

Instituto Sonorense de Cultura / Museo de Arte de Sonora
Estimadas señoras Guadalupe Aldaco y Maricela Moreno, directora general del Instituto Sonorense de Cultura y directora del Museo de Arte de Sonora, respectivamente. Acabo de enterarme de la restitución del muro de donadores del MUSAS. Primeramente me gustaría invitarlas a conocer los mecanismos de agradecimiento a donadores de obra, en especie o en dinero en efectivo de algunas instituciones hermanas en el mundo y en nuestro país, si es posible.
Un ejemplo al aire. En el vestíbulo del MET de Nueva York podemos encontrar siempre grandes jarrones con flores frescas. Debajo de la peana encontramos el nombre de la donadora y su deseo de que siempre adornen flores ese paradigmático espacio. Hay otros muchos ejemplos de formas de donar y de reconocer estas participaciones.
En Mexico, ni más ni menos, podemos encontrarnos con muros en el MUAC de la UNAM o en el MUNAL dependiente del INBAL. En el museo Tamayo los nombres de los donadores se encuentran en las mismas salas de las cuales son mecenas.
Así pues se trata de una necesaria colaboración entre la institución y la iniciativa privada o personas que con esto también buscan una legitimación social y una visibilidad cultural. Son cómplices, pero con variados intereses. Se trata de un intercambio de valores que benefician de algún modo a ambas partes. Me atrevo a decir esto porque creo que existe una confusión institucional. Me enteré por un comunicado público que ahora se quiere incluir a toda una plantilla que a mi entender esta sobrada por varias razones.
Me explico. Se quiere incluir a quienes, subrayo, como artistas activos, pagaron sus impuestos depositando ante el SAT algunas piezas. Y posteriormente, el Museo de la SHCP sorteó su reparto a las entidades federativas. Les informo que estos artistas no donaron obra: pagaron sus correspondientes impuestos como todo ciudadano tiene que hacer.
Ni se trata de una donación, ni es una generosidad de su parte; es su obligación.
Por otro lado, algunos artistas efectivamente donaron alguna obra como intercambio por exponer en ese espacio. En este caso creo que se tendrían que deslindar, también, los intereses o beneficios mutuos y valorar si los artistas en este rubro debieran participar de igual forma que los mecenas. Por cierto esta división histórica se remonta al Renacimiento.
Así pues, no todos caben en el mismo costal, ni por las formas de participar ni por los fines. Como ven, existe una confusión institucional que negociando, entendiendo y valorando los fines y mecanismos de partipacion se pueden subsanar para no caer en la falsa idea de que toda obra que ingresa a la institución se mide con la misma vara. De ahí que hoy cantemos las diversidades que no sólo son de lengua, cultura, gastronomía, etc. También de participación institucional y es imprescindible tambalear, cantar y visibilizar esa diversidad.
Por cierto, poner a bailar de vez en cuando a personas de la tercera edad en el lobby del MUSAS no es crear comunidad, ni educar, ni construir intercambio de saberes. Es entretener a esas personas y hacerles creer que un museo y un salón de baile son lo mismo. Perdonen, pero un museo EDUCA a través de muchos mecanismos más complejos, no entretiene, ni es un distractor esporádico. Para eso está Netflix.
Zapatero a tus zapatos,
Edgardo Ganado Kim
Curador