

Queridos firmantes,
Ayer fue un día muy especial para mí porque conocí en persona a Ángel Hernández, el hombre que ayudó a morir a su mujer, María José Carrasco, el pasado 3 de abril. Lo que hizo Ángel fue un acto no solo de valentía en una sociedad que aún impide que las personas puedan decidir cómo y cuándo dejar de sufrir, sino también de amor hacia María José.
Como sabréis, yo también ayudé a morir a una mujer. Fue en 2005, se llamaba Carmen y su estado era terminal. Por practicar la eutanasia, fui condenado. Por eso, cuando vi lo que Ángel había hecho, y sabiendo que la eutanasia aún no está despenalizada en nuestro país, decidí ayudarle. Esta petición que tantos y tantas habéis firmado -hemos superado ya las 583.000 firmas- no es solo un acto de apoyo, es también un cuestionamiento al sistema. ¿Cómo es posible que sentemos en un banquillo del juzgado a alguien que ha defendido la dignidad?
Ángel, con este acto, ha dicho: “No me escondo más por ayudar a morir a alguien a quien quiero, no tengo que huir en el último minuto. Esto se acabó”.
Es importante que este tema deje de ser un tabú. Tenemos derecho a una vida digna -con todo lo que eso supone: acceso a la vivienda, un trabajo no precario, un sueldo decente- y, por tanto, también a una muerte digna. La muerte es parte de nuestro trabajo como médicos, así que si no lo hacemos nosotros, si no somos nosotros los que entendemos el dolor humano hasta el final, ¿quién si no? Precisamente una ley permitiría que esa muerte elegida se haga bajo unas garantías. Y, sobre todo, evitaría que personas como Ángel tengan que verse inmersos en un proceso judicial.
De todo esto hablamos ayer en un coloquio que organizó Teatro del Barrio junto a Ángel Hernández, David Lorente (hijo de la ya fallecida Maribel Tellaetxe y quien pide la despenalización de la eutanasia a través de www.change.org/eutanasia), Fernando Marín (presidente de Derecho a Morir Dignamente) y Jordi Évole. El tema ya está en la agenda política y mediática, no es ni siquiera algo que haya que debatir cuando se sabe que el 80% de la ciudadanía apoyaría la regulación de la muerte digna. Es un tema inevitable, como se vio en el debate entre los principales candidatos el pasado martes.
Sin duda, el día de ayer fue emotivo y emocionante, como tantas cosas que me están ocurriendo últimamente desde que decidí contar mi historia como médico condenado por practicar la eutanasia. Poder darle un abrazo a Ángel, por quien inicié una petición en Change.org para que la Fiscalía no presente cargos contra él, fue reparador.
Gracias a todos y a todas por firmar, por apoyar, por compartir. Ya no nos vamos a callar.
Marcos Ariel Hourmann