

DECLARACION EN FAVOR DE LA CANDIDATURA DE SERGIO RAMIREZ MERCADO PARA INGRESAR EN LA RAE


DECLARACION EN FAVOR DE LA CANDIDATURA DE SERGIO RAMIREZ MERCADO PARA INGRESAR EN LA RAE
La causa
Ante el reciente esfuerzo por politizar la candidatura del escritor nicaragüense Sergio Ramírez Mercado para ocupar la silla L de la Real Academia Española (RAE), que perteneciera previamente a Mario Vargas Llosa, quienes suscribimos esta carta consideramos necesario expresar, con serenidad y sentido de responsabilidad, nuestra profunda preocupación por el cariz que ha tomado este debate.
La elección de un miembro de la RAE debe responder, ante todo, a la magnitud de los aportes del candidato al idioma español, a la literatura y a las culturas hispánicas. Desde esa perspectiva, la trayectoria intelectual y literaria de Sergio Ramírez constituye un mérito ampliamente reconocido en el ámbito internacional. Novelista, cuentista, ensayista, periodista y gestor cultural de vasta trayectoria e influencia, por más de seis décadas el nicaragüense se ha dedicado a enriquecer la lengua española con una obra rigurosa, lúcida y profundamente comprometida con la condición humana, la complejidad histórica de nuestra región y los valores de la libertad y la convivencia.
Su reconocimiento con el Premio Cervantes, entre muchos otros galardones, no sólo confirma la calidad de su escritura, sino también la dimensión universal de una obra que ha sabido ampliar los horizontes expresivos del español contemporáneo. La lengua, al fin y al cabo, no se fortalece únicamente en los tratados gramaticales o en los archivos institucionales: vive y se transforma en la imaginación de quienes la llevan a sus más altas posibilidades artísticas.
Por ello, consideramos desacertado reducir esta discusión a disputas circunstanciales o a controversias de naturaleza partidista. La RAE no debería convertirse en escenario de confrontaciones ideológicas ajenas a su misión esencial: custodiar, estudiar y celebrar la riqueza del idioma común que comparten cientos de millones de hispanohablantes.
La historia de la literatura demuestra que las grandes instituciones culturales se engrandecen cuando privilegian el legado intelectual por encima de las pasiones coyunturales. Introducir debates politiqueros en una deliberación de esta naturaleza corre el riesgo de empobrecer el sentido profundo de una elección que debería estar guiada por criterios de excelencia literaria, trascendencia cultural y contribución al patrimonio lingüístico hispánico.
Sergio Ramírez Mercado representa, precisamente, una de las voces más sólidas y significativas de la literatura en español de las últimas décadas. Su incorporación a la RAE sería coherente con la tradición de una institución que históricamente ha sabido reconocer a escritores cuya obra trasciende fronteras nacionales y dialoga con la comunidad hispanohablante en su conjunto, al reconocer su unidad en la diversidad y anhelo de entendimiento, por encima de las diferencias.
Defender ese principio no implica uniformidad de pensamiento ni adhesión política alguna; implica, por encima de todo, preservar la autonomía de la cultura frente a los intentos de instrumentalización circunstancial. La lengua española pertenece a todos. Y quienes la han engrandecido desde la creación literaria merecen ser juzgados, ante todo, por la altura y permanencia de su obra.
Con respeto y convicción,

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La causa
Ante el reciente esfuerzo por politizar la candidatura del escritor nicaragüense Sergio Ramírez Mercado para ocupar la silla L de la Real Academia Española (RAE), que perteneciera previamente a Mario Vargas Llosa, quienes suscribimos esta carta consideramos necesario expresar, con serenidad y sentido de responsabilidad, nuestra profunda preocupación por el cariz que ha tomado este debate.
La elección de un miembro de la RAE debe responder, ante todo, a la magnitud de los aportes del candidato al idioma español, a la literatura y a las culturas hispánicas. Desde esa perspectiva, la trayectoria intelectual y literaria de Sergio Ramírez constituye un mérito ampliamente reconocido en el ámbito internacional. Novelista, cuentista, ensayista, periodista y gestor cultural de vasta trayectoria e influencia, por más de seis décadas el nicaragüense se ha dedicado a enriquecer la lengua española con una obra rigurosa, lúcida y profundamente comprometida con la condición humana, la complejidad histórica de nuestra región y los valores de la libertad y la convivencia.
Su reconocimiento con el Premio Cervantes, entre muchos otros galardones, no sólo confirma la calidad de su escritura, sino también la dimensión universal de una obra que ha sabido ampliar los horizontes expresivos del español contemporáneo. La lengua, al fin y al cabo, no se fortalece únicamente en los tratados gramaticales o en los archivos institucionales: vive y se transforma en la imaginación de quienes la llevan a sus más altas posibilidades artísticas.
Por ello, consideramos desacertado reducir esta discusión a disputas circunstanciales o a controversias de naturaleza partidista. La RAE no debería convertirse en escenario de confrontaciones ideológicas ajenas a su misión esencial: custodiar, estudiar y celebrar la riqueza del idioma común que comparten cientos de millones de hispanohablantes.
La historia de la literatura demuestra que las grandes instituciones culturales se engrandecen cuando privilegian el legado intelectual por encima de las pasiones coyunturales. Introducir debates politiqueros en una deliberación de esta naturaleza corre el riesgo de empobrecer el sentido profundo de una elección que debería estar guiada por criterios de excelencia literaria, trascendencia cultural y contribución al patrimonio lingüístico hispánico.
Sergio Ramírez Mercado representa, precisamente, una de las voces más sólidas y significativas de la literatura en español de las últimas décadas. Su incorporación a la RAE sería coherente con la tradición de una institución que históricamente ha sabido reconocer a escritores cuya obra trasciende fronteras nacionales y dialoga con la comunidad hispanohablante en su conjunto, al reconocer su unidad en la diversidad y anhelo de entendimiento, por encima de las diferencias.
Defender ese principio no implica uniformidad de pensamiento ni adhesión política alguna; implica, por encima de todo, preservar la autonomía de la cultura frente a los intentos de instrumentalización circunstancial. La lengua española pertenece a todos. Y quienes la han engrandecido desde la creación literaria merecen ser juzgados, ante todo, por la altura y permanencia de su obra.
Con respeto y convicción,

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Petición creada en 14 de mayo de 2026