

Reconocimiento laboral por su gran vocación profesional como periodista y criminólogo


Reconocimiento laboral por su gran vocación profesional como periodista y criminólogo
El problema
Premio Nacional de reconocimiento laboral por su gran vocación profesional como periodista y criminólogo
Juan Ignacio Blanco destapó uno de los casos más tenebrosos y negros de la historia de España: el fatídico caso de las niñas de Alcàsser, en 1993.
Su protesta y rebeldía, por tan mala praxis de la justicia, terminó de alertar a la sociedad Española, poniéndonos a todos en guardia ante unos hechos tan inaceptables y que nada tiene que ver con el buen funcionamiento de las fuerzas de orden público a las que él siempre defendió; sino a la extraña forma en la que están dirigidas y orientadas, dándonos al menos a la sociedad responsable una oportunidad para reaccionar o estar precavidos ante esta ruleta rusa que parece ser el funcionamiento de la justicia española.
Todo esto no es objeto y noticia de esta humilde opinión, de hecho no cabe posibilidad alguna de relatar con un mínimo de rigor tan dilatada y heroica batalla en la misma. Aunque las armas de las que se valió si se podrían resumir en una línea: integridad incorregible, decencia, amor por la verdad y responsabilidad profesional.
En junio de 2015 —hace algo más de dos años—, le detectaron un cáncer de colon y los oncólogos del Hospital Puerta de Hierro de Madriddecidieron someterle a tratamiento con quimioterapia y radioterapia para rebajar el tamaño del tumor antes de intervenir y extirparlo quirúrgicamente.
Después de cuatro meses de tratamiento, el 17 de noviembre de 2015, fue operado por el cirujano Dr. Arsenio Sánchez Movilla, quien extirpó completamente el tumor y realizó una ileostomía.
La operación fue un éxito y durante los dos meses posteriores continuó con el tratamiento de quimioterapia, con la misión de acabar con aquellas células cancerígenas que se hubieran podido desplazar a otras zonas.
A finales de enero de 2016 realizaron un TAC para comprobar si el recto había cicatrizado perfectamente y volver a operar cerrando la ileostomía. El resultado del TAC fue que el recto había cicatrizado perfectamente pero tenía un nuevo tumor de cuatro centímetros en el hígado.
Los oncólogos le derivaron al cirujano hepático quien sometió al periodista a una resonancia magnética donde se descubrió que no tenía un tumor en el hígado sino dos, este último de tan solo nueve milímetros pero muy cercano a la arteria hepática.
Dada la aparición de estos dos tumores metastásicos en el hígado, los oncólogos decidieron realizar la prueba del PET, cuyos resultados ofrecieron un nuevo tumor, esta vez en el pulmón izquierdo. Condenándolo a tratamientos paliativos, para ayudarle a morir dignamente.
En un mundo normal y cabal, también otros medios “deberían” hacerse eco de esta lucha encarnizada que está librando este merecido héroe nacional de principios inquebrantables y en peligro de extinción.

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El problema
Premio Nacional de reconocimiento laboral por su gran vocación profesional como periodista y criminólogo
Juan Ignacio Blanco destapó uno de los casos más tenebrosos y negros de la historia de España: el fatídico caso de las niñas de Alcàsser, en 1993.
Su protesta y rebeldía, por tan mala praxis de la justicia, terminó de alertar a la sociedad Española, poniéndonos a todos en guardia ante unos hechos tan inaceptables y que nada tiene que ver con el buen funcionamiento de las fuerzas de orden público a las que él siempre defendió; sino a la extraña forma en la que están dirigidas y orientadas, dándonos al menos a la sociedad responsable una oportunidad para reaccionar o estar precavidos ante esta ruleta rusa que parece ser el funcionamiento de la justicia española.
Todo esto no es objeto y noticia de esta humilde opinión, de hecho no cabe posibilidad alguna de relatar con un mínimo de rigor tan dilatada y heroica batalla en la misma. Aunque las armas de las que se valió si se podrían resumir en una línea: integridad incorregible, decencia, amor por la verdad y responsabilidad profesional.
En junio de 2015 —hace algo más de dos años—, le detectaron un cáncer de colon y los oncólogos del Hospital Puerta de Hierro de Madriddecidieron someterle a tratamiento con quimioterapia y radioterapia para rebajar el tamaño del tumor antes de intervenir y extirparlo quirúrgicamente.
Después de cuatro meses de tratamiento, el 17 de noviembre de 2015, fue operado por el cirujano Dr. Arsenio Sánchez Movilla, quien extirpó completamente el tumor y realizó una ileostomía.
La operación fue un éxito y durante los dos meses posteriores continuó con el tratamiento de quimioterapia, con la misión de acabar con aquellas células cancerígenas que se hubieran podido desplazar a otras zonas.
A finales de enero de 2016 realizaron un TAC para comprobar si el recto había cicatrizado perfectamente y volver a operar cerrando la ileostomía. El resultado del TAC fue que el recto había cicatrizado perfectamente pero tenía un nuevo tumor de cuatro centímetros en el hígado.
Los oncólogos le derivaron al cirujano hepático quien sometió al periodista a una resonancia magnética donde se descubrió que no tenía un tumor en el hígado sino dos, este último de tan solo nueve milímetros pero muy cercano a la arteria hepática.
Dada la aparición de estos dos tumores metastásicos en el hígado, los oncólogos decidieron realizar la prueba del PET, cuyos resultados ofrecieron un nuevo tumor, esta vez en el pulmón izquierdo. Condenándolo a tratamientos paliativos, para ayudarle a morir dignamente.
En un mundo normal y cabal, también otros medios “deberían” hacerse eco de esta lucha encarnizada que está librando este merecido héroe nacional de principios inquebrantables y en peligro de extinción.

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Petición creada en 2 de enero de 2019



