
La apertura de esta oficina, similar a las que ya existen en Cataluña y la Comunidad Valenciana, ha indignado a las miles de víctimas de la inmersión lingüística en Baleares.
Es el caso de Irma Ricciardiello. Su historia saltó a los medios hace dos años, cuando denunció públicamente el calvario que sufrían sus hijos en el colegio Can Raspalls de Ibiza: "Si mi hija pedía hacer pis en español, la maestra le decía que no la entendía". A su hermano mayor, la profesora no le dejaba participar en clase por el simple hecho de llevar el libro en castellano. Tampoco le corregía los deberes. Es más, le penalizaba.
Irma sufría cada día viendo cómo sus hijos "crecían pensando que hablar en castellano estaba mal", llevó su lucha a todas las instituciones posibles. Consiguió que el Defensor del Pueblo le diese la razón y corroborase que, efectivamente, el colegio Can Raspalls discriminaba a las familias que solicitaban educar a sus hijos en castellano.
Sin embargo, a nivel educativo, lo único que logró fue que el consejero Martí March, el mismo que hoy habla del "dolor" de los catalanoparlantes, acudiese al centro a apoyar a todos aquellos que discriminaban a sus hijos. Incluido Godofredo, el profesor que se disfrazaba de payaso para dar castellano y ridiculizar así la enseñanza de esta lengua. "¿Y ahora va diciendo que abre la oficina ésta para paliar el dolor de los catalanoparlantes?, se pregunta indignada. Es que es ridículo y absurdo, cuando es justamente él el que se lo está haciendo a los demás. Es repugnante".
Fuente: Libertad Digital