

¡ENORMES GRACIAS A LAS MÁS DE 50.000 PERSONAS QUE HABÉIS APOYADO ESTA INICIATIVA!
Hoy, 14 de febrero, Día Europeo de la Salud Sexual queremos celebrar la acogida de esta petición y en este día seguir poniendo de manifiesto la necesidad de dar este paso para la aprobación e implementación de la Especialidad de Infecciosas en España.
Y os queremos acercar nuestro mayor porqué.
Abel, malagueño, tenía 25 años cuando recibió en 2015 el diagnóstico de VIH a través de una carta. Era donante de sangre y habían encontrado anticuerpos del virus en su muestra. Tenía que confirmar su diagnóstico, pero el miedo, tras recibir una comunicación tan fría de su estado serológico, ya se había instaurado en su cuerpo. Tras mucho papeleo y poca empatía, consiguió cita con la unidad de enfermedades infecciosas, confirmando su mayor temor: tenia que enfermar para empezar su tratamiento.
Después de un año sin ninguna alternativa terapéutica ni seguimiento, hubo un cambio de profesional y, con él descubrió que todo aquello fue una mala praxis regada de homofobia y serofobia por parte del anterior facultativo. “¿Cómo llegó ese médico a atender a personas con VIH? ¿Por qué nadie lo formó en todo lo que necesitaba saber sobre lo que abarca la infección del virus?”, se pregunta Abel.
La realidad del VIH, y otras infecciones, está llena de otros factores biopsicosociales, como el estigma, la depresión, el impacto en la salud mental, el manejo de la adherencia al tratamiento y un largo etcétera, que se alejan del simple análisis de una carga viral y un recuento de células CD4.
La especialidad en enfermedades infecciosas no existe en España, a pesar de que todos los países europeos cuentan con ella, con la consiguiente discriminación que esto supone para los pacientes de nuestro país. Discriminación que se ve además reflejada en las actitudes y comportamientos de profesionales sanitarios que, en muchas ocasiones, no se han especializado en los componentes esenciales del abordaje de enfermedades que van más allá del virus o la bacteria que las causan.
Según un reciente estudio de SEISIDA la percepción que tienen los sanitarios, de cómo viven su condición de salud las personas con VIH, dista mucho de cómo lo ven éstas. El impacto de los síntomas en la calidad de vida es percibido como menos grave por el personal clínico, mientras que estudios recientes muestran que las mayores comorbilidades en personas con VIH están relacionadas con la salud mental.
Las enfermedades infecciosas son un grave problema sanitario. En 2019, la OMS definió las 10 mayores amenazas para la salud pública mundial y cinco de ellas eran enfermedades infecciosas; posteriormente se ha sumado la COVID-19. Según los últimos datos publicados, las enfermedades infecciosas serán la primera causa de muerte en 2050.
Los extraordinarios avances alcanzados en la prevención, el diagnóstico y el tratamiento de las enfermedades cardíacas, pulmonares, neurológicas, o del cáncer, han sido posibles gracias a la creación de especialidades específicas como las de Cardiología, Neumología, Neurología y Oncología entre otros. Gracias a ellas se han podido formar especialistas de alto nivel, con los conocimientos y competencias necesarios para atender a pacientes con la máxima calidad científico-técnica y en el abordaje de los factores psicosociales alrededor de la infección.
El diseño transversal de los programas de calidad asistencial que lideran los especialistas en enfermedades infecciosas, en coordinación con otros especialistas del hospital y extrahospitalarios, contribuye a reducir la fragmentación actual de la asistencia a los pacientes con estas infecciones y nos refuerza, como sistema de salud, para hacer frente a los microorganismos resistentes como amenaza sanitaria mundial.
En estos más de 41 años de la pandemia del VIH, la especialidad de infecciosas ha crecido informalmente, sin estar regulada dentro de una especialidad médica oficial, que garantizase la capacitación adecuada y continuidad de los profesionales. Ha sido la voluntad y esfuerzo de muchos y muchas de ellos, a raíz de los primeros años del sida, lo que ha ido tejiendo esa especialización que da respuesta a otras muchas infecciones que causan graves consecuencias, no solo en la salud individual sino en la colectiva. Algunos ejemplos recientes como la hepatitis C, la COVID19 o MPOX no hacen más que corroborar la necesidad de formalizar un proceso que, de no hacerlo, amenaza con dificultar el relevo generacional en nuestros servicios médicos.
Nuestros especialistas en infecciosas comienzan a envejecer, como las personas con VIH, afortunadamente, y al reto de garantizar la calidad de nuestras vidas a largo plazo, se le suma el de la calidad de nuestros servicios especializados.
A Oliver, salamantino, tras ingresarle en el hospital de urgencia en 2018, le llevaron a la planta de medicina interna. Allí tardaron tiempo en decidir que lo que necesitaba era una prueba del VIH. Cuando tras dos semanas, varios internistas llegaron a esa conclusión, el resultado, mal comunicado y gestionado entre varios de ellos, fue positivo. La sensibilidad y conocimiento específico acerca de la infección fue escaso y hasta dos semanas después, Oliver, no tuvo la oportunidad de hablar con una profesional de la unidad de infecciosas, que supo tratarle y orientarle adecuadamente.
Desde entonces, acude a su cita cada seis meses con un médico diferente, porque no tienen plaza fija al no existir una especialidad y, consecuentemente, rotan. Cada nuevo encuentro supone un comienzo, una ruptura con el esencial vínculo terapéutico con el especialista en el abordaje del VIH, y “una nueva situación incómoda al tratar de nuevo temas de carácter personal que no suelen ser manejados adecuadamente dentro del sistema de salud”, comenta Oliver.
De esta manera, lo fundamental, para la aprobación de esta especialidad, no está solo en la legalidad que la ampara, en el manejo de esas infecciones y fármacos necesarios, o sólo en la capacitación clínica y en determinantes sociales de la salud.
Lo fundamental es reconocer un espacio especializado que ha generado un modelo para curar también el estigma, y abordar adecuadamente esos determinantes sociales y culturales, que son claves para estas infecciones y el abordaje de otras realidades que impactan en la salud. Ha generado un paradigma multidisciplinar y multicéntrico que cuida a pacientes, pero también a personas sanas a nivel preventivo y sirve de eje para muchas patas del sistema de salud pública y del entorno de los recursos comunitarios.
Abel, Paz, Oliver, Cristina, son algunas de las pocas personas visibles con VIH en nuestro país, algunas de las pocas historias de las muchas (más de 150.000 personas con VIH en España), que podemos contar, porque el resto se quedan en el cajón del estigma, donde se ha ido dejando una decisión que el Ministerio de Sanidad y las Comunidades Autónomas deben tomar, aplicando además la ley vigente.
España va a liderar en 2023 la Unión Europea con su presidencia, durante el segundo semestre del año, y ya ha sido anunciado que la lucha contra el estigma del VIH será una de las prioridades del gobierno español durante ese mandato.
Sería un nuevo gesto de estigmatización acudir a esa cita, en favor de los derechos de las personas con VIH sin una especialidad que, gracias a la respuesta que ha dado a este virus, ayuda a garantizar nuestra calidad de vida, la de miles de pacientes con otras condiciones de salud y una adecuada salud pública.
¡ESPECIALIDAD DE INFECCIOSAS YA!
Necesitamos ya hacer justicia clínica y social para evitar el estigma “interno” de no tener una especialidad de enfermedades infecciosas reconocida dentro del sistema sanitario español.
[1] Amador et al. La percepción de los pacientes con VIH y de los médicos sobre las características del tratamiento antirretroviral, la satisfacción. GeSIDA. Málaga 21. SEISIDA
[2] Fuster Ruíz de Apocada et al. Percepción de las personas con VIH sobre la calidad de la atención médica y su impacto en la calidad de vida. GESIDA. Málaga 2021 P014