“Es imposible para nosotros llamarlo de otra manera. Lobo es único, como su nombre”
Apr 17, 2017

El 12 de julio acababa de nacer el hijo de Ñako y María. Una alegría tremenda. Como ocurre en tantísimas familias todos los días del año. ¡Ha nacido el bebé! Y con ello, el bonito ritual de anunciar orgullosos la noticia, de recibir las visitas de la familia y de los amigos. Compartir un momento único. Y poder llamarle por su nombre, por primera vez. Esto que ocurre en miles de habitaciones de hospital en todo el país, estuvo a punto de truncarse por una decisión del Registro Civil que Ñako y María no entendían. Y que consiguieron cambiar.
“Al día siguiente de nacer, rellenamos en el mismo Hospital el formulario para registrarle” comenta Ñako. Lobo fue el nombre elegido. “Decidimos hace meses llamarle así, quizá por nuestro amor hacia este animal, el cual en mi caso lleva años unido a mi vida, habiendo apoyado siempre campañas para la protección de un bello animal como es el lobo, o por qué nos resultó un nombre exclusivo y con carácter. Pensamos educar a nuestro hijo basándonos en valores como el respeto, el amor, la igualdad, el amor por lo animales y el medio ambiente, la justicia, la bondad, etc.” afirma Ñako.
Como tantas parejas, sus padres fueron a registrar al niño al Registro Civil y tras el formulario que entregaron, una funcionaria llamó a Ñako para decirle que no podía registrar con ese nombre a su hijo. Lobo no podía ser registrado así.
“Le preguntamos el porqué, y lo único que nos dijeron es que podía ser ofensivo para el desarrollo del niño” – nos contó este padre en las horas posteriores a esa negativa por parte del Registro Civil. No tenía sentido. Estaban desconcertados. En España, según datos del INE, 2.508 personas se llaman León. 31.223 Palomas y 2.941 Delfines completan esta lista. Pero sí hay españoles que se apellidan “Lobo”. 8.541 en el primer apellido y 8.641 en el segundo. Una incongruencia que dejó en vilo a estos padres durante semanas.
Estuvieron a punto de tirar la toalla con las primeras negativas. Pero recibieron la llamada telefónica de un amigo justo cuando más lo necesitaban. “Tenéis que dar la batalla, no os rindáis”, les dijo. Y eso hicieron. Iniciaron una petición en Change.org y se convirtió en uno de los grandes temas del verano. Pedían al Ministerio de Justicia, a la Dirección General del Registro Civil y Notariado y al Juzgado de Fuenlabrada que Lobo se pudiera llamar Lobo. En pocos días la petición superaba ya las 25.000 firmas. A partir de ese momento decenas de medios de comunicación los entrevistaron, fueron Trending Topic en Twitter, recibieron el apoyo de políticos y famosos…
Tras la respuesta de la funcionaria, se presentaron en el Registro Civil de Fuenlabrada donde el magistrado encargado del caso, Jesús Miguel Alemany, estableció que si en el plazo de tres días no daban un nombre alternativo al pequeño, sería el juez el que decidiera por ellos. El nombre de su hijo, una decisión tan personal y tan libre, en manos de la justicia.
Entre los fundamentos jurídicos que dieron a Ñako y María durante esas fatídicas semanas esgrimían que el artículo 54, en su párrafo segundo de la Ley del Registro Civil prohíbe los nombres “que hagan confusa la identificación”. Esa fue la tercera razón que dieron a la familia: en un primer momento una funcionaria les dijo que era porque “podía resultar ofensivo para el desarrollo del niño”. Al cabo de los días, y tras innumerables llamadas sin respuesta por parte de la familia al Registro, les dijeron que “no se podía utilizar como nombre una palabra empleada habitualmente como apellido”. Finalmente, “que puede resultar confuso para la identificación del menor”.
El caso de Lobo salió en todos los medios. Todo el mundo conocía que a un precioso bebé no le dejaban llamarse Lobo. El tema llegó hasta la primera línea política con mensajes de apoyo de líderes políticos nacionales. La familia Javierre-Hernández tiene otros tres miembros: un perro llamado Rumba y dos gatos llamados Tizón y Marceline. Tizón se puso un poco nervioso con las visitas de tantos periodistas a casa y mordió a una de ellas. No fue nada grave y todo quedó en unas risas.
La familia seguía luchando con su petición para conseguir que Lobo pudiera llamarse así. Su petición cruzó nuestras fronteras. El apoyo a esta familia vino de firmas de 17 países distintos. Su lucha salió en medios británicos, estadounidenses, franceses… llegó hasta, literalmente, la otra punta del mundo: Nueva Zelanda.
Cuatro semanas después de iniciar su lucha, la petición ya había superado las 40.000 firmas. Y la presión empezó a funcionar. Tras pequeñas victorias parciales, pequeños pasos para conseguir que Lobo pudiese registrarse así, lo consiguieron. El 24 de agosto pudieron registrarle oficialmente. Casi dos meses después de nacer, lo consiguieron.
Porque, como decían en su petición: “Lobo se llama así desde hace 6 meses, ya está inscrito en la Seguridad Social por este nombre, cada persona que conoce a nuestro hijo y su nombre nos hace saber de la originalidad de este nombre y a nadie le parece ni ofensivo ni que pueda ser traumático para el. Es imposible para nosotros llamarlo de otra manera. Lobo es único, como su nombre”.
Esta petición mostró cómo miles de personas decidieron apoyar y dar mucho cariño a una familia que estaba viendo como no podía llamar a su hijo como ellos querían. Ñako lo comentaba en la petición “No sé cuántos padres se habrán visto en esta tesitura anteriormente, pero para nosotros es muy duro pensar en llamar de otra manera a nuestro hijo”. Más de 43.000 personas firmaron la petición y mandaron mensajes de apoyo y cariño a la familia. No estaban solos. Un amigo les alentó a luchar. Y se encontraron con una marea imparable que desafió a la decisión que quería negarle a Lobo el derecho de llamarse así.
La historia de Lobo, Ñako y María ejemplifica también algo mágico que ocurre con muchos creadores de petición. Quizás empiezan preocupados por algo muy personal. Algo que sólo les afecta a ellos. Pero que a su vez, puede estar poniendo los derechos de otras personas en riesgo. Historias como esta muestran la transformación de sus creadores. Pasan de ser los abanderados de su causa a liderar un movimiento. Así, meses después de conseguir que Lobo fuese Lobo, iniciaron otra petición.
Ñako lo contaba así: “Desde que declaramos victoria, otros padres se han puesto en contacto conmigo para explicarme que se han encontrado con el mismo problema que tuvimos nosotros, y por eso he decidido comenzar una nueva petición aquí en Change.org, esta vez para que se modifique la actual ley del Registro Civil y ninguna otra familia se encuentre en la misma situación en la que nosotros y otros padres ya se han visto envueltos”. Hoy Lobo puede llamarse Lobo. Y ojalá nadie más deba pasar por las semanas de incertidumbre que pasaron Ñako y María.
