Mise à jour sur la pétitionCIUDADANOS DEL MUNDO DEFENDIENDO A VENEZUELA ONU/CPI/OEA Firma y comparte ¡Basta ya!Oscar Pérez castigado por pensar distinto
Patricia CarreraLeón, Espagne
15 janv. 2018
En su honor Oscar Pérez nació libre e igual en dignidad y derechos y, dotado de razón y conciencia, se comportó fraternalmente con todo el pueblo de Venezuela. Oscar Pérez también nació con los derechos y libertades proclamados en la Declaración Universal de Derechos Humanos, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición, ni distinciones fundadas en su condición política, jurídica o internacional del país de Venezuela. Oscar Pérez nació con derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona, sin sometimiento alguno a esclavitud ni a servidumbre. Oscar Pérez nació, además, con derecho a no ser sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes. Pero también, Oscar Pérez nació con derecho al reconocimiento de su personalidad jurídica, a ser tratado con igualdad ante la ley y a ser protegido por ésta. Como es lógico, Oscar Pérez, nació legalmente protegido contra toda discriminación y contra toda provocación a tal discriminación. Un día, Oscar Pérez decidió defender a Venezuela y sobrevolando la ciudad con un helicóptero dijo a sus hermanos: “350 YA”. Demostró su valentía y gallardía seguro de tener derecho a un recurso efectivo, ante los tribunales competentes, que lo amparase contra actos que violen sus derechos fundamentales reconocidos por la constitución o por la ley y a no poder ser arbitrariamente detenido, preso ni desterrado. Pensó que si venían a por él, le asistiría el derecho, en condiciones de plena igualdad, a ser oído públicamente y con justicia por un tribunal independiente e imparcial, para la determinación de sus derechos y obligaciones o para el examen de cualquier acusación en su contra en materia penal. Y en medio del terror que le invadía, hasta grabó vídeos manifestando su libre voluntad de entregarse sin resistirse. Oscar Pérez estaba convencido que si era acusado de delito, tenía derecho a que se presumiera su inocencia mientras no se probase su culpabilidad, conforme a la ley y en juicio público en el que se le asegurarían todas las garantías necesarias para su defensa; que no sería condenado por actos u omisiones que en el momento de cometerse no fueran delitos según el Derecho nacional o internacional y que tampoco se le impondría una pena más grave que la aplicable en el momento de la comisión del delito. En su andar, Oscar Pérez sufrió porque incendiaron la casa de sus padres, pese a haber nacido con el derecho a no ser objeto de injerencias arbitrarias en su vida privada, su familia, su domicilio o su correspondencia, ni de ataques a su honra o a su reputación y estar supuestamente protegido por la ley contra tales injerencias o ataques. Oscar Pérez fue perseguido, a pesar de su derecho a buscar asilo. Su lucha es rescatar a Venezuela, por lo que nunca se planteó huir. No le dejaron circular libremente, elegir su residencia, proteger a su familia, su propiedad individual, ni tampoco vieron con buenos ojos su derecho a pensar, opinar, expresarse y manifestarse libremente sin ser molestado a causa de sus opiniones. Tampoco le permitieron difundir sus opiniones sin limitación de fronteras y por cualquier medio de expresión, ni reunirse o asociarse para acabar con la plaga que rige los destinos de Venezuela. Nunca le dejaron votar ante un órgano electoral imparcial, ejercer su derecho a una seguridad social digna ni optar a un nivel de vida adecuado que le asegurase, así como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales necesarios. No sabemos si lo asesinaron a pesar de haberse rendido, pero en cualquier caso, le cercenaron todos y cada uno de los derechos humanos que le otorgaba la Declaración Universal que he vaciado a propósito en esta misiva, frente a las narices de la gente decente y de los salvajes que mantienen secuestrada a Venezuela. En estos momentos, en los que no sabemos si estás vivo o si estás muerto, sólo quiero decir que si estás vivo, agradeceré a Dios por tanta misericordia, pero si estás muerto, jamás olvidaremos tu legado. Y juro por tu honor que liberaremos a la Patria, así tengamos que pagar el precio de la libertad con nuestras propias vidas. Patricia Carrera España, 15 de enero de 2018
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