Victorias

Conoce a Isidoro, el adolescente que puso en jaque al ministro de Educación

Jan 25, 2017

Isidoro Martínez tiene 14 años y estudia educación secundaria. Este joven de San Fernando, Cádiz, es el artífice de la mayor victoria conseguida por los usuarios de Change.org en España. Todo lo que te podamos contar de su historia se queda corto ante la magnitud de lo conseguido. Pero, sobre todo, por quién lo consigue: un adolescente que se convertirá en adulto sabiendo, a ciencia cierta, que los ciudadanos y las ciudadanos tienen el poder de generar cambios. Algo que no solo sabe él, lo han vivido con él miles de jóvenes en todo el país.

La primera vez que Isidoro supo de las reválidas estaba en clase de Lengua. La Jefa de Estudios interrumpió para explicarlo. Lo dejó todo bien claro, pero en ese mismo momento la gran mayoría de los alumnos se mostraron en contra. Después, a través de twitter, confirmó que hacía un mes el Ministerio de Educación había aprobado las reválidas.

Para ser sinceros, a él no le importó mucho, porque reconoce que es un muy buen estudiante. Pero no todos sus compañeros son como él. Comprobó que todo el mundo estaba indignado ante estos sistemas de evaluación obligatorios, y de ahí que se decidiera a lanzar una petición en Change.org. El 30 de julio empezó todo. Isidoro inició su petición. El mismo día en el que se publicaba en el BOE el decreto sobre las reválidas. ¿Qué pedía Isidoro en su petición? Isidoro pedía al Ministro de Educación que las retirara.

Con los nuevos planes, las reválidas suponían dos pruebas de evaluación al final de las dos etapas, Educación Secundaria Obligatoria y Bachillerato. Un examen obligatorio para poder permitir el acceso al siguiente ciclo. Tenían lugar al terminar 4º de la ESO y 2º de Bachillerato. No eran las únicas reválidas: también en tercero y sexto de primaria habría estos exámenes, aunque tendrían un carácter informativo y orientador.

Eso es lo que establecía el Real Decreto 310/2016, de 29 de julio, por el que se regulaban las evaluaciones finales de Educación Secundaria Obligatoria y de Bachillerato. Este Real Decreto aseguraba que las pruebas serán diferentes en cada etapa y que mientras que en la ESO se tendrán en cuenta las competencias clave y los contenidos aprendidos, en Bachillerato no serán tenidas en cuenta tantos las capacidades sino los contenidos aprendidos.

Además, la evaluación final de Bachillerato podría ser tenida en cuenta por las universidades en sus procedimientos de admisión. Cada universidad, sea pública o privada, podría añadir otras exigencias. En ambos casos, si el alumno suspendía o quería subir de nota, se podía realizar de nuevo esa prueba.

Pero ese Real Decreto no se pondrá en marcha. Isidoro creó un movimiento que ejerció una presión determinante para dejar atrás las reválidas. “Siempre he sido muy emprendedor, no me gusta estar parado. Desde hace tiempo tengo mi propio canal de Youtube”, afirma este joven. Su petición no era tanto para cambiar algo que a él le afectaba, que también, sino “para todos esos alumnos que por cualquier motivo, tengan una nota media de 5, y que si suspenden ese examen, no podrán pasar a Bachillerato”.

En poco más de un mes, la petición superó las 200.000 firmas. Todo un hito. El crecimiento de la petición mostró el increíble apoyo entre los más jóvenes y la preocupación que levantaba entre los estudiantes el modelo aprobado por el Gobierno. Isidoro estaba convencido de que tenía razón y que quería llegar hasta el final.

En el despacho del ministro

Así, el 14 de septiembre Isidoro decide viajar a Madrid para entregar las 242.000 firmas que había conseguido. Es la primera vez que Isidoro viajaba a Madrid en su vida y lo hizo acompañado de dos amigas, Paula y Teresa, que también le ayudaban con la petición. Quería entregar las firmas. Y estaba dispuesto a hacer lo posible para hablar con el ministro. Tras viajar toda la noche en un autobús, esa mañana de septiembre llega a la oficina de Change.org para preparar la entrega de firmas. Será un día histórico.

En el Ministerio, un mar de cámaras le espera. Ante los micrófonos de las principales teles y radios del país, el joven declara: “Sería una lástima que un Ministro en funciones no tenga tiempo suficiente para recibir las firmas de más de 240.000 personas, y escuchar lo que estamos pidiendo. Hemos pasado toda la noche de Cádiz a Madrid en autobús para poder ir a Madrid, un día antes de que empiecen las clases, para poder entregarle las firmas”. El periódico El País llega a publicar sobre Isidoro que llega al Ministerio con “la entereza de quien presentara a diario reformas legislativas en la alta administración del Estado”.

Cuando sale del registro del ministerio, el equipo del ministro Íñigo Méndez de Vigo le anuncia que el ministro le recibirá. Algo histórico. Un chico de 14 años que ha iniciado un movimiento que se expande por todo el país consigue plantearle directamente al ministro en funciones sus reivindicaciones, apoyadas, en ese momento, por un cuarto de millón de personas. Al salir, declara a El País que “El ministro nos ha recibido. Va a seguir en la trayectoria de su ideología y no va a eliminar las reválidas”. Isidoro está orgulloso en ese momento… pero aún no es consciente de todo lo que está por venir.

El país está en vilo. Cuando empieza el curso escolar, Rajoy ya ha perdido su primer debate de investidura. La crisis en el PSOE aún no se ha producido. Y todo el mundo se pregunta si diciembre será el mes de las terceras elecciones. Con todo ese contexto, conseguir cambios en las reválidas se presenta harto complicado. Pero la petición de Isidoro no está sola. Sigue creciendo. Y tiene ante sí un contexto en el que las comunidades autónomas, están en pie de guerra, como él: 13 de las 17 comunidades autónomas están en contra de este sistema.

Pero no es sólo una cuestión política. Centenares de miles de alumnos empiezan el curso sin saber si ese mismo año se lo jugarán todo a una carta. Sin saber qué entrará. Cómo se hará. Esa preocupación, además del sentido de injusticia ante un modelo que, a juicio de Isidoro, más que ayudar a aprender, pone nervios y presión a los alumnos.

Reunión con Susana Díaz

Isidoro vuelve a San Fernando. El curso empieza. Pero eso no hace que su petición decaiga. Al contrario, se sucede un hito después de otro. El 19 de septiembre se reúne con la presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, a quien también le entrega las firmas de la petición. En el Palacio de San Telmo, sede de la presidencia andaluza, Isidoro, Paula y Teresa son recibidos. Isidoro declara a Europa Press antes de la reunión, que fue propuesta por el gobierno autonómico, que “estamos encantados de poder reunirnos con quien sea necesario para poder conseguir nuestro objetivo: que las reválidas sean retiradas”. La presidenta apoyó su petición y tras la reunión en San Telmo, Isidoro declaró a El País su determinación con el objetivo de la petición “vamos a seguir hasta el final de la petición, se pierde cuando se abandona y no vamos a abandonar, queremos una educación mejor para los españoles”.

Un whatsapp viral

Un día más tarde, algo está a punto de cambiar la historia de este movimiento. El 20 de septiembre, Isidoro manda un whatsapp. Explica que ha iniciado una petición sobre las reválidas y cuenta por qué es importante. Pide a quién lo reciba, que firme la petición. Un día más tarde, 20.000 personas acceden a la petición por la viralidad del mensaje de Whatsapp, que empieza a compartirse de móvil a móvil. El día siguiente ya son 150.000. Isidoro envío el mensaje solo a 50 personas. Corrió como la pólvora.

“Se ha montado una bola de nieve… de 50 personas a las que yo envié este enlace… a más de 150.000… te puedes imaginar” – nos contaba entonces Isidoro. “Quiero llegar a las 500.000”, decía en ese momento. Y llegó. ¡Vaya si llegó! Lo hizo el 24 de septiembre y en una actualización en la petición, Isidoro no pudo ser más contundente: “que tomen nota los que tomaron la decisión equivocada de crear una ley injusta y que rectifiquen, pues son muchas las voces (más de 500.000) las que estamos en contra”.

Llegó octubre. El ambiente político cambió ante la crisis del PSOE y las negociaciones para facilitar la investidura de Mariano Rajoy, poniendo fin al bloqueo político. En semanas el gobierno dejaría de estar en funciones y se abría una ventana de oportunidad para poder generar cambios efectivos. También en octubre la comunidad educativa se organizó y se puso en huelga por las reválidas.

El 28 de octubre Isidoro mandó una actualización a los firmantes. Les contó que había un hilo de esperanza para la petición. Durante el debate de investidura el presidente del Gobierno en funciones, Mariano Rajoy, había manifestado que iba a dejar sin efecto académico las reválidas hasta que hubiera un Pacto por la Educación. No es lo que pedía Isidoro, pero el gobierno empezaba a mostrar cambios respecto a lo que el ministro le había contado en su reunión en septiembre. Para Isidoro eso significaba que “el millón de firmas que hemos recogido, la presión mediática (cientos de apariciones en medios y entrevistas acerca de esta campaña), el whatsapp viral que hemos difundido por toda España y la entrega de firmas que hicimos en el Ministerio están funcionando, porque estamos manteniendo el tema en la agenda”.

Una victoria histórica

La petición de Isidoro, superando ya el millón de firmas, estaba a punto de conseguir su objetivo. La presión que había hecho fue determinante. Demostró a los que toman las decisiones que había un clamor contra las reválidas. Los estudiantes, padres y madres, comunidad educativa… estaban en contra de esta medida y se habían volcado con una petición que rompía récords.

A principios de diciembre Isidoro declaró la victoria de la petición. El Ministerio de Educación daba marcha atrás. Junto a las comunidades autónomas, enterraban las reválidas y establecían una prueba final de Bachillerato que servirá para entrar en la Universidad, algo muy similar a la Selectividad. La prueba en la ESO pasa a no tener efectos académicos. Una gran victoria de un movimiento liderado por un chico de 14 años. Un adolescente plantando cara a los planes de un gobierno que podían afectar negativamente a toda una generación. Esta es la historia de Isidoro. El chico que, desde su habitación, consiguió que las más altas instancias legislativas le tuvieran en cuenta y cambiaran las leyes. Si con 14 años ha sido capaz de esto, ¿quién le va a decir a Isidoro que no puede cambiar el mundo? Si con un millón de firmas de centenares de miles de jóvenes se ha conseguido enmendar el BOE, ¿quién va a decirle a la generación que es nuestro futuro que no generar cambios no puede formar parte de la vida cotidiana?

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