Agradezco a Dios, por guiarme con su sabiduría y misericordia. Agradezco por la posibilidad de continuar, por los vínculos que me sostuvieron y por la oportunidad de caminar junto a quienes encarnan una humildad auténtica. No una humildad que somete, sino aquella que se fortalece en la experiencia, en el coraje que nace cuando se pierde el miedo. Una humildad consciente y poderosa, que reconoce lo que ha enfrentado y lo que aún es capaz de conquistar.
Este año me recordó que mi historia no se construye de manera aislada. Cada paso, cada decisión y cada lucha se inscriben en una narrativa mayor, una que tejemos entre todxs. Que el 2025 sea un año para crecer en comunidad, con la certeza de que la transformación es posible cuando abrazamos nuestras vivencias con respeto, conciencia y dignidad.
Les deseo a todxs unas felices fiestas y un comienzo de año lleno de paz, fuerza y amor.