132 decibelios es maltrato: salvemos a los cetáceos del Estrecho de Gibraltar


132 decibelios es maltrato: salvemos a los cetáceos del Estrecho de Gibraltar
La causa
Dirigido a: Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO) y Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación
EL PROBLEMA
Imagina que pierdes a tu hija y te pones a buscarla en un supermercado con las luces apagadas y con cientos de aparatos electrónicos sonando muy fuerte, tan fuerte como si estuvieras pegada a los altavoces de un concierto.
Ese es el infierno diario que viven los delfines, orcas, cachalotes y rorcuales en el Estrecho de Gibraltar. Para ellos, el sonido bajo el agua es su forma de "ver", pero nuestras prisas los están dejando literalmente a ciegas.
El constante tráfico de embarcaciones de alta velocidad —fast ferries— genera un ruido submarino tan brutal que borra sus voces y cantos. La ciencia lo llama "enmascaramiento acústico", un proceso que altera su capacidad para orientarse y comunicarse.
No es una intuición ecologista, es una realidad documentada. Ya a principios de los años 2000, la investigadora Neus Pérez participó en un estudio en profundidad junto al Ministerio y la Sociedad Española de Cetáceos, alertando de las graves presiones acústicas a las que se enfrentaba este ecosistema.
Lejos de escuchar a los expertos, la situación ha empeorado drásticamente. Hoy, la ciencia vuelve a dar la razón a aquellas advertencias fundacionales: el reciente estudio científico AMIGOS (2025), publicado por las investigadoras Maria Perez Tadeo y Joanne O'Brien, ha analizado las grabaciones de micrófonos bajo el agua y ha demostrado que en el Estrecho se alcanzan picos de hasta 132 decibelios. Estos niveles sobrepasan el umbral científico de tolerancia al ruido continuo. El verdadero peligro no es una explosión puntual, sino someterlos a una exposición crónica e insoportable que anula sus sentidos y los hace vulnerables. Los estamos ensordeciendo, estresando e impidiendo que puedan huir de enormes cargueros que acaban atropellándolos.
Soy Natalia, tengo 16 años y soy buceadora. Como Embajadora del Pacto Climático Europeo me niego a aceptar que la conectividad y el desarrollo económico justifiquen la destrucción de esta autopista vital de vida marina.
LA SOLUCIÓN (QUE YA FUNCIONA)
No pedimos detener los barcos, pedimos un progreso inteligente. Esto no es una utopía inalcanzable: en 2004, España impuso una moratoria a los sónares militares en Canarias y erradicó los varamientos masivos de zifios, una especie muy sensible al ruido. Al mismo tiempo, en lugares como Canadá o EE.UU. ya se obliga a los barcos a navegar a un máximo de 10 nudos en zonas clave para salvar a sus cetáceos.
NUESTRA PETICIÓN
Exigimos la aplicación urgente de un Plan de Acción para el control del ruido de los fast ferries en el Estrecho de Gibraltar con 4 medidas concretas:
"Slow zones": Obligar a los ferrys a reducir su velocidad a 10-12 nudos en zonas clave (pequeños descensos de velocidad disminuyen drásticamente el ruido estridente de las hélices por cavitación y reducen el riesgo de colisión).
La "ITV" del ruido: Establecer topes legales de ruido máximo permitido para cada barco, verificables en inspecciones técnicas de seguridad.
Alertas en tiempo real: Instalar micrófonos fijos bajo el agua (monitoreo pasivo PAM) que detecten ballenas y envíen un aviso automático por satélite al capitán para que pueda reducir la velocidad preventivamente.
Ayudas a las empresas navieras a modernizar su flota con hélices más silenciosas o motores híbridos y eléctricos.
Si no actuamos ahora, perderemos una de las zonas de mayor biodiversidad de Europa. Firma y comparte. Ayúdame a exigir a las autoridades que actúen ya. ¡Devolvamos al mar su voz!

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La causa
Dirigido a: Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO) y Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación
EL PROBLEMA
Imagina que pierdes a tu hija y te pones a buscarla en un supermercado con las luces apagadas y con cientos de aparatos electrónicos sonando muy fuerte, tan fuerte como si estuvieras pegada a los altavoces de un concierto.
Ese es el infierno diario que viven los delfines, orcas, cachalotes y rorcuales en el Estrecho de Gibraltar. Para ellos, el sonido bajo el agua es su forma de "ver", pero nuestras prisas los están dejando literalmente a ciegas.
El constante tráfico de embarcaciones de alta velocidad —fast ferries— genera un ruido submarino tan brutal que borra sus voces y cantos. La ciencia lo llama "enmascaramiento acústico", un proceso que altera su capacidad para orientarse y comunicarse.
No es una intuición ecologista, es una realidad documentada. Ya a principios de los años 2000, la investigadora Neus Pérez participó en un estudio en profundidad junto al Ministerio y la Sociedad Española de Cetáceos, alertando de las graves presiones acústicas a las que se enfrentaba este ecosistema.
Lejos de escuchar a los expertos, la situación ha empeorado drásticamente. Hoy, la ciencia vuelve a dar la razón a aquellas advertencias fundacionales: el reciente estudio científico AMIGOS (2025), publicado por las investigadoras Maria Perez Tadeo y Joanne O'Brien, ha analizado las grabaciones de micrófonos bajo el agua y ha demostrado que en el Estrecho se alcanzan picos de hasta 132 decibelios. Estos niveles sobrepasan el umbral científico de tolerancia al ruido continuo. El verdadero peligro no es una explosión puntual, sino someterlos a una exposición crónica e insoportable que anula sus sentidos y los hace vulnerables. Los estamos ensordeciendo, estresando e impidiendo que puedan huir de enormes cargueros que acaban atropellándolos.
Soy Natalia, tengo 16 años y soy buceadora. Como Embajadora del Pacto Climático Europeo me niego a aceptar que la conectividad y el desarrollo económico justifiquen la destrucción de esta autopista vital de vida marina.
LA SOLUCIÓN (QUE YA FUNCIONA)
No pedimos detener los barcos, pedimos un progreso inteligente. Esto no es una utopía inalcanzable: en 2004, España impuso una moratoria a los sónares militares en Canarias y erradicó los varamientos masivos de zifios, una especie muy sensible al ruido. Al mismo tiempo, en lugares como Canadá o EE.UU. ya se obliga a los barcos a navegar a un máximo de 10 nudos en zonas clave para salvar a sus cetáceos.
NUESTRA PETICIÓN
Exigimos la aplicación urgente de un Plan de Acción para el control del ruido de los fast ferries en el Estrecho de Gibraltar con 4 medidas concretas:
"Slow zones": Obligar a los ferrys a reducir su velocidad a 10-12 nudos en zonas clave (pequeños descensos de velocidad disminuyen drásticamente el ruido estridente de las hélices por cavitación y reducen el riesgo de colisión).
La "ITV" del ruido: Establecer topes legales de ruido máximo permitido para cada barco, verificables en inspecciones técnicas de seguridad.
Alertas en tiempo real: Instalar micrófonos fijos bajo el agua (monitoreo pasivo PAM) que detecten ballenas y envíen un aviso automático por satélite al capitán para que pueda reducir la velocidad preventivamente.
Ayudas a las empresas navieras a modernizar su flota con hélices más silenciosas o motores híbridos y eléctricos.
Si no actuamos ahora, perderemos una de las zonas de mayor biodiversidad de Europa. Firma y comparte. Ayúdame a exigir a las autoridades que actúen ya. ¡Devolvamos al mar su voz!

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Petición creada en 7 de mayo de 2026