
Una educación en principios y valores propios de una Sociedad Sana y Libre es la adecuada para nuestros hijos. En esta tarea deben colaborar los padres, quienes tienen la responsabilidad, en las etapas iniciales de la educación de los menores de formarles en ellos.
Lo que no se haga por la familia y en etapas tempranas quedará como un vacío que ninguna Institución Académica puede, ni debe colmar.
La enseñanza socrática, de dar satisfacción a la inquietud intelectual y la búsqueda de motivaciones que ayuden a la educación es una tarea del profesorado.
Un modelo de calidad se distingue de otros por el respeto hacia uno mismo y los demás. Cuando los padres y los profesores fallan en la educación de los hijos lo que tenemos es fracaso escolar y social, como está a la vista en los últimos tiempos.
La educación debe ser moderna, el modelo NACIONALISTA EXCLUYENTE busca la estratificación social de la población a través de la lengua, de hecho deja de importar el mérito y se contratan profesionales por el hecho de hablar una lengua determinada independientemente de su preparación en un claro retroceso hacia cánones educativos ya superados por la Sociedad.
Volver a la Edad Media, cuando hablar una lengua servía de salvo conducto, o instruirse en valores anticuados, del pasado, no tiene sentido en un mundo cambiante y científicamente avanzado.
Las Comunidades Autónomas que impongan como lengua vehicular de la enseñanza su lengua autóctona y reduzcan el castellano a unas horas lectivas que, en muchas ocasiones, ni se cumplen como mínimos exigidos por el Tribunal Supremo, trae consigo utilizar la lengua como arma y no como medio de integración social, además de afectar gravemente a las futuras generaciones, que no tendrán un conocimiento suficiente del español, con todas las consecuencias y a todos los niveles que conlleva.
Los liberales tenemos como base un modelo educativo equilibrado que ha dado frutos en el viejo continente durante siglos, avanzar en él al ritmo de los tiempos es una exigencia intelectual que nos reta como grupo político, pero que también establece unos mínimos que deben cumplirse por quienes tienen un papel en aquella Sociedad que quiera mantener la sanidad de sus valores y el equilibrio del reemplazo generacional.
Mientras el listón está cada vez más alto y se pone más difícil el acceso a una profesión, los valores educativos, las humanidades están en declive.
Sólo quienes pueden orientar por su experiencia o por su alto nivel adquisitivo la educación de sus hijos opta en la realidad a oportunidades laborales que para el resto son inalcanzables. Los comportamientos de quienes así acceden a un empleo son excluyentes, vacíos y sin escrúpulos para con los demás.
Primar el valor del esfuerzo, el orden, la disciplina y la superación es esencial, pero también acompañarlo de la motivación y la accesibilidad a la educación, para que todos encuentren el lugar que les corresponda en nuestra Sociedad Libre, sin adscripciones, ni etiquetajes; sino por su valía profesional y humana.