
EL ALCALDE DE CÓRDOBA DA LA ESPALDA A LA INICIATIVA CIUDADANA Y PREFIERE PONER EL NOMBRE DE ANTONIO GALA A LA BIBLIOTECA MUNICIPAL
El pintor más importante y universal de la historia de Córdoba, Julio Romero de Torres, da nombre a su museo en su ciudad. El músico más importante y universal de la historia de Córdoba, Ziryab, da nombre a su conservatorio en su ciudad. Pero el dramaturgo más importante y universal de la historia de Córdoba, Antonio Gala, no pondrá nombre a su Gran Teatro.
Que esto sea así se debe, sólo y exclusivamente, a la decisión unilateral, autoritaria y oportunista del alcalde de Córdoba, que ha despreciado a la lógica, a la historia y a una petición ciudadana, suscrita por casi 27.000 personas, la unanimidad del mundo de la escena, el consejo ciudadano de la ciudad y numerosas instituciones culturales de Córdoba, Andalucía y España.
El argumento peregrino del alcalde es que Antonio Gala no podía apellidar el nombre consolidado del Gran Teatro, ignorando supuestos análogos que seguro no cuestiona como la Estación de Atocha Almudena Grandes, o el Aeropuerto de Madrid-Barajas Adolfo Suárez. Podía haber aprovechado la oportunidad histórica que brindaba el 150 aniversario del Gran Teatro para añadir el nombre de Antonio Gala, pero ha preferido perpetrar el ridículo histórico de llamar así a la Biblioteca Central. Cada vez que entremos en ella, todo el mundo recordará que Antonio Gala merecía un Gran Teatro como ninguno y no una biblioteca municipal como cualquiera. Qué hermoso y justo hubiera sido que esta biblioteca llevara el nombre de alguna de las muchas poetas y escritoras cordobesas ignoradas por la historia, como la princesa Wallada, la noble Aixa, la escriba califal Lubna, o de la mismísima Juana Castro. O el nombre del alcalde Julio Anguita, que todavía espera de Córdoba un poco del reconocimiento por lo mucho que le dio... Antonio Gala podría poner nombre a cualquier espacio de la ciudad, pero sólo el Gran Teatro podría llevar el nombre de Antonio Gala.
La decisión del alcalde, además de unilateral y autoritaria, es oportunista porque se anuncia un día antes del pleno municipal donde se debatiría la cuestión, con la aviesa voluntad de dejarla sin efecto. Pero, por encima de todo, la decisión se hace despreciando la voluntad de la ciudadanía, a la que un alcalde debe escuchar y no pisotear. Ni siquiera se ha dignado en responder a la petición registrada formalmente, aunque sea para desestimarla. No es la primera vez que lo hace. Cuando repuso el nombre de un acreditado colaboracionista del franquismo para eliminar la Avenida del Flamenco, también ignoró una causa ciudadana encabezada por Manolo Sanlúcar, suscrita por miles de personas y todo el mundo del Flamenco. Como en este desgraciado caso, prefirió llamar así a un parque alejado del centro en lugar de escuchar y atender a la ciudadanía.
Agradecemos a todas las personas que habéis apoyado esta causa, movida por el amor y la admiración hacia Antonio Gala. Estamos convencidos que, de no haberse promovido, tampoco la biblioteca municipal llevaría su nombre.