Rotulación de una calle a "el Penitente"

El problema

Salvador Dorado Vázquez «El Penitente», hombre de vida azarosa y de quien pensamos que Sevilla no le ha rendido aún el tributo de admiración y reconocimiento que merece, dedicándole una calle, a fin de que su nombre perdure para siempre en la memoria de los sevillanos.

Para este menester, creemos que es oportuno recordar su vida:

Nació hace casi ciento tres años, el 5 de junio de 1912, en la calle Galera. Bautizado en la parroquia del Sagrario, con tan solo dos meses de vida, se traslada a Triana, un barrio, que le marcará de por vida. “Conoció la Triana que la prosa de Chaves Nogales refleja en Juan Belmonte, matador de toros, la de los corrales de la calle Castilla, donde por encima de la innegable humildad, y a ratos la miseria, reinaba la belleza de las flores, la buena vecindad y la cotidianidad de lo humano, valores hoy perdidos como aquellos patios y como la memoria de aquel tiempo”. Tras un breve paso por la escuela, el suficiente para saber leer y escribir, pronto comienza a trabajar en los tejares del viejo arrabal, aprovechando la enorme fortaleza física que desde niño demostró. Practicó deporte: fue boxeador invicto en las veladas de un cine de verano de la calle Relator, aunque “solo lo hacía por alardear”. También jugó al fútbol; quienes le vieron cuentan que era un defensa derecho inexpugnable que tras su paso por varios equipos locales –entre ellos el amateur de su Betis– pudo fichar, durante el servicio militar en Madrid, por todo un grande como el Atlético, pero “le tiraba más el trabajar.”

Pero su sitio estaba en Sevilla y más concretamente en Triana. Nunca perteneció a ninguna hermandad más que, con el paso del tiempo, a Madre de Dios del Rosario, en cuya junta de gobierno se integró durante varios mandatos. Sin embargo, desde muy joven, apenas quince años tendría, se enroló como costalero, primero de la Cena con Manolo Rabasa y posteriormente lo fue del Baratillo, a las órdenes de Rafael Ariza “El Viejo”. En activo se mantendría hasta el fatídico accidente del palio de La O el 24 de abril de 1943, momento en el que el tranvía colisionó con el paso de palio, donde iba trabajando en uno de los zancos. Tras el accidente permaneció debajo soportando él solo el peso del paso para que pudieran salir sus compañeros, esto le produjo una lesión en los riñones, aunque de escasa gravedad, pero decidió que era el momento de abandonar el costal.

Entremedio el episodio de la Guerra Civil, primero, durante el levantamiento, salvando la Iglesia del Patrocino, y con ello las imágenes de la Hermandad del Cachorro, y a numerosos vecinos del asalto de las “turba”, tal y como reza su propia declaración a la autoridad pertinente: "18 de Julio del año 1936 estuvo en el Patrocinio de esta barriada, y al empezar los alborotos cogió una pistola del calibre 6,35 que había en la barricada de dicho Patrocinio, soltándola más tarde y cogiendo un mosquetón, con el que se impuso a las masas, para que no quemaran la Iglesia del Patrocinio, pues este les decía que con esto no se adelantaba nada y si tenían algún interés con los que rodeaban la iglesia, que les buscaran y además que fuesen para centro de la capital donde había tiros y podrían demostrar su valor.-

Más tarde, evitó que molestaran al contratista de obras Don Juan Muñoz, que habita en calle Castilla 156, evitando además que asaltaran la tienda de comestibles de la citada calle propiedad de Alsenio Gómez, pasándose después al almacén de jamones de calle Castilla propiedad de Don Venacio García donde evito también que las turbas saquearan dicho almacén, continuando además evitando los desmanes que querían cometer los alborotadores, permaneciendo en Sevilla hasta el día 21 por la mañana que se marchó Camas desde donde se fue."

Y tal y como certifica la propia Hermandad del Cachorro, a través del Secretario y Hermano Mayor de la época (tras realizar las debidas investigaciones), mediante:

“ANTONIO PASCUAL GARCÍA SECRETARIO DE LA HERMANDAD DEL SANTÍSIMO CRISTO DE LA EXPIRACIÓN Y MARÍA SANTÍSIMA DEL PATROCINIO

CERTIFICO :

Que según informes que adquirimos de toda la vecindad y de la difunta Capillera el individuo llamado Salvador Dorado Vázquez, vecino de este barrio en la tarde del 18 de Julio de 1936 fue el que imponiéndose a las turbas evitó que estas consumaran sus propósitos de destruir nuestra sagradas imágenes a cuyo efecto intentaban prender fuego a nuestras Capilla.-

Y para que conste y al efecto de la Justicia consiguiente a requerimiento del interesado expido el presente documento en Sevilla a 10 de Abril de 1939

Año de la Victoria

Vº Bª Daniel Herrera Ortiz (Hermano Mayor)”

Luego, durante la Guerra y siendo Capitán del Ejército Republicano, evitó que ejecutaran al abuelo de Paloma Sánchez Borrero, por el simple hecho de poseer tierras, convenciendo al pueblo de que no había hecho nada malo. Esto ocurrió en Alcaudete de la Jara, donde nace su hija Carmina.

Tras la finalización de la guerra es condenado a muerte, fruto de ser oficial del ejército Republicano. “Un campo de concentración en Heliópolis, la conmuta de la pena por treinta años de cárcel y el paso por un nuevo batallón de trabajadores, en este caso en La Almoraima, fueron los trágicos precedentes de la libertad de Salvador, que llega a finales de 1940.”

Tras la boda civil que se había celebrado en territorio republicano, llega la boda religiosa con Pepa, su mujer, en el año 1942 en San Bernardo. Ese mismo día se bautiza su hija Carmina que había nacido fuera, Rocío, la menor, ya nació en Sevilla. Se establece en los terrenos del Cortijo Maestre Escuela y pasa a ganarse la vida como carrero, repartiendo harina por las panaderías. Del carro pasaría al sector del transporte y luego al muelle, donde estuvo casi treinta años.

Como ya comentamos, tras el atropello del tranvía al palio de La O, Salvador deja atrás su etapa como costalero, años de siete cofradías cada Semana Santa por las que llegaría a cobrar diecinueve duros y dos pesetas. Tras un breve periplo como contraguía de Ariza “El Viejo”, debuta como capataz en solitario en La Trinidad, en el año 46. Su primer segundo fue Paco Quesada, a quien seguiría su compadre Espejito, además de muchos ilustres, claves en su trayectoria, como Manolo Santiago o Salvador Perales, muchos años junto a Él. Otros discípulos de Salvador Dorado son Jesús Basterra, Antonio Santiago, El Quiqui, Pepe Luque, Juan José Gómez y su hermano Manuel (los Hermanos Gómez), El López, Antonio Sutil, inclusive su sobrino-nieto Sergio Barba ha seguido sus pasos. 

Fue un innovador, inventó la Levantá a la Música, bajo su mando se empleó por primera vez la frase que hoy en día es sinónimo de levantá, “¡Al Cielo con Ella!” (El Balilla, 1952), también bajo su mando se realizó por primera vez el paso de Costero a Costero en el paso del Cristo de la Sentencia, y que hoy en día es un sello de identidad de esa cuadrilla. Fue el primero en sacar el Baratillo a Pulso retando la lógica, que decía que no se podía, también fue de los primeros en emplear los Contratos con las Hermandades, donde se incluía el importe a cobrar por cada uno de los puestos, incluso, dependiendo de la Hermandad, se incluían condiciones de tránsito, como “está totalmente prohibido mecer los pasos”. La mayor parte de los costaleros querían trabajar con él, porque era quien mejor los trataba y el que mejor pagaba, llegando incluso a cambiar de cofradía por “una peseta más para sus hombres”. El “aquí está todo inventado” no formaba parte de su vocabulario, gracias a Dios.

Otro de los episodios clave en su trayectoria fue la creación de la primera cuadrilla de hermanos costaleros de la Semana Santa de Sevilla, la del Cristo de la Buena Muerte de Los Estudiantes en 1973, animado por Ricardo Mena Bernal (Hermano Mayor) y, especialmente, por un estudiantil, José Luis Amoscótegui, que fue quién hizo de listero en esa primera igualá, y con la participación de Enrique Henares, José Luis Montoya, Manolo Palomino, y algunos valientes más que se atrevieron a saltarse lo preestablecido, ¿dónde estaríamos hoy en día sin los Hermanos Costaleros?

Ese mismo año la Hermandad de Los Estudiantes le impuso el Martillo de oro de la Cofradía y en 1975, el  Ayuntamiento, le otorga el título de Costalero de Sevilla.

Como Capataz, dirigió los pasos de las Hermandades de Penitencia de Sevilla de El Amor, El Baratillo, El Cachorro, La Bofetá, La Carretería, La Cena, La Estrella, La Hiniesta, La Macarena, La O, La Resurrección, La Sed, La Trinidad, Las Siete Palabras, Los Caballos, Los Estudiantes, Los Gitanos, Los Negritos, Penas de San Vicente, San Benito, San Bernardo, San Esteban, San Gonzalo, San Roque,… en la provincia, Dos Hermanas (Santo Entierro y Estrella), Alcalá del Río, La Algaba, San Juan de Aznalfarache,… Incluso fue reclamado fuera de la Provincia (Huelva, por ejem.). Llegando a sacar hasta once cofradías en una misma Semana Santa, sin incluir el Domingo de Resurrección porque no había ninguna Cofradía en esa época, y eso con una sola Cuadrilla.

También sacó multitud de Hermandades de Gloria en Sevilla y provincia, Madre de Dios del Rosario, Carmen de San Gil, Rosario de la Macarena, Rosario de San Vicente, Rosario de los Humeros, María Auxiliadora de Triana, Inmaculado Corazón de María, Mercedes de la Puerta Real, Amparo, Luz, Virgen de la Cabeza,… la lista es interminable.

Fue tal la repercusión mediática que tuvo que los cofrades de la época se sabían de carrerilla los nombres de sus costaleros como si de un equipo de fútbol se tratara, Segovia, Domínguez, Ríos, Cerezo, el Corneta, el Balilla, el Tolino, Antoñito el Longui, el Boli, el Poeta, el Pingüino, Bernardo, el Moreno, el Tarta, Pizarro, Zapata, el Chato de Triana, el Bigote, … infinidad de grandes Costaleros los que pasaron por su Cuadrilla.

"Era un hombre simpático, pero que no se andaba con tapujos a la hora de llamar a las cosas por su nombre. Ese carácter le valió algún enemigo, pero también muchísimos buenos amigos. La gran mayoría de ellos desfilaron por la huerta que, junto a su familia, habitó durante años en los terrenos que hoy ocupa el colegio de las Carmelitas de Nervión y más tarde por su piso de la Ronda de Pío XII, además de por la lista de El Portela, en la avenida de Cádiz."

A grandes rasgos, este fue Salvador Dorado Vázquez “El Penitente”, un personaje que marcó una época en la Sevilla de su tiempo, con una trascendencia mucho más allá de la del excelente capataz que fue, inigualable el Legado que nos dejó. Admirado por los cofrades, los aficionados e incluso muchos de sus brillantes compañeros en aquellos años sesenta y setenta, hoy resulta casi un desconocido para las nuevas generaciones, erróneamente adoctrinadas en tantos aspectos relativos a la Semana Santa y en especial en lo que concierne al gremio del costal, donde algunos pretenden reinventar la historia. 

¿Se merece o no se merece una calle? Alguno de sus discípulos ya la tiene. De las miles de calles, Avenidas o plazas que tiene Sevilla suponemos que algún rinconcito habrá para honrar su memoria. Ahí está la idea, y a ver si, creyéndola oportuna y aprovechando que pronto se cumplirán 25 años de su fallecimiento, alguien -por ejemplo el Consejo de Cofradías o alguna Hermandad como Los Estudiantes (pionera de los Hermanos Costaleros) o Madre de Dios del Rosario (Patrona de Capataces y Costaleros)- la pone en marcha efectuando la oportuna y oficial petición al Ayuntamiento.

Esta petición ha conseguido 414 firmas

El problema

Salvador Dorado Vázquez «El Penitente», hombre de vida azarosa y de quien pensamos que Sevilla no le ha rendido aún el tributo de admiración y reconocimiento que merece, dedicándole una calle, a fin de que su nombre perdure para siempre en la memoria de los sevillanos.

Para este menester, creemos que es oportuno recordar su vida:

Nació hace casi ciento tres años, el 5 de junio de 1912, en la calle Galera. Bautizado en la parroquia del Sagrario, con tan solo dos meses de vida, se traslada a Triana, un barrio, que le marcará de por vida. “Conoció la Triana que la prosa de Chaves Nogales refleja en Juan Belmonte, matador de toros, la de los corrales de la calle Castilla, donde por encima de la innegable humildad, y a ratos la miseria, reinaba la belleza de las flores, la buena vecindad y la cotidianidad de lo humano, valores hoy perdidos como aquellos patios y como la memoria de aquel tiempo”. Tras un breve paso por la escuela, el suficiente para saber leer y escribir, pronto comienza a trabajar en los tejares del viejo arrabal, aprovechando la enorme fortaleza física que desde niño demostró. Practicó deporte: fue boxeador invicto en las veladas de un cine de verano de la calle Relator, aunque “solo lo hacía por alardear”. También jugó al fútbol; quienes le vieron cuentan que era un defensa derecho inexpugnable que tras su paso por varios equipos locales –entre ellos el amateur de su Betis– pudo fichar, durante el servicio militar en Madrid, por todo un grande como el Atlético, pero “le tiraba más el trabajar.”

Pero su sitio estaba en Sevilla y más concretamente en Triana. Nunca perteneció a ninguna hermandad más que, con el paso del tiempo, a Madre de Dios del Rosario, en cuya junta de gobierno se integró durante varios mandatos. Sin embargo, desde muy joven, apenas quince años tendría, se enroló como costalero, primero de la Cena con Manolo Rabasa y posteriormente lo fue del Baratillo, a las órdenes de Rafael Ariza “El Viejo”. En activo se mantendría hasta el fatídico accidente del palio de La O el 24 de abril de 1943, momento en el que el tranvía colisionó con el paso de palio, donde iba trabajando en uno de los zancos. Tras el accidente permaneció debajo soportando él solo el peso del paso para que pudieran salir sus compañeros, esto le produjo una lesión en los riñones, aunque de escasa gravedad, pero decidió que era el momento de abandonar el costal.

Entremedio el episodio de la Guerra Civil, primero, durante el levantamiento, salvando la Iglesia del Patrocino, y con ello las imágenes de la Hermandad del Cachorro, y a numerosos vecinos del asalto de las “turba”, tal y como reza su propia declaración a la autoridad pertinente: "18 de Julio del año 1936 estuvo en el Patrocinio de esta barriada, y al empezar los alborotos cogió una pistola del calibre 6,35 que había en la barricada de dicho Patrocinio, soltándola más tarde y cogiendo un mosquetón, con el que se impuso a las masas, para que no quemaran la Iglesia del Patrocinio, pues este les decía que con esto no se adelantaba nada y si tenían algún interés con los que rodeaban la iglesia, que les buscaran y además que fuesen para centro de la capital donde había tiros y podrían demostrar su valor.-

Más tarde, evitó que molestaran al contratista de obras Don Juan Muñoz, que habita en calle Castilla 156, evitando además que asaltaran la tienda de comestibles de la citada calle propiedad de Alsenio Gómez, pasándose después al almacén de jamones de calle Castilla propiedad de Don Venacio García donde evito también que las turbas saquearan dicho almacén, continuando además evitando los desmanes que querían cometer los alborotadores, permaneciendo en Sevilla hasta el día 21 por la mañana que se marchó Camas desde donde se fue."

Y tal y como certifica la propia Hermandad del Cachorro, a través del Secretario y Hermano Mayor de la época (tras realizar las debidas investigaciones), mediante:

“ANTONIO PASCUAL GARCÍA SECRETARIO DE LA HERMANDAD DEL SANTÍSIMO CRISTO DE LA EXPIRACIÓN Y MARÍA SANTÍSIMA DEL PATROCINIO

CERTIFICO :

Que según informes que adquirimos de toda la vecindad y de la difunta Capillera el individuo llamado Salvador Dorado Vázquez, vecino de este barrio en la tarde del 18 de Julio de 1936 fue el que imponiéndose a las turbas evitó que estas consumaran sus propósitos de destruir nuestra sagradas imágenes a cuyo efecto intentaban prender fuego a nuestras Capilla.-

Y para que conste y al efecto de la Justicia consiguiente a requerimiento del interesado expido el presente documento en Sevilla a 10 de Abril de 1939

Año de la Victoria

Vº Bª Daniel Herrera Ortiz (Hermano Mayor)”

Luego, durante la Guerra y siendo Capitán del Ejército Republicano, evitó que ejecutaran al abuelo de Paloma Sánchez Borrero, por el simple hecho de poseer tierras, convenciendo al pueblo de que no había hecho nada malo. Esto ocurrió en Alcaudete de la Jara, donde nace su hija Carmina.

Tras la finalización de la guerra es condenado a muerte, fruto de ser oficial del ejército Republicano. “Un campo de concentración en Heliópolis, la conmuta de la pena por treinta años de cárcel y el paso por un nuevo batallón de trabajadores, en este caso en La Almoraima, fueron los trágicos precedentes de la libertad de Salvador, que llega a finales de 1940.”

Tras la boda civil que se había celebrado en territorio republicano, llega la boda religiosa con Pepa, su mujer, en el año 1942 en San Bernardo. Ese mismo día se bautiza su hija Carmina que había nacido fuera, Rocío, la menor, ya nació en Sevilla. Se establece en los terrenos del Cortijo Maestre Escuela y pasa a ganarse la vida como carrero, repartiendo harina por las panaderías. Del carro pasaría al sector del transporte y luego al muelle, donde estuvo casi treinta años.

Como ya comentamos, tras el atropello del tranvía al palio de La O, Salvador deja atrás su etapa como costalero, años de siete cofradías cada Semana Santa por las que llegaría a cobrar diecinueve duros y dos pesetas. Tras un breve periplo como contraguía de Ariza “El Viejo”, debuta como capataz en solitario en La Trinidad, en el año 46. Su primer segundo fue Paco Quesada, a quien seguiría su compadre Espejito, además de muchos ilustres, claves en su trayectoria, como Manolo Santiago o Salvador Perales, muchos años junto a Él. Otros discípulos de Salvador Dorado son Jesús Basterra, Antonio Santiago, El Quiqui, Pepe Luque, Juan José Gómez y su hermano Manuel (los Hermanos Gómez), El López, Antonio Sutil, inclusive su sobrino-nieto Sergio Barba ha seguido sus pasos. 

Fue un innovador, inventó la Levantá a la Música, bajo su mando se empleó por primera vez la frase que hoy en día es sinónimo de levantá, “¡Al Cielo con Ella!” (El Balilla, 1952), también bajo su mando se realizó por primera vez el paso de Costero a Costero en el paso del Cristo de la Sentencia, y que hoy en día es un sello de identidad de esa cuadrilla. Fue el primero en sacar el Baratillo a Pulso retando la lógica, que decía que no se podía, también fue de los primeros en emplear los Contratos con las Hermandades, donde se incluía el importe a cobrar por cada uno de los puestos, incluso, dependiendo de la Hermandad, se incluían condiciones de tránsito, como “está totalmente prohibido mecer los pasos”. La mayor parte de los costaleros querían trabajar con él, porque era quien mejor los trataba y el que mejor pagaba, llegando incluso a cambiar de cofradía por “una peseta más para sus hombres”. El “aquí está todo inventado” no formaba parte de su vocabulario, gracias a Dios.

Otro de los episodios clave en su trayectoria fue la creación de la primera cuadrilla de hermanos costaleros de la Semana Santa de Sevilla, la del Cristo de la Buena Muerte de Los Estudiantes en 1973, animado por Ricardo Mena Bernal (Hermano Mayor) y, especialmente, por un estudiantil, José Luis Amoscótegui, que fue quién hizo de listero en esa primera igualá, y con la participación de Enrique Henares, José Luis Montoya, Manolo Palomino, y algunos valientes más que se atrevieron a saltarse lo preestablecido, ¿dónde estaríamos hoy en día sin los Hermanos Costaleros?

Ese mismo año la Hermandad de Los Estudiantes le impuso el Martillo de oro de la Cofradía y en 1975, el  Ayuntamiento, le otorga el título de Costalero de Sevilla.

Como Capataz, dirigió los pasos de las Hermandades de Penitencia de Sevilla de El Amor, El Baratillo, El Cachorro, La Bofetá, La Carretería, La Cena, La Estrella, La Hiniesta, La Macarena, La O, La Resurrección, La Sed, La Trinidad, Las Siete Palabras, Los Caballos, Los Estudiantes, Los Gitanos, Los Negritos, Penas de San Vicente, San Benito, San Bernardo, San Esteban, San Gonzalo, San Roque,… en la provincia, Dos Hermanas (Santo Entierro y Estrella), Alcalá del Río, La Algaba, San Juan de Aznalfarache,… Incluso fue reclamado fuera de la Provincia (Huelva, por ejem.). Llegando a sacar hasta once cofradías en una misma Semana Santa, sin incluir el Domingo de Resurrección porque no había ninguna Cofradía en esa época, y eso con una sola Cuadrilla.

También sacó multitud de Hermandades de Gloria en Sevilla y provincia, Madre de Dios del Rosario, Carmen de San Gil, Rosario de la Macarena, Rosario de San Vicente, Rosario de los Humeros, María Auxiliadora de Triana, Inmaculado Corazón de María, Mercedes de la Puerta Real, Amparo, Luz, Virgen de la Cabeza,… la lista es interminable.

Fue tal la repercusión mediática que tuvo que los cofrades de la época se sabían de carrerilla los nombres de sus costaleros como si de un equipo de fútbol se tratara, Segovia, Domínguez, Ríos, Cerezo, el Corneta, el Balilla, el Tolino, Antoñito el Longui, el Boli, el Poeta, el Pingüino, Bernardo, el Moreno, el Tarta, Pizarro, Zapata, el Chato de Triana, el Bigote, … infinidad de grandes Costaleros los que pasaron por su Cuadrilla.

"Era un hombre simpático, pero que no se andaba con tapujos a la hora de llamar a las cosas por su nombre. Ese carácter le valió algún enemigo, pero también muchísimos buenos amigos. La gran mayoría de ellos desfilaron por la huerta que, junto a su familia, habitó durante años en los terrenos que hoy ocupa el colegio de las Carmelitas de Nervión y más tarde por su piso de la Ronda de Pío XII, además de por la lista de El Portela, en la avenida de Cádiz."

A grandes rasgos, este fue Salvador Dorado Vázquez “El Penitente”, un personaje que marcó una época en la Sevilla de su tiempo, con una trascendencia mucho más allá de la del excelente capataz que fue, inigualable el Legado que nos dejó. Admirado por los cofrades, los aficionados e incluso muchos de sus brillantes compañeros en aquellos años sesenta y setenta, hoy resulta casi un desconocido para las nuevas generaciones, erróneamente adoctrinadas en tantos aspectos relativos a la Semana Santa y en especial en lo que concierne al gremio del costal, donde algunos pretenden reinventar la historia. 

¿Se merece o no se merece una calle? Alguno de sus discípulos ya la tiene. De las miles de calles, Avenidas o plazas que tiene Sevilla suponemos que algún rinconcito habrá para honrar su memoria. Ahí está la idea, y a ver si, creyéndola oportuna y aprovechando que pronto se cumplirán 25 años de su fallecimiento, alguien -por ejemplo el Consejo de Cofradías o alguna Hermandad como Los Estudiantes (pionera de los Hermanos Costaleros) o Madre de Dios del Rosario (Patrona de Capataces y Costaleros)- la pone en marcha efectuando la oportuna y oficial petición al Ayuntamiento.

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Petición creada en 28 de abril de 2015