
Ayer hicimos un brindis de los últimos antes de la intervención. Mi cuerpo más o menos me permitió salir un rato y airearme y dejar airearse a mi marido, que vive detrás mío hace ya más de 4 meses pendiente de que no pase nada. De que no haga ningún esfuerzo. Compartiendo cada síntoma raro. Cada día de cansancio extremo. Cada dolor de cabeza o de columna o de cervicales. Y eso me hace reflexionar sobre cómo viven nuestras familias esta dura travesía. Se acerca la intervención. El día 11 sabré fecha y por ese motivo todos tenemos los nervios a flor de piel. Tranquilidad aparente. Nerviosismo extremo de todos los que nos quieren. Me siento afortunada porque sé que son muchos. Pero muy responsable de lo mal que lo estarán pasando aunque no lo digan. Aunque no lo manifiesten por respeto y prudencia. Es una carga difícil de llevar. Explicarles a mis padres con 90 y 88 años esta situación ha sido tremendo. Pero no puedo desaparecer dos meses mínimo de su vida y aparecer con una cicatriz de 40 grapas sin que lo sepan. Es un proceso durísimo para ellos. Y lo ha sido para mi. Por lo tanto agradezco tanto a mi entorno el cariño, la preocupación y el intentar ayudar en lo que sea …. Y a la vez me siento tan responsable que este movimiento continuo de emociones me deja bastante ko. Pero familias este brindis va por vosotros. Por vuestro amor. Por vuestra dedicación y sobretodo por vuestra comprensión. Seguir firmando. Seguir compartiendo. Necesitamos más y más firmas para conseguir algo. No me quejo… ya tenemos muchos ayudantes!!! Pero necesitamos más. Muchos más. Gracias por compartir. Gracias por estar ahí. ❤️