV sobre Condición de la Mujer, (Beijing, 1995), marcaron pasos importantes en el reconocimiento de los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres, en la necesidad de involucrar a los varones, en respetar los derechos humanos de manera integral.
Constituiría un enorme retroceso prescindir de los avances en materia del derecho internacional de los derechos humanos, de los avances científicos, sociales y culturales que promueven sociedades con mayor equidad, respeto, tolerancia y diversidad entre las personas y las comunidades.
En ese sentido, desde Chile y en calidad de integrantes del Núcleo Técnico del Observatorio de Equidad de Género en Salud y el Núcleo de Estudios en Masculinidades y Género, venimos a solicitar a ministras y ministros, delegadas y delegados internacionales, equipos técnicos de las agencias del Sistema de Naciones Unidas – y especialmente a la Organización Mundial de la Salud -, consideren la trascendencia de la inclusión efectiva de la perspectiva de género y diversidad, de manera relevante y consistente, en las instancias de formulación, negociación, debate y redacción del documento final de la Declaración de Astaná.
A nuestro entender, su consideración es una de los pilares para un desarrollo verdaderamente sostenible, democrático, inclusivo y equitativo, así como para una salud global que no deje a nadie atrás.
El problema
La Declaración de Alma Ata, firmada el 12 de septiembre de 1978, ha inspirado y guiado las estrategias nacionales y regionales en materia de salud durante cuatro décadas. Si bien en la década de los 70 existía una importante producción académica, la cual constataba la condición de subordinación de las mujeres y de la diversidad sexual en distintas naciones del planeta, dando cuenta de los riesgos y las vulnerabilidades políticas, sociales y culturales específicas, ello no quedó explicitado en la Estrategia de Atención Primaria en Salud y “Salud para Todos en el año 2000”.
No olvidamos que, en la década de los años 70, las más feroces dictaduras se instalaron en América del Sur, siendo que la participación comunitaria en salud y la inversión en el sistema público - promovidas desde la conferencia de Alma Ata-, colisionaban con la supresión de los derechos humanos básicos, y con el paulatino desmantelamiento de los sistemas públicos de salud.
En nombre de la eficiencia de los sistemas sanitarios, desde créditos internacionales y modelos desarrollistas, se intentaron desmantelar logros alcanzados en muchos países, en materia de salud pública.
Algunas agencias de cooperación y gobiernos desviaron los principios de Alma Ata hacia una atención primaria selectiva, una salud más primitiva que primaria.
Miles de mujeres y personas no heterosexuales perdieron sus vidas o fueron dañadas, encarceladas y extremadamente vulneradas en sus derechos durante estas cuatro décadas, pero la mirada sanitarista sesgada en “prestaciones básicas” no lo entendió como parte del desafío de la salud.
Como si no se tratase de una temática de derecho a la salud, que debiese ser garantizado.
La planificación familiar, el cuidado del embarazo y del recién nacido fueron una prioridad fortaleciendo el enfoque materno – infantil, en detrimento de garantizar los derechos sexuales y reproductivos.
La interrupción del embarazo en condiciones de clandestinidad y sus dramáticas consecuencias, la mutilación genital femenina, el uso de medicación en fase de experimentación en países en desarrollo, la esterilización forzada de millones de mujeres, no parecen ser un tema a abordar en la Conferencia de Alma Atá.
La atención de salud a la diversidad sexual en el marco de la APS ha sido tabú en muchas naciones. La educación sexual en el sistema educativo formal no fue tema vinculado a la Salud para Todos.
Los consensos son importantes y la construcción de una agenda global en salud resulta trascendente. Pero declamar que "nadie quedará atrás", puede resultar poco creíble si no se explicita, se fundamenta y se llama a una acción que transversalice la perspectiva de género y derechos, que sea inclusiva de la diversidad sexual y que entienda la interseccionalidad a la luz de la determinación social de la salud.
Por otra parte, revisar en profundidad aquellas políticas y programas de salud global, que luego se plasmarían en políticas nacionales y regionales y que han tendido a replicar una imagen estereotipada de las mujeres y varones, consolidando las relaciones de dominación y subordinación de género, excluyendo sistemáticamente a las personas transgénero, es fundamental.
Hemos visto con preocupación que - en la versión preliminar de la Declaración de Astaná - sometida a consulta internacional-, estas dimensiones no se encontraban presentes, por lo cual resulta igualmente preocupante. Género y diversidad no son “condimentos”, sino bases estructurales de los derechos humanos.
Las Conferencias de Naciones Unidas sobre Población y Desarrollo (Cairo, 1994) y IV sobre Condición de la Mujer, (Beijing, 1995), marcaron pasos importantes en el reconocimiento de los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres, en la necesidad de involucrar a los varones, en respetar los derechos humanos de manera integral.
Constituiría un enorme retroceso prescindir de los avances en materia del derecho internacional de los derechos humanos, de los avances científicos, sociales y culturales que promueven sociedades con mayor equidad, respeto, tolerancia y diversidad entre las personas y las comunidades.
En ese sentido, desde Chile y en calidad de integrantes del Núcleo Técnico del Observatorio de Equidad de Género en Salud y el Núcleo de Estudios en Masculinidades y Género, venimos a solicitar a ministras y ministros, delegadas y delegados internacionales, equipos técnicos de las agencias del Sistema de Naciones Unidas – y especialmente a la Organización Mundial de la Salud -, consideren la trascendencia de la inclusión efectiva de la perspectiva de género y diversidad, de manera relevante y consistente, en las instancias de formulación, negociación, debate y redacción del documento final de la Declaración de Astaná.
A nuestro entender, su consideración es una de los pilares para un desarrollo verdaderamente sostenible, democrático, inclusivo y equitativo, así como para una salud global que no deje a nadie atrás.
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Petición creada en 27 de agosto de 2018
