Incluir la conservación de carreteras en el paquete de medidas contra el cambio climático

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La conservación de carreteras es una eficaz herramienta para combatir el cambio climático y alcanzar los objetivos adquiridos en la Conferencia de París sobre el Clima (COP 21) y, sin embargo, no está siendo contemplada en los paquetes de medidas para combatir el calentamiento global.

La Unión Europea, que ratifica oficialmente el Acuerdo de París el 5 de octubre de 2016, establece un paquete de medidas con legislación vinculante para garantizar el cumplimiento de los objetivos climáticos y de energía asumidos por la UE para 2020, entre los que se encuentra la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) en un 20% respecto a los niveles de 1990. Además, su hoja de ruta hacia una economía hipocarbónica señala que específicamente en materia de transporte, las emisiones deberían reducirse más del 60% en 2050 respecto a los niveles de 1990, debiendo concentrarse los esfuerzos a corto plazo y según recoge la propia hoja de ruta: en la eficiencia en el consumo de combustible.

Las emisiones procedentes del transporte representan casi una cuarta parte de las emisiones de gases de efecto invernadero de Europa y es la principal causa de contaminación del aire en las ciudades.

El transporte, a diferencia de otros sectores, no ha experimentado un descenso gradual en sus emisiones de gases contaminantes: dichas emisiones solo comenzaron a disminuir en 2007 y continúan siendo más elevadas que en 1990, año de referencia. Dentro del sector, el transporte por carretera es, con mucho, el mayor emisor y representa más del 70% de todas las emisiones de GEI del transporte en 2014.

Entre las medidas propuestas para revertir esta situación no se encuentra, sin embargo, una de las acciones más efectivas para reducir el consumo de combustible del transporte por carretera y sus emisiones derivadas: la adecuada conservación de las carreteras.

Distintos estudios han determinado el aumento de las emisiones de los vehículos cuando circulan por pavimentos deteriorados: mala regularidad, roderas, grietas y baches no solo inciden negativamente en la seguridad y comodidad de la conducción o en el incremento de los costes del viaje (por tiempo de desplazamiento o averías en los vehículos). Una mala regularidad superficial del pavimento (IRI) incrementa sustancialmente el consumo de combustible de los vehículos que circulan por dicha carretera y, por extensión: en las emisiones de CO2 derivadas.

En este sentido el NCHRP Report 720 de la Transportation Research Board (TRB) establece que un camión puede incrementar el porcentaje de las emisiones de GEI hasta un 8% cuando circula por pavimentos con mala o muy mala regularidad superficial, mientras que el caso de un turismo este porcentaje puede aumentar hasta un 13%.

Por su parte, el documento de posición de EAPA, EUPAVE y FEHRL presentado el 18 de noviembre de 2016 en el Parlamento Europeo, también destaca en este sentido que mejorar un tercio de la red viaria europea de máxima capacidad para el 2030 podría suponer un ahorro de 14 millones de toneladas de emisiones de CO2, es decir: tendría el mismo efecto que reemplazar 3 millones de coches convencionales por vehículos de cero emisiones.

En línea con lo anterior, si se considera el ciclo de vida de la carretera, el mayor impacto sobre las emisiones de CO2 se produce cuando los vehículos circulan sobre ella. La energía y emisiones asociadas a la construcción y conservación de las carreteras es solo una fracción de las emitidas por el tráfico que posteriormente soportan. Concretamente en el caso de las actividades de conservación, el plazo de amortización ambiental de la reparación de un metro cuadrado puede estimarse en tan sólo 10 meses.

Si se toma un período de 30 años, el coste ambiental de una actuación de conservación/rehabilitación puede valorarse en unos 65 kg de CO2 por metro cuadrado mientras que el retorno ambiental estimado para ese mismo período es de un ahorro de 2.350kg de CO2. Es decir: cada metro cuadrado de pavimento bien conservado puede evitar la emisión de hasta 2.350 kg de CO2 procedentes de los vehículos que por él circulan. O en otras palabras: cada kg de CO2 invertido en conservación evita la emisión de 36 kg de CO2 procedentes del transporte por carretera.

En conclusión

Mantener los pavimentos en un adecuado estado de conservación con buena regularidad superficial (bajo IRI) y una textura adecuada es la acción que más pueden contribuir a la reducción de las emisiones de CO2 procedentes del transporte por carretera y a la lucha contra el cambio climático dentro del sector, como expresa el MANIFIESTO DEL DÍA INTERNACIONAL DE LA CONSERVACIÓN DE CARRETERAS (LINK).

Por ello, RECLAMAMOS

considerar la conservación de carreteras y más concretamente las actuaciones de pavimentación para mejora del IRI en el paquete de medidas encaminadas a cumplir con los objetivos climáticos adquiridos en la Conferencia de París y como parte de las estrategias nacionales de medioambiente y desarrollo sostenible.

 



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