Victoria
Dirigida a Junta de Andalucía y 1 otro/a

Paralizar el acceso a cátedras de conservatorios superiores

Soy Alvaro Arrans Lara. Profesor de viola con destino en el conservatorio Cristóbal de Morales, pero que ocupa una plaza de cátedra desde hace mucho tiempo, desde que le conservatorio superior se separó del medio concretamente.

Desde mi época de estudiante he sido un auténtico enamorado de la música, y ya desde entonces empezaba a discernir los fallos de un sistema educativo que, lejos de mejorar, empeoraba día tras día.

Me acuerdo cuando por primera vez accedí a una interinidad como profesor me sorprendí cuando me enteré de que el ejercicio práctico, había sido suprimido y sustituido por una suerte de baremo de méritos en los cuales no contaba ni una décima de punto haber sido alumno de algún profesor de reconocido prestigio en Europa pero si haber asistido a un curso, acreditado por la junta de Andalucía de una disciplina completamente diferente a la que se optaba.

Los años pasaron y aprobé mis oposiciones en Madrid, porque aquí no se convocaban, y lo digo con orgullo porque fui el número uno de aquel proceso selectivo. Con el tiempo pasé a formar parte del primer tribunal de oposiciones de mi vida en calidad de presidente. Lo que en aquellos tiempos me escandalizaba había pasado a ser la más absoluta normalidad. Para ser profesor de una disciplina instrumental no era prioritario tener dominio de el instrumento, sino que era algo completamente secundario en virtud de las bases de la convocatoria de aquel concurso oposición. Si mal no me acuerdo, el proceso selectivo estaba constituido por tres pruebas.

Un temario histórico-específico instrumental, una segunda prueba que consistía en dos sub-apartados: un análisis de una partitura y un ejercicio práctico, y una tercera prueba que consistía en un debate en el cual el opositor defendía una memoria.

Si hacemos un cálculo matemático, en esta oposición, sin tener en cuenta la fase de concurso de méritos, el ejercicio práctico contó aproximadamente un quince por ciento.

Ha habido varias oposiciones desde entonces en las que no he participado pero he seguido con interés. en las últimas, sin ir más lejos se convocó a presidentes de tribunal que tenían muy poca experiencia y los cuales se les dio la consigna de que la prioridad absoluta era facilitar el acceso de los interinos a la función pública, consigna dictada verbalmente, por supuesto, ante la ilegalidad de la misma.

Pasando por alto la endogamia del sector en los procesos selectivos y los concursos de asignaturas que se imparten por "aclamación democrática", llegando a situaciones tan dantescas como impartir una asignatura llamada "fervor sevillista" en la facultad de física; los conservatorios han ido engordando con toda suerte de asignaturas teóricas en detrimento de las asignaturas prácticas, que son las que justifican la existencia de los mismos. No olvidemos que un alumno quiere aprender a tocar el violín, o el piano, pero raramente va a elegir hacer armonía como primera materia, sin menoscabo de que estas materias sean importantes para su formación.

Para el acceso a las cátedras en los conservatorios andaluces basta con tirar de hemeroteca para ver cómo han sido las distintas convocatorias: Baremos y más baremos de cosas que pueden parecer de chiste y que dejarían a Kafka a la altura de un principiante. Se ha contado la experiencia concertística a través de certificados, donde daba lo mismo tocar la "Pantera Rosa" en la taberna de Pepe que tocar el concierto de Brahms para violín en el Auditorio Nacional. Se han dado toda suerte de recitales gratuitos por el mero hecho de que se podían obtener puntos para el concurso. En el apartado de grabaciones se ha llegado a presentar un cd para tranquilizar a los equinos de Bujalance. Podría seguir enumerando una infinidad de absurdos que quizás no vengan al caso ahora. Todo salvo hacer un ejercicio práctico, con la excusa de que el ejercicio práctico ya se realizó en el ingreso como funcionario de carrera.

Lo que estamos planteando con el ingreso a cátedras sin ejercicio práctico, sería una nueva patada hacia adelante, agravando el problema y dando puestos vitalicios a profesores que no demuestren justamente su valía. Se habla desde otros sindicatos de que es lo que los profesores piden, pero yo soy profesor y no pido eso. ¿Pensamos en unos puestos de trabajo? No. Estos profesores no perderían su condición de funcionarios. Estos profesores no pueden ni deben ser juez y parte. Se trata de ofrecer una educación pública y de calidad que simplemente cuente con un proceso selectivo justo. Se trata de que los alumnos que salgan de nuestros conservatorios sean competitivos en las orquestas y no solamente lo sean los que puedan pagarse unos estudios en el extranjero.

 

Insisto, yo soy profesor y, con la medida que propongo podría dejar de trabajar en el Conservatorio Superior. Pero creo que debemos tener altura de miras y no pensar en nuestras propias prerrogativas, sino en el futuro de nuestros hijos que se puede ver seriamente afectado si hacemos "catedráticos vitalicios" a quien no pase por un proceso selectivo justo.

Esta petición fue entregada a:
  • Junta de Andalucía
  • Consejería Educación de la Junta de Andalucía

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