De ser vendida por 300€ a convertirse en referente del abolicionismo: la historia de Amelia Tiganus


La superviviente de trata y activista abolicionista repasa con Pablo Tallón, en 'Ni el mejor guionista' de 'Hora 25', los cinco años que pasó en más de 40 prostíbulos y el largo proceso de reconstrucción personal que emprendió al salir de la prostitución.
Fuente: Cadena SER, 20/08/2026
https://www.youtube.com/watch?v=Y07JMewxvu8
Amelia Tiganus (1984) nació en Rumanía en una familia obrera y creció con la convicción de que podía estudiar, trabajar y construir su propia vida. Quería ser profesora o médica. Pero su trayectoria quedó marcada por la violencia desde muy pequeña: sufrió abusos sexuales a los siete años y, durante la adolescencia, cinco violaciones simultáneas. Aquellas experiencias, explica en su conversación con Pablo Tallón en la sección Ni el mejor guionista de Hora 25, alteraron profundamente su forma de relacionarse con el mundo.
A los 17 años apareció alguien que supo identificar su vulnerabilidad. Le ofreció una supuesta salida hacia España y una vida mejor. Tiganus fue captada y vendida por 300 euros a un proxeneta español. El engaño, sostiene, no se parecía a los secuestros de las películas: se basaba en conocer los deseos y las necesidades de una joven vulnerable y presentarle la explotación como una oportunidad. "Él te va a ayudar a cumplir tu sueño", recuerda que le dijeron.
Su llegada a España desembocó en cinco años de prostitución y en el paso por más de 40 prostíbulos. Lo que entonces imaginaba como una vía para salir adelante terminó convirtiéndose en un sistema de control permanente. "Mis pensamientos iban dos años por delante", cuenta: mientras entraba en aquel mundo, ya imaginaba el momento de abandonarlo.
Un "campo de concentración" exclusivo para mujeres empobrecidas
Tiganus describe con firmeza los prostíbulos como espacios de explotación y deshumanización. Habla de ellos como "campos de concentración" para mujeres empobrecidas y explica que la prostitución se sostiene mediante mecanismos destinados a controlar todos los aspectos de la vida cotidiana: el nombre, la ropa, la alimentación, el sueño y las relaciones con otras mujeres.
En ese contexto, sostiene, también se alimenta deliberadamente la rivalidad entre las mujeres. Los proxenetas fomentan la competencia y la inseguridad para dificultar la creación de vínculos y redes de apoyo. A ello se suman el miedo a la violencia, las agresiones sexuales, las enfermedades de transmisión sexual y el consumo de alcohol y drogas. La experiencia, asegura, no puede entenderse como una actividad laboral convencional.
Para Tiganus, además, resulta engañoso reducir el debate a la existencia de mujeres que dicen elegir la prostitución. La cuestión, afirma, es analizar las condiciones sociales y económicas que hacen posible esa elección. Por eso insiste en que la prostitución está vinculada a la desigualdad de clase y a un sistema que convierte el cuerpo femenino en mercancía.
Salir no significa ser libre inmediatamente
La salida física de los prostíbulos tampoco supuso el final de la experiencia. Tiganus abandonó la prostitución después de colapsar y ser expulsada. Durante dos semanas permaneció prácticamente paralizada, sin saber qué hacer ni adónde acudir. Cuando finalmente consiguió un trabajo como camarera, descubrió que regresar a la vida cotidiana también podía producir miedo y desconcierto.
En ese proceso resultaron fundamentales las personas que la trataron como algo más que un cuerpo disponible para los hombres. Sus primeros jefes le dieron una oportunidad laboral y, posteriormente, la creación de vínculos y relaciones de confianza contribuyó a su recuperación. Tiganus destaca también la importancia de su actual marido, Miguel Ángel, a quien define como el primer hombre que no la sexualizó y que se interesó genuinamente por ella.
La reconstrucción, sin embargo, ha sido larga. Lleva años en terapia y reconoce que todavía está aprendiendo a sentirse plenamente ella misma. El trauma, explica, no desaparece simplemente al abandonar el lugar donde se produjo. Parte de su recuperación ha consistido en volver a conectar con emociones, sensaciones y placeres cotidianos que había perdido.
De superviviente a activista
Ese proceso personal terminó convirtiéndose en una actividad pública. Tiganus asegura que en la última década ha impartido más de 2.000 charlas, talleres y conferencias. Muchas mujeres se han acercado para contarle que su testimonio les ha ayudado a comprender situaciones que antes normalizaban o incluso a adoptar una posición abolicionista.
Su activismo parte de una idea central: la prostitución no puede analizarse únicamente como una suma de decisiones individuales. Para ella existe un "sistema prostitucional" en el que participan proxenetas, demandantes, instituciones y una sociedad que, en ocasiones, normaliza la explotación.
En esa crítica incluye también la pornografía y las nuevas formas de explotación sexual digital. Tiganus alerta de que plataformas (como OnlyFans) y redes pueden presentar la prostitución como "emprendimiento digital", sustituyendo los nombres tradicionales por conceptos como "creadoras de contenido" o "managers". A su juicio, el cambio de lenguaje puede ocultar relaciones de poder que siguen siendo esencialmente las mismas.
Ley y educación contra la normalización
Ante la pregunta de Pablo Tallón sobre si para acabar con la prostitución es más importante legislar o educar, Tiganus responde que ambas herramientas deben avanzar juntas. Defiende una legislación abolicionista porque, sostiene, la ley también educa: modifica aquello que una sociedad considera legítimo y contribuye a transformar comportamientos.
La activista reclama además una educación sexual alejada de la pornografía y de los modelos de dominación. Considera que los adultos tienen una responsabilidad especial como referentes de los jóvenes y que la transformación no puede limitarse a controlar el acceso de los menores a determinados contenidos: también debe cuestionar los modelos sexuales que los adultos reproducen.
"La libertad tiene que ir después de la igualdad"
La entrevista termina regresando al concepto que atraviesa todo su relato: la libertad. Para Tiganus, no puede existir una libertad plena cuando las condiciones materiales y sociales son profundamente desiguales. "La libertad tiene que ir después de la igualdad y después de la justicia social", sostiene.
Su objetivo, dice, es seguir trabajando por un mundo "un poquito más feminista y más acorde con los derechos humanos". Su historia personal se ha convertido así en una herramienta política: contar lo vivido, poner palabras al trauma y cuestionar una industria que, según su diagnóstico, continúa encontrando nuevas formas de presentarse como libertad.
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