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Ha sido Ecologistas en Acción quien ha iniciado la campaña contra esta macroinstalación que, desde el punto de vista urbanístico, consiste en 28 naves de 114 metros de largo por 14 de ancho y más de un centenar de silos para la alimentación de los animales y una inversión que supera ligeramente los 1,1 millones de euros.
La previsión de la empresa en cuanto al consumo de agua es de 237,5 millones de litros al año, algo así como una piscina olímpica cada cuatro o cinco días. Sobre este aspecto, Pérez insiste en ser realista: “Estamos en una zona semidesértica en la que el agua no abunda”.
Entre los problemas, primero es un maltrato animal brutal. En instalaciones pequeñas y poco intensivas, una madre fértil tiene una vida de 14 o 15 años que, en este tipo de instalaciones intensivas ser reduce a 5. El segundo problema es medioambiental, con un consumo de agua ingente, que vendrá del río Guadiana Menor y unos vertidos de purines que, por el sistema de decantación, acabarán filtrados a la tierra y, finalmente, en el río. Y los purines, compuestos principalmente por amoniaco y nitratos, incluyen también los que les dan a los animales.