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Ms. Audrey Azoulay

Ivonne Juárez de LozadaMexico

Dec 13, 2017
Audrey Azoulay
Ética Animal
“Torturar un toro por placer, por diversión, más que torturar a un animal es torturar una conciencia”.
VICTOR HUGO (1802-1885
Francisco de Asís Garrido Peña (Sevilla
1958) es profesor titular del Departamento de
Filosofía del Derecho, Moral y Política de la
Universidad de Jaén (desde febrero de 1999),
doctor en Filosofía por la Universidad de Granada
y diputado del partido de Los Verdes1
. El 24
de abril de 2006, el grupo socialista pudo, con
el apoyo de este parlamentario, presentar ante
las Cortes Españolas una proposición no de ley
en la que se instaba al gobierno “a declarar su
adhesión al Proyecto Gran Simio y a emprender
las acciones necesarias en los foros y organismos
internacionales para la protección de los
grandes simios del maltrato, la esclavitud, la
tortura, la muerte y la extinción”. Su propuesta
se inspiraba en el ideario defendido por la plataforma
animalista Proyecto Gran Simio, cuyos
contenidos éticos recogían el pensamiento del
filósofo moral australiano Peter Singer.
Un año después, el 28 de marzo de 2007, y
ante la polémica surgida entre detractores y
defensores de la tauromaquia2
, el diputado
Francisco Garrido presentaba un texto que resumía
la postura del ecologismo y de muchos
intelectuales ante las corridas de toros. En él,
hacía una síntesis de las tradicionales tesis a
favor de la fiesta y de las principales réplicas en
contra para revisar el estado de la cuestión. Lo
reproducimos:
Por qué los ecologistas estamos en
contra de las corridas de toros
Las corridas de toros son crueles, violentas
y suponen el maltrato público y hecho espectá-
culo de la muerte y tortura de un mamífero.
Quien niegue esto es que no tiene ojos en la
cara o es un redomado mentiroso. Esto no tiene
discusión, sino a riesgo de poner en peligro
nuestra salud mental. Por tanto, el problema no
reside ahí, sino en el hecho de que esta violencia
y maltrato está legitimado éticamente. A
favor de la legitimación de las corridas de toros,
se suelen usar cuatro argumentos y un contraargumento:
(1) Argumento estético o artístico: La corridas
son una obra de arte que genera belleza.
(2) Argumento de la tradición o nacionalista:
Las corridas de toros son una seña de identidad
española y forma parte de nuestra tradición,
que hay que respetar.
(3) Antropocéntrico duro o excluyente: La
especie humana es el centro de todo y debe
tener, para su uso libre, al resto de la naturaleza.
Y, al igual que nadie reivindica los derechos
del mármol, del acero o de la arcilla, ante la
obra escultórica, no tiene sentido reclamar nada
ante el sufrimiento y la muerte del toro a manos
del artista, que es el torero. Existe un abismo
ontológico entre la especie humana y las restantes
especies animales, de tal modo que conceptos
como “sufrimiento”, ”maltrato”, “tortura” o
“derechos” sólo son aplicables a los seres
humanos y nunca a los animales, cometiendo
una falacia categorial.
(4) Argumento ecológico o conservacionista:
si no fuera por la tauromaquia, la raza del “toro
bravo” y el ecosistema de la dehesa habrían
desaparecido.
(5) Contra argumento de reductio ab absurdum:
No se trata de un argumento positivo que
demuestre la legitimidad de la tauromaquia,
sino que trata de desmontar la legitimidad de
los argumentos contrarios a las corridas, mostrando
que conducen a la contradicción o al
absurdo. Se trata de mostrar que proteger a los
toros lleva a proteger también a las moscas, las
cucarachas o las bacterias del intestino (lo que
hemos llamado la falacia de la transitividad de
los derechos), o que existen casos de maltrato
peores que las corridas, como las granjas de
cerdos.
Los argumentos (1 y 2) son inadmisibles en
una sociedad moderna, pluralista y democrática.
Nadie, en ninguna otra situación, puede
admitir que el placer estético o la tradición son
fuentes de legitimación de acciones que dañan
gravemente a otro, aunque este otro sea un
animal. Sólo un sádico (imperativo del placer) o
un nacionalista xenófobo (tradición) puede admitir
tal legitimación. Pero ambos están fuera
de la universalidad del la ética y del derecho
moderno. ¿Por qué admitirlo, entonces, sólo
para los toros? Y no vale argumentar que la
tauromaquia tiene un pozo cultural enorme (eso
que se cita de los poetas, pintores, músicos…),
porque también tiene un poso cultural enorme
la guerra desde el Peloponeso, y nadie reivindica
la promoción de la guerra con fines culturales
o artísticos. Ni la tradición ni el arte son,
pues, fuentes de legitimación moral exclusivas
o principales.
El cuarto argumento (4) es de naturaleza
complementaria y, ad hoc, usado más como
apoyo a los otros argumentos, que como un
argumento en sí. Sólo sería discutible si la tauromaquia
fuera la única estrategia posible de
conservación del toro o de la dehesa, cosas
ambas que son abiertamente falsas. Es mentira
que las dehesas usadas por las ganaderías de
toros bravos estén ecológicamente bien conservadas.
Los toros bravos no son una especie, a
los sumo una raza, y pueden conservarse como
otras muchas razas y especies, sin necesidad
de maltratarlas. Igualmente ocurre con la dehesa,
pues existen muchos espacios naturales
protegidos sin toros bravos. La biodiversidad no
depende de la tauromaquia, sino de políticas
sostenibles efectivas.
El contra argumento de reductio ab absur dum ignora que la protección frente al maltrato
se realiza en base a las cualidades del animal y
que, por tanto, no vale aplicar la misma protección
(derechos) a un toro que a una mosca,
porque toro y mosca tienen condiciones y cualidades
distintas. En todo caso, hay que evitar el
sufrimiento lo máximo posible, y no parece que
este sea el fin de la tauromaquia. Finalmente,
es bien cierto que existen otras muchas formas
de crueldad con los animales, más allá de las
corridas de toros. Pero somos los ecologistas y
los animalistas los que denunciamos y luchamos
contra esas otras formas de maltrato.
Por último, nos queda el único argumento
(5) consistente, que es el argumento antropocéntrico.
El único que, de admitirse, daría legitimidad
a los argumentos estético o tradicionalista
(1 y 2). Pero ese argumento es radicalmente
contrario a la ciencia (la teoría de la evolución,
la fisiología, la etología, las neurociencias, la
genética), que nos demuestran que somos parte
de un continuo biológico y evolutivo, y que, por
tanto, no existe ningún abismo ontológico entre
la especie humana y las restantes especies. Y
es fundamentalmente contrario a la conciencia
y a la ética ambiental y ecologista. Si consideramos
que la naturaleza, toda, incluidos los animales,
está ahí como cosa disponible, para que
hagamos con ella lo que nuestro capricho quiera,
entonces estamos asentados sobre la base
ideológica que ha conducido a la crisis ecológica
del planeta. No se puede ser ecologista y
pensar que existe un abismo insuperable entre
animalidad y humanidad. No se puede ser ecologista
y no reconocer la fraternidad entre
humanos y el resto de la comunidad biótica. La
mayor sensibilidad ante el sufrimiento o el maltrato
de los animales es un eco-indicador del
grado de sensibilidad y de conciencia, ante los
gravísimos problemas ecológicos existentes en
los momentos presentes.”
Jornada parlamentaria contra el maltrato
animal y la tauromaquia
El pasado 18 de octubre de 2007 se celebró
una jornada parlamentaria sobre el maltrato
animal y la tauromaquia, en el Congreso de los diputados organizada por Los Verdes y, de nuevo,
Francisco Garrido –junto a intelectuales,
artistas, ecologistas y asociaciones– exigió al
gobierno la aprobación de una ley estatal básica
de reconocimiento y protección de los derechos
de los animales y el reconocimiento de
estos en el marco de la Constitución. En unos
momentos en los que se discute abiertamente
la necesidad de reforma de la carta magna de
1978, los parlamentarios impulsores del acto,
Joam Oms y el mencionado Francisco Garrido,
recordaron el ejemplo alemán de reconocimiento
constitucional de los derechos de los animales.
Así, se introdujo en febrero de 2002 en el
texto constitucional alemán el siguiente pará-
grafo (art. 20): “El estado tiene la responsabilidad
de proteger los fundamentos naturales de
la vida humana y de los animales en interés de
las futuras generaciones”. En la práctica, esto
supone un desarrollo legislativo que limite la
utilización de animales para probar productos
como cosméticos o analgésicos suaves y que
en el futuro los tribunales deberán conceder
similar importancia a la protección de los
animales que a otros derechos consagrados en
la Constitución, como la libertad de cultos y la
investigación científica. De esta manera, la
Corte Constitucional tendría que valorar los
derechos de los animales frente a otros derechos,
como el de llevar a cabo investigaciones
o prácticas religiosas, y tomar una decisión
cuando se presentase una colisión de derechos.
Quizá, como en otros aspectos importantes de
nuestra Constitución, sea oportuno seguir el
ejemplo marcado por el constitucionalismo alemán.
La iniciativa de esta Jornada Parlamentaria
contra el maltrato animal y la tauromaquia surgió
como respuesta a la de crear una Asociación
Taurina Parlamentaria y con el deseo de
llegar a consolidar una Asociación Parlamentaria
Pro Derechos de los Animales. Esta Asociación acaba de constituirse formalmente el día
19 de diciembre de 2007 con la participación de
siete diputados y senadores de diferentes grupos
políticos unidos en pro de una ley estatal
de protección de los derechos de los animales y
de la denuncia de los casos de maltrato.
Durante el acto, los participantes firmaron un
manifiesto en el que solicitaba –además de la
reforma del Código Penal para que se tipificase
como delito la muerte injustificada de un animal,
su tortura o maltrato–, la abolición de las corridas
de toros y otros espectáculos que supusieran
maltrato, muerte y tortura de animales3
.
La jornada reunió en la Sala de Columnas
del Congreso de los Diputados a representantes
de prácticamente todas las organizaciones animalistas
del país, entre ellas AIUDA (Asociación
Inter-Universitaria para la Defensa de los Animales),
representada en el acto, además de por
Francisco Garrido, por el profesor Txetxu Ausín4
. En la mesa de ponencias: los dos diputados
por Los Verdes, las periodistas Ruth Toledano
e Isabel Pisano, los escritores Lucía Etxebarría
y Alberto Vázquez-Figueroa, y los filósofos
Jorge Riechmann y Marta Tafalla, ambos
también miembros de AIUDA5
. Cada uno expuso
brevemente las razones por las que necesitamos
una ley de protección de los animales,
expresando también de forma contundente su
rechazo al bochornoso espectáculo de los toros.
Finalmente se leyó el manifiesto, para lo
cual se contó con la presencia de diversos personajes
del mundo de la cultura, como Liberto
Rabal, Dirty Princess; o del deporte, como Manuel
Carballo. El naturalista Joaquín Araujo cerró
el acto con una brillante exposición de los
motivos que hacen necesarios la protección y el
cuidado de los animales en un mundo amenazado
por la destrucción global de la vida, caracterizada
por la alarmante pérdida de biodiversidad
y las consecuencias desastrosas del galopante
cambio climático. El diputado Francisco Garrido puso de relieve
que era la primera vez que se celebraban
unas jornadas de este tipo en el Congreso –“la
casa de todos y todas”– y lamentó el atraso
histórico de nuestro país en la concienciación
sobre este asunto. Recordó que España no es
un país homogéneo que apoye de forma masiva
las corridas de toros6
, un festejo que muchos
quieren seguir man-teniendo como signo
de identidad y de cultura, y que supone un obstáculo
flagrante para avanzar en el logro de los
derechos de los animales, debido a la gran presión
mediática y económica que lo sustenta. No
en vano, las periodistas que tomaron la palabra
en el acto destacaron la contradicción entre
un ensalzamiento público de este festejo y de
sus protagonistas, los toreros, frente al silencio
informativo que esconde las imágenes más
duras de la tortura hacia los toros (u otros animales)
en las corridas y fiestas populares en
nuestro país. De este modo los medios incumplen
un elemental principio deontológico de la
actividad periodística: el deber de contar y proporcionar
información veraz a la ciudadanía, al
que están obligados. Mientras, se ha manteniEl diputado Francisco Garrido puso de relieve
que era la primera vez que se celebraban
unas jornadas de este tipo en el Congreso –“la
casa de todos y todas”– y lamentó el atraso
histórico de nuestro país en la concienciación
sobre este asunto. Recordó que España no es
un país homogéneo que apoye de forma masiva
las corridas de toros6
, un festejo que muchos
quieren seguir man-teniendo como signo
de identidad y de cultura, y que supone un obstáculo
flagrante para avanzar en el logro de los
derechos de los animales, debido a la gran presión
mediática y económica que lo sustenta. No
en vano, las periodistas que tomaron la palabra
en el acto destacaron la contradicción entre
un ensalzamiento público de este festejo y de
sus protagonistas, los toreros, frente al silencio
informativo que esconde las imágenes más
duras de la tortura hacia los toros (u otros animales)
en las corridas y fiestas populares en
nuestro país. De este modo los medios incumplen
un elemental principio deontológico de la
actividad periodística: el deber de contar y proporcionar
información veraz a la ciudadanía, al
que están obligados. Mientras, se ha mantenido hasta ahora la retransmisión y ensalzamiento
de la tauromaquia en las televisiones españolas,
incluida la pública, incumpliendo las limitaciones
de programas y espectáculos violentos
en el horario infantil de la tarde. Afortunadamente,
Radio Televisión Española (RTVE),
tanto en su programación de radio como de
televisión, ha decidido ignorar todo lo concerniente
a los espectáculos taurinos, a pesar de
las duras críticas del poderoso lobby taurino:
“Radiotelevisión Española (TVE y RNE) no tendrá
que reservar una partida económica específica
para ofrecer información taurina, lo que,
en la práctica, convierte este contenido en
prescindible para el equipo gestor de la compañía”.
Primeramente, se eliminó de la programación
internacional de RTVE la retransmisión de
espectáculos taurinos cuando recibió las presiones
de una importante campaña internacional;
ahora, RTVE ha dado un paso más, a través
de la Propuesta aprobada por la Subcomisión
Mixta de Control de RTVE, según la cual
se eliminaría la información taurina hasta el
año 2017.
El manifiesto leído denunciaba “nuestro fascismo de especie, que concibe al ser humano
en guerra permanente de explotación y exterminio
sobre el resto de los seres vivos”. Además
de considerar que “en la nueva fraternidad
globalizada, necesaria para abordar los retos
de la sociedad en el futuro, el respeto y reconocimiento
de los derechos de los animales debe
jugar un papel central”; también se criticó el
vacío legal existente en nuestro país en este
campo –“tan amplio como el conjunto de prácticas
rituales e industriales que implican muere,
tortura o maltrato animal”–, como lanzar cabras
desde campanarios, encender bolas de fuego
en los cuernos de los toros o colgar galgos por
el cuello. El documento hacía una referencia
específica a las corridas de toros pidiendo su
abolición, así como que “ni un sólo euro” de las
administraciones públicas se destinase a su
promoción7
, ya que “en España no habrá una
auténtica cultura de respeto” a los animales“,
hasta que no se haya cerrado la última plaza
de toros” 8
.
En este sentido, la Jornada quiso destacar
también la larga y expresa tradición antitaurina
en España –que ha sido sistemáticamente silenciada,
manteniendo la identificación entre la
tauromaquia y las esencias patrias–, señalando
la crítica a este espectáculo como propia de
grupos reducidos, singulares, raros y poco
“patriotas”. Así se recordó a Juan de Mariana, a Lope de Vega y Tirso de Molina, a Gregorio
Marañón y Santiago Ramón y Cajal, a Joaquín
Costa, Larra, Baroja, Unamuno y un largo etcé-
tera, como declarados detractores de los toros.
Ruth Toledano recordó la Declaración Universal
de los Derechos del Animal (1977) y más
allá de la perplejidad que puede suscitar el lenguaje
de los derechos aplicado a los animales,
esta Jornada histórica en el parlamentarismo
español destacó su utilidad en tanto que herramienta
conceptual para la protección de nuestros
“hermanos prójimos” más débiles y vulnerables,
así como de sus intereses. En palabras
de Norberto Bobbio:
“Extendiendo la mirada más allá de nuestro
tiempo, se vislumbra la extensión de la esfera
del derecho a la vida de las generaciones futuras,
cuya supervivencia está amenazada por el
crecimiento desmesurado de las armas cada
vez más destructivas, y a sujetos nuevos, como
los animales, que la moralidad común ha considerado
siempre como objetos o, como máximo,
sujetos pasivos, sin derechos”.
o de Francisco Giner de los Ríos:
“Con todos los seres animales, desde la
planta al animal, nos hallamos obligados jurídicamente,
de modo que usemos de ellos para
fines tan sólo de razón, no ya por mero deber
hacia nosotros mismos, o para con Dios, sino
para con ellos y su propio derecho” .
Anexo 1. Manifiesto a favor de los derechos de los animales y la abolición de las corridas
de toros en España
Los animales han sido considerados, hasta ahora, como objetos o juguetes, negándoles cualquier
semejanza con nosotros. Ello se debe a nuestro “fascismo” de especie, que concibe al ser
humano en guerra permanente de explotación y exterminio sobre el resto de los seres vivos, convirtiéndolos
en inferiores a nosotros y representándolos como seres que no sufren.
El intento de crear una jerarquía entre los seres vivos no sólo nos ha llevado a la separación
radical entre animales y humanos, sino también a clasificar, de manera excluyente, entre los mismos
seres humanos, por razón de género, etnia, clase social o discapacidad. Y lo que la conciencia
y la ética ecológica nos plantea es, precisamente, lo contrario: que la cooperación de la biodiversidad
de especies es lo que hace posible que la vida, y en concreto la de nuestra especie, exista.
Excluirnos y crear esta oposición entre especies es lo que ha conducido a la crisis ecológica y a la
puesta en peligro de nuestra propia subsistencia como individuos humanos. No hay ninguna contradicción
entre los intereses de subsistencia de las especies entre sí, sino sólo entre individuos de
algunas especies.
Los animales han sido considerados, hasta ahora, como objetos o juguetes, negándoles cualquier
semejanza con nosotros. Ello se debe a nuestro “fascismo” de especie, que concibe al ser
humano en guerra permanente de explotación y exterminio sobre el resto de los seres vivos, convirtiéndolos
en inferiores a nosotros y representándolos como seres que no sufren.
El intento de crear una jerarquía entre los seres vivos no sólo nos ha llevado a la separación
radical entre animales y humanos, sino también a clasificar, de manera excluyente, entre los mismos
seres humanos, por razón de género, etnia, clase social o discapacidad. Y lo que la conciencia
y la ética ecológica nos plantea es, precisamente, lo contrario: que la cooperación de la biodiversidad
de especies es lo que hace posible que la vida, y en concreto la de nuestra especie, exista.
Excluirnos y crear esta oposición entre especies es lo que ha conducido a la crisis ecológica y a la
puesta en peligro de nuestra propia subsistencia como individuos humanos. No hay ninguna contradicción
entre los intereses de subsistencia de las especies entre sí, sino sólo entre individuos de
algunas especies.
La gran diferencia que introduce el reconocimiento de estos derechos, con respecto a la lucha
común por los derechos humanos, es que amplía nuestra comunidad moral y genera una nueva fraternidad,
yendo más allá de los límites de nuestra especie. Este es el reto del nuevo cosmopolitismo.
Una nueva fraternidad es necesaria para abordar los retos de la sociedad del futuro. Y, en esa
nueva fraternidad globalizada, el respeto y reconocimiento de los derechos de los animales debe
jugar un papel central. La introducción de los seres vivos en la comunidad moral de los derechos
supone un signo más de civilización, siguiendo la tendencia a expandir el núcleo original de los derechos.
Muchos no comprenden esta propuesta, pero también muchos no comprendían a los abolicionistas
de la esclavitud, o a las sufragistas del movimiento feminista.
En España, el vacío legal en el reconocimiento de los derechos de los animales es tan amplio
como el conjunto de prácticas rituales e industriales que implican muerte, tortura o maltrato animal.
Lanzar cabras desde campanarios; encender bolas de fuego en los cuernos de los toros, hasta su
desesperación, o lancearlos durante horas hasta la muerte; colgar a galgos por el cuello, dejando
que rocen el suelo con los pies, para prolongar su agonía; peleas de gallos o hacinamiento de animales
para el comercio, son sólo unos pocos ejemplos de las crueles prácticas de nuestra sociedad
y también de nuestra “cultura”: las fiestas “populares” españolas.
Mención aparte merece la mal llamada “Fiesta nacional”. Las Corridas de Toros son una representación
cruel y violenta –que implica el maltrato público, la muerte y tortura de un mamífero, conP
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N ÚMERO 12 - E NERO 2008 P ÁGINA 29
Todos los derechos de Propiedad Intelectual pertenecen a sus respectivos titulares, por lo que se prohíbe la reproducción salvo para usos no comerciales y siempre
Revista d e Bioética y Derecho
Ética Animal
vertida en espectáculo–, con lo cual debe desaparecer del horizonte de lo ético y legalmente aceptable
en nuestro país. Ninguna sensibilidad mínimamente progresista y compasiva puede disfrutar
con la tortura pública de un animal.
Es inadmisible intentar legitimar esta práctica, con argumentos como la tradición o lo estético,
en una sociedad moderna, pluralista y democrática. Nadie, en ninguna otra situación, admitiría que
el placer estético o la tradición son fuentes de legitimación de acciones que dañan gravemente a
otro. Con lo cual, tampoco es admisible que, con estos “argumentos”, se intente justificar el daño a
un animal. Ni la tradición ni el arte legitiman moralmente. Como tampoco lo hace el pretexto de conservar
al “toro bravo”. Los “toros bravos” no son una especie - a lo sumo son una raza -, y pueden
conservarse, como otras muchas razas y especies, sin necesidad de maltratarlas. La biodiversidad
no depende de la tauromaquia, sino de políticas sostenibles efectivas.
Por todo ello, afirmamos, hoy aquí, en el Congreso de los Diputados de España, que las Corridas
de Toros deben ser abolidas y que ni un solo euro de las administraciones públicas debe ir destinado
a la promoción de dichos espectáculos; porque, en España, no habrá una auténtica cultura
de respeto y protección de los derechos de los animales, hasta que no se haya cerrado la última
plaza de toros.
La simple legislación autonómica existente en la actualidad es muy desigual y claramente insuficiente.
Por lo tanto, es necesaria una legislación estatal básica, que implique el reconocimiento de
los derechos de los animales y su efectiva protección, mediante la vía penal y administrativa. La
más que previsible futura reforma de la Constitución debería seguir la senda abierta por la constitución
alemana, y otorgar rango constitucional a los derechos de los animales. El reconocimiento de
los mismos constituye un signo de humanización y civilización que ha alcanzado una sociedad. Por
tanto, la ampliación de la protección de los derechos, a individuos no humanos, se convierte en un
indicador de la madurez y calidad de cualquier sistema democrático.
Por ello, las personas y grupos que subscribimos este manifiesto solicitamos, hoy y aquí, en el
Congreso de los Diputados, casa del pueblo y sede de la soberanía popular, las siguientes reformas:
1. Aprobación de una ley estatal básica de reconocimiento y protección de los derechos de los
animales.
2. Reforma del Código Penal, en la que se tipifique como delito la muerte injustificada, la tortura
y el maltrato animal.
3. Abolición de todo tipo de espectáculos o rituales que supongan el maltrato, muerte y tortura
de animales.
4. Reconocimiento, en el marco de la Constitución Española, de los derechos de los animales.
MADRID, 18 DE OCTUBRE DE 2007
CONGRESO DE LOS DIPUTADOS
MONTSERRAT ESCARTÍN Y TXETXU AUSÍN
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