

Siguiendo a Sandra Lorenzano en las líneas de su libro “Herida Fecunda”, preguntémonos que se llevaron del Ariston los que ya no están, aquellos que no vemos.
Si ya no están en el Ariston, es que se ha ido con ellos el recuerdo y su memoria, pero quizás sus espíritus querrán que otros regresen.
Entre todos tendremos que hacer eso posible, para que no sea tan cierto e inevitable aquellos versos de Borges que dicen que “Ya somos el olvido que seremos”
y comienza diciendo
Ya somos el olvido que seremos.
El polvo elemental que nos ignora
y que fue el rojo Adán y que es ahora
todos los hombres, y que no veremos.
Y finaliza
Pienso, con esperanza, en aquel hombre
que no sabrá que fui sobre la Tierra.
Bajo el indiferente azul del cielo
esta meditación es un consuelo.
Cuando recuperemos el Ariston, volverán las voces, las risas, el grito ahogado, los sentidos tendrán otro sentido, y entonces sabremos que lo hemos hecho bien.
La memoria personal, la memoria compartida, se forma de recuerdos, mientras nuestros pasos, debieran avanzar, con nuestros mejores sentimientos, hacia la luz.
Hoy el parador está en penumbras, y lo que sigue no debiese ser la oscuridad, sino la luz que nos haga mejor a todos.