

Hoy es día de reflexión y no podíamos dejar de enviaros un mensaje.
Casi 98 mil personas habéis firmado para defender la libertad de ser y existir, es decir, para defender la vida de la infancia migrante y para condenar que el discurso de odio no pueda campar a sus anchas por nuestro espacio público.
Habéis firmado en una lista con vuestro nombre y apellidos y esa lista, cuando ascendía a 86 mil personas, la enviamos a la Junta Electoral, de la que no hemos obtenido respuesta.
Como bien sabemos, la práctica social siempre va por delante de la jurídica, y ya las gentes decentes se encargaron de retirar el odio de nuestras paredes públicas.
Porque sí, lo público es nuestro, es tanto tuyo, como mío, y aunque lo ensucien con odio, criminalizando a menores, al colectivo LGTBI, a las mujeres, a los feminismos, a las comunistas, a las personas con enfermedad mental, las gentes decentes y humildes defendemos nuestros barrios, es la solidaridad popular.
El Tercer Sector, a pesar de luchar cotidianamente por mejorar la calidad de vida de las personas a las que atendemos somos, en general, un sector desmovilizado en los que se refiere a la defensa de nuestros derechos laborales. Quizá no nos da la vida para luchar también en las calles lo que peleamos cada día en las instituciones, sufrimos burnout en nuestros trabajos precarios en donde la tensión entre lo que soñamos, entre nuestros ideales y el margen de actuación que realmente tenemos, poco a poco va aniquilando nuestros sueños de transformar las vidas de las personas que tienen voz pero no voto.
Ha habido varios intentos de defender el sector desde los movimientos sociales, desde la Marea Naranja, desde los colegios profesionales, etc, de defender a sus profesionales y a sus potenciales usuarias, que podemos ser todas y ha habido diversos impulsos para otorgar al sector la relevancia que se merece junto a la educación y la sanidad públicas, como una pata más de las tres patas que sostienen el buen vivir en nuestra sociedad.
Nuestro sector, como los demás, ha sufrido los embistes del capitalismo y de las políticas neoliberales, la externalización a empresas privadas, la fragmentación, la flexibilización horaria, etc Todo ello se ha traducido en la progresiva privatización del sector, en la precarización de los contratos y los salarios y en la baja calidad en la atención a las personas usuarias, cuando no en la vulneración de sus derechos.
En la pandemia hemos demostrado que somos personal esencial y que, lo que hacemos y lo que somos es imprescindible para la sociedad, muchas veces hemos realizado nuestro trabajo sin recursos materiales ni humanos, sin protección y con inseguridad, sin EPIS en la pandemia, sin reconocimiento público. Y, aunque sabemos que, el mayor reconocimiento es el que nos regalan las personas con las que hemos intervenido, no podemos sino sentir que podíamos haber hecho algo más si las condiciones materiales y la red de servicios sociales pública estuviera mejor dotada de recursos económicos, materiales, humanos, profesionales.
Y es posible y se puede, claro que se puede, la remunicipalización de los servicios sociales públicos es posible.
Es momento de entender que lo estructural puede cambiarse, es momento de defender los servicios sociales públicos, dignos y de calidad, para nosotras las profesionales, para las personas usuarias y para la sociedad en general.
98 mil personas habéis firmado contra el odio, ¿qué pasaría si mañana 4 de mayo de 2021 fuerais a votar?
Del click al voto y con alegría, creemos en un mundo donde quepan muchos mundos.
Las profesionales de los servicios sociales, del Tercer Sector, el sector de la intervención social os pedimos que mañana no votéis odio y que votéis a quienes defienden lo público, lo que es de todos/as/es.
La solidaridad es la ternura de los pueblos.