

Ni un ciclo menos: exigimos educación completa y digna para las infancias de Chihuahua


Ni un ciclo menos: exigimos educación completa y digna para las infancias de Chihuahua
El problema
Petición a la Presidenta Claudia Sheinbaum y al Secretario de Educación Pública, Mario Delgado
Presidenta Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos
Secretario de Educación Pública
Las madres y padres de familia, así como profesoras y profesores de base en Chihuahua estamos cansados de que año con año la solución a los problemas del sistema educativo sea simplemente reducir el calendario escolar.
Ahora se plantea nuevamente adelantar el fin de cursos bajo argumentos climáticos y logísticos, en una decisión tomada junto con secretarios de Educación estatales. Pero hay algo profundamente preocupante: en esa discusión no fueron escuchados quienes sí sostienen todos los días la educación pública desde las aulas: las maestras y maestros de base.
Ellas y ellos ya habían realizado planeaciones académicas, organizado evaluaciones, preparado cierres de ciclo, graduaciones y actividades construidas durante meses junto a directivos y madres de familia. Todo eso fue ignorado desde un escritorio.
Y no, no vemos la escuela como guardería, como muchas veces se nos quiere caricaturizar cuando exigimos clases completas. Lo que estamos defendiendo es un derecho constitucional: el acceso efectivo a una educación pública, gratuita y de calidad, que debe garantizarse con recursos del erario, no recortarse cada vez que el Estado falla en infraestructura, agua potable o condiciones climáticas dignas.
Porque el problema no es el calor. El problema es que las escuelas públicas siguen sin recibir la inversión necesaria.
En Chihuahua esto ya se volvió costumbre: se reducen semanas de clase porque no hay agua, porque no funcionan los aires acondicionados o porque las instalaciones no resisten las altas temperaturas. Mientras tanto, muchas escuelas privadas continúan actividades con normalidad.
Y lo más indignante es que el año pasado, ante la molestia de madres y padres de familia, las autoridades simplemente simularon no adelantar el cierre del ciclo escolar. Modificaron el calendario disfrazando tres semanas menos de clases como “regularización” y “aplicación de exámenes”.
La realidad fue otra: durante las semanas de regularización, muchas aulas quedaron prácticamente vacías. Es decir, las clases sí se redujeron en la práctica, aunque no en el discurso.
La desigualdad educativa también se refleja ahí.
Y las consecuencias son graves. Chihuahua encabeza la deserción escolar en educación media superior, con un abandono del 29.2% entre los ciclos 2022-2023 y 2024-2025. Más de 17 mil jóvenes dejaron las aulas en ese periodo.
¿De verdad alguien piensa que una educación fragmentada, interrumpida y reducida desde primaria y secundaria no tiene consecuencias después?
Además, el Mundial no fue una sorpresa de última hora. Era un evento anunciado con años de anticipación. Si realmente existía voluntad de ajustar el calendario, pudieron haberse adelantado al inicio del ciclo escolar o buscar mecanismos que compensaran esas semanas perdidas sin afectar el derecho de las y los estudiantes.
Incluso existen alternativas mucho más inteligentes y humanas. Muchos adultos recordamos haber visto partidos del Mundial en la escuela, convivir con nuestras compañeras y compañeros, emocionarnos juntos, gritar un gol y vivir esa pasión en un ambiente seguro y acompañado.
¿Por qué hoy la única solución parece ser mandar a millones de niñas, niños y adolescentes a sus casas?
Sobre todo cuando las propias estadísticas señalan que gran parte de los abusos contra menores ocurren precisamente dentro del entorno familiar o cercano. La escuela también representa un espacio de protección, convivencia y acompañamiento para muchas infancias.
Pero nuevamente se eligió el camino más sencillo: quitar días de clase.
La educación pública no puede seguir siendo la variable de ajuste de la incapacidad institucional.
Ni un ciclo menos. Ni un derecho menos.
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El problema
Petición a la Presidenta Claudia Sheinbaum y al Secretario de Educación Pública, Mario Delgado
Presidenta Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos
Secretario de Educación Pública
Las madres y padres de familia, así como profesoras y profesores de base en Chihuahua estamos cansados de que año con año la solución a los problemas del sistema educativo sea simplemente reducir el calendario escolar.
Ahora se plantea nuevamente adelantar el fin de cursos bajo argumentos climáticos y logísticos, en una decisión tomada junto con secretarios de Educación estatales. Pero hay algo profundamente preocupante: en esa discusión no fueron escuchados quienes sí sostienen todos los días la educación pública desde las aulas: las maestras y maestros de base.
Ellas y ellos ya habían realizado planeaciones académicas, organizado evaluaciones, preparado cierres de ciclo, graduaciones y actividades construidas durante meses junto a directivos y madres de familia. Todo eso fue ignorado desde un escritorio.
Y no, no vemos la escuela como guardería, como muchas veces se nos quiere caricaturizar cuando exigimos clases completas. Lo que estamos defendiendo es un derecho constitucional: el acceso efectivo a una educación pública, gratuita y de calidad, que debe garantizarse con recursos del erario, no recortarse cada vez que el Estado falla en infraestructura, agua potable o condiciones climáticas dignas.
Porque el problema no es el calor. El problema es que las escuelas públicas siguen sin recibir la inversión necesaria.
En Chihuahua esto ya se volvió costumbre: se reducen semanas de clase porque no hay agua, porque no funcionan los aires acondicionados o porque las instalaciones no resisten las altas temperaturas. Mientras tanto, muchas escuelas privadas continúan actividades con normalidad.
Y lo más indignante es que el año pasado, ante la molestia de madres y padres de familia, las autoridades simplemente simularon no adelantar el cierre del ciclo escolar. Modificaron el calendario disfrazando tres semanas menos de clases como “regularización” y “aplicación de exámenes”.
La realidad fue otra: durante las semanas de regularización, muchas aulas quedaron prácticamente vacías. Es decir, las clases sí se redujeron en la práctica, aunque no en el discurso.
La desigualdad educativa también se refleja ahí.
Y las consecuencias son graves. Chihuahua encabeza la deserción escolar en educación media superior, con un abandono del 29.2% entre los ciclos 2022-2023 y 2024-2025. Más de 17 mil jóvenes dejaron las aulas en ese periodo.
¿De verdad alguien piensa que una educación fragmentada, interrumpida y reducida desde primaria y secundaria no tiene consecuencias después?
Además, el Mundial no fue una sorpresa de última hora. Era un evento anunciado con años de anticipación. Si realmente existía voluntad de ajustar el calendario, pudieron haberse adelantado al inicio del ciclo escolar o buscar mecanismos que compensaran esas semanas perdidas sin afectar el derecho de las y los estudiantes.
Incluso existen alternativas mucho más inteligentes y humanas. Muchos adultos recordamos haber visto partidos del Mundial en la escuela, convivir con nuestras compañeras y compañeros, emocionarnos juntos, gritar un gol y vivir esa pasión en un ambiente seguro y acompañado.
¿Por qué hoy la única solución parece ser mandar a millones de niñas, niños y adolescentes a sus casas?
Sobre todo cuando las propias estadísticas señalan que gran parte de los abusos contra menores ocurren precisamente dentro del entorno familiar o cercano. La escuela también representa un espacio de protección, convivencia y acompañamiento para muchas infancias.
Pero nuevamente se eligió el camino más sencillo: quitar días de clase.
La educación pública no puede seguir siendo la variable de ajuste de la incapacidad institucional.
Ni un ciclo menos. Ni un derecho menos.
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Petición creada en 8 de mayo de 2026
