

“Esos edificios están totalmente destruidos, son dos mierdas de edificios. Son edificios sin ningún valor que son dos cuadras, donde estaba el ganado”.
Con estas palabras, el adjunto a la presidencia de la empresa Ingesport, Alfonso Arroyo, menosprecia los edificios centenarios de la plaza de la Iglesia de Hortaleza que quiere derribar para construir un macrogimnasio privado e innecesario en el corazón del antiguo pueblo.
En una entrevista a Hortaleza Periódico Vecinal, el responsable de los gimnasios Go Fit desdeña el valor del único rincón que se conserva intacto del antiguo pueblo, demostrando que solo les interesa el negocio puro y duro, aunque sea a costa de destruir el rincón más valioso del barrio.
El directivo de Ingesport lo demuestra también cuando se jacta, después de haber talado casi cien árboles el pasado mes de febrero en los terrenos donde pretende levantar el gimnasio, de haber salvado una única palmera: “Tenemos la sensibilidad de hasta conservar el único árbol sano que hay”.
Esos edificios ni son cuadras, ni se están cayendo: hasta hace poco eran una sede de Cáritas. Además, tienen un enorme valor sentimental para el vecindario de Hortaleza, y el propio Ayuntamiento de Madrid los tuvo protegidos hasta 2015.
Sin embargo, en mayo de aquel año, tan solo dos días antes de las elecciones municipales que provocaron el relevo en la alcaldía, el Ayuntamiento retiró la protección de los edificios porque suponían un escollo para aprobar el proyecto del macrogimnasio.