Actualización de la peticiónMálaga no necesita otro campo de golf: necesita su propio Retiro

Superada las 200 firmas: Os debemos más detalles de lo real que puede ser esto

Estephen L​.​VEspaña
25 sept 2026

¿Puede el campo de golf de Rojas–Santa Tecla convertirse en un parque público?

Sí, puede ser posible. No sería fácil, automático ni gratuito, pero tampoco es una idea irrealizable ni una ocurrencia sin base. La cuestión no es si físicamente cabría un parque: el espacio previsto para el campo de golf ronda las 50 hectáreas. La cuestión es cómo cambiar el planeamiento, acordarlo con quienes tienen derechos sobre el suelo y construir una solución económica que no implique más ladrillo ni una carga injusta para la ciudadanía.

El primer matiz: el golf no está pensado para “pagar las viviendas”
Las viviendas previstas se comercializarían por sus promotores. El campo de golf, en cambio, forma parte de la operación económica global: puede servir para aportar valor al desarrollo y contribuir a financiar parte de la urbanización, como calles, redes, servicios e infraestructuras comunes.

Por eso, sustituirlo por un parque no consiste en decir “quitamos el golf y ponemos árboles”. Hay que responder una pregunta legítima: si se deja de vender, ceder o explotar un campo de golf, ¿cómo se cubre el valor económico que se esperaba obtener de él?

Esa respuesta debe basarse en números públicos, no en promesas. Antes de tomar una decisión irreversible, Ayuntamiento y Junta de Compensación deberían hacer público cuánto se prevé ingresar exactamente con el campo de golf, qué parte concreta del presupuesto depende de ese ingreso y cuánto costaría crear y mantener un parque mediterráneo.

¿Cómo puede algo privado convertirse en un parque público?


No se trata de “quitarle” un terreno a alguien sin más. Hay varias vías legales y negociadas para que un suelo privado pase a tener uso público:

  • Una compra municipal a precio tasado.
  • Una permuta o compensación acordada con los titulares.
  • Un pago aplazado vinculado al desarrollo del sector.
  • Una modificación de la reparcelación y de sus cargas económicas.
  • Una cesión de uso de larga duración, como solución provisional, aunque la opción más garantista sería que el parque acabara siendo de titularidad pública.
  • Como último recurso, la expropiación por interés público, una vía más lenta, costosa y conflictiva que no debería ser el punto de partida.
  • También habría que modificar el planeamiento urbanístico, porque el PGOU actual contempla expresamente un campo de golf de al menos 18 hoyos. Es decir: no basta con cambiar un plano. Haría falta una innovación urbanística justificada, evaluación ambiental actualizada y un nuevo equilibrio económico entre las partes.

Pero que el procedimiento sea complejo no significa que sea imposible. Significa que debe hacerse con rigor.

Una solución que puede interesar a todas las partes

La alternativa no tiene por qué plantearse como una guerra entre quienes quieren viviendas y quienes quieren naturaleza. Puede defenderse como una operación mejor pensada.

Un gran parque mediterráneo público aumentaría el atractivo, la habitabilidad y previsiblemente el valor de las viviendas que se construyan junto a él. No es lo mismo vender una vivienda junto a una instalación privada de golf que junto a un parque accesible, con sombra, senderos, naturaleza, servicios y conexión con el entorno.

Si una parte importante de las viviendas se beneficia de esa mejora, es razonable estudiar fórmulas para que una parte de esa revalorización contribuya al parque. La legislación local prevé contribuciones especiales para obras que benefician de forma particular a determinados inmuebles, incluidos parques y jardines de interés para un sector. No significa imponer una factura sin estudio; significa analizar si quienes obtienen un beneficio extraordinario pueden participar en la financiación de la infraestructura que lo genera.

La clave sería muy clara: no más viviendas para pagar el parque. El parque debe financiarse con una combinación equilibrada de acuerdo con los propietarios, aportación pública, revalorización del propio sector, ayudas de infraestructura verde y una gestión responsable.

Un parque no debe ser un centro comercial, pero puede tener ingresos compatibles

Los grandes parques públicos no suelen financiarse solo con entradas. El Retiro mantiene quioscos, terrazas y el embarcadero como servicios complementarios. Central Park se apoya sobre todo en una entidad que recauda donaciones y patrocinios para su conservación. Bryant Park combina aportaciones de los inmuebles cercanos, restauración, concesiones, eventos y programación cultural.

Santa Tecla no debe copiar Manhattan ni convertir 50 hectáreas de naturaleza en un negocio. Pero sí puede aprender de esos modelos: el parque debe seguir siendo público, gratuito y mayoritariamente natural, mientras algunos usos limitados ayudan a sufragar su cuidado.

Podrían estudiarse, por ejemplo:

  • Una o dos cafeterías o quioscos integrados, mediante concesión pública transparente.
  • Una Casa de la Naturaleza con aulas para colegios, exposiciones, talleres ambientales, salas de reunión y actividades puntualmente alquilables.
  • Un pequeño vivero de planta autóctona que sirva al parque, genere empleo verde y permita actividades educativas.
  • Rutas guiadas de naturaleza, observación de aves, talleres de fotografía, educación ambiental o bicicleta.
  • Rodajes y eventos muy limitados, con tasas y condiciones estrictas.
  • Patrocinios transparentes para plantaciones, restauración y programas educativos.
    Un pequeño anfiteatro natural en una zona periférica para cine de verano, charlas, teatro, divulgación o música acústica.
  • No proponemos una gran sala de conciertos ni actividad nocturna constante. Sería incoherente con el objetivo de proteger la fauna, evitar molestias y crear un refugio climático. La cultura puede estar presente, pero de manera compatible con el silencio, la biodiversidad y el descanso de quienes vivan alrededor.

El mantenimiento importa tanto como la obra


El proyecto no debería ser una copia del Retiro, lleno de césped y especies que exijan agua constante. Debe ser un parque-bosque mediterráneo: arbolado de sombra, vegetación autóctona, restauración de suelos, aprovechamiento de agua de lluvia, zonas de estancia, caminos permeables y riego de apoyo solo donde sea necesario.

Eso permite reducir costes de agua y mantenimiento a medio plazo. También sería sensato construirlo por fases: primero recuperar el terreno y abrir senderos; después plantar y crear zonas de sombra; más adelante, completar los equipamientos educativos, deportivos o culturales. Así no se exige todo el dinero de una sola vez.

Una propuesta realista
La petición no debería exigir que mañana se construya un parque sin presupuesto. Debe pedir algo más serio:

Que el Ayuntamiento de Málaga y la Junta de Compensación encarguen y publiquen un estudio independiente que compare, con datos económicos, ambientales y sociales, dos alternativas: viviendas más campo de golf, o viviendas más parque mediterráneo público.
Ese estudio debe incluir el valor previsto del golf, el coste de su sustitución, las fórmulas de compra o compensación, el coste de mantenimiento a 30 años, las posibles ayudas públicas y los ingresos realistas de usos compatibles.

No pedimos que se actúe por sentimentalismo. Pedimos que se compare qué modelo aporta más valor duradero a Málaga: una instalación privada concebida hace décadas o un gran parque público que mejore la vida de quienes vivirán allí, aumente la resiliencia frente al calor y la sequía, proteja la biodiversidad y haga más atractiva la propia ciudad.

Hay una imagen que explica esta lógica mejor que cualquier eslogan. Las viviendas situadas junto a Central Park están entre las más cotizadas de Nueva York. No porque el parque sea el único factor ni porque Málaga pueda compararse con Manhattan, sino porque un gran espacio público de calidad no resta valor al suelo: lo multiplica. Da sombra, paisaje, paseo, naturaleza, vida de barrio y una vista que ningún edificio puede fabricar dentro de sus paredes.

Un parque no es una parcela perdida. Es la infraestructura que hace más valioso todo lo que lo rodea. La pregunta no debería ser solo cuánto se dejaría de ingresar al renunciar a un campo de golf privado, sino cuánto ganaría Málaga si esas cincuenta hectáreas generaran bienestar, atractivo residencial y valor público todos los días.

No pedimos que la naturaleza venza a la economía. Pedimos que la economía deje, por una vez, de ignorar el valor de la naturaleza.

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