Que se declaré a la Tauromaquía Patrimonio Cultural de México

El problema

Recientemente los mexicanos nos congratulamos de que la Charrería haya sido declarada como patrimonio cultural de nuestra Nación, de está forma se logra dar fomento a esta activad. Pero lo único incongruente de todo ésto es que el espectáculo por el cual nace la charrería (las corridas de toros ) no sean aún patrimonio cultural de nuestro país 

A continuación anexo cuatro ensayos por medio de los cuales avalar esta petición
- El toreo es Arte.
- El Toreo es Ecología
- Charrería la hija de la Fiesta de los toros
- Constructivismo y el uso de la Cultura Nacional para crear un Estado de Bienestar ciudadano

Toreo es arte.
“Los toros, ni arte ni cultura” gritaban hacinados un grupo de manifestantes fuera de la plaza de San Marcos, en el estado mexicano de Aguascalientes. Decían que en la lidia sólo se mata al astado, pero ese día se indultó a un buen mozo de Begoña. Pese a ello, culminado el festejo, el mismo grupo de personas insultaba y agredía a quienes salíamos del coso. Yo iba en compañía de mis abuelos, hablamos de lo bien que había embestido el burel, cuando un joven se acercó a nosotros, y molesto indago -¿cómo es posible que obliguen a este niño a presenciar semejante barbarie?- anticipándome a mi abuelo contesté -vengo por gusto propio-
El joven me miró con asombro. Creo yo, que no se esperaba que un niño de no más de diez años saltase al ruedo para hacerles el quite a unos ancianos. – ¿Qué puedes saber tú de esto?- me dijo de manera prepotente – Es un arte- le contesté. El tipo tiró una carcajada y me dijo que estaba loco, que lo que acaba de pasar en el ruedo no sería arte nunca, que terminase primero la primaria para dar mi comentario. –Bailar es un arte, y quien arriesga su vida en el ruedo está a su vez bailando con un toro- pronunció mi abuela mientras me tomaba de la mano para retirarnos del lugar.
Hoy, a casi once años de aquel percance, retomo el tema para con garbo poder opinar al respecto.
Según la RAE, arte es toda aquella manifestación de la actividad humana mediante la cual se expresa una visión personal y desinteresada, que interpreta lo real o imaginario con recursos plásticos, lingüísticos o sonoros (1). Bajo dicho parámetro la danza, como manifestación del hombre, es un arte. Por otro lado, el toreo es una danza entre diestro y astado, donde el primero se vale de su ingenio, valor y trastos de tela para hacer de la peligrosa embestida del burel un pase dancístico. Si el toreo es una danza y la danza es un arte, el toreo por consiguiente también es arte y no cualquier arte sino como lo es la danza, es un arte clásico.
Desde el momento en que el toro entra al ruedo, y el diestro acaricia los granos del redondel con la tela de su capote, se inicia un espectáculo, donde lo estético de los lances y pases se funde con lo pragmático del tercio de Varas. Tercio que busca medir la bravura y condición del toro para poner en juego su indulto, logrando así el magno triunfo de la fiesta brava. Esas Verónicas, medias y completas, esos quiebros y cuantas más “piruetas” de la lidia no deben ser sólo eficaces para evadir al astado, sino también agradables a la vista del espectador. Logrando que la belleza se sobreponga al irrefutable peligro del espectáculo.
Sí en la lidia se buscase única y exclusivamente la muerte del toro, las corridas seguirían siendo como los entrenamientos medievales de las caballerías cristianas y moras de la península ibérica, entrenamientos precursores del actual rejoneo (tauromaquia montada), y cuya finalidad era únicamente matar al astado de la manera más eficaz posible, sin sobreponer el riesgo propio y mucho menos la estética de la carga. Pero al pasar de los años, la belleza y la entrega se sobrepusieron al exclusivo pragmatismo de estas juergas. Ya no se buscaba matar al toro de la manera rápida, sino hacer lucidez de las habilidades ecuestres.
En este periodo de evolución estética del espectáculo, aparecen las banderillas, arponcillos que sustituyen a la larga lanza con la que se le daba muerte al burel, ya que estas suponen una herida mínima al cornúpeto, prolongando el espectáculo y permitiendo al caballista lucirse más frente a su peligroso compañero. Darle tiempo para pegar un par de quiebros, clavar tres pares de “avivadores” y cerrar con una pirueta, todo esto hasta que llegase el momento de rematar la actuación con el rejón de muerte.
Cuando el toreo se aplebeya en el siglo XVlll, los toreros a píe o antiguos “capoteros” corrieron con la misma suerte que los caballeros lidiadores. Ya no sólo bastaba sacar al toro de su querencia y usar la capa para huir de su embestida. Sino que entregarse a él y hacer en conjunción del capote un movimiento que fuese bello, y peligrosamente asombroso a los ojos de los aficionados. De estas antiguas prácticas surge la tauromaquia moderna, que se popularizó con rapidez entre los diferentes estratos sociales de España, Portugal y sur de Francia, así como en sus respectivas colonias alrededor del globo.
Esta popularidad que alcanzo la lidia entre las sociedades hizo que el tema taurino no fuera cosa sólo del campo o de la plaza de toros. Se hablaba de faenas, lances y quiebros tanto en la ganadería, como en las maestranzas, liceos y academias.
Los toros eran tema de discusión en el palacio como en los salones de baile y es en estos últimos donde se empiezan a utilizar esos lúcidos movimientos de la lidia para enriquecer el folclor de los bailes populares. Hela hay el porqué de que en el flamenco veamos como la bailarina alza los brazos simulando astas de toros, para cargar contra su pareja, o como en el jarabe tapatío, el charro se desprende del jarano para pegar un natural a la joven que pasa a su costado.
En pocas palabras, se estaba llevando la lidia de un toro, a un salón de baile.
Pero ¿en qué consiste ese enigmático pase ejercido por el torero? Ese movimiento que envuelve al mítico tótem de poder y fuerza que es el toro bravo entre la fragilidad y astucia de la tela y el hombre. Tan pronto suenan los clarines, el lidiador debe salir a espera de que la negra muerte entre de toriles. Con los pies firmes, cita con el trasto y/o voz al astado, que noblemente a él acude. Entonces, moviendo sólo el torso y los brazos guía a su bravo compañero a apenas centímetros de su desprotegido cuerpo; para terminar liberándolo con un ligero mover de la muñeca.
Como si fuese joven que seductoramente se corre por el frente de su compañero de baile, intimidándolo sólo con su presencia. El toro, en unión al diestro, logra cimbrar cada uno de los sentidos de aquellos que en el graderío del coso llenan de olés la acústica del barroco recinto. Olés que nacen del alma ante la fusión de bravura, peligro, muerte, belleza y valentía de un lance bien ejecutado.
Ya decía Platón en alguno de sus conocidos Diálogos “La muerte es lo absolutamente inevitable”. Pero el torero, con su fabuloso pase, cuestiona esa muestra absoluta de certeza y lanza una imposible apuesta: la de burlar a la muerte.
Durante todo el transcurso de la corrida, el hombre despliega su habilidad y saber para anticiparse a una embestida que en rigor, pide el derroche de toda la técnica y saber del matador, como bailarín que ejecutase consecutivamente su pase más elaborado. Esta acometida excede toda agilidad e inteligencia, ya que aunque la embestida del toro, puede intuirse, no admite una previsión absoluta. Convirtiéndose así a la lidia en lo que quizás sea el único rito donde el sacrificador tiene la latente posibilidad de convertirse en el sacrificado, todo ante una impredecible acción del toro. Siendo “Manolete” e “Islero”, tan sólo un pequeño ejemplo de ello.
Habrá quienes apelen que el toreo no es una danza, por no contar el matador con una pareja semejante, pero actualmente hay una gran variedad de bailes que no son binomiales. Por ejemplo, la danza de Vientre egipcia individualista en casi su totalidad o por el otro lado el Zorba griego que es grupal. Pensar que una danza tenga que ser obligatoriamente binomial y de compañía semejante implica cerrar la mente a un sinfín de expresiones artísticas y culturales propias de las tan variada cantidad de civilizaciones existentes en el orbe.
Otros dirán que la lidia deja de ser arte porque se mata al toro, pero acaso ¿deja de ser gastronomía una barbacoa de cordero?, o ¿deja de ser escultura la estatua ecuestre tallada en madera de roble? Ya que en estos dos últimos ejemplos, como en la lidia, se mató para contribuir a la creación humana, a un cordero y a un alto roble respectivamente. A esto hay que anudar que el gran fin de la lidia es indultar al mejor ejemplar, para que regrese a su ecológica casa ganadera a padrear, pero el pragmatismo ecólogo de la fiesta no es el tema a abordar de estas hojas.
Como podemos ver, el toreo es esa mortal danza entre diestro y burel, donde tanto uno como el otro pueden terminar heridos de muerte, pero ¿es la danza el único arte de una corrida de toros? Pues no, y ya que hablamos del toreo en sí, los siguientes apartados hablaran sobre el resto de expresiones artísticas que giran en torno a una tarde de faena. Teatro, Música y arquitectura son al igual que la danza un arte clásico y al igual que esta última, los tres se encuentran fuertemente presentes en una corrida de toros.
La construcción de un inmueble específico para estos festejos tan barrocos es ya una expresión artística que emana del mundo taurino. Estructuras que comparten características globales, esa circunferencia central y arenosa; esos graderíos que se erigen por todo el perímetro y desde donde se aprecia el espectáculo que en el centro acontece. Y esas instalaciones donde el ganado espera su salida al ruedo, para batirse a muerte con su compañero, justo en el corazón del inmueble, en el que se lucha y se baila.
Pese a estas similitudes cada plaza cuenta con una característica única que las diferencia entre sí, y que evidencian la presencia de los tan variados estilos arquitectónicos de las diferentes épocas de nuestra humanidad. Habiendo estilos, cuyo primer exponente fueron plazas de toros, tal sea el caso de la vieja plaza de toros de Goya en Madrid, la cual al igual que la actual plaza de las Ventas presentaba un modelo Neo-Mudéjar.
“Decenas de miles de personas han bailado, gritado, llorado y se han desgañitado en los multitudinarios conciertos del Palacio de los Deportes. Pero muchos de ellos no saben que antes de ser un pabellón multiusos, ese mismo espacio lo ocupó la Plaza de Toros de Goya, también conocida como Plaza de Toros de la Carretera de Aragón –por estar próxima a la continuación de la calle de Alcalá–. Comenzó a formar parte del paisaje madrileño en 1873 de las manos y genialidades de Emilio Rodríguez Ayuso y Lorenzo Álvarez Capra, quienes levantaron un coso de estilo Neo mudéjar con un ruedo de 60 metros de diámetro y un aforo de 15.000 espectadores.” (2)
Esta antigua “catedral del toreo” fue la precursora de un sinfín de edificaciones con dicho modelo en Madrid y demás ciudades de la hispanidad peninsular, pasando a ser un modelo arquitectónico identificativo de la cultura Española. Modelo que se extendió también a ciudades americanas, de las antiguas excolonias españolas, verbigracia, La Santamaría de Bogotá, en Colombia.
Pero hablar de plazas de toros, es hablar de un sinfín de modelos de construcción que se acrecientan en las fachadas e interiores de estos místicos inmuebles; El goyesco Barroco de la Real Maestranza de Sevilla, es otro ejemplo de como la arquitectura encontró un fuerte aliado en la fiesta de los toros, para seguir mostrando su exponente cultural al mundo moderno; tal y como lo hiciese la religión con la gran infinidad de templos existentes, los cuales al igual que los cosos taurinos deben su construcción a los ritos que dentro de estos acontecen.
A modo de no ser esto suficiente, las inmediaciones e interiores de las plazas de toros se encuentran intensamente adornados con bustos, imágenes y demás efigies esculturales de toros, caballos, diestros y ganaderos. Tal y como pasa con deidades, santos y salvadores en las ya mencionadas edificaciones religiosas.
Como ya se mencionó en párrafos anteriores, la fiesta de los toros es la misma en todo lugar donde se practique. Toro y diestro, ya sea montado o no, son los principales actores del rito; los tres tercios básicos del espectáculo, a lo menos en los festejos galos e hispanos y las miles de personas que en los tendidos observan atentos lo que frente de ellos acontece. Pero si una característica posee esta fiesta, es su habilidad para moldearse a la cultura específica de cada uno de los pueblos donde se practica y la música que a estos espectáculos ameniza es una viva muestra de ello.
“El redondel, bajo el sol parece un clavel, y es al empezar que igual que un altar color de miel. Suena el clarín y sale el toro. Olé, gritan a coro. Y el matador, tabaco y oro, mira al burel como un tesoro y sin dudar se va pa´él” (Penella,1917)
Indiscutiblemente el pasodoble es el emblema musical de la fiesta brava, ese género de compas binario y de movimiento moderado; que pese a no ser exclusivo de la tauromaquia, le debe a ésta su difusión fuera de la “península”. Siendo “España Cañí”, “Cielo Andaluz”, “Nerva”, “Pepe el Trompeta” y el “Gato Montes” (citado de manera previa a éste párrafo) quizás los más emblemáticos de estas festividades. Pese a esto, el folclore musical de las culturas donde se practica el toreo, logra permear en el ritual taurino, para contribuir a amenizar la enigmática danza de entorno a la cual gira este rito. Es por ello común el escuchar mariachi dentro del coso mexicano o las marineras en los festejos del Perú.
Demás saldría explicar el arte de algo tan lógico como es la música, arte que al igual que en la arquitectura forma parte intrínseca del rito taurino y que para colmo de los detractores de la fiesta suele inspirarse desde antaño en ella para la creación de nuevos acordes y canciones.
Ahora que ya se habló sobre las expresiones artísticas que emanan del ritual taurino hay que ejemplificar nuevamente otra manifestación artística del toreo en sí. Antes de que toro y torero se batan a duelo en el ruedo y tal como lo hace el toro. Los diestros, picadores y subalternos tienen que hacer su presentación ante el público y autoridades del ruedo. Los participe de este rito, parten plaza en un acto conocido como paseíllo, acto que representa la punta de partida del festejo.
Pero ¿qué es el paseíllo? este inusual desfile es la marcha que los toreros y sus cuadrillas hacen tan pronto ingresan al ruedo, acto que recuerda a los triúnfales desfiles del renacimiento y medioevo, donde los caballeros, nobles y generales lucían sus cabalgaduras y trajes de luces al pueblo que alegre os idolatraba, cual torero que entra al ruedo. Ya que es el paseíllo esa representación teatral de aquellos antiguos desfiles militares donde según José Saramago se venera a “los últimos héroes modernos que nos quedan”.
Como podemos ver, y sin caer en la subjetividad de los gustos personales, los anteriores párrafos dan una completa valides a la tesis anteriormente descrita; a y la cual añadiría que la fiesta taurina, no sólo es una danza dada entre diestro y burel, sino todo un arte inspiradora de otras variables artísticas como es la arquitectura y la música.
Para desaire de aquel joven anti-taurino que conocí hace años , y a quien agradezco el incidente por el cual escribo esto, concluyo que el toreo es todo un arte que se rige por la rigurosidad del clasicismo de las Bellas Artes, cual danza y teatro, cual música y arquitectura.

El toreo es ecología

¿Cómo es que se crían los toros?
En una cría convencional de ganado, para abasto cárnico, lo atributos que buscas en los animales, son aquellos que satisfagan las necesidades del hombre. En el caso de las reses, que sean animales dóciles para facilitar su manejo, preferible si carecen de encornadura ya que aunque mansos, un brusco movimiento de estos podría terminar en una herida por asta que se suma ya a la fuerte contusión del golpe.
La ganancia en la crianza cárnica convencional, es proporcional al peso (cantidad de carne) que el animal importa al momento de ser vendido o en su defecto durante su sacrificio. Por obvia razón a estos animales se les suministra una dieta que va “ad hoc” a la necesidad del ganadero por hacer que sus ejemplares aumenten de peso de la manera más rápida. Por lo que además de una dieta de “engorda” se prefiere que los ejemplares vivan en recintos pequeños donde su movilidad sea escasa, cuyo “sedentarismo” contribuirá a la obtener el peso deseado para lanzarlos al mercado.
La cría de ganado para abasto cárnico, responde a dos regímenes de crianza, el extensivo y el intensivo.
En el primero de los casos, los animales destinados al sacrificio, viven en grandes extensiones de terreno, desde el momento de su nacimiento, hasta un aproximado de dos años; posteriormente pasaran tres meses estabulados, comiendo al por mayor, para incentivar su crecimiento. Por lo que la res llega al matadero a la edad de dos y medio años, o con un máximo tres. Las crías destinadas a este régimen son destetadas aproximadamente a los seis meses de nacidos, para permitir a la paridera entrar en celo con mayor rapidez (maximizando así la producción ganadera).
Por otro lado, el ideal en la cría intensiva trata de maximizar la producción ganadera para adecuarla a la alta demanda que tienen en el mercado actual. Por consiguiente se trata de obtener el peso deseado de los animales de una manera más rápida, para ello los animales a sacrificar son destetados al mes de su nacimiento, para pasar a hacinados en un reducido establo, con excedentes de comida hasta cumplido máximo sus dos años de vida (edad en la cual ya deben de contar con el peso deseado para su venta)

¿Cómo se cría un toro de Lidia?
Por el contrario el ejemplar de lidia, al momento que llega al ruedo, cuenta con mínimo cuatro años de edad, es un TORO en toda la extensión de la palabra, y no un novillo cebado a la fuerza. Fue destetado de manera natural a la edad de un año, al ser rechazado por su misma progenitora y llegará a la plaza para dar debida pelea ante el diestro que en dicho inmueble le espera.
Pero, ¿dónde es que queda la cría “ecológica” del toro de lidia? Para poder ejemplificar esto, hay que denotar que las cualidades que se buscan en un toro de lidia no son las mismas que un ganadero convencional busca en el resto de razas mansas. Para la corrida el astado debe de cumplir indiscutiblemente con dos cualidades/parámetros fundamentales: el trapío y la casta. Siendo el trapío los atributos físicos del burel mientras que la casta responde al temperamento y carácter del mismo.
Dentro del trapío se espera que el toro sea atlético y grande, pero hay que diferenciar claramente la subjetividad de “grande” en la cría de ganado bravo. Mientras para un ganadero convencional el criar reses “grandes” se refleja en ejemplares cebados, excedidos de grasa; para el ganadero del bravo, un toro grande es aquel que cuenta con un buen tamaño, con un peso proporcional a su edad, musculado y sin excedentes de grasas. En pocas palabras, lo que para el abasto cárnico se resume en un animal gordo, en la cría del toro bravo se entiende por vigorosidad.
Todo esto se logra gracias a una alimentación natural que contrario a la dada a un animal en engorda, satisface las necesidades nutricionales y alimenticias de los toros y vacas de lidia.
Pero ¿qué es el toro de lidia sin su encornadura? Ese enorme par de dagas que por sí solas inspiran temor al ver el astado, pues las astas del burel son parte fundamental del trapío del cornúpeto. Que estén bien posicionadas para el ataque, que sean grandes y puntales en fin que reflejen una latente peligrosidad.
Todos sabemos que una espada, por más filosa que fuese, sola no se blande y lo mismo pasa con los toros en la lidia. Por más trapío que cuente el ejemplar, si es descastado, carente de bravura, sus defensas físicas tendrán una nula eficacia en la juerga taurina. El temperamento irascible y competitivo del animal es fundamental, para que en conjunto a su trapío formen a la poderosa máquina de matar que es el toro de lidia. Animal que encontró poca si no es que nula oposición en los grandes depredadores que en antaño eran lanzados a los ruedos para demostrar la supremacía del toro bravo.
Osos pardos, pumas, Leones africanos y tigres Bengalies sucumbieron ante las astas del toro desde los arcaicos ruedos de la alta california (América) hasta las plazas del sur de España, Portugal y Francia.
Como podemos ver, las cualidades que se buscan en la lidia van muy en contra las cualidades convencionales de una res domesticada. No por nada se dice que el toro bravo es la más urina de la reses actuales el vacuno más salvaje, el actual Uro. La raza que en acción reciproca persiste en el mundo moderno gracias a la tauromaquia.
Las cualidades físicas y temperamentales que posee el toro de lidia, hace que sea criado de manera especial, aunque igualmente es criado bajo una crianza extensiva; se diferencia de la convencional ganadería, por responder a un régimen agrosilvopastoral. El cual se caracteriza por tener una simbiosis y sustentabilidad en su producción con el ecosistema, simbiosis que no todas las ganaderías extensivas gozan. En resumen, toda ganadería de toros bravos es agrosilvopastoral, y toda ganadería agrosilvopastoral es ecológica, sustentable y extensiva; pero no toda ganadería extensiva responde a los parámetros de una producción ecológica de ganado.
Como ya se mencionó en párrafos anteriores, el trapío y la casta son fundamentales para la lidia del toro, pero a su vez son estas las características que un toro necesita para sobrevivir en estado salvaje. Por lo que la rusticidad de estos animales permite que estos que se acoplen con facilidad a los biomas donde se encuentran sus respectivas casas ganaderas. Lo cual evita que se transforme en demasía el ecosistema donde se encuentre asentada la finca, las cuales por ser de régimen extensivo y de propiedad privada, suelen ser enormes santuarios de la biosfera local.
Por consiguiente las vastas ganaderías del bravo pasan a ser también verdaderos parques ecológicos donde además de ver ganado bravo veremos cientos de especies animales autóctonas, que se valen de este sacro territorio para su existencia. La adaptabilidad del toro bravo, abre mucho el compás a la biodiversidad de las ganaderas, por lo que dependiendo de la ubicación de los cortijos, podremos ver desde ocelotes en las ganaderías yucatecas del sur de México, hasta el lince ibérico en las fincas lusas e hispanas, todo esto sin pasar por alto al venado Cola Blanca, jabalíes y a una gran variedad de aves silvestres y rapaces que junto con el toro bravo se benefician y acrecientan de la fiesta taurina.
Asentándonos un poco más en el Viejo Mundo, “El toro de lidia es el perfecto guardián de la dehesa ibérica, pues su crianza se extiende por más de 500.000 hectáreas entre España y Portugal, y contribuye de forma extraordinaria a su conservación. Por su parte, la dehesa está considerada por la Unión Europea como espacio de Alto Valor Natural (AVN), porque estamos ante una reserva natural de biodiversidad donde coexisten muchas especies animales y vegetales. Y España es el país europeo que más superficie AVN posee". Con esta rotundidad lo afirmó el presidente de la Unión de Criadores de Toros de Lidia, Carlos Núñez , en un artículo para ABC.
Para todos aquellos que desconocen la cría del toro de lidia, podemos definirla perfectamente como un ejemplo de sustentabilidad. Pues por un lado se contribuye a la preservación de una raza vacuna “Salvaje” mientras se contribuye al mantenimiento de la dehesa, por tratarse de una raza autóctona que se adapta perfectamente al medio natural gracias a su rusticidad; aportando a la supervivencia de especies que están en peligro de extinción, como el lince ibérico, el águila imperial e ibérica y la cigüeña negra. Por tanto la cría del toro, protege la biodiversidad de la flora y la fauna autóctonas.
Por otro lado en México hay 276 ganaderias de toros bravos registradas en la asociación nacional de criadores de toros de lidia (ANCTL), ganaderías que ocupan según la SAGARPA 92 mil 800 hectáreas, 928 kilómetros cuadrados (el tamaño aproximado que posee el estado de Morelos) en 24 estados de la república. De acuerdo con datos oficiales, en esa extensión de terreno habitan 60 mil cabezas de ganado, del cual sólo un seis por ciento terminaran dando espectáculo en una plaza de toros. Ganado que cuenta con una elevada depuración genética que se ha venido construyendo a lo largo de cinco siglos.
Ganaderías que dado el relieve mexicano, cubren un sinfín número de biomas y ecosistemas, que van desde los bosques Espinosos y praderas de alta montaña hasta encinares y marismas, siendo los tres primeros los más importantes para la cría del toro de lidia. Fincas que al igual que en la península Ibérica y que como muy seguramente pasa en las ganaderías sudamericanas, sirven de refugio para la flora y fauna locales.
Como podemos ver la tauromaquia no sólo es la cultura y el arte que gira en torno a una tarde de faena, sino también todo un mundo de ecología que gira en torno a la crianza de estos animales. Por lo que erradicar la fiesta de los toros, supondría no sólo eliminar a la más urina de las razas vacunas actuales sino quitar también el sustento económico por el cual persisten estas sustentables casas ganaderas; llevándose de paso un sinfín de ecosistemas naturales. En pocas palabras, el eliminar a la fiesta brava supondría hacer un mal al toro de lidia como ente y como raza, así como a todos aquellos animales que encuentran un santuario en las ganaderías donde estos irasibles animales son criados.

 

- Charrería la hija de la Fiesta de los toros

Consumada la conquista de los pueblos mesoamericanos, los <<Conquistadores>> habían visto la importancia militar que les había otorgado el caballo contra los pueblos amerindios de Meso-América; por dicha razón durante el primer medio siglo de fundada la Nueva España, desde Sevilla se expidió una prohibición en la cual se les vetaba a los indígenas el uso de los equinos para cualquier labor que ellos realizasen, todo esto por el temor de un posible resurrección militar nativa en contra de los colonos españoles. 

     Como ya se mencionó, la tauromaquia llegó a México tras el periodo de la Conquista y tan pronto se establecieron los primeros núcleos <<urbanos>> de colonos hispanos, se empezaron a realizar embarques desde los puertos peninsulares con envíos de ganado y cultivos para las colonias americanas. El ganado español encontró un buen medio para su reproducción en los vastos terrenos del centro y norte de la denominada Nueva España. Por lo que los rebaños empezaron a aumentar considerablemente de tamaño. He aquí cuando los colonos empezaron instruir a los indígenas en una cultura  campirana y ganadera (muy al estilo español), por lo que empezaron a aparecer actividades relacionadas enormemente con el manejo de dichos animales, en especial los hatos de reses y caballos (coleo, lazo, derribe etc.), los cuales surgieron para facilitar actividades como marca del ganado, o  su captura para posterior doma y uso como bestias de tiro, para los carromatos o arados.

     Hay que destacar que es aquí, 50 años después de la Conquista, cuando se derroca la ley de prohibición equina a los nativos, ya que peninsulares y criollos se daban cuenta que los caballos eran necesarios para que los peones de las haciendas realizaran correctamente su trabajo con el ganado; y aunque el cuaco permitió mejorar el manejo de la mayor parte de los animales, encontró un obstáculo con la bravura del ganado vacuno español, en especial con la reses de lidia.

     Reses que para su manejo no sólo era necesario su arreo sino también su sometimiento. Por eso es que los antiguos <<charros>> empezaron a transformar las monturas de sus cabalgaduras. Destaquemos que los caballos que se destinaban a la servidumbre eran caballos de media raza, caballos que no competían en actitudes y cualidades con los que peninsulares y criollos montaban, ya que aún persistía el temor de una posible resurrección por parte de los Nativos.  

    Con todo y esto,  someter a un toro de lidia en el campo no era tarea fácil; derribarlo y mantenerlo “inactivo” en el piso mientras era marcado resultaba muchas veces fatal para los mozos indígenas de las haciendas. Es por ello que se desarrolló la coloquialmente conocida  "reata de lazar". Esta soga sirve para lograr someter al toro bravo desde una distancia segura y  muchas veces sin necesidad de bajar de la montura, ya que de ser necesario, y en caso de embestida del astado el caballo facilitaría la huida hacia un área segura.  

     Por otro lado la cabeza de la silla permitía el sometimiento y derribe del burel, enredando el otro extremo de la reata con la que se lazo al burel a esta y  permitiendo usar la fuerza del caballo para tirar de la misma junto al astado; mientras tanto la pechera más ancha, da mayor estabilidad a la montura, facilitando  al equino  tirar con mayor fuerza, usando su musculatura del pecho. Con el paso del tiempo y de igual forma a como paso con el toreo a pie y el rejoneo en la península ibérica el uso de la "reata" se empezó a elevar a un nivel más estético que iba más allá del uso práctico por el cual fue creada, dando origen al floreo elaborado de la charrería.

 

     Así fue como estos primeros “vaqueros” mexicanos empezaron a familiarizarse con las reses españolas, cuyas principales características son la rusticidad y bravura, por lo que su trato y cuidado debía ser especial

      La técnica hispana con garrocha del “acoso y derribo” de la res quedo prohibida de enseñanza a los nuevos jinetes <<mexicanos>> durante más que el primer medio siglo de la colonia, ya que esta además de ser una faena campera con los astados, también forma parte de un entrenamiento militar para los cuerpos de lanceros a caballo, idónea para repeler otras caballerías. El temor de una resurrección de los indígenas, antes de que España lograra consolidar su poder en América aún estaba presente en la aristocracia colonial.  

     <<Con el lazo y con la lanza se forjó el Charro>> dígase del momento en el que por fin España consolido su dominio en su nuevo territorio, por lo que a los mayorales se les empezó a instruir en el uso de la garrocha tal y como se hacía en España. Curiosamente la pica quedó relegada al uso militar, ya que durante ese primer medio siglo, los charros ya se habían familiarizado a domeñar y manejar al ganado con la reata de lazar. Desde la formación sincréticamente cultural de lo que sería México, hasta la década de 1940 el toro bravo Español y el caballo Ibérico fueron emblemáticos de la charrería.


     Con el tiempo, tanto los terratenientes como sus empleados conformaron, primero en el Altiplano Mexicano y después en casi todo el país, un estilo hípico nuevo, adaptado a las características de este variable y accidentado territorio.

      Tras la independencia, proliferaron los hombres "de a caballo" propietarios de pequeños ranchos y de arrendadores independientes que por su condición de mestizos o indígenas, eran conocidos como chinacos; mientras que a los empleados de las haciendas se les llamaba simplemente <<caporales>>, <<Mayorales>> y <<vaqueros>>.

     Los hacendados ricos gustaban de ornamentar sus trajes de una forma similar a las de los aristócratas y oficiales de caballería hispanos, pero lo hacían  en trajes con un corte campero andaluz. Por el contrario los jinetes menos acaudalados los hacían adornar con bordados de "pita" (fibra del maguey) o con grecas y calados en gamuza. Motivos de donde se cree nació esa diferencia entre el traje charro de faena y el de Gala.

     En 1880 la Charrería <<profesional>> tuvo su origen, fue entonces cuando apareció el famoso "Charro Ponciano. Ponciano Díaz, originario de la Hacienda de Atenco, dónde fungía como mayoral al cuidado de la cabaña brava en el Estado de México, que a su vez era la primer ganadería que se estableció en América, dio gran impulso a la Charrería, convirtiéndola en espectáculo de valentía y pericia digna de admirar que combinándola con la tauromaquia alcanzaría una difusión muy amplia entre la población de nuestro país.

     Para 1889 Ponciano partiría hacia España para dar una exhibición de charrería  y rejoneo, fascinando a los a los madrileños al ser él, el primero en ejecutar la suerte de banderillas a dos manos desde el caballo en la capital española.

     Durante el periodo porfirista y el reconcilio político con Europa, la elite social afianzo a la charrería como un exponente cultural del nacionalismo mexicano, llegando ésta  a permearse en demás espectáculos culturales propios de la idiosincrasia del país, tal sea el caso de las corridas de toros, dónde muchas veces los diestros sustituían la típica muleta de torear por el sombrero jarano. De igual forma se solían presentar delegaciones y espectáculos de charros en el extranjero o bien en eventos diplomáticos dentro de la república. Lo cual hacia resaltar la rusticidad del traje charro, frente al afrancesamiento típico del gobierno del general Díaz. 
     Culminado el periodo revolucionario del país, la guerra causo estragos en la sociedad mexicana y la charrería y tauromaquia no quedaron exentas de ello. Los acérrimos y continuos combates de las fuerzas montadas habían llevado casi al exterminio de los caballos criollos mexicanos, cartujanos, de origen ibero; por lo que el deporte nacional opto por adquirir caballos Cuarto de Milla para su juerga. Tendrían que pasar varias décadas, para que se tratara de reivindicar el uso de caballos con origen español en el deporte <<Nacional>>  dando origen al caballo de <<Raza>> Azteca (cruce de caballos españoles y Cuartos de Milla)
      Hacia la década de 1930 con la migración del campo hacia las Ciudad de México surge la Charrería como un deporte reglamentado y se comienza la construcción de los Lienzos Charros, recalcando que anteriormente las faenas charras se realizaban en el campo o en caso de formar parte de un espectáculo cultural se hacían en las plazas de toros. 
     Con la “modernización” del país iniciada por Díaz y que tuvo su auge por ahí de la década de los 40, la crianza de ganado tuvo un radical cambio en México, se introdujeron razas seleccionadas exclusivamente a la producción de carne y que por consiguiente y para facilitar su manejo carecían de la bravura característica de las reses ibero-mexicanas por lo que el uso de estás ultimas quedo relegado casi exclusivamente a su uso en espectáculos taurinos. Por consiguiente se empezaron a ver más comúnmente reses descastadas en los ruedos de los lienzos charros, ya que estas empezaron a ser de más fácil acceso dada su rápida integración a la producción ganadera nacional

 Constructivismo y el uso de la Cultura Nacional para general un Estado de Bienestar Ciudadano
La cultura no se prohíbe ni se impone, ya que hacerlo atenta contra los derechos fundamentales y de libertad del hombre; pero lo que sí se puede hacer es fomentarla para que ésta llegue cada vez a más personas y así ellas tengan la capacidad subjetiva de decidir si desean ser o no ser partícipes de ésta. En la manera en que se difunde dicha cultura se encuentra el punto crucial que va a hacer o no que las personas se sientan asombradas, admiradas y por ende identificadas con dichas tradiciones.
Quizás el mejor ejemplo a tomar sea el de Francisco Franco en España, quien tras la Guerra Civil se encontró con un país dividido entre sus partidarios, la oposición republicana y la nueva ala socialista, Los tres sectores con una ideología política muy diferente de sí, pero con una misma identidad cultural (española) de la cual Franco se valió para borrar o matizar las enemistades; logrando así una integración social alrededor de las tradiciones hispanas.
Es por ello que el Generalísimo empezó a invertir capital en el fomento de la industria española. Por ejemplo, otorgó apoyo económico y concesiones agrarias al campo Bravo, haciendo que de esta forma el número de toros de lidia aumentase considerablemente, lo cual se vio reflejado en un número cada vez mayor de festejos taurinos (corridas, rejones, encierros, capeas) a los cuales el grueso de los españoles acudían gustosos sin tomar en cuenta su ideal político. Ya dentro de la plaza todos los espectadores no tenían la diferencia de ser Franquistas, Republicanos o Socialistas sino que se identifican en torno de una misma afinidad hacia al toro y su fiesta; dentro de la plaza esas tres variedades poblacionales se convertían en una sola, en aficionados taurinos.
De igual manera se empezó a hacer con la música, la doma ecuestre hispana, la danza y la gastronomía; expresiones culturales a las que el gobierno de Franco también invirtió capital para facilitar su rápido crecimiento y difusión; en torno a los cuales también se congregaban y congregan miles de personas, las cuales hacían a un lado sus diferencias para disfrutar de dichos espectáculos. Con el paso del tiempo se creó una <<Marca España>> que involucró a esos espectáculos y sus participantes, marca bajo la cual los españoles dentro y fuera de la Península se sentían identificados, aún y pese a toda la diferencia política que pudiesen tener con el régimen gobernante.
Esto contribuyó a mitigar la presión político-social hacia el totalitarismo del gobierno español. Para el caso específico de México, por ejemplo, el pasodoble, la doma ecuestre hispana, y los toros principalmente, fomentaron enormemente las relaciones internacionales entre nuestro país y la Madre Patria, ya que aún y pese a que el gobierno mexicano nunca reconoció al del General, tampoco se perdió la más mínima relación con el gobierno de éste. Durante la época de Oro del toreo (que abarca el periodo Franquista), toreros tanto españoles como mexicanos podían ir y venir casi sin restricción alguna entre ambos países; fuese incluso éste, el periodo en que se ha celebrado la única corrida de toros en España con ganado llevado de una ganadería del bravo mexicana.
Estas acciones tomadas por el franquismo no sólo apoyaron a mantener en cohesión a los españoles sino que también fomentó el turismo internacional y las exportaciones de un país que venía saliendo de una guerra, que logró mantenerse al margen de otra (segunda guerra mundial) y que se mantuvo relativamente hermético en cuestiones políticas durante cuatro décadas. Gracias estas medidas la economía española creció relativamente bien, logrando poseer un desarrollo similar al de Francia, aún y pese a que este último recibió enorme apoyo económico, una vez culminada la Segunda Gran Guerra. Con este desarrollo económico Franco logró mejorar enormemente el <<estado de bienestar>> de la sociedad española, la cual como consecuencia del mejoramiento de su calidad de vida, en gran mayoría empezó a aceptar con más ánimos y de forma más unánime al régimen Franquista.
En pocas palabras el fomento de la industria española, ya sea manufacturera, agrícola, ganadera y principalmente cultural, hizo que España se mantuviera unida al tiempo que servía de motor para la economía del país, que para caso específico de la última <<industria>> (cultural) encontró un beneficio económico muchísimo mayor a su inversión, todo como consecuencia del turismo que llegaba del extranjero a disfrutar de los toros, el flamenco, la equitación y todas las demás muestras culturales de la identidad y marca española. Hasta la fecha, España se encuentra en el top 3 de países más visitados del mundo, llegando a ostentar el puesto número uno en variadas ocasiones.
Si esto le funcionó a Franco en una España de post guerra, entonces ¿por qué no utilizarlo para el caso mexicano? Fomentar nuestra industria haría que la cultura de México llegase con más fuerza a cada uno de los mexicanos, tomar una postura vanguardista que haga frente directo al adoctrinamiento cultural y colonizador que nos llegan desde el extranjero. Por ejemplo el traje charro de gala, en cuestión de formalidad y elegancia no les pide nada a los modelos de corte inglés, tan difundidos en el país. España e Italia poseen sus propios trajes nacionales de gala los cuales los hispanos e italianos usan sin recelo alguno, sino por el contrario con orgullo y galantería. Esto a su vez hace que dicho traje llegue a los ojos de cada vez más personas que podrían interesarse en usarlo, aumentados así el campo de acción y los beneficios económicos y sociales alrededor de dicha indumentaria.
Por ellos es que considero importante dar apoyo a la financiación y difusión en ferias tradicionales, donde los principales eventos sean muestra de la cultura de nuestro país, como son los palenques, charreadas, corridas de toros y jaripeos, espectáculos que de ser difundidos de forma correcta logran reunir a miles de personas, generándose una derrama económica enorme. Lo cual produce que el apoyo que se les otorgó en un principio deje de ser un financiamiento y pase a ser una inversión muy bien remunerada. Lo cual deroga en un círculo vicioso y beneficioso para las comunidades en donde se realicen. Ya que al haber mayores ganancias, para la siguente edición de los festejos habrá una mayor inversión de capital, que se genera en mayor difusión y fomento, que atrae más afluencia de visitantes y que por consecuencia dará como resultado una derrama de capital mayor que la de ediciones anteriores.
Claro ejemplo de esto es el caso de Aguascalientes, uno de los estados más chicos de la república, pero que ostenta la que se hace llamar la feria más importante de México, la feria de San Marcos. La cual durante su celebración da un empuje monumental a la economía hidrocálida, convirtiéndose así Aguascalientes en uno de los estados más prósperos de nuestro país.
¿Cómo logró Aguascalientes esto? Primero que nada invirtiendo y dando fomento a los espectáculos que son la columna de la feria; corridas de toros, charreadas, exposición ganadera y vinícola, esta inversión en los diferentes estratos de producción y preparación de dichas expresiones culturales generaron que los espectáculos fuesen de gran calidad y que por sí solos lograsen atraer aficionados deseosos de ver lo que en ellos acontecía u ofrecía. Ya que se logró tener una feria de calidad, se le empezó a dar fomento ésta de manera generalizada, pero nunca sin hacer de lado los espectáculos citados y así como pasó con España sus marcas nacionales, pasa en Aguascalientes, en donde los toros (tauromaquia), los gallos (palenque) y las vendimias (producción vinícola) son sus principales identidades dentro de la cultura de México.
Este prosperar económico, hace que al igual que con la España de Franco, la calidad de vida de los hidrocálidos mejore considerablemente, disminuyéndose entonces muchos problemas sociales y de seguridad que en otros estados son consecuencia de la pobreza generalizada. En resumen, los toros, los gallos y el vino contribuyen enormemente al bienestar ciudadano de los hidrocálidos.
Si el constructivismo enfocado a la industria nacional logró hacer lo ya mencionado en España y Aguascalientes aún y en la fuerte adversidad en la que los citados actores se encontraban (post guerra civil y alcance territorial escaso, respectivamente) no hay razón para decir que dicho fomento a nivel nacional no habría de funcionar. Fomentar nuestra industria cultural nos mantendrá unidos; evitando que caigamos en críticas banales hacia nuestra idiosincrasia; además de que nos trae beneficios económicos que en conjunto a nuestra cohesión social nos permitirán enfocarnos en los verdaderos problemas que agobian al país, todo en búsqueda de un estado de bienestar para los ciudadanos de México.

Sin más por el momento y en espera de una respuesta favorable,me despido de ustedes. 

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El problema

Recientemente los mexicanos nos congratulamos de que la Charrería haya sido declarada como patrimonio cultural de nuestra Nación, de está forma se logra dar fomento a esta activad. Pero lo único incongruente de todo ésto es que el espectáculo por el cual nace la charrería (las corridas de toros ) no sean aún patrimonio cultural de nuestro país 

A continuación anexo cuatro ensayos por medio de los cuales avalar esta petición
- El toreo es Arte.
- El Toreo es Ecología
- Charrería la hija de la Fiesta de los toros
- Constructivismo y el uso de la Cultura Nacional para crear un Estado de Bienestar ciudadano

Toreo es arte.
“Los toros, ni arte ni cultura” gritaban hacinados un grupo de manifestantes fuera de la plaza de San Marcos, en el estado mexicano de Aguascalientes. Decían que en la lidia sólo se mata al astado, pero ese día se indultó a un buen mozo de Begoña. Pese a ello, culminado el festejo, el mismo grupo de personas insultaba y agredía a quienes salíamos del coso. Yo iba en compañía de mis abuelos, hablamos de lo bien que había embestido el burel, cuando un joven se acercó a nosotros, y molesto indago -¿cómo es posible que obliguen a este niño a presenciar semejante barbarie?- anticipándome a mi abuelo contesté -vengo por gusto propio-
El joven me miró con asombro. Creo yo, que no se esperaba que un niño de no más de diez años saltase al ruedo para hacerles el quite a unos ancianos. – ¿Qué puedes saber tú de esto?- me dijo de manera prepotente – Es un arte- le contesté. El tipo tiró una carcajada y me dijo que estaba loco, que lo que acaba de pasar en el ruedo no sería arte nunca, que terminase primero la primaria para dar mi comentario. –Bailar es un arte, y quien arriesga su vida en el ruedo está a su vez bailando con un toro- pronunció mi abuela mientras me tomaba de la mano para retirarnos del lugar.
Hoy, a casi once años de aquel percance, retomo el tema para con garbo poder opinar al respecto.
Según la RAE, arte es toda aquella manifestación de la actividad humana mediante la cual se expresa una visión personal y desinteresada, que interpreta lo real o imaginario con recursos plásticos, lingüísticos o sonoros (1). Bajo dicho parámetro la danza, como manifestación del hombre, es un arte. Por otro lado, el toreo es una danza entre diestro y astado, donde el primero se vale de su ingenio, valor y trastos de tela para hacer de la peligrosa embestida del burel un pase dancístico. Si el toreo es una danza y la danza es un arte, el toreo por consiguiente también es arte y no cualquier arte sino como lo es la danza, es un arte clásico.
Desde el momento en que el toro entra al ruedo, y el diestro acaricia los granos del redondel con la tela de su capote, se inicia un espectáculo, donde lo estético de los lances y pases se funde con lo pragmático del tercio de Varas. Tercio que busca medir la bravura y condición del toro para poner en juego su indulto, logrando así el magno triunfo de la fiesta brava. Esas Verónicas, medias y completas, esos quiebros y cuantas más “piruetas” de la lidia no deben ser sólo eficaces para evadir al astado, sino también agradables a la vista del espectador. Logrando que la belleza se sobreponga al irrefutable peligro del espectáculo.
Sí en la lidia se buscase única y exclusivamente la muerte del toro, las corridas seguirían siendo como los entrenamientos medievales de las caballerías cristianas y moras de la península ibérica, entrenamientos precursores del actual rejoneo (tauromaquia montada), y cuya finalidad era únicamente matar al astado de la manera más eficaz posible, sin sobreponer el riesgo propio y mucho menos la estética de la carga. Pero al pasar de los años, la belleza y la entrega se sobrepusieron al exclusivo pragmatismo de estas juergas. Ya no se buscaba matar al toro de la manera rápida, sino hacer lucidez de las habilidades ecuestres.
En este periodo de evolución estética del espectáculo, aparecen las banderillas, arponcillos que sustituyen a la larga lanza con la que se le daba muerte al burel, ya que estas suponen una herida mínima al cornúpeto, prolongando el espectáculo y permitiendo al caballista lucirse más frente a su peligroso compañero. Darle tiempo para pegar un par de quiebros, clavar tres pares de “avivadores” y cerrar con una pirueta, todo esto hasta que llegase el momento de rematar la actuación con el rejón de muerte.
Cuando el toreo se aplebeya en el siglo XVlll, los toreros a píe o antiguos “capoteros” corrieron con la misma suerte que los caballeros lidiadores. Ya no sólo bastaba sacar al toro de su querencia y usar la capa para huir de su embestida. Sino que entregarse a él y hacer en conjunción del capote un movimiento que fuese bello, y peligrosamente asombroso a los ojos de los aficionados. De estas antiguas prácticas surge la tauromaquia moderna, que se popularizó con rapidez entre los diferentes estratos sociales de España, Portugal y sur de Francia, así como en sus respectivas colonias alrededor del globo.
Esta popularidad que alcanzo la lidia entre las sociedades hizo que el tema taurino no fuera cosa sólo del campo o de la plaza de toros. Se hablaba de faenas, lances y quiebros tanto en la ganadería, como en las maestranzas, liceos y academias.
Los toros eran tema de discusión en el palacio como en los salones de baile y es en estos últimos donde se empiezan a utilizar esos lúcidos movimientos de la lidia para enriquecer el folclor de los bailes populares. Hela hay el porqué de que en el flamenco veamos como la bailarina alza los brazos simulando astas de toros, para cargar contra su pareja, o como en el jarabe tapatío, el charro se desprende del jarano para pegar un natural a la joven que pasa a su costado.
En pocas palabras, se estaba llevando la lidia de un toro, a un salón de baile.
Pero ¿en qué consiste ese enigmático pase ejercido por el torero? Ese movimiento que envuelve al mítico tótem de poder y fuerza que es el toro bravo entre la fragilidad y astucia de la tela y el hombre. Tan pronto suenan los clarines, el lidiador debe salir a espera de que la negra muerte entre de toriles. Con los pies firmes, cita con el trasto y/o voz al astado, que noblemente a él acude. Entonces, moviendo sólo el torso y los brazos guía a su bravo compañero a apenas centímetros de su desprotegido cuerpo; para terminar liberándolo con un ligero mover de la muñeca.
Como si fuese joven que seductoramente se corre por el frente de su compañero de baile, intimidándolo sólo con su presencia. El toro, en unión al diestro, logra cimbrar cada uno de los sentidos de aquellos que en el graderío del coso llenan de olés la acústica del barroco recinto. Olés que nacen del alma ante la fusión de bravura, peligro, muerte, belleza y valentía de un lance bien ejecutado.
Ya decía Platón en alguno de sus conocidos Diálogos “La muerte es lo absolutamente inevitable”. Pero el torero, con su fabuloso pase, cuestiona esa muestra absoluta de certeza y lanza una imposible apuesta: la de burlar a la muerte.
Durante todo el transcurso de la corrida, el hombre despliega su habilidad y saber para anticiparse a una embestida que en rigor, pide el derroche de toda la técnica y saber del matador, como bailarín que ejecutase consecutivamente su pase más elaborado. Esta acometida excede toda agilidad e inteligencia, ya que aunque la embestida del toro, puede intuirse, no admite una previsión absoluta. Convirtiéndose así a la lidia en lo que quizás sea el único rito donde el sacrificador tiene la latente posibilidad de convertirse en el sacrificado, todo ante una impredecible acción del toro. Siendo “Manolete” e “Islero”, tan sólo un pequeño ejemplo de ello.
Habrá quienes apelen que el toreo no es una danza, por no contar el matador con una pareja semejante, pero actualmente hay una gran variedad de bailes que no son binomiales. Por ejemplo, la danza de Vientre egipcia individualista en casi su totalidad o por el otro lado el Zorba griego que es grupal. Pensar que una danza tenga que ser obligatoriamente binomial y de compañía semejante implica cerrar la mente a un sinfín de expresiones artísticas y culturales propias de las tan variada cantidad de civilizaciones existentes en el orbe.
Otros dirán que la lidia deja de ser arte porque se mata al toro, pero acaso ¿deja de ser gastronomía una barbacoa de cordero?, o ¿deja de ser escultura la estatua ecuestre tallada en madera de roble? Ya que en estos dos últimos ejemplos, como en la lidia, se mató para contribuir a la creación humana, a un cordero y a un alto roble respectivamente. A esto hay que anudar que el gran fin de la lidia es indultar al mejor ejemplar, para que regrese a su ecológica casa ganadera a padrear, pero el pragmatismo ecólogo de la fiesta no es el tema a abordar de estas hojas.
Como podemos ver, el toreo es esa mortal danza entre diestro y burel, donde tanto uno como el otro pueden terminar heridos de muerte, pero ¿es la danza el único arte de una corrida de toros? Pues no, y ya que hablamos del toreo en sí, los siguientes apartados hablaran sobre el resto de expresiones artísticas que giran en torno a una tarde de faena. Teatro, Música y arquitectura son al igual que la danza un arte clásico y al igual que esta última, los tres se encuentran fuertemente presentes en una corrida de toros.
La construcción de un inmueble específico para estos festejos tan barrocos es ya una expresión artística que emana del mundo taurino. Estructuras que comparten características globales, esa circunferencia central y arenosa; esos graderíos que se erigen por todo el perímetro y desde donde se aprecia el espectáculo que en el centro acontece. Y esas instalaciones donde el ganado espera su salida al ruedo, para batirse a muerte con su compañero, justo en el corazón del inmueble, en el que se lucha y se baila.
Pese a estas similitudes cada plaza cuenta con una característica única que las diferencia entre sí, y que evidencian la presencia de los tan variados estilos arquitectónicos de las diferentes épocas de nuestra humanidad. Habiendo estilos, cuyo primer exponente fueron plazas de toros, tal sea el caso de la vieja plaza de toros de Goya en Madrid, la cual al igual que la actual plaza de las Ventas presentaba un modelo Neo-Mudéjar.
“Decenas de miles de personas han bailado, gritado, llorado y se han desgañitado en los multitudinarios conciertos del Palacio de los Deportes. Pero muchos de ellos no saben que antes de ser un pabellón multiusos, ese mismo espacio lo ocupó la Plaza de Toros de Goya, también conocida como Plaza de Toros de la Carretera de Aragón –por estar próxima a la continuación de la calle de Alcalá–. Comenzó a formar parte del paisaje madrileño en 1873 de las manos y genialidades de Emilio Rodríguez Ayuso y Lorenzo Álvarez Capra, quienes levantaron un coso de estilo Neo mudéjar con un ruedo de 60 metros de diámetro y un aforo de 15.000 espectadores.” (2)
Esta antigua “catedral del toreo” fue la precursora de un sinfín de edificaciones con dicho modelo en Madrid y demás ciudades de la hispanidad peninsular, pasando a ser un modelo arquitectónico identificativo de la cultura Española. Modelo que se extendió también a ciudades americanas, de las antiguas excolonias españolas, verbigracia, La Santamaría de Bogotá, en Colombia.
Pero hablar de plazas de toros, es hablar de un sinfín de modelos de construcción que se acrecientan en las fachadas e interiores de estos místicos inmuebles; El goyesco Barroco de la Real Maestranza de Sevilla, es otro ejemplo de como la arquitectura encontró un fuerte aliado en la fiesta de los toros, para seguir mostrando su exponente cultural al mundo moderno; tal y como lo hiciese la religión con la gran infinidad de templos existentes, los cuales al igual que los cosos taurinos deben su construcción a los ritos que dentro de estos acontecen.
A modo de no ser esto suficiente, las inmediaciones e interiores de las plazas de toros se encuentran intensamente adornados con bustos, imágenes y demás efigies esculturales de toros, caballos, diestros y ganaderos. Tal y como pasa con deidades, santos y salvadores en las ya mencionadas edificaciones religiosas.
Como ya se mencionó en párrafos anteriores, la fiesta de los toros es la misma en todo lugar donde se practique. Toro y diestro, ya sea montado o no, son los principales actores del rito; los tres tercios básicos del espectáculo, a lo menos en los festejos galos e hispanos y las miles de personas que en los tendidos observan atentos lo que frente de ellos acontece. Pero si una característica posee esta fiesta, es su habilidad para moldearse a la cultura específica de cada uno de los pueblos donde se practica y la música que a estos espectáculos ameniza es una viva muestra de ello.
“El redondel, bajo el sol parece un clavel, y es al empezar que igual que un altar color de miel. Suena el clarín y sale el toro. Olé, gritan a coro. Y el matador, tabaco y oro, mira al burel como un tesoro y sin dudar se va pa´él” (Penella,1917)
Indiscutiblemente el pasodoble es el emblema musical de la fiesta brava, ese género de compas binario y de movimiento moderado; que pese a no ser exclusivo de la tauromaquia, le debe a ésta su difusión fuera de la “península”. Siendo “España Cañí”, “Cielo Andaluz”, “Nerva”, “Pepe el Trompeta” y el “Gato Montes” (citado de manera previa a éste párrafo) quizás los más emblemáticos de estas festividades. Pese a esto, el folclore musical de las culturas donde se practica el toreo, logra permear en el ritual taurino, para contribuir a amenizar la enigmática danza de entorno a la cual gira este rito. Es por ello común el escuchar mariachi dentro del coso mexicano o las marineras en los festejos del Perú.
Demás saldría explicar el arte de algo tan lógico como es la música, arte que al igual que en la arquitectura forma parte intrínseca del rito taurino y que para colmo de los detractores de la fiesta suele inspirarse desde antaño en ella para la creación de nuevos acordes y canciones.
Ahora que ya se habló sobre las expresiones artísticas que emanan del ritual taurino hay que ejemplificar nuevamente otra manifestación artística del toreo en sí. Antes de que toro y torero se batan a duelo en el ruedo y tal como lo hace el toro. Los diestros, picadores y subalternos tienen que hacer su presentación ante el público y autoridades del ruedo. Los participe de este rito, parten plaza en un acto conocido como paseíllo, acto que representa la punta de partida del festejo.
Pero ¿qué es el paseíllo? este inusual desfile es la marcha que los toreros y sus cuadrillas hacen tan pronto ingresan al ruedo, acto que recuerda a los triúnfales desfiles del renacimiento y medioevo, donde los caballeros, nobles y generales lucían sus cabalgaduras y trajes de luces al pueblo que alegre os idolatraba, cual torero que entra al ruedo. Ya que es el paseíllo esa representación teatral de aquellos antiguos desfiles militares donde según José Saramago se venera a “los últimos héroes modernos que nos quedan”.
Como podemos ver, y sin caer en la subjetividad de los gustos personales, los anteriores párrafos dan una completa valides a la tesis anteriormente descrita; a y la cual añadiría que la fiesta taurina, no sólo es una danza dada entre diestro y burel, sino todo un arte inspiradora de otras variables artísticas como es la arquitectura y la música.
Para desaire de aquel joven anti-taurino que conocí hace años , y a quien agradezco el incidente por el cual escribo esto, concluyo que el toreo es todo un arte que se rige por la rigurosidad del clasicismo de las Bellas Artes, cual danza y teatro, cual música y arquitectura.

El toreo es ecología

¿Cómo es que se crían los toros?
En una cría convencional de ganado, para abasto cárnico, lo atributos que buscas en los animales, son aquellos que satisfagan las necesidades del hombre. En el caso de las reses, que sean animales dóciles para facilitar su manejo, preferible si carecen de encornadura ya que aunque mansos, un brusco movimiento de estos podría terminar en una herida por asta que se suma ya a la fuerte contusión del golpe.
La ganancia en la crianza cárnica convencional, es proporcional al peso (cantidad de carne) que el animal importa al momento de ser vendido o en su defecto durante su sacrificio. Por obvia razón a estos animales se les suministra una dieta que va “ad hoc” a la necesidad del ganadero por hacer que sus ejemplares aumenten de peso de la manera más rápida. Por lo que además de una dieta de “engorda” se prefiere que los ejemplares vivan en recintos pequeños donde su movilidad sea escasa, cuyo “sedentarismo” contribuirá a la obtener el peso deseado para lanzarlos al mercado.
La cría de ganado para abasto cárnico, responde a dos regímenes de crianza, el extensivo y el intensivo.
En el primero de los casos, los animales destinados al sacrificio, viven en grandes extensiones de terreno, desde el momento de su nacimiento, hasta un aproximado de dos años; posteriormente pasaran tres meses estabulados, comiendo al por mayor, para incentivar su crecimiento. Por lo que la res llega al matadero a la edad de dos y medio años, o con un máximo tres. Las crías destinadas a este régimen son destetadas aproximadamente a los seis meses de nacidos, para permitir a la paridera entrar en celo con mayor rapidez (maximizando así la producción ganadera).
Por otro lado, el ideal en la cría intensiva trata de maximizar la producción ganadera para adecuarla a la alta demanda que tienen en el mercado actual. Por consiguiente se trata de obtener el peso deseado de los animales de una manera más rápida, para ello los animales a sacrificar son destetados al mes de su nacimiento, para pasar a hacinados en un reducido establo, con excedentes de comida hasta cumplido máximo sus dos años de vida (edad en la cual ya deben de contar con el peso deseado para su venta)

¿Cómo se cría un toro de Lidia?
Por el contrario el ejemplar de lidia, al momento que llega al ruedo, cuenta con mínimo cuatro años de edad, es un TORO en toda la extensión de la palabra, y no un novillo cebado a la fuerza. Fue destetado de manera natural a la edad de un año, al ser rechazado por su misma progenitora y llegará a la plaza para dar debida pelea ante el diestro que en dicho inmueble le espera.
Pero, ¿dónde es que queda la cría “ecológica” del toro de lidia? Para poder ejemplificar esto, hay que denotar que las cualidades que se buscan en un toro de lidia no son las mismas que un ganadero convencional busca en el resto de razas mansas. Para la corrida el astado debe de cumplir indiscutiblemente con dos cualidades/parámetros fundamentales: el trapío y la casta. Siendo el trapío los atributos físicos del burel mientras que la casta responde al temperamento y carácter del mismo.
Dentro del trapío se espera que el toro sea atlético y grande, pero hay que diferenciar claramente la subjetividad de “grande” en la cría de ganado bravo. Mientras para un ganadero convencional el criar reses “grandes” se refleja en ejemplares cebados, excedidos de grasa; para el ganadero del bravo, un toro grande es aquel que cuenta con un buen tamaño, con un peso proporcional a su edad, musculado y sin excedentes de grasas. En pocas palabras, lo que para el abasto cárnico se resume en un animal gordo, en la cría del toro bravo se entiende por vigorosidad.
Todo esto se logra gracias a una alimentación natural que contrario a la dada a un animal en engorda, satisface las necesidades nutricionales y alimenticias de los toros y vacas de lidia.
Pero ¿qué es el toro de lidia sin su encornadura? Ese enorme par de dagas que por sí solas inspiran temor al ver el astado, pues las astas del burel son parte fundamental del trapío del cornúpeto. Que estén bien posicionadas para el ataque, que sean grandes y puntales en fin que reflejen una latente peligrosidad.
Todos sabemos que una espada, por más filosa que fuese, sola no se blande y lo mismo pasa con los toros en la lidia. Por más trapío que cuente el ejemplar, si es descastado, carente de bravura, sus defensas físicas tendrán una nula eficacia en la juerga taurina. El temperamento irascible y competitivo del animal es fundamental, para que en conjunto a su trapío formen a la poderosa máquina de matar que es el toro de lidia. Animal que encontró poca si no es que nula oposición en los grandes depredadores que en antaño eran lanzados a los ruedos para demostrar la supremacía del toro bravo.
Osos pardos, pumas, Leones africanos y tigres Bengalies sucumbieron ante las astas del toro desde los arcaicos ruedos de la alta california (América) hasta las plazas del sur de España, Portugal y Francia.
Como podemos ver, las cualidades que se buscan en la lidia van muy en contra las cualidades convencionales de una res domesticada. No por nada se dice que el toro bravo es la más urina de la reses actuales el vacuno más salvaje, el actual Uro. La raza que en acción reciproca persiste en el mundo moderno gracias a la tauromaquia.
Las cualidades físicas y temperamentales que posee el toro de lidia, hace que sea criado de manera especial, aunque igualmente es criado bajo una crianza extensiva; se diferencia de la convencional ganadería, por responder a un régimen agrosilvopastoral. El cual se caracteriza por tener una simbiosis y sustentabilidad en su producción con el ecosistema, simbiosis que no todas las ganaderías extensivas gozan. En resumen, toda ganadería de toros bravos es agrosilvopastoral, y toda ganadería agrosilvopastoral es ecológica, sustentable y extensiva; pero no toda ganadería extensiva responde a los parámetros de una producción ecológica de ganado.
Como ya se mencionó en párrafos anteriores, el trapío y la casta son fundamentales para la lidia del toro, pero a su vez son estas las características que un toro necesita para sobrevivir en estado salvaje. Por lo que la rusticidad de estos animales permite que estos que se acoplen con facilidad a los biomas donde se encuentran sus respectivas casas ganaderas. Lo cual evita que se transforme en demasía el ecosistema donde se encuentre asentada la finca, las cuales por ser de régimen extensivo y de propiedad privada, suelen ser enormes santuarios de la biosfera local.
Por consiguiente las vastas ganaderías del bravo pasan a ser también verdaderos parques ecológicos donde además de ver ganado bravo veremos cientos de especies animales autóctonas, que se valen de este sacro territorio para su existencia. La adaptabilidad del toro bravo, abre mucho el compás a la biodiversidad de las ganaderas, por lo que dependiendo de la ubicación de los cortijos, podremos ver desde ocelotes en las ganaderías yucatecas del sur de México, hasta el lince ibérico en las fincas lusas e hispanas, todo esto sin pasar por alto al venado Cola Blanca, jabalíes y a una gran variedad de aves silvestres y rapaces que junto con el toro bravo se benefician y acrecientan de la fiesta taurina.
Asentándonos un poco más en el Viejo Mundo, “El toro de lidia es el perfecto guardián de la dehesa ibérica, pues su crianza se extiende por más de 500.000 hectáreas entre España y Portugal, y contribuye de forma extraordinaria a su conservación. Por su parte, la dehesa está considerada por la Unión Europea como espacio de Alto Valor Natural (AVN), porque estamos ante una reserva natural de biodiversidad donde coexisten muchas especies animales y vegetales. Y España es el país europeo que más superficie AVN posee". Con esta rotundidad lo afirmó el presidente de la Unión de Criadores de Toros de Lidia, Carlos Núñez , en un artículo para ABC.
Para todos aquellos que desconocen la cría del toro de lidia, podemos definirla perfectamente como un ejemplo de sustentabilidad. Pues por un lado se contribuye a la preservación de una raza vacuna “Salvaje” mientras se contribuye al mantenimiento de la dehesa, por tratarse de una raza autóctona que se adapta perfectamente al medio natural gracias a su rusticidad; aportando a la supervivencia de especies que están en peligro de extinción, como el lince ibérico, el águila imperial e ibérica y la cigüeña negra. Por tanto la cría del toro, protege la biodiversidad de la flora y la fauna autóctonas.
Por otro lado en México hay 276 ganaderias de toros bravos registradas en la asociación nacional de criadores de toros de lidia (ANCTL), ganaderías que ocupan según la SAGARPA 92 mil 800 hectáreas, 928 kilómetros cuadrados (el tamaño aproximado que posee el estado de Morelos) en 24 estados de la república. De acuerdo con datos oficiales, en esa extensión de terreno habitan 60 mil cabezas de ganado, del cual sólo un seis por ciento terminaran dando espectáculo en una plaza de toros. Ganado que cuenta con una elevada depuración genética que se ha venido construyendo a lo largo de cinco siglos.
Ganaderías que dado el relieve mexicano, cubren un sinfín número de biomas y ecosistemas, que van desde los bosques Espinosos y praderas de alta montaña hasta encinares y marismas, siendo los tres primeros los más importantes para la cría del toro de lidia. Fincas que al igual que en la península Ibérica y que como muy seguramente pasa en las ganaderías sudamericanas, sirven de refugio para la flora y fauna locales.
Como podemos ver la tauromaquia no sólo es la cultura y el arte que gira en torno a una tarde de faena, sino también todo un mundo de ecología que gira en torno a la crianza de estos animales. Por lo que erradicar la fiesta de los toros, supondría no sólo eliminar a la más urina de las razas vacunas actuales sino quitar también el sustento económico por el cual persisten estas sustentables casas ganaderas; llevándose de paso un sinfín de ecosistemas naturales. En pocas palabras, el eliminar a la fiesta brava supondría hacer un mal al toro de lidia como ente y como raza, así como a todos aquellos animales que encuentran un santuario en las ganaderías donde estos irasibles animales son criados.

 

- Charrería la hija de la Fiesta de los toros

Consumada la conquista de los pueblos mesoamericanos, los <<Conquistadores>> habían visto la importancia militar que les había otorgado el caballo contra los pueblos amerindios de Meso-América; por dicha razón durante el primer medio siglo de fundada la Nueva España, desde Sevilla se expidió una prohibición en la cual se les vetaba a los indígenas el uso de los equinos para cualquier labor que ellos realizasen, todo esto por el temor de un posible resurrección militar nativa en contra de los colonos españoles. 

     Como ya se mencionó, la tauromaquia llegó a México tras el periodo de la Conquista y tan pronto se establecieron los primeros núcleos <<urbanos>> de colonos hispanos, se empezaron a realizar embarques desde los puertos peninsulares con envíos de ganado y cultivos para las colonias americanas. El ganado español encontró un buen medio para su reproducción en los vastos terrenos del centro y norte de la denominada Nueva España. Por lo que los rebaños empezaron a aumentar considerablemente de tamaño. He aquí cuando los colonos empezaron instruir a los indígenas en una cultura  campirana y ganadera (muy al estilo español), por lo que empezaron a aparecer actividades relacionadas enormemente con el manejo de dichos animales, en especial los hatos de reses y caballos (coleo, lazo, derribe etc.), los cuales surgieron para facilitar actividades como marca del ganado, o  su captura para posterior doma y uso como bestias de tiro, para los carromatos o arados.

     Hay que destacar que es aquí, 50 años después de la Conquista, cuando se derroca la ley de prohibición equina a los nativos, ya que peninsulares y criollos se daban cuenta que los caballos eran necesarios para que los peones de las haciendas realizaran correctamente su trabajo con el ganado; y aunque el cuaco permitió mejorar el manejo de la mayor parte de los animales, encontró un obstáculo con la bravura del ganado vacuno español, en especial con la reses de lidia.

     Reses que para su manejo no sólo era necesario su arreo sino también su sometimiento. Por eso es que los antiguos <<charros>> empezaron a transformar las monturas de sus cabalgaduras. Destaquemos que los caballos que se destinaban a la servidumbre eran caballos de media raza, caballos que no competían en actitudes y cualidades con los que peninsulares y criollos montaban, ya que aún persistía el temor de una posible resurrección por parte de los Nativos.  

    Con todo y esto,  someter a un toro de lidia en el campo no era tarea fácil; derribarlo y mantenerlo “inactivo” en el piso mientras era marcado resultaba muchas veces fatal para los mozos indígenas de las haciendas. Es por ello que se desarrolló la coloquialmente conocida  "reata de lazar". Esta soga sirve para lograr someter al toro bravo desde una distancia segura y  muchas veces sin necesidad de bajar de la montura, ya que de ser necesario, y en caso de embestida del astado el caballo facilitaría la huida hacia un área segura.  

     Por otro lado la cabeza de la silla permitía el sometimiento y derribe del burel, enredando el otro extremo de la reata con la que se lazo al burel a esta y  permitiendo usar la fuerza del caballo para tirar de la misma junto al astado; mientras tanto la pechera más ancha, da mayor estabilidad a la montura, facilitando  al equino  tirar con mayor fuerza, usando su musculatura del pecho. Con el paso del tiempo y de igual forma a como paso con el toreo a pie y el rejoneo en la península ibérica el uso de la "reata" se empezó a elevar a un nivel más estético que iba más allá del uso práctico por el cual fue creada, dando origen al floreo elaborado de la charrería.

 

     Así fue como estos primeros “vaqueros” mexicanos empezaron a familiarizarse con las reses españolas, cuyas principales características son la rusticidad y bravura, por lo que su trato y cuidado debía ser especial

      La técnica hispana con garrocha del “acoso y derribo” de la res quedo prohibida de enseñanza a los nuevos jinetes <<mexicanos>> durante más que el primer medio siglo de la colonia, ya que esta además de ser una faena campera con los astados, también forma parte de un entrenamiento militar para los cuerpos de lanceros a caballo, idónea para repeler otras caballerías. El temor de una resurrección de los indígenas, antes de que España lograra consolidar su poder en América aún estaba presente en la aristocracia colonial.  

     <<Con el lazo y con la lanza se forjó el Charro>> dígase del momento en el que por fin España consolido su dominio en su nuevo territorio, por lo que a los mayorales se les empezó a instruir en el uso de la garrocha tal y como se hacía en España. Curiosamente la pica quedó relegada al uso militar, ya que durante ese primer medio siglo, los charros ya se habían familiarizado a domeñar y manejar al ganado con la reata de lazar. Desde la formación sincréticamente cultural de lo que sería México, hasta la década de 1940 el toro bravo Español y el caballo Ibérico fueron emblemáticos de la charrería.


     Con el tiempo, tanto los terratenientes como sus empleados conformaron, primero en el Altiplano Mexicano y después en casi todo el país, un estilo hípico nuevo, adaptado a las características de este variable y accidentado territorio.

      Tras la independencia, proliferaron los hombres "de a caballo" propietarios de pequeños ranchos y de arrendadores independientes que por su condición de mestizos o indígenas, eran conocidos como chinacos; mientras que a los empleados de las haciendas se les llamaba simplemente <<caporales>>, <<Mayorales>> y <<vaqueros>>.

     Los hacendados ricos gustaban de ornamentar sus trajes de una forma similar a las de los aristócratas y oficiales de caballería hispanos, pero lo hacían  en trajes con un corte campero andaluz. Por el contrario los jinetes menos acaudalados los hacían adornar con bordados de "pita" (fibra del maguey) o con grecas y calados en gamuza. Motivos de donde se cree nació esa diferencia entre el traje charro de faena y el de Gala.

     En 1880 la Charrería <<profesional>> tuvo su origen, fue entonces cuando apareció el famoso "Charro Ponciano. Ponciano Díaz, originario de la Hacienda de Atenco, dónde fungía como mayoral al cuidado de la cabaña brava en el Estado de México, que a su vez era la primer ganadería que se estableció en América, dio gran impulso a la Charrería, convirtiéndola en espectáculo de valentía y pericia digna de admirar que combinándola con la tauromaquia alcanzaría una difusión muy amplia entre la población de nuestro país.

     Para 1889 Ponciano partiría hacia España para dar una exhibición de charrería  y rejoneo, fascinando a los a los madrileños al ser él, el primero en ejecutar la suerte de banderillas a dos manos desde el caballo en la capital española.

     Durante el periodo porfirista y el reconcilio político con Europa, la elite social afianzo a la charrería como un exponente cultural del nacionalismo mexicano, llegando ésta  a permearse en demás espectáculos culturales propios de la idiosincrasia del país, tal sea el caso de las corridas de toros, dónde muchas veces los diestros sustituían la típica muleta de torear por el sombrero jarano. De igual forma se solían presentar delegaciones y espectáculos de charros en el extranjero o bien en eventos diplomáticos dentro de la república. Lo cual hacia resaltar la rusticidad del traje charro, frente al afrancesamiento típico del gobierno del general Díaz. 
     Culminado el periodo revolucionario del país, la guerra causo estragos en la sociedad mexicana y la charrería y tauromaquia no quedaron exentas de ello. Los acérrimos y continuos combates de las fuerzas montadas habían llevado casi al exterminio de los caballos criollos mexicanos, cartujanos, de origen ibero; por lo que el deporte nacional opto por adquirir caballos Cuarto de Milla para su juerga. Tendrían que pasar varias décadas, para que se tratara de reivindicar el uso de caballos con origen español en el deporte <<Nacional>>  dando origen al caballo de <<Raza>> Azteca (cruce de caballos españoles y Cuartos de Milla)
      Hacia la década de 1930 con la migración del campo hacia las Ciudad de México surge la Charrería como un deporte reglamentado y se comienza la construcción de los Lienzos Charros, recalcando que anteriormente las faenas charras se realizaban en el campo o en caso de formar parte de un espectáculo cultural se hacían en las plazas de toros. 
     Con la “modernización” del país iniciada por Díaz y que tuvo su auge por ahí de la década de los 40, la crianza de ganado tuvo un radical cambio en México, se introdujeron razas seleccionadas exclusivamente a la producción de carne y que por consiguiente y para facilitar su manejo carecían de la bravura característica de las reses ibero-mexicanas por lo que el uso de estás ultimas quedo relegado casi exclusivamente a su uso en espectáculos taurinos. Por consiguiente se empezaron a ver más comúnmente reses descastadas en los ruedos de los lienzos charros, ya que estas empezaron a ser de más fácil acceso dada su rápida integración a la producción ganadera nacional

 Constructivismo y el uso de la Cultura Nacional para general un Estado de Bienestar Ciudadano
La cultura no se prohíbe ni se impone, ya que hacerlo atenta contra los derechos fundamentales y de libertad del hombre; pero lo que sí se puede hacer es fomentarla para que ésta llegue cada vez a más personas y así ellas tengan la capacidad subjetiva de decidir si desean ser o no ser partícipes de ésta. En la manera en que se difunde dicha cultura se encuentra el punto crucial que va a hacer o no que las personas se sientan asombradas, admiradas y por ende identificadas con dichas tradiciones.
Quizás el mejor ejemplo a tomar sea el de Francisco Franco en España, quien tras la Guerra Civil se encontró con un país dividido entre sus partidarios, la oposición republicana y la nueva ala socialista, Los tres sectores con una ideología política muy diferente de sí, pero con una misma identidad cultural (española) de la cual Franco se valió para borrar o matizar las enemistades; logrando así una integración social alrededor de las tradiciones hispanas.
Es por ello que el Generalísimo empezó a invertir capital en el fomento de la industria española. Por ejemplo, otorgó apoyo económico y concesiones agrarias al campo Bravo, haciendo que de esta forma el número de toros de lidia aumentase considerablemente, lo cual se vio reflejado en un número cada vez mayor de festejos taurinos (corridas, rejones, encierros, capeas) a los cuales el grueso de los españoles acudían gustosos sin tomar en cuenta su ideal político. Ya dentro de la plaza todos los espectadores no tenían la diferencia de ser Franquistas, Republicanos o Socialistas sino que se identifican en torno de una misma afinidad hacia al toro y su fiesta; dentro de la plaza esas tres variedades poblacionales se convertían en una sola, en aficionados taurinos.
De igual manera se empezó a hacer con la música, la doma ecuestre hispana, la danza y la gastronomía; expresiones culturales a las que el gobierno de Franco también invirtió capital para facilitar su rápido crecimiento y difusión; en torno a los cuales también se congregaban y congregan miles de personas, las cuales hacían a un lado sus diferencias para disfrutar de dichos espectáculos. Con el paso del tiempo se creó una <<Marca España>> que involucró a esos espectáculos y sus participantes, marca bajo la cual los españoles dentro y fuera de la Península se sentían identificados, aún y pese a toda la diferencia política que pudiesen tener con el régimen gobernante.
Esto contribuyó a mitigar la presión político-social hacia el totalitarismo del gobierno español. Para el caso específico de México, por ejemplo, el pasodoble, la doma ecuestre hispana, y los toros principalmente, fomentaron enormemente las relaciones internacionales entre nuestro país y la Madre Patria, ya que aún y pese a que el gobierno mexicano nunca reconoció al del General, tampoco se perdió la más mínima relación con el gobierno de éste. Durante la época de Oro del toreo (que abarca el periodo Franquista), toreros tanto españoles como mexicanos podían ir y venir casi sin restricción alguna entre ambos países; fuese incluso éste, el periodo en que se ha celebrado la única corrida de toros en España con ganado llevado de una ganadería del bravo mexicana.
Estas acciones tomadas por el franquismo no sólo apoyaron a mantener en cohesión a los españoles sino que también fomentó el turismo internacional y las exportaciones de un país que venía saliendo de una guerra, que logró mantenerse al margen de otra (segunda guerra mundial) y que se mantuvo relativamente hermético en cuestiones políticas durante cuatro décadas. Gracias estas medidas la economía española creció relativamente bien, logrando poseer un desarrollo similar al de Francia, aún y pese a que este último recibió enorme apoyo económico, una vez culminada la Segunda Gran Guerra. Con este desarrollo económico Franco logró mejorar enormemente el <<estado de bienestar>> de la sociedad española, la cual como consecuencia del mejoramiento de su calidad de vida, en gran mayoría empezó a aceptar con más ánimos y de forma más unánime al régimen Franquista.
En pocas palabras el fomento de la industria española, ya sea manufacturera, agrícola, ganadera y principalmente cultural, hizo que España se mantuviera unida al tiempo que servía de motor para la economía del país, que para caso específico de la última <<industria>> (cultural) encontró un beneficio económico muchísimo mayor a su inversión, todo como consecuencia del turismo que llegaba del extranjero a disfrutar de los toros, el flamenco, la equitación y todas las demás muestras culturales de la identidad y marca española. Hasta la fecha, España se encuentra en el top 3 de países más visitados del mundo, llegando a ostentar el puesto número uno en variadas ocasiones.
Si esto le funcionó a Franco en una España de post guerra, entonces ¿por qué no utilizarlo para el caso mexicano? Fomentar nuestra industria haría que la cultura de México llegase con más fuerza a cada uno de los mexicanos, tomar una postura vanguardista que haga frente directo al adoctrinamiento cultural y colonizador que nos llegan desde el extranjero. Por ejemplo el traje charro de gala, en cuestión de formalidad y elegancia no les pide nada a los modelos de corte inglés, tan difundidos en el país. España e Italia poseen sus propios trajes nacionales de gala los cuales los hispanos e italianos usan sin recelo alguno, sino por el contrario con orgullo y galantería. Esto a su vez hace que dicho traje llegue a los ojos de cada vez más personas que podrían interesarse en usarlo, aumentados así el campo de acción y los beneficios económicos y sociales alrededor de dicha indumentaria.
Por ellos es que considero importante dar apoyo a la financiación y difusión en ferias tradicionales, donde los principales eventos sean muestra de la cultura de nuestro país, como son los palenques, charreadas, corridas de toros y jaripeos, espectáculos que de ser difundidos de forma correcta logran reunir a miles de personas, generándose una derrama económica enorme. Lo cual produce que el apoyo que se les otorgó en un principio deje de ser un financiamiento y pase a ser una inversión muy bien remunerada. Lo cual deroga en un círculo vicioso y beneficioso para las comunidades en donde se realicen. Ya que al haber mayores ganancias, para la siguente edición de los festejos habrá una mayor inversión de capital, que se genera en mayor difusión y fomento, que atrae más afluencia de visitantes y que por consecuencia dará como resultado una derrama de capital mayor que la de ediciones anteriores.
Claro ejemplo de esto es el caso de Aguascalientes, uno de los estados más chicos de la república, pero que ostenta la que se hace llamar la feria más importante de México, la feria de San Marcos. La cual durante su celebración da un empuje monumental a la economía hidrocálida, convirtiéndose así Aguascalientes en uno de los estados más prósperos de nuestro país.
¿Cómo logró Aguascalientes esto? Primero que nada invirtiendo y dando fomento a los espectáculos que son la columna de la feria; corridas de toros, charreadas, exposición ganadera y vinícola, esta inversión en los diferentes estratos de producción y preparación de dichas expresiones culturales generaron que los espectáculos fuesen de gran calidad y que por sí solos lograsen atraer aficionados deseosos de ver lo que en ellos acontecía u ofrecía. Ya que se logró tener una feria de calidad, se le empezó a dar fomento ésta de manera generalizada, pero nunca sin hacer de lado los espectáculos citados y así como pasó con España sus marcas nacionales, pasa en Aguascalientes, en donde los toros (tauromaquia), los gallos (palenque) y las vendimias (producción vinícola) son sus principales identidades dentro de la cultura de México.
Este prosperar económico, hace que al igual que con la España de Franco, la calidad de vida de los hidrocálidos mejore considerablemente, disminuyéndose entonces muchos problemas sociales y de seguridad que en otros estados son consecuencia de la pobreza generalizada. En resumen, los toros, los gallos y el vino contribuyen enormemente al bienestar ciudadano de los hidrocálidos.
Si el constructivismo enfocado a la industria nacional logró hacer lo ya mencionado en España y Aguascalientes aún y en la fuerte adversidad en la que los citados actores se encontraban (post guerra civil y alcance territorial escaso, respectivamente) no hay razón para decir que dicho fomento a nivel nacional no habría de funcionar. Fomentar nuestra industria cultural nos mantendrá unidos; evitando que caigamos en críticas banales hacia nuestra idiosincrasia; además de que nos trae beneficios económicos que en conjunto a nuestra cohesión social nos permitirán enfocarnos en los verdaderos problemas que agobian al país, todo en búsqueda de un estado de bienestar para los ciudadanos de México.

Sin más por el momento y en espera de una respuesta favorable,me despido de ustedes. 

Los destinatarios de la petición

Enrique Peña Nieto
Presidencia de la República (México)
Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura
Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura
Secretaría de Cultura de México
Secretaría de Cultura de México
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Petición creada en 15 de diciembre de 2016