

Ayer el Gobierno nacional envió al Congreso el proyecto de reforma integral del Código Penal, que incorpora la imprescriptibilidad de delitos gravísimos: abuso sexual en todas sus modalidades, homicidio agravado, trata, corrupción de menores, terrorismo y otros crímenes que marcan vidas enteras.
Es un paso importante.
Pero ninguna reforma de este alcance puede avanzar sin la participación directa de quienes trabajamos desde hace años en la protección de niñas, niños y adolescentes, en el acompañamiento a sobrevivientes y en la incidencia pública por el acceso a la justicia.
Desde ARALMA, junto a activistas, sobrevivientes y organizaciones aliadas, venimos impulsando este debate desde 2021, con proyectos de ley presentados, documentos técnicos y campañas que volvieron a instalar el tema en la agenda pública. Entre esos aportes se encuentra “Sin plazo para la verdad”, ya incorporado como insumo de consulta en la cámara de diputados de la nación.
Nuestro trabajo no empezó ahora.
Durante años, cuando el debate parecía clausurado y la imprescriptibilidad se consideraba inviable, ARALMA sostuvo un movimiento amplio, articulando con organizaciones nacionales e internacionales, profesionales y activistas de distintos países. Participamos en debates públicos en otros países, colaboramos en la producción de conocimiento y presentamos informes al Comité de los Derechos del Niño de la ONU, que instó al Estado argentino a ocuparse del tema. Ese llamado internacional fue clave para reabrir la discusión.
La última vez que el Congreso había avanzado en este campo fue en 2015, con la Ley de Respeto al Tiempo de las Víctimas.
Esa ley marcó un hito fundamental: reconoció que las víctimas de abuso sexual infantil suelen necesitar muchos años para hablar y amplió los plazos para denunciar. Fue un logro indispensable para el acceso a la justicia.
Pero dejó pendiente una deuda estructural: en los delitos sexuales cometidos contra niñas, niños y adolescentes, el tiempo subjetivo de la víctima nunca coincide con los plazos penales.
Por eso insistimos:
Las transformaciones reales solo se construyen con las voces de sobrevivientes, organizaciones, especialistas en niñez y salud mental, profesionales que intervenimos cotidianamente e instituciones con trayectoria en protección y reparación.
Cualquier reforma sin esta participación reproduce las mismas injusticias que buscamos reparar.
La imprescriptibilidad es una demanda histórica.
El desafío ahora es garantizar que la reforma se construya con participación real, informada y ética, para que ninguna víctima vuelva a quedar silenciada por el Estado.
Seguimos trabajando, sin pausa.
Gracias por acompañar este reclamo colectivo de justicia.
Gracias por compartirlo 💜