NO al arreglo de la presa de Santa Engracia

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Por los ríos sin barreras. Que el Arga fluya
 
Últimamente, en Pamplona, se ha afirmado que se va a volver a cerrar la rotura de la presa de Santa Engracia en el río Arga a su paso por la Rotxapea. Una presa en desuso que reventó este invierno pasado, creando una fractura de varios metros de ancho hacia su zona central que deja pasar el agua que antes estaba retenida. 
La pregunta que nos hacemos es ¿En base a qué criterio se ha tomado esta decisión? ¿Ha habido algún tipo de informe técnico que lo aconseje? ¿Qué tipo de informe? ¿Cuáles eran sus directrices rectoras? Lo primero que se nos ocurre pensar es que se ha tomado el griterío y movimiento de un único colectivo, poco imparcial y con intereses particulares, para considerar su punto de vista como justificación seria y suficiente.
Es lamentable que los grandes esfuerzos que se están haciendo a lo largo de toda la geografía navarra para recuperar nuestros maltrechos ríos se vean entorpecidos y puestos a un lado por intereses minoritarios que enmascaran un uso casi exclusivista de un patrimonio común. Porque no debemos olvidar que desde la segunda mitad del siglo pasado, se reconoce que presas como la que nos compete son muy perjudiciales para la dinámica de los ríos. Por ello, una vez desvinculadas de su original utilidad y en línea con lo que recomienda nuestro mayor conocimiento y experiencia sobre la dinámica fluvial y la ecología de los ríos y sus riberas, hay unas pautas para eliminarlas en la medida de lo posible. En este caso, las circunstancias han hecho que la situación se haya adelantado a las disposiciones futuras
Un colectivo minoritario, basándose en una práctica deportiva, propone restaurar y cerrar la circulación del Arga para proteger la continuidad de su actividad. Para justificar su caso ante la opinión pública, han planteado varios motivos, argumentándolos con afirmaciones muy poco sostenibles que trataremos a continuación. Además, hablaremos de los beneficios de que el agua no se embalse y continúe su camino.

TEMA PAISAJÍSTICO Y ESTÉTICO: Es cierto que las láminas de agua proporcionan un valor estético. No obstante, en este caso es un valor sobrevalorado; no siempre lo bonito es lo necesario, lo útil, o lo bueno y no olvidemos nunca que la belleza es subjetiva.
La imagen actual del Arga entre aguas arriba de Curtidores y Cuatro Vientos nos llama la atención porque en este tramo hemos visto toda la vida el agua embalsada, con un paisaje diferente al que podemos ver en la actualidad sin presa, distinto al que estábamos acostumbrados. Pero es posible reflexionar, y pensar que porque un río casi se seque en verano y apenas lleve agua, no pasa nada; es más, en un río como el Arga, en el que el régimen hidrográfico es pluvio-nival, y que por su ubicación tiene una fuerte influencia mediterránea, es lo que tiene que pasar en época estival; es lo natural. De hecho es lo que pasa en tramos cercanos sin embalsar de Alemanes, San Pedro, San Jorge… sin que nadie se extrañe, sin que nadie los considere antiestéticos, tramos que ahora les invitamos a recorrer con atención.
Una combinación de playas de piedras, aguas corriendo, remansos, y zonas de vegetación... ¿por que no es más vistosa que un río totalmente artificial que parece un canal? A esto, tenemos que darle una vuelta, comenzando todo desde una educación ambiental de calidad.

TEMA DE INUNDACIONES: Entre los argumentos, se afirma que la presa en cuestión no repercute negativamente en las inundaciones. Pues bien, las presas afectan tanto en superficie como a nivel de subsuelo. Por ello se han construido en sucesivas obras una serie de taludes, muros y otras estructuras dentro del área de influencia del río con el fin de paliar y minimizar las afecciones. Parece obvio que la desaparición de la presa es positiva en caso de avenidas, ya que el río necesitaría mayor cantidad de agua para subir a un nivel amenazante. Sin presa, este tipo de imágenes serían menos habituales. Estudios dicen que la presa de Santa Engracia afecta, aunque en menor medida que el puente de Curtidores. Por eso mismo, no tienen sentido alguno la reparación. La presa no es la obra que tiene la culpa de las inundaciones, pero tengamos claro que si que afecta.

SOBRE LA FAUNA: No hay que dejar de lado el grave impacto sobre la fauna autóctona del río. Los autores del escrito parecen desconocer la importancia de los ciprínidos autóctonos (barbo, madrilla…), menospreciando su valor cuando, por ser endémicos de la cuenca del Río Ebro, son los que dan un valor único a esta, a los ríos que la integran, entre ellos al Río Arga. La próxima vez que veamos un barbo, una chipa o una madrilla, deberíamos pensar que son peces únicos en el mundo, y que aunque haya peces muy parecidos, no son los mismos.
Hay un capítulo de alusiones a peces alóctonos invasores, especialmente al pez gato. Es un grupo al que podemos añadir entre otros, alburnos y carpas, a los cuales se les ensalza como objetivos de pesca deportiva, omitiendo que proceden de otros ríos, algunos muy lejanos, incluso de otros continentes. Fueron importados activamente por el ser humano con un impacto muy negativo sobre la fauna y flora locales. Son peces oportunistas, que soportan, toleran e incluso necesitan los remansos producidos por las presas y sus condiciones de calor y pobreza de oxígeno para sobrevivir, expulsando a los genuinos pobladores de forma activa, llegando a producir su desaparición.
Sumamos además otros elementos de fauna alóctona como los galápagos americanos y otras especies que tienen en estas presas sus puntos fuertes de instalación, contribuyendo a su expansión y por tanto a la desaparición de galápagos y anfibios autóctonos.
Otro de sus puntos cuestionables, hace mención a la nula repercusión de esta presa en la movilidad de los seres acuáticos, afirmación sin pies ni cabeza incluso para los menos versados. Una prueba del efecto barrera de la presa eran las frezas de barbos aguas abajo de la misma, frezas que este año no han tenido lugar. Sencillamente, antes se tuvieron que conformar por no poder llegar a aguas más altas, más idóneas para ello, mientras que en esta ocasión les apareció la oportunidad de intentar buscar algo más acorde a sus necesidades.

LA SALUD DEL RIO: La presunta aportación de las presas a la higiene y la salud del río es un argumento fácilmente desmontable. El río presenta en época estival, cuando el caudal es menor, un agravamiento del problema de la contaminación orgánica. Ello ocasiona la caída de la concentración de oxígeno del agua. El problema se empeora con las aguas estancadas. Estas se calientan más y se generan fondos donde este gas llega a desaparecer. Cuando aparecen estas situaciones de escasez de oxígeno, comienzan los procesos fermentativos. En ellos se producen muchas sustancias. Entre ellas abundan las perniciosas para la salud, incluyendo gases. La mayor cantidad de ellas se disuelven en el agua, con el perjuicio que supone, pero en ocasiones, forman burbujas que se ven de vez en cuando en la superficie. Están compuestas por entre otros, gases tóxicos como amoniaco, metano, monóxido y dióxido de carbono, o sulfhídrico; gases para los que las comunidades dulceacuícolas son especialmente sensibles y que estarían prácticamente ausentes de un Arga donde corriera el agua.

GESTIÓN DEL CAUDAL
Sorprenden las alusiones al papel de control y gestión del caudal del agua en época de estiaje de presas similares de nuestro entorno. Evidentemente ninguna de ellas tiene capacidad para hacerlo, pues nunca ha sido su función, y no tienen compuertas ni volumen para desaguar. Lo único que hacen es proporcionar a la ciudadanía una falsa impresión de que el Arga baja lleno de agua. Acostumbrados a esa situación en este tramo, ahora los caudales mínimos nos llaman la atención.
No, no baja menos agua porque no está la presa, sino porque no baja de aguas arriba. Que en verano, con la eliminación de la presa, quede un pequeño hilo de agua y prácticamente el río se seque, no deja de ser un proceso natural por el que no nos tenemos que preocupar.
El río es un elemento vivo que fluctúa a lo largo del año y que funciona muy bien como ecosistema, aunque a nosotros nos pueda parecer lo contrario. La rotura de la presa, permite el transporte de sedimentos, así como que el río divague, erosionando y depositando, generando nuevos hábitats donde lo necesite.
En un río sin presas las piedras van cambiando de lugar todos los años, con isletas que se van asentando conforme crece la vegetación, produciendo lugares donde se recogerán los limos y sedimentos. Igualmente se crearán zonas con pequeñas pozas, que en algunos casos aguantarán todo el año y en otros se secarán según la meteorología y las temperaturas.

SOBRE LA FLORA: La mayor diversidad vegetal propia de un río dinámico, con ambientes variados y cambiantes a lo largo de las estaciones sufre por la presencia de presas, ya que se interrumpe la alternancia de orillas bajas y altas propia de un río con capacidad de movimiento. Las presas provocan la aparición de un paisaje vegetal más rígido y estable en el tiempo y de mucha menor riqueza en especies. Al desaparecer la presa, el bosque de galería podrá cerrarse como en los tramos no embalsados cercanos. Creará más sombra, reduciendo así la insolación y superficie de absorción de luz, lo que se traducirá en un menor calentamiento del agua. Bosque de galería beneficioso para especies de fauna emblemáticas como la nutria y el amenazadísimo visón europeo, una joya en gravísimo peligro de extinción que cuenta en Navarra uno de sus últimos bastiones.
Sería ideal tener sauces en las orillas, acompañados por chopos, álamos, alisos y fresnos, y una franja arbustiva con boneteros, saucos, patxaranes, manzanicas de pastor, y vegetación variada a lo largo de isletas y zonas pedregosas como zarzamoras o rosales silvestres, donde encontraríamos desde pequeños insectos, mariposas y abejas, hasta un buen número de pajarillos, y los mamíferos ya citados.  
El resultado final de tanta presa en Pamplona, es que paradójicamente, un tramo de río que debería proporcionar una gran riqueza de vida vegetal, se queda solo en unos pocos retazos.
  
EN LO REFERIDO A LA HISTORIA: Otro argumento para reconstruir la presa es apelar a su presunto valor histórico. Parece que la presa actual es de las postrimerías del siglo XIX, y seguramente recicló materiales de alguna otra presa anterior. La “famosa” que hace referencia a tiempos pretéritos se mantiene, si fuera el caso, en unas estructuras de madera sumergidas por la actual y ahora al descubierto. Seguramente, de la que se construyó en el siglo XIII sólo queden las crónicas.
En cualquier caso, la función histórica es compatible con su no recuperación y el mantenimiento de su estado actual, ya que la conservación de los estribos puede ser interesante tanto por su valor cultural como para la dinámica fluvial.

TEMA DE BASURAS Y SUCIEDAD: La presencia de basuras y otros desperdicios son reflejo de la “permisividad” y de que la lámina de agua lo tapa todo, mostrando nuestras vergüenzas cuando esta desaparece. La basura está ahí, con agua o sin agua. A ver si el hecho de que se vea más, nos ayuda a mejorar en este aspecto.
Y sobre mosquitos, se debería saber que estos prefieren las aguas estancadas a las corrientes, con lo que la retirada de la presa no aumenta las densidades de los incómodos insectos; la reduce.

USOS ACTUALES: Los usos actuales de la presa están bien claros y han cambiado desde su construcción. A día de hoy su uso es únicamente recreativo, aprovechado por pescadores, piragüistas y remeros.
No sabemos si se han mirado otras alternativas para seguir practicando dichas actividades en otro lugar de Pamplona o cercanías, pero es probable que haya más sitios aptos y adecuados para ello.
Igual que para la pesca cualquier tramo de Pamplona pude servir, para otros deportes sería cuestión de analizar otros tramos de río o incluso embalses cercanos.

CASOS SIMILARES: Esto no es nuevo, y curiosamente en Madrid, en el río Manzanares, en los últimos meses ha pasado algo muy parecido.
Tras una fuerte lucha tanto de movimientos ecologistas como de vecinos, parece que el Ayuntamiento desembalsará una presa en su tramo urbano, que había sido cerrada a principios de julio para crear un canal artificial para la práctica de remo.
Así se mantendrá la renaturalización que poco a poco se estaba dando desde 2016, cuando se abrieron varias presas, dejando correr el agua que antes creaba un auténtico canal.
Este proceso de renaturalización que llevaba más o menos dos años produciéndose, ha producido un aumento de la biodiversidad en el lugar, tanto en aves como en peces, contándose más de 50 especies de aves y abundancia del barbo, especie piscícola autóctona en el río (como es el caso también en el río Arga). Igualmente se han creado isletas de forma natural que poco a poco son conquistadas por matorrales y arbolado, algo que antes era impensable. Por otro lado, la federación madrileña de remo pedía que esa compuerta de la presa número 9 se mantuviera cerrada para producir un embalsamiento de agua y de esta forma crear una especie de canal para seguir practicando este deporte en la zona.
La compatibilidad entre la renaturalización del río y el cierre de la presa se ha visto que es difícil de conseguir y compaginar con agua embalsada, ya que el plan de renaturalización de los casi 8 kilómetros de río urbano suponía la creación de un corredor ecológico que conectase las zonas protegidas del norte de la ciudad, con las situadas al sur.
Y es que aunque al parecer en principió se realizó así y se cerró la presa con la construcción de una escala para peces, se estaban produciendo varios problemas relacionados con la conservación de lo que se había conseguido y con temas de inundaciones, resultando mejor la circulación libre del agua, que el efecto de tener la presa activa. Por ello, esa compuerta número 9 se ha abierto en los últimos días, y el río seguirá su camino, siendo un Manzanares más vivo y natural.
Para evitar que el remo desaparezca, el área de Medio Ambiente y Movilidad del Ayuntamiento ha propuesto a los remeros el embalse de Valmayor para realizar sus prácticas, de manera que el río seguirá su curso y poco a poco se irá renaturalizando otra vez. También tenemos casos más cercanos. En Artikutza, se está comenzando a vaciar un embalse, y los resultados están siendo estudiados por biólogos, en lo que se denomina como el mayor vaciado de un pantano en España.
Además, desde los últimos años son varias las presas eliminadas en Navarra; “La Mina” y “Endarlatsa” en Bera, en la foz de Lumbier, en Ergoiena, en Ituren, en Acedo, en Esparza de Salazar, “Intzura” en Artavia… son varias las demólidas por los argumentos que se han estado dando. En definitiva, por tener unos ríos más vivos y naturalizados.

PLAN FLUVIAL PARA EL ARGA
A principios de 2018 el Ayuntamiento de Pamplona presentó un estudio para mejorar el estado ecológico del río Arga y minimizar el riesgo de inundación mediante un plan fluvial.
En este estudio, se habla de calidad hidromorfológica como deficiente (moderada en algunos lugares), y se cita la escasa movilidad de sedimentos. Además, se aplica un grado de naturalidad del canal fluvial de “0”, y se habla de muy malos bosque de ribera. Una pena, pero nuestro río no tiene la salud que merece.
En este plan, se habla de tomar al río como lo que es; un río. Habla de que las crecidas de caudal tienen que ocurrir y que son un proceso natural, y de que muchas de las medidas que se han realizado para paliar inundaciones, han resultado de utilidad nula. En general nos afirma que tenemos que respetar al río, y no tener miedo a que se desborde. Que haga lo que tenga que hacer.
Además, algo que este plan critica fuertemente es la movilidad del río, y apuesta por la eliminación de presas o azudes para dejar pasar los sedimentos, facilitar el desplazamiento de la fauna y evitar el peligro en ciertas inundaciones.
Y es más, por concretar un poco, en este estudio se habla del mal estado de la presa de Santa Engracia y la de la Harinera de Ilundain, y de la utilidad nula que tienen a día de hoy. Una ocasión perfecta para comenzar a seguir este plan.

Por todo ello, queremos una recuperación del Río Arga en su conjunto, una recuperación en línea con lo que se está haciendo en casos similares por todo el planeta. En el Arga la naturaleza se ha adelantado y ha hecho su tarea y ver como evoluciona un tramo de estas características es un buen inicio.
No tenemos nada en contra de los colectivos que pretenden recuperar la presa, pero por una vez tenemos que respetar y acatar lo que dice la naturaleza. Ella misma ha derribado la presa que se colocó en su día, y tenemos que darle una nueva oportunidad a este río Arga, pulmón de nuestra querida ciudad. Animamos a estos colectivos, al Ayuntamiento, al Gobierno y a la ciudadanía en general a buscar alternativas en otros tramos de Pamplona que no necesiten de la reparación, o a buscar otros lugares cercanos que posibiliten la realización de su sana actividad, permitiendo al río que vuelva a ser lo que en su día fue.
Consideramos que los argumentos para la reconstrucción pueden tener una alta carga emocional, pero técnica y objetivamente no son compatibles con mantener lo que realmente deseamos: respeto y salud para nuestros cauces fluviales y en este caso para el río Arga.
Y es que, no es cosa de cuatro locos, sino que hay una estrategia a nivel europea, varios estudios y un plan fluvial detrás que se basa en todo esto (y en mucho más), y que dice que el margen de mejora del río es mucho mayor de lo que seguramente pensábamos.
Por los ríos sin barreras. Porque es un río, no un embalse. Porque debemos dejar fluir al Arga.
SANTA ENGRACIA NO SE ARREGLA - SANTA ENGRACIA EZ DA KONPONDUKO


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