Peticiones

¿Qué hace la comisión de peticiones del Congreso?

Nov 23, 2016

Las peticiones forman parte de la vida política española desde hace casi 180 años. Pero nunca en la historia han tenido tanta fuerza como en la época en la que nos ha tocado vivir. Y eso es gracias a ti. Las peticiones que inicias y firmas están llegando más lejos que nunca.

Internet y plataformas como Change.org han hecho que hoy sea muy fácil iniciar una petición, conocer en todo momento qué ocurre con ella y conseguir generar cambios. Pero este corriente de cambio no ha llegado aún a las instituciones. Por ello, hoy te contamos cómo funciona el derecho de petición en España y cómo se podría mejorar.

¿Qué es el derecho de petición?

Nuestra Constitución recoge el derecho de petición ante las cámaras. Lo hace desde 1837. Y consiste, básicamente, en poder pedir a los diputados que se preocupen por este o aquel tema. Cada año miles de personas lo ejercen.

¿Cómo funciona?

Si quieres dirigirte al Congreso o al Senado, debes presentar por escrito en el registro de la cámara o enviar tu petición junto a una serie de datos (nombre, DNI, dirección, etc.). Si es una petición colectiva (es decir, tuya y de más gente) deben aparecer los nombres y las firmas de todas las personas.

¿Se presentan muchas peticiones?

La verdad es que no. Durante la X Legislatura, las dos cámaras recibieron algo menos de 3.000 peticiones. Para que te hagas una idea, cada mes, solo en España, los usuarios de Change.org crean más de 2.000 peticiones. Sin duda, cuando las herramientas son fáciles, los ciudadanos participan más.

¿Quién las recibe y las gestiona?

Las peticiones llegan a la Comisión de Peticiones en ambas cámaras. La del Congreso estará presidida por Jorge Fernández Díaz durante esta legislatura. La Comisión las gestiona. Puede reenviarlas a la comisión que trate el tema de la petición en el Congreso, remitirla a otras instituciones competentes (al Gobierno, por ejemplo), pero poco más.

¿A qué están obligados los diputados y senadores?

Cuando los ciudadanos se dirigen a las cámaras, estas deben responder que han recibido la petición. Pero en la mayoría de las ocasiones los peticionarios no saben qué pasa con ellas.

¿Funciona?

La mayor parte de los ciudadanos no saben qué ha ocurrido con su petición, si se ha conseguido cambiar algo o si simplemente ha caído en el olvido.

¿Cómo se podría mejorar?

El derecho de petición está regulado en una ley orgánica, que son las leyes de mayor rango. Se tardaron 23 años en desarrollar el derecho recogido en la Constitución. Con algunos cambios, este derecho podría servir mejor a los ciudadanos:

1. Hoy, para ejercer el Derecho de petición es necesario aportar un listado engorroso de datos ante un registro en el Congreso. Es el momento de aliarse con la tecnología para facilitar que el mayor número de personas se puedan dirigir a los que les representan mediante una sencilla petición online. Tanto los datos necesarios para iniciar un proceso como la necesidad de registro deben entrar también en el siglo XXI ya que lo importante no es quien lo pide -porque una petición no tiene que generar efectos jurídicos- sino que es importante por lo que pide.

2. Para poder sumarse a la petición de otro hay que ir al mismo registro y dar la misma cantidad de datos y seguir la misma cantidad de procedimientos que con la petición inicial. Eso tiene que cambiar y adaptarse al siglo XXI donde los ciudadanos pueden sumarse rápidamente y sin muchos requisitos a la petición de otro a través de las nuevas tecnologías. Porque, de nuevo, lo importante no es tener un registro de los firmantes sino tomar el pulso a lo que está ocurriendo en las calles. No es ninguna barbaridad, el gobierno de Obama lo hace ya desde algunos años desde su portal “We the People”, donde cualquiera se puede sumar a la petición de otro tan solo con su nombre y su correo electrónico. Y el Gobierno contesta.

3. El derecho de petición recogido en nuestra legislación tiene una herramienta fantástica: las audiencias. Pero esas audiencias tienen un apellido fatídico: “especiales”. Las audiencias especiales son la posibilidad de que el promotor de una petición pueda ser escuchado en el Congreso si los diputados quieren y les viene bien. Eso también tiene que cambiar. Es necesario hacer de la excepción, la norma. Las Cortes deben recibir y escuchar a los promotores de esas peticiones. Que lo que hoy son audiencias especiales, pasen a ser la normalidad en un parlamento abierto a su pueblo.

Así funciona y así podría mejorar el derecho de petición en nuestro país. Es un honor saber que nuestra plataforma es una vía muy efectiva para los ciudadanos y ciudadanas de nuestro país y nos emocionamos cada vez que vemos la voz de vuestras firmas en las cámaras cambiando leyes. Por eso queremos aportar nuestro granito de arena para la reflexión sobre un derecho fundamental y por la mejora de nuestras instituciones. Queremos construir un mundo en el que todos tengamos poder y generar cambios forme parte de la vida cotidiana. Vengan de donde vengan.

 

Fotografía de SubtlePanda en Flickr.