署名活動についてのお知らせEspaña debe abolir la prostitución, combatir la trata y proteger a las víctimas.El testimonio de una víctima de trata: “Me quitaron a mi bebé y me trataron muy mal”
FRANCISCO REYBurgos, スペイン
2026/06/13


Blessing, cuyo nombre significa “bendifición”, no puso su rostro pero sí su voz y su duro testimonio. Contó que no dejó Nigeria porque quisiera sino “porque no había otra salida”. “Cuando llegó el momento de cruzar el mar vi cómo las personas que salieron antes que nosotros murieron ahogadas”


La visita del papa León XIV ha dejado varios testimonios de mucha conmoción como el de Blessing, que no ha podido poner su rostro, pero cuya historia ha sido leída por una voluntaria. “Me quitaron a mi bebé para obligarme a prostituirme, me trataron muy mal, me separaron de mi hijo, que tenía 11 meses”, relata.

Blessing no dejó Nigeria porque quisiera sino “porque no había otra salida”. Allí tuvo que dejar a sus dos hijas porque se vieron si alimentos. Sin embargo, la mujer ha señalado que las mafias le dijeron que su deuda ascendía a 25.000 euros y que así empezó su cautiverio.

 
 
“Cuando llegó el momento de cruzar el mar vi cómo las personas que salieron antes que nosotros murieron ahogadas”, dijo la voluntaria que leyó su relato.

“Juré vivir, morir intentándolo, elegí cruzar. Gracias a dios la patera en la que viajé llegó a la orilla, pero el sufrimiento no terminó ahí durante el viaje, quedé embarazada de un hombre de la mafia”.

Más adelante, la Policía detuvo a estas personas y pudo recuperar a su hijo. Con la ayuda de la Iglesia, explicó, ha podido salir poco a poco adelante. “Pero no ha sido fácil, ha habido días en que la esperanza ha sido muy pequeña pero he aprendido a creer en mí misma de nuevo”.

Agradeció a las personas que la han ayudado y mandó muchas fuerzas a las mujeres en su misma situación.

Por su parte, el Papa le dedicó parte de su discurso. Le dijo que su nombre significa bendición, y “si otros pusieron precio a tu cuerpo, Dios no ha dejado nunca de mirarte como alguien invaluable”.

“Eres hija y hermana, eres bendición”, insistió. También pidió a las personas migrantes que no entreguen su vida a quienes prometen “paraísos fáciles, esos cantos de sirenas que son industrias de muerte”.

León XIV centró su discurso especialmente en defender los derechos de las personas migrantes, en dar un recado a Europa, a los gobernantes para que no haya más muertes en sus costas y a la humanidad, a las personas cristianas para que no solo acudan a la Iglesia, sino que sean solidarias con estas personas y defiendan sus derechos.

En el muelle varias mujeres víctimas de explotación sexual explicaron a este periódico antes de la llegada del Papa que esperaban escuchar el testimonio de esa mujer y las palabras que León XIV dijera a las personas migrantes. Según explicaron, para ellas “Dios” cobra una gran importancia pero “sin fanatismos” y es clave para sentir que hay esperanza y tener esa seguridad de que “todo va a estar bien”.

Dos de esas mujeres relataron a este periódico que se sienten privilegiadas por estar cerca de León XIV este jueves. Una de ellas señala que la vida del migrante es muy dura que te tratan de “explotar”. Ana (nombre ficticio) subraya que “nadie sabe la cruz que carga la otra persona” y que ella misma se ha visto obligada a dormir en la calle, y que finalmente acabó siendo explotada sexualmente. Dejó a su hijo en Colombia y le ha costado mucho traerlo a España.

Subraya además que sufrió acoso en una sede las viviendas en las que trabajaba como empleada de hogar, pero nunca pudo denunciar por miedo a que la deportaran. Otra de las mujeres también explica que en una vivienda en la que trabajó su jefa le pegó y no pudo denunciar por miedo.

Son algunas de las realidades que relatan mujeres que han sido víctimas de explotación sexual y que han querido estar en el muelle junto a León XIV porque creen que es importante que en un momento de discursos de odio hacia las personas migrantes hay “empatía” y se conozca su realidades.

Jennifer Jiménez - Eldiario.es

Arguineguín — 11 de junio de 2026 

 

 

PALABRAS DEL PAPA LEON XIV

Querida Blessing, aunque no estás aquí hoy, tu voz sí. Gracias por compartirnos tu historia. Tu nombre significa bendición, y nos recuerda que cada vida humana es una bendición de Dios. Nadie puede comprarla, venderla, usarla o descartarla, porque en cada persona resplandece la imagen y semejanza del Creador . Nos has dicho que te fuiste de tu país no porque quisieras, sino porque no había otra opción. En tus palabras escuchamos el drama de tantas personas obligadas a partir porque la pobreza, la guerra, la amenaza o la explotación les cerraron todos los caminos.

Quisiera que este mensaje llegue hasta ti y a tantas mujeres víctimas de la trata y la explotación: si otros pusieron precio a tu cuerpo, Dios no ha dejado nunca de mirarte como alguien invaluable. Si quisieron encerrarte en un pasado de dolor, Dios sigue pronunciando sobre ti una promesa de futuro. Si te trataron como una cosa, la Iglesia quiere decirte hoy: eres hija, hermana, eres bendición. Tu vida no es de quienes te dañaron; tu cuerpo no es de quienes se aprovecharon de ti; tus días no pertenecen a quienes quisieron encadenarlos al miedo. Tu vida pertenece a Dios y conserva una dignidad que no pueden arrancarte. Y nosotros queremos caminar contigo hasta que esa verdad vuelva a sentirse más fuerte que el dolor.

Queridos migrantes: antes de decirles cualquier otra palabra, quiero inclinarme ante su dignidad. No son números ni expedientes. Ustedes son personas con una familia y una casa dejada atrás; con sueños que nadie tiene derecho a despreciar. Pero también quiero decirles que su vida debe ser protegida. No entreguen su existencia a quienes comercian con ella. No les crean a quienes prometen paraísos fáciles a cambio de su cuerpo o de dinero, de silencio o de su libertad. Esas falsas promesas son “cantos de sirenas”, son industrias de muerte.

Este drama debe convertirse en examen de conciencia: para las naciones de origen, que deben crear condiciones de paz, justicia y desarrollo; para las naciones de tránsito, llamadas a proteger y no a dejar a los débiles en manos de redes criminales; para Europa, que no puede proclamar la dignidad humana y acostumbrarse a que el Mediterráneo y el Atlántico sean cementerios sin lápidas; para la comunidad internacional, llamada a una cooperación eficaz y perseverante.

Y también la Iglesia debe dejarse interpelar. La acogida del migrante no puede ser algo secundario ni delegada únicamente a algunos voluntarios. Nos arrodillamos ante el altar para adorar a Cristo presente en la Eucaristía, de quien recibimos la fuerza y el motivo para vivir la caridad; por eso, no podemos luego “pasar de largo” ante los cayucos y las pateras, pues de la oración brota todo servicio y a ella vuelve todo compromiso (cf. Lc 10,31-32).

Desde esta isla, quisiera que la voz de quienes han hablado hoy alcanzara a quienes tienen en sus manos responsabilidades decisivas —autoridades civiles, parlamentos, gobiernos y organizaciones internacionales—, y también a las comunidades cristianas, a las demás tradiciones religiosas y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad. No basta gestionar llegadas, distribuir cifras, reforzar fronteras o lamentar las muertes cuando ya han ocurrido. Cada barca que llega no trae sólo migrantes; trae consigo una pregunta: ¿qué mundo hemos construido, si tantos hermanos tienen que arriesgar la muerte para buscar vida?

La dignidad humana exige vías legales y seguras, rescate y asistencia, cooperación real contra los traficantes, protección efectiva a las víctimas, procesos serios de acogida e integración, y políticas que permitan a cada persona vivir con dignidad en su propia tierra. Si bien existe un derecho a buscar refugio cuando la vida es amenazada, también existe el derecho a no tener que migrar: el derecho a permanecer en la propia casa sin hambre, sin guerra, sin persecución, sin violencia, sin que la tierra se vuelva inhabitable, sin que la corrupción robe el pan de los pobres, sin que las armas destruyan el futuro de los niños. No podemos acostumbrarnos a contar muertos. La dignidad humana no tiene pasaporte ni pierde valor al cruzar una frontera.

Que el Dios que “en el ocaso de la vida nos juzgará sobre el amor” (cf. S. Juan de la Cruz, Avisos y sentencias, 57) nos conceda reconocerlo hoy en los pobres y en los extranjeros, y nos libre de mirar el dolor ajeno como si no nos perteneciera. Que Nuestra Señora del Carmen acompañe a quienes han llegado, consuele a quienes han perdido a sus seres queridos, sostenga a quienes los acogen y despierte en todos nosotros la valentía de la misericordia.

Y que la historia no tenga que acusarnos de haber convertido el dolor de los que sufren en paisaje habitual de nuestras costas. Porque hoy, aquí, junto al mar, cada vida que llega nos pregunta qué queda de nuestra humanidad. Tarde o temprano, se sabrá si supimos custodiarla o si dejamos que la indiferencia hablara por nosotros. Muchas gracias.

 

Testimonio de una víctima de trata ante el Papa en Arguineguín

https://www.youtube.com/watch?v=QZsm9Jh5vTY&t=3s

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