A Statement of Conscience: People of Faith Reject the Livestreaming of an Execution

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The Issue

An Open Letter to Secretary of Defense Pete Hegseth and the United States Department of Defense

We, the undersigned people of faith, representing diverse religious traditions and moral convictions, raise our voices in profound moral objection to the Pentagon’s decision to livestream the scheduled execution by firing squad of Nidal Malik Hasan, the former Army psychiatrist convicted of murdering 13 people and wounding 32 others in the 2009 Fort Hood shooting.

We do not minimize the horror of that tragedy. We honor the lives lost, hold the wounded and survivors in our prayers, and recognize the enduring grief carried by families, fellow service members, and the Fort Hood community. Their suffering deserves our deepest compassion, our unwavering support, and our enduring commitment to justice.

But justice must never become a spectacle, and the power of the state must never be confused with the moral authority to entertain the public with death.

The decision to broadcast an execution raises profound questions about the values we wish our nation to embody. What purpose is served by inviting the public to watch a human being put to death? What lesson is taught when the machinery of government turns an execution into a public event? And what does it say about us when the deliberate taking of a human life becomes something to be witnessed on a screen?

As people of faith, we believe that human dignity does not depend upon innocence, popularity, religion, or the nature of a person’s crimes. We can condemn an act of horrific violence without surrendering our own moral responsibility. We can seek justice without celebrating death. And we can stand with victims and survivors without turning another human being’s death into a public spectacle.

Our sacred traditions differ in their teachings about capital punishment. Yet across those traditions runs a powerful and enduring call to humility, compassion, restraint, and reverence for human life.

Across our diverse traditions, we find teachings that challenge us to respond to wrongdoing without surrendering compassion, to exercise power with restraint, and to uphold human dignity. For people of many faiths, the worth of a society is measured not simply by how it punishes wrongdoing, but by how faithfully it upholds its deepest moral commitments when confronted with wrongdoing of the gravest kind.

The question before us is not whether Nidal Malik Hasan should be held accountable for his crimes. The question is whether our government should turn his death into a broadcast.

We believe it should not.

Transparency in government is essential. Accountability matters. But transparency does not require the public display of an execution. Accountability does not require a livestream. And deterrence, whatever its merits in this debate, should never become an excuse to normalize public exposure to state-sanctioned killing.

We are particularly concerned about the message such a broadcast sends to a society already saturated with images of violence. Our children and young people deserve a culture that teaches respect for human dignity, not one that risks presenting death as a demonstration of governmental strength. Our military deserves to be recognized for its service, discipline, courage, and commitment to protecting life, not placed at the center of an event that risks reducing an execution to a spectacle.

We therefore call upon the Department of Defense to reverse its decision to livestream this execution and to refrain from using the death of any person as a public demonstration or instrument of spectacle.

We further call upon our elected officials, religious leaders, and communities of conscience to speak clearly about the moral responsibilities that accompany the exercise of state power. We ask people of faith across traditions to join us, not to excuse violence, not to diminish the suffering of victims, and not to abandon the pursuit of justice, but to insist that our response to violence must not diminish our own humanity.

The measure of our humanity is not found in our willingness to watch another person die. It is found in our willingness to defend human dignity, even when doing so is difficult, unpopular, or uncomfortable.

We call upon our nation to choose justice over spectacle, dignity over dehumanization, and conscience over the normalization of death as public entertainment.

As people of faith, we believe that the dignity of human life is not ours to discard when it becomes inconvenient. Our moral witness requires us to say clearly, courageously, and together.

We invite people of faith, religious organizations, clergy, and all people of conscience to add their names to this statement.

Signed,

Rev. Dr. Neil G Thomas

CLEAR DFW

 

Una Declaración De Conciencia: Personas De Fe
Rechazan La Transmisión En Vivo De Una Ejecución.
El Asunto


Carta Pública al Secretario de Defensa Pete Hegseth y al Departamento de Defensa de
los Estados Unidos


Nosotros, las personas de fe que suscribimos esta carta —en representación de
diversas tradiciones religiosas y convicciones morales—, alzamos nuestras voces para
expresar nuestra profunda objeción moral ante la decisión del Pentágono de transmitir
en vivo la ejecución programada, mediante un pelotón de fusilamiento, de Nidal Malik
Hasan. Esta persona, ex psiquiatra del Ejército fue condenado por asesinar a 13
personas y herir a otras 32 en el tiroteo de Fort Hood ocurrido en 2009.


No restamos importancia al horror de aquella tragedia. Honramos las vidas perdidas, y
tenemos en nuestras oraciones a los heridos y sobrevivientes, y reconocemos el dolor
persistente que tienen las familias, los compañeros del ejército y la comunidad de Fort
Hood. Su sufrimiento merece nuestra más profunda compasión, nuestro apoyo
inquebrantable y nuestro compromiso constante con la justicia.


Sin embargo, la justicia nunca debe convertirse en un espectáculo, y el poder del
Estado jamás debe confundirse con la autoridad moral para entretener al público con la
muerte.

La decisión de transmitir una ejecución plantea preguntas profundas sobre los valores
que deseamos que nuestra nación tenga. ¿Qué propósito se cumple al invitar al público
a presenciar la muerte de un ser humano? ¿Qué lección se imparte cuando el aparato
gubernamental convierte una ejecución en un acto público? ¿Y qué dice de nosotros el
hecho de que la privación deliberada de una vida humana se convierta en algo que se
contempla a través de una pantalla?


Como personas de fe, creemos que la dignidad humana no depende de la inocencia, la
popularidad, la religión ni la naturaleza de los delitos cometidos por una persona.

Podemos condenar un acto de violencia atroz sin renunciar a nuestra propia
responsabilidad moral. Podemos buscar justicia sin celebrar la muerte. Y podemos
solidarizarnos con las víctimas y los sobrevivientes sin convertir la muerte de otro ser
humano en un espectáculo público.


Nuestras tradiciones sagradas difieren en sus enseñanzas sobre la pena capital. Sin
embargo, por todas nuestras tradiciones tenemos el llamado poderoso y perdurable a
la humildad, la compasión, la moderación y la reverencia por la vida humana.
En nuestras diversas tradiciones encontramos enseñanzas que nos desafían a
responder ante las malas acciones sin perder la compasión, a ejercer el poder con
moderación y a defender la dignidad humana. Para las personas de fe, el valor de una
sociedad no se mide simplemente por cómo castiga las malas acciones, sino por la
fidelidad con la que mantiene sus compromisos morales más profundos al enfrentarse
a actos ilícitos de la mayor gravedad.


La cuestión que se nos plantea no es si Nidal Malik Hasan debe rendir cuentas por sus
crímenes. La cuestión es si nuestro gobierno debería convertir su muerte en una
retransmisión pública.


Creemos que no debería hacerlo.

La transparencia gubernamental es esencial. La rendición de cuentas es importante.
Pero la transparencia no exige la exhibición pública de una ejecución. La rendición de
cuentas no requiere una transmisión en directo. Y la disuasión —cualesquiera que sean
sus méritos en este debate— nunca debe convertirse en una excusa para normalizar la
exposición pública a una muerte provocada por el Estado.


Nos preocupa especialmente el mensaje que tal retransmisión enviaría a una sociedad
ya saturada de imágenes de violencia. Nuestros niños, niñas y jóvenes merecen una
cultura que enseñe respeto por la dignidad humana, no una que corra el riesgo de
presentar la muerte como una demostración de fuerza gubernamental. Nuestras
fuerzas armadas merecen ser reconocidas por su servicio, disciplina, valentía y
compromiso con la protección de la vida, no verse situadas en el centro de un
acontecimiento que corre el riesgo de reducir una ejecución a un espectáculo.
Por ello, instamos al Departamento de Defensa a que revoque su decisión de transmitir
en vivo esta ejecución y a que se abstenga de utilizar la muerte de cualquier persona
como una demostración pública o un espectáculo.

Asimismo, exhortamos a nuestros funcionarios electos, líderes religiosos y
comunidades guiadas por la conciencia a pronunciarse claramente sobre las
responsabilidades morales que conlleva el ejercicio del poder estatal. Pedimos a las
personas de fe de todas las tradiciones que se unan a nosotros —no para justificar la
violencia, ni para restar importancia al sufrimiento de las víctimas, ni para abandonar la
búsqueda de justicia, sino para insistir en que nuestra respuesta a la violencia no debe
disminuir nuestra propia humanidad.


La medida de nuestra humanidad no reside en nuestra disposición a presenciar la
muerte de otra persona, sino en nuestra voluntad de defender la dignidad humana,
incluso cuando hacerlo resulte difícil, impopular o incómodo.


Llamamos a nuestra nación a elegir la justicia frente al espectáculo, la dignidad frente a
la deshumanización y la conciencia frente a la normalización de la muerte como
entretenimiento público.


Como personas de fe, creemos que no nos corresponde desechar la dignidad de la
vida humana cuando esta resulta inconveniente. Nuestro testimonio moral nos exige
decirlo con claridad, valentía y unidad.


Invitamos a las personas de fe, a las organizaciones religiosas, al clero y a todas las
personas guiadas por su conciencia a sumar su nombre a esta declaración.

Firmado,
Rev. Dr. Neil G Thomas
CLEAR DFW

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CLEAR DFWPetition StarterCLEAR DFW is an interfaith coalition of Dallas Area clergy who advocate for issues of social justice from a faith perspective.

The Decision Makers

Lieutenant General Kevin D. Admiral
Lieutenant General Kevin D. Admiral
Commanding General
CSM JAMES L. LIGHT
CSM JAMES L. LIGHT
COMMAND SERGEANT MAJOR
Pete Hegseth
Pete Hegseth
Secretary of Defense

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