Petición cerrada

Persigan el antisemitismo del movimiento racista BDS

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Por la prohibición total de BDS en todos los ayuntamientos de España y fin de las subvenciones a organizaciones pro-terroristas.

BDS (Boicot, Desinversiones y Sanciones) es un movimiento que se postula públicamente como ONG que dice luchar por los derechos de los palestinos. Sus militantes señalan el origen oficial  en 2005 y establecen como creadora a la sociedad civil palestina, sin embargo hay datos que sitúan su inicio en el Foro de ONGs de Durban de 2001 (foro que Naciones Unidas condenó por sus abiertas expresiones antisemitas). El propósito de la Conferencia de Durban era aislar totalmente a Israel, privándolo no sólo de inversiones sino también de relaciones diplomáticas, sociales, de cooperación militar y cultural. A partir de ese año el boicot comenzó a promoverse en universidades de los Estados Unidos, fundándose BDS oficialmente en 2005.

Hoy es ampliamente conocido que BDS señala empresas israelíes, promueve boicots a científicos, artistas y deportistas israelíes, judíos o no, sospechosos de apoyar al Estado de Israel, al que BDS ha decidido tachar de genocida. Este movimiento da claras muestras de no entender la gran diferencia entre el derecho a la legítima defensa y el genocidio o la limpieza étnica. Basta leer la definición de genocidio en el diccionario de la RAE para entender la tendencia de BDS a la demonización de Israel.  Las muertes de inocentes siempre son lamentables y BDS olvida que muchas de ellas serían evitables si Hamas no usase a su propia gente como escudos humanos ni utilizase escuelas y hospitales como almacenes de armas.

La supuesta ONG hace uso de técnicas de propaganda y manipulación para propagar libelos cuyo único propósito es la deslegitimación del Estado de Israel. BDS, como el mismo Hamas, no aspira al final de la ocupación como dicen ellos, sino a la deslegitimación política y por tanto la desaparición total de Israel, en tanto Estado judío. Así, los propios palestinos son víctimas de la agenda fanática de esta organización que pone su bienestar como excusa.

El BDS representa el antisemitismo de siempre bajo un nuevo disfraz. Es la máscara solidaria y antisionista cuyo objetivo es negar a los judíos el derecho a vivir en paz y seguridad. Sus instrumentos son la deshumanización y el doble rasero, métodos de propaganda nazis e inquisitoriales. Ya decía Arafat que la guerra tenía como propósito la desaparición de Israel y que esto no iba a conseguirse solamente con las armas.

Ellos se empeñan en autodefinirse como antisionistas pero no antisemitas. La evidencia los desmiente. El intento de boicotear a Matisyahu, un  cantante judío no israelí en el festival Rototom en Valencia es claro ejemplo de ello. Por otra parte sabemos que la sala Bataclan de París, escenario de una carnicería a manos del terrorismo yihadista, había sido amenazada y coaccionada por el hecho de haber sido propiedad de un judío y organizar eventos relacionados con judíos. BDS no puede ocultar sus lazos con el terrorismo palestino, que no es sino terrorismo islamista.

Los boicots afectan a los palestinos a quien ellos dicen defender. Estos pierden sus empleos cuando las empresas se ven obligadas a trasladarse fuera de los territorios bajo disputa, tal como sucedió con Soda Stream en Maale Adumim. El tema no parece importarles y tal vez se deba a que en su agenda es mayor el deseo de estropear la generación de empleo que de favorecer a la población palestina.

En España, coincidiendo en el tiempo con los atentados de París, van prosperando en algunos ayuntamientos mociones que imponen el boicot a Israel y su gente. Tal es el caso de Santiago, Terrassa, Navalafuente, o Gran Canaria. Esto gracias a los votos de la izquierda radical (Izquierda Unida, Podemos y anticapitalistas de distintos nombres), a veces con los votos socialistas o su simple abstención, e incluso alguna abstención del PP.

En Francia, de acuerdo con las leyes anti-racismo de 2003 recientemente se han aprobado sanciones penales para quien promueva el BDS debido a sus connotaciones manifiestamente discriminatorias y antisemitas. En Reino Unido también se ha retirado a los ayuntamientos la potestad de presentar mociones BDS.

España  ahora “devuelve” la nacionalidad a los descendientes de sefardíes expulsados  de esta tierra. El Rey Felipe VI ha dignificado en su discurso la relación de España con los judíos que nunca dejaron de amarla. En esta misma Sefarad convivimos con mociones claramente antijudías que señalan lo producido por israelíes y se saca de los programas a sus intelectuales y sus artistas. El mismo Papa Francisco ha dicho que no se puede ser antiisraelí sin ser antisemita.

Quienes llevan el racismo judeófobo a las administraciones municipales son cómplices, a sabiendas o no, del terrorismo que mata civiles con cuchillos, bombas o  kalashnikovs en Tel Aviv, en París o en Madrid con excusas de la “presión solidaria”. BDS es claramente antisemita. Basta ver las persecuciones a que los miembros de BDS llegan a someter a estudiantes judíos en universidades de Estados Unidos o Canadá. Los “activistas” Se escudan en un discurso solidario que en el fondo es una creación buenista de uso común de odiadores antisemitas y cristianófobos.

La izquierda radical obvia el peligro de dar cabida a este odio en nuestros ayuntamientos y el resto de partidos a veces les dejan hacer. Vivimos tiempos en que no podemos permitirnos este tipo de contradicciones ni titubeos frente a los amigos del terrorismo islamista. No queremos que los alumnos judíos acaben perseguidos en España, no queremos que se señale a empresas ni a personas por su origen ni que se favorezca la proliferación y financiación de grupos amigos del terrorismo que es pura barbarie contra nuestra civilización.

Por todo lo anteriormente expuesto pedimos al Congreso de los Diputados, a la Fiscalía General del Estado y al Defensor del Pueblo:

1. La prohibición total y penalización de mociones de boicots BDS racistas y antisemitas en TODAS las administraciones municipales españolas  y anulación de las mociones BDS que ya han sido aceptadas.

2.La inhibición total de la acción exterior española en subvenciones a organizaciones que hacen glorificación del terrorismo palestino y el antisemitismo y niegan el derecho a existir del Estado de Israel.

       

 



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