NO MÁS FESTEJOS TAURINOS EN LA LINEA DE LA CONCEPCIÓN

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LOS LINENSES NO QUEREMOS QUE SE CELEBREN MAS FESTEJOS TAURINOS EN NUESTRA CIUDAD.:                                                                                   Los taurinos dicen: La tauromaquia es un arte.

La primera definición de arte es la que dice que arte es la habilidad o destreza para hacer cosas, que se adquiere con el estudio, la experiencia… Por desgracia, no podemos ni defender que sea un arte en el sentido de la habilidad o la destreza para matar al toro. . El arte es el acto mediante el cual el hombre expresa y crea aquello que es material o inmaterial, haciendo uso de la materia, la imagen, el sonido, la expresión corporal… El arte es una expresión de la actividad humana mediante la cual se manifiesta una visión personal sobre lo real o imaginado. De ninguna manera,  podemos equiparar la arquitectura, la escultura, la pintura, la música, la poesía, el teatro, la danza… a la tauromaquia. Tampoco la mayoría de los ciudadanos europeos. Y estamos seguros que usted tampoco.
Los taurinos dicen: La lidia es una modalidad de enfrentamiento noble y equilibrado

Por desgracia, en ocasiones algún torero comete algún un error y resulta herido o muerto durante una corrida. Es preciso indicar, sin embargo, que estadísticamente muere un torero por cada 300.000 toros lidiados (algunos estudios elevan esta cifra hasta los 500.000) por lo que se puede hablar de la lidia como modalidad de exterminio de toros, pero no como enfrentamiento noble o equilibrado, donde los dos contrincantes tienen posibilidad de salir con vida y sin heridas del combate. Estamos seguros que usted utiliza estadísticas para valorar las afirmaciones.

 

Los taurinos dicen: La tauromaquia es un espectáculo donde el pueblo es soberano porque puede expresar su opinión, donde van pobres, ricos, nobles y plebeyos y su opinión vale lo mismo.
En todos los espectáculos donde se puede gritar, aplaudir y animar, el pueblo es soberano. Así podemos ver al pueblo soberano en campos de fútbol, estadios de básquet, conciertos multitudinarios… El hecho de poder expresar emociones, sensaciones u opiniones, por parte de ciudadanos de diferentes clases sociales, nobles o ciudadanos sin títulos nobiliarios, no los hace acreedores de subvenciones europeas. Por ello, la tauromaquia no debería tener privilegios que otros espectáculos no tienen. Y estamos seguros que usted piensa lo mismo.

 

Los taurinos dicen: Sin la tauromaquia, el toro de lidia se extinguiría

Los caracteres diferenciadores psicológicos que se le suponen a la hipotética raza de lidia (principalmente la difícilmente definible bravura) no parecen perpetuarse de forma regular con la herencia, hasta tal punto que la inmensa mayoría carece de ellos, según denuncian los propios aficionados taurinos.
La supuesta raza de lidia sólo existe como una idea u objetivo a alcanzar por los ganaderos interesados, y ello aceptando que exista un fenotipo ideal, lo cual no es cierto en tanto que el concepto de toro de lidia, tanto en el aspecto morfológico como en el psicológico, viene cambiando a lo largo de los tiempos de acuerdo con las modas taurómacas de cada momento.

Los taurinos dicen: No hay maltrato

Maltrato es la acción de maltratar. De tratar mal. Y tratar mal supone infligir daño material o moral. Todo ser vivo, por biología, tiende a intentar continuar estándolo. Infligir la muerte a un ser vivo implica maltrato, y aunque no lo consideremos en términos absolutos de esta forma, por la necesidad que tenemos de alimentarnos de otros animales, argumentaremos el maltrato que sufre el toro antes de su muerte en el ruedo.

Los neurólogos no sólo saben que el toro es capaz de sufrir, puesto que las estructuras neurales de su diencéfalo y de su sistema límbico son semejantes a las nuestras, sino que a veces lo usan como modelo en estudios sobre el dolor. Un estudio realizado por un veterinario afín a la tauromaquia ha concluido que el toro, cuando es herido en la plaza, produce beta-endorfinas que reducen su dolor.

Cualquier estudio veterinario o médico le dirá lo mismo en otros sujetos: en gatos, en humanos… es un mecanismo biológico de supervivencia, no es patrimonio exclusivo de los toros. Y, de serlo, tampoco podría ser excusa para infligirles dolor. De hecho, todos los centros del dolor y los mecanismos neurales de transmisión del dolor, incluidos los neurotransmisores, son prácticamente idénticos en todos los mamíferos, por lo que estamos seguros que la afirmación de que el toro no es maltratado no es válida. Y estamos seguros que usted tampoco la apoya.

 

Los taurinos dicen: No se metan con el tema de la tauromaquia, que no es prioritario. Dedíquense a erradicar la pobreza, a mejorar la educación, la sanidad…

Lo que es prioritario es destinar ayudas que son discriminatorias e innecesarias como las que reciben los empresarios taurinos a otras causas como la mejora de la educación, la sanidad… Y estamos seguros de que usted también lo cree más justo y prioritario.

Los taurinos dicen: Las teorías de los “antitaurinos” son moralmente despreciables

Los ciudadanos que nos hemos unido bajo esta plataforma formamos parte de un sinfín de ideologías políticas y sociales. No pretendemos cambiar las reglas del juego del mundo en el que vivimos, pero consideramos que el dinamismo de la vida ética exige, hoy, un compromiso para que nuestros hijos crezcan en una Europa con unos valores acordes con los tiempos. Los animales son seres cada vez más reconocidos como importantes desde el punto de vista moral.

Hace pocos años, los negros eran “entidades menospreciadas” que estaban al servicio de la humanidad blanca, no tenían derecho a nada y pertenecían absolutamente a sus dueños. Los movimientos liberacionistas y antiesclavistas lograron abolir la esclavitud, y poco a poco a lo largo del tiempo las personas negras fueron ganando derechos y libertades políticas y civiles que ninguna persona razonable hoy puede poner en duda.

Más tarde, este círculo de consideración moral se fue abriendo para acoger a las mujeres, antes negadas en su humanidad y en su condición de ser portadoras de derechos inalienables. La Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, primero, y luego la Declaración Universal de los Derechos Humanos dan fe de este reconocimiento cultural y del asentamiento de estas ideas, en un principio, revolucionarias y extravagantes, aunque hoy en día ninguna persona ni institución puede pasarlos por alto sin cargar con la condena de la comunidad internacional y con la adopción de diferentes medidas que extreman el cuidado en la práctica y observación de estos principios mínimos de convivencia internacional.

No podemos responder a las preguntas de nuestros hijos sobre la tauromaquia sin sentir una profunda inquietud ética. Por ello, creemos que lo que es moralmente despreciable es no tener en cuenta el sufrimiento de otros seres vivos. Y estamos seguros que usted también piensa que los valores y la ética son las bases sobre las cuales debemos construir el futuro de nuestros hijos.

Los taurinos dicen: Los “antitaurinos” intentan acabar con una cultura ancestral

La cultura es el fomento de los conocimientos y las facultades del hombre y el conjunto de conocimientos que poseemos fruto del estudio y la lectura, de viajes, experiencias… Aunque admitamos que la tauromaquia ha formado parte de la historia de algunas regiones de Europa, y también de Sudamérica, consideramos que los rasgos culturales que se basan en el inflingimiento de daño a otros seres, son selectivamente discriminadores y actualmente sólo pueden ser vistos como una deformación cultural y no como un aporte real al crecimiento humano.

La cultura cimentada en la violencia, en la destrucción y la tortura va contra los principios más elementales de la convivencia pacífica, la multiculturalidad y la cultura de la paz que promueven las sucesivas ampliaciones -ya legales, ya ideológicas- que se han hecho de la carta de los Derechos Humanos (concretamente, los derechos de cuarta generación). Además, y como refuerzo a esta argumentación, existen diferentes estudios psicológicos que correlacionan la violencia hacia los animales con la violencia hacia las personas.
Si hemos luchado por la democracia y por unos valores éticos de pluralismo y tolerancia, no podemos olvidar que la cultura de la paz requiere de unas fuertes bases: debe ser practicada en la realidad.

La cultura de la paz debe ser inculcada desde la primera infancia; y las tradiciones o fiestas que torturan y maltratan un animal hasta la muerte no manifiestan estos principios rectores. Si los adultos toleramos y argumentamos una doble moralidad de la paz, fomentando la violencia hacia los diferentes, ¿como podremos sostener lo contrario, cuando nos encontremos frente a otros casos de violencia hacia la diferencia? Nuestros hijos nos piden bases sólidas sobre las que tejer sus complejas relaciones sociales, y nosotros debemos tener respuestas sólidas y claras. Y estamos seguros que su firma contribuirá a ello.

Los taurinos dicen: Los toros de lidia viven mejor que los animales de consumo

Si bien concedemos el hecho de que el toro de lidia es uno de los pocos bóvidos privilegiados en el sentido de que puede vivir al aire libre, estamos de acuerdo. El toro destinado a la lidia debe superar, al cumplir un año, una prueba para determinar su resistencia (la tienta). Si no la supera, será destinado al matadero o a un festejo menor.
En la dehesa, vivirá hasta que lo destinen a morir en la plaza (unos tres o cuatro años) y no se les suele permitir el apareamiento con vacas durante su vida.

Evidentemente, el hecho de vivir tres o cuatro años al aire libre es mucho mejor que la situación en la que vive el ganado de abasto destinado al consumo humano, estabulado y hacinado en las granjas industriales; pero no podemos desconocer que, con el financiamiento de las ganaderías con dinero público, se está pasando por encima de los principios rectores de la democracia europea; toda vez que -como ya argüimos- es éticamente insostenible solventar con dinero público una actividad que no todos los contribuyentes apoyan. Ni siquiera la mayoría.

Tampoco es éticamente constructivo gastar dinero en un animal para posteriormente eliminarlo en un espectáculo cruel, culturalmente degradante pero económicamente conveniente para un pequeño sector. Peor es la circunstancia cuando se enfrenta a un hombre y a un toro en condiciones desiguales, pues la propia actividad taurina se ha desprestigiado con la usual práctica del “afeitado” de las reses, lo que predispone el debilitamiento de las condiciones naturales del animal, que se enfrenta debilitado y decaído en fuerzas frente al torero. Sin embargo, aún cuando los toros no fueran afeitados, insistimos en el punto de que la tauromaquia y su violencia son medularmente incompatibles con los principios rectores de la convivencia humana en la Europa que estamos construyendo.

 

Para acabar, le dejo fragmentos de un escrito de Wenceslao Fernández Flores, cronista taurino, que relata el sufrimiento en la historia de la tauromaquia de otros seres vivos, de los que no hemos hablado en este escrito, pero que también se ven forzados a actuar en este deplorable espectáculo que nos avergüenza:

… Había un caballo loco entre los adquiridos para una corrida. Nadie quería montar en él, ni era prudente hacerle aparecer en el ruedo. ¿Imaginan ustedes cómo se consiguió domar sus enfermizas impetuosidades? Piensen algo abominablemente monstruoso. ¿Lo han pensado? Pues peor aún. Le saltaron los ojos. Le arrancaron los ojos fríamente, tranquilamente. Anonadada por el dolor, la bestia salió con manso paso a la arena…

…Yo he estado en el patio de caballos de la plaza de toros de Madrid una tarde de corrida. Yo he visto a los monosabios hundir sus manos en el sangriento vientre de los caballos para rellenar con estopas las tremendas heridas. Un incesante dolor corría por las patas de los infelices animales, y sacudían su lomo y su cola mutilada al temblor de un sufrimiento horrible. La sangre goteaba a través de los puñados de hebras enrojecidas. Después, para reanimar a la bestia moribunda, arrojaban contra ella el agua de un balde y la víctima del largo martirio volvía a vacilar bajo el peso del picador, y tornaba al ruedo. Yo podría haber escrito después de aquella visita un artículo estremecedor, suma de crueldades presenciadas y oídas, compendio de impiedades, de brutalidad, cuyo recuerdo se obstinase en la memoria de las gentes de buen corazón. Sólo algo igualaría al horror de ese artículo: su inutilidad.



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